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"Bastardos Sin Gloria" - Herencia insípida de los K

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"Bastardos Sin Gloria" - Herencia insípida de los K
“la gloria en zapatillas, el florero vacío”


El post kirchnerismo es casi un tema recurrente en la escena política nacional. Cada elección lo vuelve a poner en agenda y empuja a problematizar sobre el legado de una década. Década que, en parte, pasará a la historia por la continuidad de ese proyecto político.

Es común entre politólogos y analistas hablar del kirchnerismo como cultura política, sustentada en valores como la intervención del estado en la vida económica, la asistencia gubernamental para atenuar las diferencias sociales, la defensa discursiva de los DDHH y un perfil de reivindicación de lo latinoamericano.

Pero esa cultura no debiera separarse de la realidad material que le dio sustento. Enormes ventajas en el terreno de la economía internacional durante más de un lustro, estabilidad social lograda en base a convivencia y pactos con barones del conurbano, gobernadores feudales y la cuestionada burocracia sindical, cooptación sobre capas de las organizaciones sociales y el movimiento de derechos humanos.

Sobre esas bases es posible pensar en la herencia política del “proyecto”. En ese terreno, el kirchnerismo deja dos hijos bastardos, que pudieron verse juntos en el bunker el hotel NH, el pasado domingo por la noche. Son los hijos ilegítimos de un proyecto político que tendió a jugar un rol entre la estabilidad y la disrupción, con mucho más de lo primero que de lo segundo.

Una juventud añejada

La Cámpora, en tanto significante que engloba a un espacio político de conjunto, es el primer hijo bastardo de la época K. Corriente que emergió como parte de la “guerra contra las corporaciones” y se alimentó de una mística basada en la militancia y la participación activa en las calles. Desde ahí se “bancaba al proyecto”. Por estos días, tuvo su debut electoral, con poca suerte señalemos. Martín Rodríguez ha señalado aquí que la lógica de La Cámpora está estrechamente ligada a la cultura militante, no así a la promoción de sus propios candidatos. A lo mejor ahí podemos encontrar una explicación del extravagante festejo del segundo lugar…cuando salieron terceros.

Pero la cultura militante sobre la que se estructuró La Cámpora carece hoy de cualquier mística. En política esto no resulta un detalle. El kirchnerismo –como buen peronismo- lo entendió perfectamente. De ahí el recurrente peso del Relato (o los relatos) a cada instante. El camporismo carece hoy de ese sustento que le confiera estabilidad duradera. Sobre esa falla se sostiene la imperiosa necesidad de seguir cerca del poder estatal. El retorno al llano y a una militancia “desde abajo” preocupa y atemoriza.

No es para menos. El medio de las capas dirigentes de esta juventud es el Estado. De allí que La Cámpora no haya producido, en estos años, ningún referente de fuste que cargue algún tipo de “gloria” sobre sus espaldas. Ni combativos dirigentes juveniles, ni aguerridos dirigentes obreros, menos aún luchadores sociales ejemplares. Por el contrario, se trata de una juventud estatizada, que tiene como protagonistas a diputados, presidentes de empresas estatales e, incluso, un dirigente cuyo único mérito hasta el momento es portar el apellido Kirchner.

La Cámpora, y el espacio político que orbita alrededor, seguirán existiendo bajo el futuro gobierno. Veremos nuevamente actos y movilizaciones importantes. Pero la mística de las banderas y las canciones, la que va de la mano de la lucha contra las corporaciones, no tiene sustento en la realidad. La “gloria” de las batallas pasadas –más bien trifulcas- descansa en los cajones de Aerolíneas Argentinas, donde también se puede encontrar el suculento sueldo de Mariano Recalde ($135mil).

La despolitización como estrategia

El kirchnerismo reclamó para sí el retorno de la política al centro de la escena. Lo hizo contra el discurso basado en la gestión, propio de los 90’. En estos años su batalla contra el macrismo tuvo en esta dicotomía un eje central. Sin embargo, albergó en su seno a no pocos adalides de la gestión y la eficiencia. Gente a quienes la épica de la batalla contra las corporaciones ponía en un lugar incómodo. Scioli, tal vez el paradigma, es uno de ellos.

Paradójicamente (o no tanto), el kirchnerismo “duro” está obligado hoy a mimetizarse con el sciolismo. Los tiempos de la crispación y la polarización pertenecen al pasado. La buena imagen de la presidenta –como ocurrió en gran parte de estos años- está basada en la estabilidad, siempre relativa, de las variables económicas.
De allí la moderación actual.

El sciolismo es el otro hijo bastardo de la era kirchnerista. La gestión vs la política, el dialogo vs la polarización, el mundo de los artistas y el deporte vs la militancia en las calles o los barrios, la policialización extrema vs los derechos humanos. A pesar de eso, Scioli será “el hombre del destino” o el candidato del FpV. Habrás resistencias, resignación y votos “con la nariz tapada”. Pero los kirchneristas paladar negro irán al cuarto oscuro con la boleta del ex motonauta en la mano.

El insípido futuro del kirchnerismo

El kirchnerismo fungió como un movimiento político cuyo eje estratégico estuvo puesto en la restauración de la autoridad política estatal post 2001. Consolidó así la tarea iniciada por Duhalde, mal que le pese a cierta intelectualidad “crítica”. Su tarea le impuso tomar como propias banderas desplegadas, casi en soledad, por los organismos de DDHH y la izquierda en los años 90’. Los cuantiosos recursos del estado y una retórica izquierdizante contribuyeron a apropiarse de esas banderas y traducirlas en objetivos limitados.

Así, la cárcel a todos los genocidas se convirtió en cárcel solo para algunos, mientras otros eran elevados a Jefes del Ejército (Milani); la lucha por una “nueva” política implicó el retorno de la vieja casta con un discurso aggiornado; la lucha contra las empresas que saquearon el país en los 90’ derivó en un limitada disputa por las tajadas de riqueza, mientras éstas ganaban como no lo había hecho en la década anterior.

Ladrones
"Así, la cárcel a todos los genocidas se convirtió en cárcel solo para algunos, mientras otros eran elevados a Jefes del Ejército (Milani)"



La política en Argentina asiste a la sciolización del progresismo K y a la construcción de un Scioli camporizado. Hijos bastardos de un proyecto que prometió más de lo debido, hoy se encuentran a mitad de camino como hermanos que se reconcilian olvidando peleas pasadas. Eso sí, a la hora de elegir donde vivir, lo harán en la gran casa peronista.

Aquella famosa frase de que “a la izquierda del kirchnerismo está la pared” quedará como una suerte de cliché del pasado. El crecimiento del Frente de Izquierda en las últimas elecciones y los avances en la organización de sectores combativos de los trabajadores demuestran que, entre la pared y el primer atisbo de kirchnerismo, hay bastante.

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2 comentarios - "Bastardos Sin Gloria" - Herencia insípida de los K

@osus_smith +3
12 años y nos dejan con la moneda devaluada y una inflacion altisima y ellos se hicieron todoos millonarios!! y lo peor que hay montones de descerebrados que apoyan a estos ricachones inmundos
@diegofacu
3 días después que deje el poder desaparecen todas las cucarachas... sin poder, sin plata dulce van a volver al lugar donde nunca debieron salir