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Las dos almas de Néstor Kirchner

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Las dos almas de Néstor Kirchner


Las dos almas de Néstor Kirchner


Con dos actos multitudinarios, uno en Chaco y el otro en Ferro, esta semana Néstor Kirchner buscó fortalecer los vínculos con los dos garantes de su proyecto para 2011, la estructura del partido político y las bases del movimiento social. Pero entre el cinismo de las cúpulas pejotistas y el entusiasmo de la militancia, volvieron a aparecer las contradicciones de un frente que no puede disimular sus propias grietas
Por Beatriz Sarlo

Miércoles 10, a la noche. Hace dos horas terminó el acto justicialista de Resistencia. Frente al hotel donde está reunido el Consejo Nacional del PJ, unos doscientos militantes bonaerenses, mientras esperan la salida de Kirchner hacia el aeropuerto, hacen un poco de música partidaria.

Poco después, en la vereda de un bar del centro de Resistencia, trato de poner las impresiones en orden. Una bandada de pibes rodea mi mesa. Quieren saber si pueden llevarse los restos de comida que están en mi plato. Son las once de la noche; entro al bar para buscar cambio y, cuando vuelvo a la mesa, tres chicos están sentados y terminan de limpiar mi plato. Es una anécdota.

Jorge "Coqui" Capitanich también cerró su discurso con una anécdota, pero tuvo el arte de convertirla en una pequeña historia ejemplar. Pocos días atrás había visitado la colonia donde se crió; allí se encontró con sus amiguitos de la escuela primaria rural. Hoy todos tienen trabajo (incluido Capitanich); sus padres cobran una jubilación con la que nunca se atrevieron a soñar y los chicos pobres del paraje reciben la asignación universal a la infancia. Por este paisaje social reconciliado no pasea la bandada de pibes que se comió los restos de mi cena. Pero no hay nada más fácil que cotejar el discurso con la realidad, que siempre, aun en los mejores momentos, interfiere con detalles molestos.

En el acto de Resistencia, Hugo Moyano comenzó su discurso con palabras que, de no haber sido pronunciadas en ese marco, habrían parecido la culminación de la desconfianza política. Refiriéndose al paso al costado de Kirchner después de perder las elecciones en la provincia de Buenos Aires y al presente griego de la conducción entregada a Scioli, que no podía ejercerla, Moyano dijo: "Nadie se creyó cuando usted, Kirchner, intentó presentar esa renuncia, que inmediatamente fue rechazada".

En efecto, nadie creyó ese ademán de resignar la presidencia del Partido Justicialista. Todos los gobernadores, intendentes y demás personal del Estado saben que Kirchner no retrocede. Vinieron a Resistencia a testimoniar que la situación de Kirchner como presidente del Partido vuelve a estar, como se dice, en blanco.

El acto de Resistencia se desarrolló en una de las capitales del peronismo, en el ex territorio nacional que, cuando se provincializó en 1951, lo hizo con el nombre de Presidente Perón. El primer gobernador fue evocado por Hugo Moyano. El acto tuvo su aspecto vintage , aunque no se cantó la marcha peronista y sólo sonó cuando se hicieron cargo de ella unas trompetas que estaban de la mitad hacia atrás. A la salida, algunos de los consejeros intentaron dos o tres compases, ya tarde. Pero, detrás de los oradores, un telón mostraba las imágenes de Perón anciano, de Eva Perón mediadora de brazos abiertos; de Cristina y Néstor Kirchner: el tetrapanteón que el acto refrendaba con la idea de que los Kirchner son continuadores de una tradición que llevarán aún más lejos.

Esa tradición peronista tampoco estuvo ausente del discurso de Capitanich, decidido a defender las "tres banderas" y al gobierno que supo "interpretar al pueblo". Dos expresiones históricas: la primera referida al programa, la segunda, a la representación. Moyano citó al antagonista que siempre entusiasma: la actual oposición es una reedición de la Unión Democrática, que estuvo "en contra del Pueblo y de la Patria".

En rigor, Kirchner no cambió nada, excepto el tono de voz, que fue menos electrizado. Caracterizó a la oposición como la "máquina de impedir" y "la unión del agua y el aceite", como si la asamblea de consejeros, intendentes y gobernadores reunida en Resistencia fuera un modelo de coherencia. Por otra parte, ningún partido en el mundo actual lo es: basta anotar las peleas en la derecha francesa, los rencores del laborismo y el tendal dejado por una nueva dirección en el conservadurismo británico, o las líneas internas en los grandes partidos norteamericanos.

Chantaje y coparticipación

Tampoco es posible pedir al peronismo, que siempre fue un nudo de temas ideológicos contradictorios, que se comporte como si se hubiera doctorado en una coherencia que es difícil encontrar en alguna parte. Lo que se le puede pedir a quienes gobiernan es que cumplan otros requisitos morales y políticos. No que renuncien por completo a retóricas bendecidas por su historia.

Lo que diferencia al enmarañado "kirchnerismo" de las peleas de la oposición es que sus enemistades son más silenciosas porque Kirchner mantiene todavía un enorme poder de chantaje económico. Kirchner defiende el dibujo presupuestario de su esposa y el fondo de desendeudamiento con tanto ardor porque sabe que, de perder en esos asuntos, llegó su hora. Kirchner y el personal político justicialista están unidos por una red de reciprocidad: te doy para que me des; si no me das, dejo de darte. Falta saber qué sucederá, avanzado el 2010, cuando ese personal político comience a pensar: si no me das, actuaré en consecuencia.

Por eso Kirchner, en su discurso de Resistencia, no sólo extendió el previsible inventario de los logros que hizo su esposa en el discurso ante el Congreso. A los peronistas que se convirtieron en disidentes les prometió que no les mirarían mucho los papeles si deseaban regresar, y a los gobernadores, que en los "próximos seis u ocho meses" se formaría una comisión para estudiar una nueva ley de coparticipación federal. Los gobernadores, con esta promesa escrita en el agua, ya saben que en el presupuesto de 2011 seguirán tan atados al gobierno central como hasta ahora.

En realidad, Kirchner está obligado a creer que tiene mucho tiempo por delante. "Estamos decididos a gobernar la Patria hasta el 2020 porque tenemos toda la fuerza y este proyecto no se basa en individualidades". Cuando más lejos se ponga el último acto, más inciertas se volverían las posibilidades de rebelión. Tanto como a la alternancia en el poder, Kirchner le teme a la traición de quienes lo abandonarán cuando esa alternancia se consolide en el horizonte.

El bajo continuo de bombos y el dúo original de dos adolescentes que, delante de mí, acompañaban con redoblantes las palabras de Kirchner como si se tratara de un rap (lindo tema para quienes estudien el cruce de cultura juvenil popular y kirchnerismo en estado práctico), fue la doble música de lo conocido y lo nuevo de este acto de Resistencia.

Del lado de la tradición está el vocabulario político, que pertenece al paradigma peronista, probablemente el léxico más exitoso de la Argentina moderna, tan exitoso que semillas de ese léxico han brotado en otras familias ideológicas. Tan exitoso que puede asimilar todos los léxicos políticos, como lo probó Menem ante su propio friso de peronistas conversos y hoy vueltos a convertir.

Así, en las remeras que llevaban militantes bonaerenses, se leía: "Asignación Universal/ Un Derecho Nacional y Popular". Esta capacidad de fusión ha caracterizado al peronismo y caracteriza, en mayor o menor grado, a todo movimiento de masas. Las frases de su tradición pueden reciclarse de inmediato y hoy vuelve a usarse "Unión Democrática" para designar a los opositores. Y también se incorporan frases que llegan de los intelectuales que el peronismo histórico no apreciaba tanto. Me entregan un volante del Partido Justicialista de Almirante Brown, provincia de Buenos Aires, donde a los temas clásicamente nacionales y estatistas se agrega esta reivindicación muy actual de la política: "Lo que no se puede perdonar al Gobierno es haber puesto a la POLITICA en el centro del DEBATE" (las mayúsculas pertenecen a la tradición).

Así es el peronismo. Su continuidad se sostiene en estas dos caras, cuya importancia va alternando: la tradición discursiva (que casi había desaparecido en los primeros años del gobierno de Kirchner, donde éste se presentaba como un nuevo fundador) y la ingestión de temas que no vienen de ese núcleo inicial, sino de la actualidad, como sucedió con Kirchner cuando colocó en el comienzo de su presidencia al terrorismo de Estado, borrando lo que había hecho Menem, otro peronista.

El vocabulario plástico y receptivo es un instrumento político. También lo es la capacidad para corregir algunos rasgos de su historia. Perón recelaba de los intelectuales. Kirchner no los necesita para hacer lo que hace, pero los habilita como intérpretes y entonces una línea tenue sale de Carta Abierta y, dando muchas vueltas, llega al volante citado más arriba. Kirchner le habló en Resistencia a los suyos (o a quienes desea que sigan siendo suyos), pero esta misma gente se ha tenido que acostumbrar a discursos que mezclan lo clásico con la innovación de los años 2003 y 2004.

Al día siguiente del acto pejotista de Resistencia, la conmemoración del 11 de marzo en la cancha de Ferro fue otra cosa. Pasaron 37 años desde aquel día en que la fórmula Cámpora-Solano Lima triunfó en primera vuelta. Quien se imagine esa victoria como un triunfo montonero se equivocará y le resultará muy difícil entender el amplio conglomerado social y político que se juntó en Plaza de Mayo cuando dos meses después el general Lanusse le pasó la presidencia a Cámpora. El 11 de marzo fue, en efecto, un triunfo del peronismo juvenil en sus muy diversas líneas, del grupo de políticos y sindicalistas más fieles al líder, de aliados de pequeños partidos como el Conservador Popular de donde venía Solano Lima, de obreros fabriles y jornaleros pobres del campo, de capas medias, de artistas, académicos e intelectuales. No se gana en primera vuelta sin sumar más allá de las fronteras de cualquier identidad.

El estadio de Ferro recordaba socialmente la composición de la multitud que en Plaza de Mayo recibió a Cámpora el día de su asunción. Casi diría que, envejecida, estaba la misma gente, acompañada de sus réplicas más jóvenes y de aquellos que habían confiado en el Frepaso hasta 2001.

Pero también estaba en Ferro ese nuevo mundo popular, de infinitas variaciones empíricas, que hay que leer con refinamiento: los pobres de barrio y los villeros, los asalariados en blanco y los que hacen changas, las mujeres de cooperativas y de comedores, con sus hijos y nietos, los viejos militantes populares, los gestores independientes de proyectos barriales pequeños pero significativos, los burócratas de los subsidios que organizan, presionan, obligan y protegen a los beneficiarios de planes, gente llevada al acto pero que finalmente se entusiasma, intelectuales, capas medias progresistas, y adolescentes que están allí como en un recital, haciendo el aguante.

Quienes piensan que las movilizaciones políticas antes fueron exclusivamente integradas por ciudadanos libres y autónomos, hoy reemplazados por gente que se deja acarrear, pasan por alto lo que enseñan los historiadores. Seguramente hoy es más indispensable que los punteros barriales empaqueten a la gente en los ómnibus que los traen desde el conurbano. Seguramente en condiciones de extrema pobreza, es muy difícil ejercer la autonomía. Pero el estadio de Ferro no sólo se llenó de gente que iba por el plan y, además, la gente que va por el plan, incluso cuando es manipulada, también tiene capacidad de entusiasmo. Desconocerlo es casi como afirmar que quien no aprendió bien la doctrina católica va a la Iglesia sólo movido por los temores de una creencia supersticiosa o para que le regalen alguna ropita usada.

Sin epopeya

En Ferro, entre lindos fuegos artificiales, Kirchner repitió, de manera más llana, los mismos logros del Gobierno detallados en Resistencia. Este es un libreto fijo del que se puede disentir ampliamente. Convirtió a la Ley de Medios Audiovisuales en una paradójica prueba de calidad institucional; convalidó la inexactitud de que la asignación a los niños es verdaderamente universal, y repitió el argumento de que el uso de las reservas es el mejor medio "para seguir creciendo". Atacó, como es costumbre, a la oposición, recordando el 2001 y la década del noventa (como si no hubiera sido una década peronista).

Declaró que aceptaba todos los debates, pero no tanto: hay que crear "puentes de convivencia", dijo, pero así "es imposible". La oposición paralizaría el país, de no ejercer la Presidenta un coraje excepcional. Prometió, por segunda vez en dos jornadas, que se quedarían hasta 2020, pero ni un día más, porque, en los años que faltan, tendrá lugar el "trasvasamiento generacional", fórmula legendaria bien en el espíritu del 11 de marzo, dado que lo mismo decía Perón (y terminó eligiendo a Isabel Martínez como sucesora). Pese a que los organizadores del acto vienen de los setenta, el vocabulario no fue historicista. Kirchner se privó de hacer lo que en cine se llama period piece : no mencionó ni al imperialismo, ni a la liberación, no convocó a una epopeya; con "lágrimas en los ojos", se mostró confiado en el coraje de quien gobierna. Fue un vocabulario de esta época, se coincida o no con lo que trasmite.

¿Que diferencias hubo entre Resistencia y Ferro? Los protagonistas y, como se usa decir ahora, el relato. En el Chaco, Kirchner reafirmó su poder ante políticos de carrera que dudan si abandonarlo ahora o más tarde. Miembros del Consejo Superior del PJ, gobernadores, intendentes y personal político de distintos niveles: Kirchner le habló a la superestructura partidaria, como solía decirse en la jerga del 11 de marzo de 1973. En el estadio de Ferro, en cambio, le habló a lo que hoy es la militancia.

En el Chaco fue refrendado, fríamente, cínicamente, por las estructuras del PJ, cuyos ocupantes prefieren los negocios estables y un jefe más tranquilo, con quien se pueda conversar. Fue recibido en triunfo en el estadio de Ferro, donde los asistentes querían no un jefe tranquilo que los invitara a seguir una argumentación, sino una jornada de fiesta. Y la tuvieron, con marcha peronista final cantada a los saltos. Esas son las dos almas del kirchnerismo: partido político y movimiento social. Lo malo para los Kirchner es que necesitan las dos almas para seguir gobernando, que hay grietas por todas partes y que ellos no son buenos artífices de ninguna recomposición.

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1242855

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8 comentarios - Las dos almas de Néstor Kirchner

CyroX
lanacion.com
soadfanatic
hdp ojala los metan presos y se termine ahi sus vidas
Dani_La_Renga
ladron
que poquito

investiguen el patrimonio de Jose Luis Gioja, a este nadie le gana de corrupto ..
viejometal
Naaaaaaaaaa !!!! loko tengan en cuenta que esta mina es informante confesa de la CIA. Solo tengan en cuenta eso al leer algo de todo lo que escribe.