Cualquier cosa, por Martín Caparrós

Esto es lo que escribió Caparrós hoy en la contratapa de Crítica.


No he visto en ninguna parte –y la busqué casi con esperanza– una explicación o desmentida del Gobierno, o incluso de la así llamada Agrupación Cámpora o la así llamada Juventud Peronista, sobre su noble ejercicio político del domingo pasado, cuando las barras ¿bravas? de River y de Boca llevaron banderas contra el grupo Clarín porque, según todos los datos disponibles, esos grupos oficialistas y alguna dependencia del Gobierno les pagaron para que lo hicieran.

Se suele pensar en las barras como una banda de bárbaros desenfrenados. Cada vez está más claro que son lo contrario: un cuerpo de control, un organismo parapolicial, una orga que impone su ley en la tribuna. Hace unos años, cuando escribí Boquita, Rafael Di Zeo me dijo que ellos eran los que hacían que las canchas no fueran tan inseguras:

–Si no estuviéramos nosotros yo quisiera saber cuánto dura que no haya quilombo en la tribuna de Boca. Y si no, fijate lo que pasaba cuando nosotros no estuvimos: se robaban todo, desastre, quilombo, peleas a cada rato.

–O sea que ustedes sirven para mantener el orden.

–Obviamente.

Las barras bravas son grupos mafiosos –en sentido estricto– que trabajan de extorsionar al mundo del fútbol vendiéndoles la clásica protección a la Corleone: te cuidan de la amenaza de ellos mismos. Y, para complementar, tienen cantidad de negocios secundarios –animación de fiestas y kermeses, distribución de mercas varias, guardia de choque, venganzas y amenazas, carne de manifestación, RRPP y propaganda. Que fue la que usó el domingo el Gobierno para seguir su pelea con su aliado de todos estos años.

–Pero, Caparrós, no es nada, son un par de banderas.

Eso es justamente lo que me impresiona y me parece un límite. Que un grupo político traicione sus supuestas convicciones y se alíe –digamos– con un tipo como el ex militar torturador golpista Rico para conseguir votos me suena lamentable pero, por lo menos, se supone que lo hacen porque necesitan esos votos como el agua. O que decidan mentir a todo el mundo y simular que no existe la inflación que existe y no difundir las cifras indispensables para pensar y proyectar el país es un desastre pero, por lo menos, se supone que lo hacen porque creen que la verdad los hundiría. O que se les ocurra frenar una ley para combatir el dengue es levemente criminal pero, por lo menos, se supone que lo hacen porque reconocer la epidemia les puede costar las elecciones.

Pero, en este caso, bandera o no bandera no cambiaba nada. Digo: que contrataron a la mafia por una tontería perfectamente innecesaria. Por eso digo que es un límite: muestra que han llegado a un punto en que parece que todo les da igual, en que son capaces de hacer –algo así como– cualquier cosa. Y me da, de verdad, un poquito de miedo y mucha lástima.

Fuente.

3 comentarios - Cualquier cosa, por Martín Caparrós

@Flagg
Caparrós escribís como el ojete, Premio Planeta te lo dieron de consuelo para que no lloraras como nena chiquita y encima te lo robaste de otra novela.

O que se les ocurra frenar una ley para combatir el dengue es levemente criminal...

\"Levemente criminal\", te la jugaste ahí. Andá a cagar, Caparrós.
@Fastolphbolger
El que escualquier cosa es Caparrós.
Saludos
@Filprafa
Coincido con el artículo. De \"La Cámpora\", la fantasía del partido propio que papá Nestor le regaló al gordito con cara de nada, sólo resta esperar atentados. El resto de la mierda que el peronismo de izquiera y derecha nos regaló en los 70 ya lo han hecho