evangelio diario: Martes Santo

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MARTES SANTO
Hoy, Martes Santo, el evangelio nos lleva a la Última cena cuando, Jesús, le convida un bocado a Judas, indicándoles a los demás apóstoles, quien era el que lo entregaría. Y luego el desafío de Pedro ¿Por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti… Pedro, antes de que el gallo cante me habrás negado tres veces…

Estos días de semana Santa, nos llevan a mirar aquellos momentos últimos del Señor. Por eso, les propongo , adentrarnos también hoy, en esos misterios de dolor que rezamos habitualmente y que nos ayudan sobremanera a contemplar el rostro de nuestro amigo que sufre y entrega la vida por todos.


Jn. 19, 1 Pilato, entonces, ordenó que azotaran a Jesús

Después de ser juzgado por la mentira, ser maltratado por aquellos a los que sanó, es azotado, flagelado.

Las flagelaciones estaban a cargo de soldados romanos, sin ningún tipo de piedad. Usaban látigos de tiras de cuero, terminadas en bolitas de plomo o cualquier metal junto a pedazos chicos de huesos afilados. Aquellas, lastimaban mucho la piel, producían moretones, que los próximos golpes, abrían. Los huesos de las puntas de látigo, , actuaban como anzuelo, y el verdugo, aparte de pegar, arrastraba el látigo para desgarrar aún más.

Eran treinta y nueve latigazos, desde el cuello, hasta las piernas. Lastimaban las orejas, las nalgas, las partes íntimas, los muslos y pantorrillas. No venían ahí a un ser humano. La saña era moneda corriente y cuánto más golpeaba y lastimaba, más rugía la gente en gritos de aprobación y festejo.

Los latigazos los recibió de un «flagelum» romano o látigo que partía de un palo o asidero y cuyas colas terminaban en bolas de plomo. La ley prohibía golpear con este látigo en la cabeza o en otros órganos vitales para provocar sufrimiento pero no la muerte, de modo que Jesús, que recibió hasta 300 impactos de esas bolas de plomo y huesos-el triple de lo permitido en la ley judía-, ya llevaba varias costillas fracturadas en el momento de acarrear el «patibulum». («CSI: Jesús de Nazaret. El crimen más injusto». Forense José Cabrera)

Los flagelados perdían mucha sangre, a veces la espina dorsal quedaba al descubierto.

Esto causaba cuatro efectos:
• ” El corazón se acelera para tratar de bombear sangre que no existe.
• Baja la presión sanguínea lo cual puede producir desmayo o colapso.
• Los riñones dejan de producir orina para mantener el volumen restante.
• La persona comienza a sentirse sedienta porque el cuerpo ansía fluidos para reponer el volumen de sangre perdido.
Es una conmoción llamada hipovulémica.(corazones.org)

¡Cuánto dolor! La cita dice simplemente: Pilato ordenó que azotaran a Jesús. La historia, los estudios de la sábana Santa, nos cuentan la realidad. Fue hecho con saña, con ira, con rabia. ¿Qué habrá pasado por la cabeza de Jesús en esos momentos?
Cualquier cosa era superada por una palabra: DOLOR. Dolor que pela los huesos, que martiriza la piel. Lo aguantó por todos, pensando en tantos hermanos, que a lo largo de la historia, serían vejados por llamarse cristianos, Hubiera querido detener los brazos de aquellos verdugos, de suplicarle piedad y misericordia, pero no tenía fuerzas para dar vuelta su rostro más aún sabiendo que cualquier nuevo golpe podía destruir su visión, la que le quedaba en medio de sus cabellos revueltos y ensangrentados. Padre perdónalos, no saben lo que hacen… no hay mayor amor que dar la vida por los amigos …y ahí estaba, recibiendo cada latigazo por mis pecados, por los tuyos…golpeándole la cara, las nalgas, los muslos, las partes más íntimas, las costillas…



¡ y pensar que a veces nos quejamos por pequeñas llagas en la boca, por lastimaduras, por pequeñas heridas que nos producen malestar¡ ¿Qué hizo Él para merecer esto? Solamente ser BUENO.
Muchos de los flagelados, quedaban ahí. No aguantaban más.

Cerca estaba María, su mamá. ¡Cuánto sufre un padre o una madre bien nacidos al ver sufrir a sus hijos aunque más nos sea por una gripe o resfrío! ¡Cuánto habrá sufrido mamá María! Habrá deseado ponerse en medio de la piel encarnecida de su hijo y las manos de los verdugos. Lo hubiera podido hacer porque la experiencia nos demuestra esa fuerza inédita y esa reacción inimaginable de toda madre cuando ve en peligro a sus hijos. Sin embargo había una más fuerte decisión de aceptar la entrega de su hijo, aunque eso le cause tantísimo dolor.
La escena nos llama a ponernos en el lugar, y hoy, pensar donde estamos


¿Somos los verdugos, que castigan sin piedad a alguien que no tiene posibilidad de defenderse, cobardemente, que hablan mal de Jesús que vive al lado, que actúan en las sombras, destruyendo fama de los demás, aprovechando cada ocasión para hacer “leña del árbol caído”? ¿Blasfemamos, calumniamos? ¿Somos los que actúan cobardemente por la espalda? ¿Somos los que actuamos de verdugos de los pequeños que no tienen posibilidad de defenderse, produciendo, alentando, induciendo abortos?
Hoy el Jesús atado, es el hermano desvalido sin posibilidad de defenderse, al que atacamos y lastimamos, con nuestras habladurías o la violencia de género, aprovechando un dominio físico o psicológico.
Hoy hay cristos atados: hombres y mujeres inculpablemente ignorantes, sin cultura, dominados y explotados.
Hoy los cristos atados, son los indefensos, vulnerables, inocentes niños y destruidos por verdugos adultos que le hacen jirones el alma con los abusos.

¿Somos los que detrás de las vallas, alentaban al verdugo, gritaban en contra de Jesús, se burlaban y reían, los que incitamos a otros al mal, los que alentamos el pecado de los otros, los que nos reímos cuando hay burlas para con la Iglesia, o los curas o las monjas? A veces parecemos espectadores de un match de boxeo, alentando a pegar y destruir ¡sin tan solo nos viéramos!

¿Somos los que estamos detrás de las vallas, lamentando, sufriendo por Jesús, pero no nos metemos para evitar que le sigan pegando , los que desde afuera nos lamentamos, pero no nos comprometemos con el hermano que sufre, con el joven sin ideal, con la niñez sin futuro, que nos cuesta dar nuestro tiempo, dejar de lado nuestra comodidad, para ir en busca del Jesús necesitado que está sufriendo latigazos de parte de la sociedad que trata de hacerlos sangrar para tenerlos “domesticados”? Es más fácil estar detrás de las vallas sintiendo pena, que comprometidos en el barro, en la trinchera, poniéndose en medio entre los verdugos y los flagelados para evitar que le sigan dando…

¿somos como los discípulos, que estuvieron en las buenas, cuando había alabanzas, , cuando Jesús estaba de “moda”, cuando ser cristiano trae beneficios, pero que huyen cuando la cosa viene mal, cuando hasta negamos nuestra condición de seguidores suyos, y nos escondemos en medio de la multitud, tranzando con la mediocridad, siendo uno más del montón, dejando de ser de esos que muestran con valentía su ser cristianos , aunque cueste también “flagelaciones” de olvido, incomprensión y abandono de amistades?


Puede que seamos nosotros mismos los flagelados, a los que se nos ata los brazos y las manos y se nos castiga por seguir a Jesús, produciéndonos desgarrones que nos duelen de verdad, porque a veces provienen de quien menos uno los espera. Quizás esto nos ayude a entender el dolor que sufren nuestros hermanos lastimados y azotados sin causa. Quizás con esto nos acercamos un poquito más a Jesús flagelado.

La flagelación del Señor, nos interpela. Que el dolor de Jesús nos ayude a quejarnos menos, a ayudar a los demás, a evitar que se siga flagelando a tantos hermanos nuestros que están cerca, a comprometernos con la realidad que vivimos para que haya menos flagelados y excluidos.

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