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¿Quien mató al Barón Rojo?

¿Quien mató al Barón Rojo?


¿Quien mató al Barón Rojo?


Biografía

Manfred Albrecht Freiherr von Richthofen, militar y aviador alemán (Wroclaw, Polonia, 2 de mayo de 1892 - Vaux-sur-Somme, Francia, 21 de abril de 1918), más conocido como «El Barón Rojo», fue un piloto alemán que consiguió derribar ochenta aeroplanos enemigos durante la Primera Guerra Mundial antes de ser abatido en la mañana del 21 de abril de 1918 cerca del río Somme, en el norte de Francia.

En los inicios de la aviación, el Barón Rojo se convirtió durante la primera guerra mundial en el piloto más famoso de la contienda y en el modelo de lider que atrajo a muchos jóvenes a una pasión que siempre ha tenido el hombre desde el vuelo de Icaro, el volar y contemplar la Creación desde el cielo. Héroe de los alemanes y respetado por sus enemigos durante la Primera Guerra Mundial. Sus aviones fueron el caza biplano Albatros D.II y luego, el triplano Fokker DR.1 que le permitía una amplia capacidad de maniobras. Sin embargo, la mayoría de sus victorias en combates aéreos las consiguió en el avión Albatros D.II.

Manfred von (Título nobiliario que equivale al de “barón”) Richtofen. Nacido el 2 de mayo de 1892 en Breslau, por entonces capital de Silesia, antiguo Imperio Alemán, actualmente Polonia. Era el mayor de tres hermanos, pertenecientes a una antigua estirpe terrateniente cuyo origen se remonta al Siglo XVI, los Richtofen disfrutaban de una cómoda posición social desde que Federico “el Grande” les concediera la baronía en el Siglo XVIII. El padre de Manfred había llegado a ocupar un alto cargo en el 12º regimiento de Ulanos, una unidad perteneciente a la poderosa caballería alemana. Al igual que sus hermanos, disfrutó de una apacible infancia en la villa familiar situada en la localidad de Schweidnitz. Como todo joven aristócrata prusiano practicaba diferentes disciplinas deportivas, como equitación y natación. Tras un período en el que su tío Alexander se dedicó inculcarle la pasión por la caza, los planes que habían previsto para él se pusieron en marcha.

La carrera militar que debía emprender ya estaba decidida desde un principio. A los 11 años, Manfred ingresó junto a su hermano Lothar en la escuela para cadetes de Wahlstatt, en Berlín. Allí destaca en gimnasia y atletismo, pero sus notas son malas y sufre especialmente con la estricta disciplina. Tras seis largós años allí, ingresa en la Academia de Guerra de Berlín. El joven Manfred completa su formación después de algunos años más de estudio y se une al arma de caballería, siguiendo los pasos de su padre. En sólo tres años es nombrado teniente del 1º Regimiento de Ulanos y destacado en Militsch, la actual Milicz, en Polonia. Era el año 1912.

Cuando en 1914 estalla la Guerra en Europa, el joven teniente von Richtofen sólo tenía 22 años de edad, y estaba destacado en la frontera oriental de Alemania. Ante la nueva situación, su regimiento de caballería es trasladado urgentemente al frente occidental a fin de respaldar a la infantería que avanza sobre Francia. Pero en septiembre de 1914, el avance alemán sobre París es detenido en las afueras de la ciudad por el general Joffre; ambos contendientes se atrincheran iniciándose una larga guerra de posiciones (que durará cuatro largos años) y las tareas de reconocimiento que tradicionalmente efectuaba la caballería dejan de tener sentido. Habida cuenta del escaso trabajo, von Richtofen es trasladado a la 18º Brigada de Infantería como oficial de suministros y se instala en las trincheras. Al poco tiempo, decepcionado por la ausencia de actividad y cansado, en palabras suyas “de administrar huevos y queso”, comienza a buscar una alternativa que lo saque de allí y sacie sus ansias por entrar en combate.

Por entonces, lo único que sabe de los aviones es que habían sustituido a la caballería en las misiones de reconocimiento. Medita pues, hacerse piloto, pero cree que los meses de formación serían superiores a los de la duración de la guerra, que por aquél entonces aún se esperaba breve. Finalmente descarta ir a la escuela de vuelo y pide su traslado al Servicio Aéreo para convertirse en observador. Su primera experiencia resultó frustrante: pierde el sentido de la orientación y es incapaz de dar las instrucciones correctas al piloto. Pese a ese tropiezo inicial se aplica al máximo, y sin necesidad de terminar el curso aprende a leer mapas, localizar posiciones enemigas y lanzar bombas. Tras completar su primera misión en una unidad de reconocimiento en el frente oriental, es destinado al “Servicio de Palomas Mensajeras”, nombre en clave de una unidad secreta destinada a bombardear Inglaterra.

Pocos meses después, volando con el teniente Georg Zeumer, se encontraría por primera vez con un aparato enemigo. Debutaba así en un combate aéreo. Armado con un rifle, intentó abatirlo por todos los medios pero no lo consiguió. Unos días más tarde, esta vez con el teniente Osteroth como piloto y armado con una ametralladora, le llega la segunda oportunidad. Tras disparar algunas ráfagas el aparato enemigo pierde el control, entra en barrena y se estrella. Pese al éxito, esa victoria no pudo ser registrada, ya que los aparatos derribados que caían tras las líneas enemigas no computaban, según la particular normativa del ejército alemán. Aún así, von Richtofen estaba exultante.

Un mes exacto después de su primer combate conoció en un tren con destino a Metz al teniente Oswald Boelcke, el más famoso piloto de caza del momento y su futuro maestro. Impresionado por el encuentro y fascinado por sus explicaciones, toma sin duda la decisión más importante de su vida: se hará piloto. Así, acude al encuentro de su amigo Georg Zeumer y le pide que le enseñe a volar.

Boelcke fue el encargado de reorganizar una aviación maltrecha, en un momento en que los alemanes habían perdido su iniciativa en el cielo. Hasta entonces los aviones volaban solos y no había un mando único. A partir de ese momento, la aviación tuvo como jefe a el general Ernst von Hoeppner y los aviadores fueron agrupados en escuadrones ó Jagdstaffeln de catorce aviones. Boelcke fue 2º al mando y forjó a sus hombres en el espíritu de equipo, no quería individualidades, la victoria del equipo era lo importante, no quien derribase al enemigo.

Manfred von Richthofen fue su alumno predilecto. El examen de piloto lo aprobó recien a la tercera vez y no estaba considerado como uno de los mejores. No logró destacar en la academia de aviadores, aunque luego demostró ser muy capaz en combate. Boelcke lo seleccionó cuando vuelve a cruzarse en su destino una vez más. El famoso piloto visitó la base de von Richtofen en Kowel y lo invitó a unirse al escuadrón de monoplazas que estaba formando. Tres días después, el futuro “as” volaba hacia el frente occidental incorporándose en la Jagdstaffel 2 (más conocida como Jasta 2) y hacia un lugar de honor en la historia de la aviación.

Al cabo de un mes cumple su sueño y vuela por vez primera en una patrulla de combate al mando de Boelcke. Ya su primer combate en la Jasta 2 fue una victoria. Sucedió sobre el cielo de Cambrai, Francia, el 17 de septiembre de 1916. Durante estos primeros meses se destacó por su agudeza visual y su innato don para afrontar el peligro. Sus compañeros decían que su personalidad se transformaba cuando cogía los mandos de su avión. La enseñanza de su capitán le fueron perfeccionando el estilo, Boelcke le escribió unas normas de vuelo basadas en su experiencia, pero en octubre de 1916, llegaría uno de los días más tristes para él y para el conjunto de la Fuerza Aérea Alemana. Boelcke, con cuarenta victorias, muere en un trágico accidente mientras trataba de derribar un aparato enemigo chocando con uno amigo. La muerte del héroe del momento dejaba un gran vacío en la moral y espíritu alemán.

“Después de todo sólo soy un piloto de combate pero Boeckle fue un héroe”

Manfred Von Richthofen

En 1917, el as alemán continuó idolatrando a su mentor mucho después de haberlo superado en victorias. La nación necesitaba un nuevo héroe del aire y von Richtofen que en esas fechas ya ostentaba ocho derribos en su haber era uno de los más dignos candidatos. Pero, aunque su nombre comenzaba a ser popular, había otros pilotos con marcas similares a las suyas. Fue en ese momento cuando, empujado por la necesidad de aumentar su número de victorias y destacar entre los demás, tomó la decisión de pintar su avión de color rojo. Una decisión arriesgada, sin duda. Su caza, rojo, que pronto se haría famoso, inspiraba temor y respeto entre sus enemigos, pero al mismo tiempo, un color tan llamativo lo convertía en un blanco fácil. Esa era su intención, atraer al enemigo e imponer temor y respeto en el cielo con su presencia. Fue entonces cuando se ganó el sobrenombre de “El Barón Rojo”.

Richthofen tenía diez derribos, cuando consiguió derribar en un duelo espectacular al comandante Lanoe Hawker, uno de los británicos más prestigioso, condecorado con la Cruz Victoria. Gracias a su particular tarjeta de presentación, en forma de un caza pintado de color rojo y su imparable número de éxitos, Manfred von Richthofen se convirtió en el nuevo símbolo nacional que la propaganda gubernamental germana había perseguido con tanta necesidad. Tras reunir las necesarias 16 victorias, confirmadas, obtuvo la preciada cruz “Pour Le Merité”, más conocida como “Blue Max”. Dos días más tarde era nombrado comandante de la Jasta 11. No sólo volaría y combatiría sino que también enseñaría a otros pilotos a volar. Luego conocido como el "Circo Volador" por los vivaces colores que presentaban sus 14 aviones, los cuales, al igual que un circo, se trasladaban por ferrocarril al lugar adonde se los requería.

Manfred aplicó en sus hombres las enseñanzas en equipo que su maestro Boelcke le habia legado. Su escuadron fue el más famoso. Llegó a dirigir 58 misiones con total éxito, en las cuales derribó unos 80 aviones, algo que nadie llegó a superar en ningún bando durante el resto de la guerra. En abril de 1917 sumó él solo 20 derribos. Sus hombres insinuaban que su líder tenía un comportamiento suicida.

En los intensos combates de 1917, el Barón rojo se convirtió en el as por antonomasia de los hombres del káiser y su derribo sería premiado por el enemigo con 5000 libras. Muchos deseaban tener el honor de derribarlo y murieron en el intento. Los propios británicos bautizaron el mes de abril de ese año como “Bloody April”, de una parte, como consecuencia de la absoluta superioridad aérea alcanzada por los alemanes gracias a la entrada en servicio de los nuevos Fokker (cuyas hélices se sincronizaban con los disparos de las ametralladoras); y de otra parte por la igual superioridad alemana en tierra. Entretanto, Lothar von Richthofen, hermano menor del barón se integró en la escuadrilla, demostrando también cualidades como su hermano, llegando a derribar 40 aviones al final de la guerra.

En primavera, el Barón rojo tenía 45 victorias con las que había conseguido superar a su maestro, Boelcke (alcanzó las 40), consagrándose de este modo como un mito viviente. En toda Alemania se hablaba de él, y la propaganda de guerra explotaba su condición de héroe nacional mediante postales, carteles y actos de reconocimiento de todo tipo. La aureola del “Barón Rojo” brillaba hasta tal punto, que fue invitado a conocer al Kaiser en persona. Dejando a su hermano Lotear al mando de la Jasta 11 viajó hasta Berlín, donde conoció a los altos mandos y tuvo que protagonizar un sinfín de apariciones públicas y homenajes, que lo dejaron exhausto y deseando volver a casa para disfrutar de un merecido descanso. Tras estas pequeñas vacaciones, volvió al frente, a comandar su escuadrilla.

A la vuelta de este permiso, la estructura aérea alemana se había modificado sustancialmente, de modo que el Alto Mando fusionó las Jasta 4, 6, 10 y 11 en una unidad superior denominada Jagdgeschwader I (JG I, Ala de Caza I), que controlaba 50 aviones bajo el mando global de von Richthofen. Esta unidad hacía cundir el pánico entre el enemigo cada vez que sobrevolaba el frente occidental. De entre sus miembros merece la pena destacar un jovencísimo piloto llamado Hermann Göring, quien acabaría siendo uno de los sucesores del propio Richthofen al mando de la JG I. Como ejemplo de sus hombres, el resto de las escuadrillas pintaron sus aparatos de los colores más llamativos incrementando el Circo volante. Esta unidad llegó a derribar 644 aviones con sólo 56 bajas. Entre sus alumnos más aventajados resultaron Kurt Wolff y Karl Allmenröder, quienes consiguieron 33 y 30 victorias y la consabida Max azul.

Sin embargo, el fin de los ases se aproximaba, el máximo héroe francés y aliado, Georges Guynemeyer fue abatido con 54 victorias, poco después lo era el alemán Werner Voss con 48, un excéntrico piloto que le gustaba ir bien vestido por si le capturaban, para poder gustar a las chicas de París. La entrada en la guerra de Estados Unidos ocasionó una llegada masiva de aviadores norteamericanos. Además, su alto nivel había rebasado a todos los pilotos de la gran guerra y sus integrantes de escuadra para guardarlo de las balas enemigas pintaron sus aviones de color rojo, aunque su hermano Lothar lo hizo de amarillo.

El 6 de julio de 1917 Richthofen recibió una bala perdida en el cráneo, que le provocó una terrible herida lesionándole el cerebro; y estuvo a punto de provocar la tragedia. Durante unos segundos quedó completamente paralizado; las manos caídas, las piernas sin sentido y ciego. Afortunadamente, a tiempo de enderezar el picado que comenzó a trazar su avión, recuperó la visión y la movilidad pocos instantes después. Pudo aterrizar, en efecto, pero este percance le dejó una importante herida en la cabeza de la que nunca se recuperaría totalmente.

Continuó volando pese a estar claramente incapacitado para soportar alturas. Se comportaba como si fuera inmune a la muerte, su carácter se tornó más hosco y depresivo. Se mostraba a menudo sombrío, y comentó en muchas ocasiones que "sabía" que no iba a ver el final del conflicto. No tomando precauciones e incluso violando las fundamentales reglas de vuelo que había escrito en su manual. Llevó vendada la cabeza durante mucho tiempo. Poco después recibió con alegría un Fokker Dr I, un triplano que también pintó de rojo, y que tenía gran agilidad, aunque si se mantenía en rumbo fijo durante muchos minutos, se convertía en presa fácil.

La guerra continuaba su curso y la situación de Alemania empeoró sin remedio. El horror y las múltiples bajas cosechadas en Verdún y el Somme minaron la moral del ejército notablemente. En 1918 el mito del Barón Rojo estaba más que afianzado, pero su cansancio físico era evidente, y las fuertes jaquecas que le provocaban la herida sufrida en la cabeza lo torturaban continuamente. Pese a todo, su obsesión por cumplir con su deber y servir a la nación lo llevaban a rechazar los constantes requerimientos de sus superiores para que dejara de volar y aceptara el apacible puesto de Inspector de la Aviación de Caza.

En la última ofensiva de marzo-abril de 1918, sus últimas 17 victorias suman un total de 80. El Barón rojo era el más calificado piloto de la guerra, pero el 21 de abril de 1918, al alcanzar la línea del frente se encuentran con varios Sopwith Camel. La primera reacción del Barón Rojo es disparar a uno de ellos, que da una vuelta y se desliza en picado hacia el oeste. Volando a muy poca altitud, casi a ras de suelo, el caza rojo se lanza en su persecución a lo largo del río Somme, buscando con ello su 81º victoria. Allí fue donde sus camaradas lo perdieron de vista. En cuestión de pocos minutos el cazador del aire moría por efecto de una bala que, entrando por debajo del pecho le atravesó el corazón. Un piloto canadiense, en un acto fortuito consiguió derribarlo, cayendo el alemán en poder de la infantería australiana.

Al día siguiente el Barón Rojo fue enterrado con todos los honores al enemigo caído en el cementerio de Bertangles. Su cuerpo es exhumado y depositado en los Invaliden de Berlín en noviembre de 1925. A sus 25 años, este noble prusiano había firmado una de las páginas más brillantes del comienzo de la aviación.


baron


Imagen 1: 30 de octubre de 1916, honores militares y tributos en el sepelio de Oswald Boelcke en Dessau - Alemania.

Imagen 2: A la izquierda Lothar-Siegfried Freiherr von Richthofen y a su derecha Manfred Albrecht Freiherr von Richthofen.

Imagen 3: 23 de abril de 1917, Manfred von Richthofen en la cabina del Albatross D.III con sus subordinados de la Jasta 11 . Su hermano Lothar esta sentado debajo del grupo.

Imagen 4: 22 de abril de 1918, funeral de Manfred von Richthofen en el cementerio de Bertangles - Francia. Su ataúd, cubierto con una ofrenda de flores fue cargado por seis miembros del Escuadrón 209, mientras soldados australianos presentaban armas y lanzaban tres salvas en su honor.



La muerte de una leyenda


La caballerorisidad dentro del horror de la guerra

Entre los aviadores alemanes que pilotaban máquinas voladoras hechas con lona y cuerdas, se creía en una superstición: no ser fotografiado antes de una misión. Sólo tras cumplirlas, los pilotos permitían que una cámara fotográfica registrara sus victorias. El 21 de abril de 1918 por la mañana, el barón Manfred von Richthofen, el más mortífero de los ases que la guerra aérea haya conocido jamás, se burló de esa superstición. Se detuvo para jugar con su perro en la puerta del hangar que albergaba su triplano Fokker, pintado de rojo brillante. Y entonces sonrió al objetivo de una cámara, sostenida por un visitante del campo de aviación. Era domingo, y el aeródromo de Cappy aparecía cubierto por una espesa niebla. Sobre las 10.30hs. de la mañana, el fuerte viento del este comenzó a disipar la niebla y se recibió un informe que avisaba de la aproximación de aviones ingleses.

El barón van Richthofen podía permitirse el lujo de desafiar la superstición. Después de todo, a los 25 años de edad, era el más famoso aviador del mundo. Se lo consideraba casi invencible. El día anterior había derribado su avión número ochenta. Era un héroe nacional, conocido como El Caballero Rojo de Alemania ó el Barón Rojo, a causa del «circo aéreo» que lanzaba dos veces cada día sobre los cielos de Francia y Bélgica. Allí, causaba estragos entre los aviones británicos, franceses, australianos y canadienses.

Richthofen subió a la carlinga de su Fokker a las 10.15 de esa mañana, mientras la banda militar tocaba himnos en honor de sus victorias. Despegó del campo de aviación de Cappy seguido por dos docenas de aviones, y voló hacia el pueblo de Sailly-le Sec, en el valle del Somme, donde volverían a reunirse. Más o menos al mismo tiempo, mientras Richthofen comenzaba a mover su avión por la pista de despegue, otro piloto se estaba preparando para levantar vuelo, en Bertangles, a 40 km de allí. Se llamaba Roy Brown, y era un canadiense de 24 años de edad, piloto de un Sopwith Camel del Escuadrón 209, de la recién formada RFC ( Royal Fly Corps ) que en el futuro sería la RAF ( Royal Air Force ). Brown, aviador voluntario, nacido en Toronto, era muy distinto al extravagante Barón Rojo, con quien poco después iba a enfrentarse en combate.

Retraído y modesto, Brown se había apuntado ya la muerte de doce oficiales alemanes, y llegaría a apuntarse un número mayor, aunque rara vez se preocupara de remarcar sus victorias individuales. Recientemente, Brown había sido ascendido a capitán y recibio la condecoración Cruz de los Pilotos Distinguidos. Estaba cumpliendo dos peligrosas misiones cada día de la semana, y mantenía en forma su cuerpo cansado con constantes infusiones de leche y coñac. Brown había oído hablar mucho del Barón von Richthofen, y respetaba a los pilotos de su asombroso «circo volador». Por su parte, von Richthofen no había escuchado hablar jamás del capitán Brown, el hombre que, a las 11.15 de esa mañana, estaba ya volando a 3.000 m por encima suyo, con uno de los 15 aviones de la RFC que combatían cerca de Sailly-le Sec.

Brown vio, debajo suyo, al poderoso circo rojo, que atacaba a dos lentos aviones de reconocimiento REB, que daban vueltas, girando y descendiendo en tirabuzones, en un intento de esquivar el ataque. Brown entra con su Camel en una abrupta picada y, en perfecto orden, siete de sus compañeros hicieron lo mismo. A lo sumo, tenían orden de arriesgar sólo ocho de los aviones que componían el asustado escuadrón. Mientras sus aviones rugían hacia el combate aéreo, a unos 1000 metros, los pilotos aliados sabían que estaban en clara inferioridad numérica con respecto a los alemanes, y que uno de los ocho aviones que se estaban uniendo en la batalla sólo resultaba apto para dar un paseo.

En cuestión de minutos, habían derribado cuatro aviones alemanes, uno de ellos alcanzado por los disparos de un inexperto piloto llamado May. Pero nada más May destruyo al aparato enemigo, el propio Barón Von Richthofen se precipitó hacia el avión del australiano para enfocarlo en la mira de sus armas. Las dos ametralladoras Spandau del Fokker rasgaron el fuselaje del avión de May. El piloto australiano sólo recibió heridas leves, pero se encontraba en un grave aprieto. Por más que lo intentaba, no podía sacarse de su deriva al Barón Rojo. Barrenó, giró, volvió a girar, pero era demasiado inexperto para superar al as alemán.

Brown advirtió lo que estaba sucediendo y abandonó el centro del combate aéreo. En ese momento, May estaba huyendo a toda velocidad; su avión volaba bajo y el Barón estaba a sólo 25 metros detrás de él. Con la ventaja de la altura, Brown se precipitó hacia abajo, hasta que consiguió alcanzar al alemán. Abrió fuego sobre el avión de Richthofen, pero el Barón continuó su caza con toda determinación.

Tan absorto estaba en la persecución de su presa, que el vencedor de ochenta batallas aéreas se olvidó de la primera regla que consta en el manual de vuelo: vigilar siempre la retaguardia. Brown estaba ya justamente detras de su avión, con la mano inmóvil sobre el gatillo de su ametralladora Vickers. El avión del Barón Rojo se puso en su mira y Brown abrió fuego: una larga ráfaga, que lanzó una precisa hilera de balas a lo largo del fuselaje del Fokker, comenzando en la deriva y dispersándose en la cabina de mando. La proa del Fokker se inclinó hacia abajo y el avión planeó hacia tierra. Allí se estrelló, y siguió dando tumbos hasta detenerse cerca de las líneas británicas, en las afueras de Sally-le Sec.

Un soldado británico registró la carlinga y encontró al Barón Manfred von Richthofen muerto en su asiento. Un oficial sacó una instantánea de la escena, para dejar caer copias sobre las líneas alemanas al día siguiente. Mientras tanto, en el campo de aviación de Cappy, un fotógrafo alemán estaba observando el cielo. Esperaba el regreso del «circo aéreo», para poder fotografiar ese día por segunda vez al siempre victorioso Barón Rojo. Los miembros de la JG I desconocían el hecho de la muerte de su líder, y aún guardaban esperanzas de que siguiera con vida. Pero un mensaje escrito lanzado dese un avión ingles en el que se confirmaba oficialmente su muerte los despertó de sus sueños. Su Kommandeur había caído, y con él, el último gran héroe alemán.

¿Quién mató al Barón rojo? Es esta una pregunta aún sin resolver; un misterio sin desvelar. Según las fuentes oficiales, fue el capitán canadiense Roy Brown el que consiguió matar al piloto alemán, ese día volaba a bordo de uno de los Camels de la escuadrilla 209 de la RFC, escribió en su informe oficial: “Piqué sobre un triplano completamente rojo que estaba disparando sobre el teniente May. Le lancé una larga ráfaga y se vino abajo pudiendo observar cómo se estrellaba”. Pero esta es sólo una suposición, pues si lo que afirmó el capitán Brown fuera cierto, el Barón Rojo habría violado una de sus propias máximas, recogidas en su “Manual de combate aéreo”, conforme la cual “uno nunca debe obstinarse en seguir a un adversario al que no ha podido abatir (..) entrando en el otro lado, donde uno se encuentra solo y tiene que enfrentarse a un mayor número de adversarios”. Roy Brown dejó escrito un libro sobre sus combates y detalló todo sobre el último vuelo del Barón.

La segunda versión de los hechos es la que sostiene el ejército australiano. De acuerdo con la afirmación de sus mandos, al perseguir al teniente May penetró en el territorio enemigo y fue tiroteado desde tierra hasta ser derribado. Fue el soldado de infantería australiano William John "Snowy" Evans el que disparó desde tierra la bala que acabó con su vida. La bala entró por el lado derecho del pecho y le causó heridas en los pulmones, el hígado, el corazón, la arteria aorta y la vena cava antes de salir. Según la opinión de los forenses, apenas contó con un minuto antes de perder la consciencia y solo un par de ellos en morir. Poco se sabe sobre el soldado Evans, aparte de que murió en 1925, y probablemente falleció sin imaginar que él podía ser el causante de la muerte del piloto más famoso de la historia. Sea como fuere, el triplano rojo de von Richthofen se estrelló en un campo de remolachas situado a lo largo de la carretera de Corbie a Bray. Su cuerpo fue inmediatamente trasladado al aeródromo de Poulainville, donde se le hicieron fotos para que no hubiera ninguna duda de que había caído en el sector aliado. Le quitaron la ropa y le efectuaron un examen médico.

El día 23 de abril la noticia era publicada en Alemania y sumía al país entero en una depresión que auguraba el principio del fin de la brava resistencia prusiana. Un día antes, el cuerpo del mejor piloto de caza de todos los tiempos fue enterrado por sus enemigos en el cementerio de Bertangles. Recibió todos los honores militares y los propios británicos no dudaron en rendirle el tributo merecido. Su ataúd, cubierto con una ofrenda de flores fue cargado por seis miembros del Escuadrón 209, mientras soldados australianos presentaban armas y lanzaban tres salvas en su honor. En su lápida se puede leer su epitafio:

Aquí yace un valiente, un noble adversario y un verdadero hombre de honor.

Que descanse en paz.

Era el homenaje de los que habían sufrido el instinto de un cazador implacable llamado Manfred von Richthofen. Un homenaje que también marca el final de una era en la que el arte de la guerra se basaba en el profundo respeto hacia el adversario.

Era costumbre entre los pilotos tener una mascota. En el caso del Barón Rojo, su acompañante era un perro dogo alemán arlequín (Gran danés), llamado Moritz, si bien gran número de esas mascotas morían al seguir ciegamente a sus amos. Moritz tuvo suerte y escapó sólo con una oreja cercenada.

Tras su muerte, el mando del Jasta 11 fue asumido por Wilhelm Reinhardt, el cual murió en un accidente aéreo en julio de 1918, sucediéndole Hermann Göring, quien era uno de los ases más destacados de la aviación de caza en esos momentos, habiendo obtenido 22 victorias en la guerra. El Barón Rojo dejó un libro, escrito en 1917, durante su convalecencia por un disparo en la cabeza. Lo tituló El Piloto Rojo, donde afirmaba que combatía en la aviación buscando una consecuencia para su vida.







link: http://ar.tuhistory.com/docroot/zona-de-combate/swf/mapa_1era_guerra.swf









link: http://www.jetcero.com/Videos/El%20baron%20rojo.swf





mato

El triplano Fokker de von richthofen fué completamentedespojado de la tela del revestimiento por los cazadoresdel “souvenir”. Esta imagen muestra los restos desnudo del empenaje sobre la tumba de von Richthofen. Fué enterrado con todos los honores militares


rojo
La undécima víctima de von Richthofen fue el comandante Lanoe G. Hawker, as británico poseedor de la Victoria Cross, la máxima condecoración británica. A pesar de volar sobre un anticuado DH.2 de hélice propulsora, Hawker combatió con valor. Sólo pudo ser derribado cuando, corto de combustible, hubo de virar hacia su base.





























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A TODOS MIS SEGUIDORES, LES DIGO: NO ES AL PEDO..GRACIAS POR ESTAR AHÍ!
von ritch



"Si asumes que no existe esperanza, entonces garantizas que no habrá esperanza. Si asumes que existe un instinto hacia la libertad, entonces existen oportunidades de cambiar las cosas."
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¿Quien mató al Barón Rojo?

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Comentarios Destacados

@Elbocha2034 +8
La pregunta es, quien va a matar a Marcos Rojo?

20 comentarios - ¿Quien mató al Barón Rojo?

@Rainbowwdash +1
EL BARÓN AZUL: PORQUE ERAN CONTRARIOS.
@augustusx3 +2
El Baron Rojo no fue derribado por otro piloto,fue el soldado australiano disparando desde tierra,porque las heridas del cuerpo no correspondian con las balas de los aviones...
@henkel_212
es verdad, lo que decis, vi el documental en el history o discovery o nat geo.. o ..o no se en alguno de esos canales.
@PAPATO +1
@henkel_212 Es una de las hipótesis que el post dice.
@Elbocha2034 +8
La pregunta es, quien va a matar a Marcos Rojo?
@Zombie_Games +5
Pensé que hablabas de mi infancia

baron
@Mercuryal_Vapor7 +1
De que serie es?
@Lalexander +2
@Zombie_Games como me gustaba ese opening!!
@Comando_666 +2
Muy buen post. Conocia la mayoria de los hechos, pero un poco de historia militar nunca viene mal.
@Matias-MDF +2
jajaja de 20 comentarios 1 leyó
@enbarbecho +3
Muy buen post!!! Ya tiene 387 visitas y solo 45 puntos???? Y bueno , si a eso le agregàs comentarios como el que antecede debemos suponer que lo publicaste en un horario desafortunado . Algunos son màs pesimistas y dicen que , ahora , Taringa està llena de pelotudos...que se yo . Van puntos y reco
@PAPATO +1
Gracias!Y sí.... lamentablemente, es así como decís.A mí personalmente los puntos y ser diamond me importa cero, sino que lean algo que interese....... pero algunos no saben que hacer.
A tipos como vos van dirigidos los posts.. al resto, ellos se lo pierden y no saben para colmo.
@master_bolt +2
Una hélice cuatripala fué cortada, pulida e historiada para ser utilizada como cruz sobre la tumba

mato

Buen post
@ddm90
El mismo Imperio Alemán.
@matuzky +1
excelente post! una leyenda... a favs y reco
@Lea460
che pifiaste con la muerte de laone hawker. murio xq cuando estaba peleando girano contra el baron rojo, el segundo tenia la ventaja de altitud lo que obligo a hawker cuando la batalla llego a poca altitud a seguir rumbo directo para retomar, lo que causo que el baron rojo se le pusiera atras, no por el combustible...piscui