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Un Cacho de Cultura

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Navegando por la Web encontre un blog que me pareció muy bueno: copio algunos textos, para que lean y comenten. Tanta citas a medios masivos hay en Taringa que es bueno a veces citar fuentes de paginas más chicas pero realizadas con mucho esfuerzo:

Los siguientes articulos son sacados de la siguiente pagina: http://misilsovietico.blogspot.com/

Como un viejo prematuro.

Como un sparring de triple jornada me defiendo de caer en la convocatoria de masoquistas a tiempo completo.
No me disuelvo como la “buscapina”. ¿Por qué? Porque la buscapina es de poco hombre. Es como la toma fraudulenta del balsámico anulador del “quita penas”.
Así se prende fuego la dedicatoria cotidiana de gestar un perfil que va contra todo pronóstico.
Bloqueado por la falta de interés, y preparado para salir de una configuración estereotipada, propongo que el lavarse los dientes en el trabajo hace dudar la sexualidad de quien practica dicha actividad.
Los hechos continúan como un virus pandémico que hace silenciar a la inseguridad, al transito y al INDEC.
Cómo es que el hombre moderno baja unos ravioles a la scarparo con gaseosa. ¿Qué clase de país queremos crear?
Que deprimente es escuchar las mil y un maneras de hacer bicicleta fija para bajar la panza. El índice de hombría está deteriorado, en devaluación. La tasa y los promedios de la reserva general de testosterona piden auxilio a la marquetinería de corto plazo. El enjuague bucal se adueñó del peso firme de un hombre hecho y derecho y la preocupación por la panza colonizó el levante y el incentivo de conquista.
Las borracheras son mal vistas y las resacas, un ideal de un pueblo olvidado.
Otros dos puntos destacables son el pelo y la ropa. Sagrado era el “Glostora” y el traje (que servía tanto para el laburo como para ir a la cancha) Ahora se busca la combinación, la marca expuesta como una fractura y el peinado a la moda.
En síntesis: la comida se acompaña con vino, la panza se deja crecer, el aliento y los dientes dependen de la circunstancia, el ejercicio es correr hasta el bondi y no se va a ningún lado si no en jeen, zapatillas y chomba… lo demás es de poco hombre.

Visión con Don Quijote

La escena es la misma que la de ayer, e igual a la de mañana. Las cosas se plantean nebulosas, casi como en sueños. Ahí me acordé de Marechal: “El día es como un pájaro amaestrado, viene cada doce horas al mundo y por el mismo rincón del globo y nos encaja su eterna conciencia; o más bien un maestro pedante, con su bonete de sol y su abecedario de cosas largamente sabidas”.
Ni maestro ni sabiondo, era el tipo de la antorcha sin laureles, de partidos sin botines y de saber sin prácticas.
Y así me lo encontré, peleando contra los molinillos de café. Su lanza en alto destacaba su firmeza frente al mundo, y su nariz justificaba la validez de mis palabras.
-Esto es una selva de ruidos- me dijo mientras metía la ficha- Lo importante es no perder el horizonte.
Que maravillosa visión, loca y poética, me mostraba El Hidalgo Don Quijote de sus destinos posibles.
Mientras esperaba que la mecánica, inefable, le escupiese el café, puso su lanza a un costado y leí en su pensamiento la naturaleza divina del origen absoluto.
- Sabés lo que pasa- me dijo sin mirarme- lo importante es no perder del todo: ni la locura, ni las mañas. Esos son atributos divinos.
Revolviendo el potaje con esa cuchara plástica, que poco tiene de cuchara y absolutamente todo de plástica, afirmó un principio básico de la existencia cotidiana. “Nunca tenés que perder lo que fuiste y reencontrate siempre con ese adolescente que poco sabía de casi nada y así podés llegar a ser un viejo cósmico, danzarín y estelar. Y no importa demasiado si tu alma pende de un hilo ¿A caso alguien sabe el grosor de su cuerda? El corazón redobla y late cronometralmente. Dale ¡carajo! ese ritmo sincopado que te haga vivir”.
El café se resumía en un final espumoso y el Quijote no dejaba escapar ninguna posible Dulcinea. Al terminar su café, siguió camino en busca de otros molinos con quien poderse enfrentar. Yo quedé solo, creyendo en la nada misma.

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