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Cuento: "La Traición"

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Les dejo este cuento, que mas que cuento es historia hecho por mi. Les recomiendo que escuchen tambien la cancion. Para darnos cuenta que del amor a la locura hay un paso.


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LA TRAICIÓN

Que delgada es la línea que hay de la cordura a la locura, del amor al odio, de la vida a la muerte. Que corta es la vida y que largo el sufrimiento, y maldigo a quienes dicen que es mejor haber amado y perdido que nunca haber amado.
Es quince de julio y ya llevo diez años aquí en la cárcel de Devoto por una locura, un desliz que acabo con mi vida de un golpe y con todo lo que amaba, lo que quería, mis sueños, todo. Solo escribo estas palabras para no perder la poca cordura que me queda y mantener lo que resta de mi alma en pena.
Mi vida era bastante normal, tenía una gran casa en Recoleta, un trabajo excelente en una empresa de seguros como gerente y la esposa más bella y adorable que puede existir: Miranda.
El once de julio a la tarde llegue del trabajo con grandes noticias: el dueño tenía pensado vender la empresa y yo estaba dispuesto a comprarla. Llegue prácticamente corriendo a abrasarla y le di la noticia. Ella se alegro tanto como yo, me dio un abrazo y me felicitó. Nada podía salir mal.
Esa misma noche la lleve a un restaurante de lujo y comimos como reyes. La felicidad me embargaba el corazón y lo hacía latir con más fuerza de la debida.
Luego de comer fuimos a dar un paseo a la luz de la luna. Era un sueño estar allí junto a la persona que mas amaba en el mundo compartiendo aquel momento. Sentía como aquella mujer me hacia temblar de gozo solo con el roce de su piel, con cada palabra podía dar vuelta mi mundo, una sola mirada me perdía en sus ojos color almendra que me hacían soñar despierto, era simplemente un ángel con pelo dorado.
Finalmente llego el día de la compra, trate de no ponerme muy nervioso pero un sudor frió me recorría el cuerpo y las manos me temblaban. Después de acordar un precio razonable cerramos el trato, que mas podía pedir.
Llegue a casa algo cansado, pero con gran ánimo. Salude a Miranda con un beso y un abrazo. Lo único que pedía era pasar con ella lo que restaba de la tarde, los dos en el jardín mirando como el sol bajaba en aquel día de invierno que no terminaba mas.
El primer día como dueño fue muy difícil: había que ponerse al tanto de los balances, los ingresos, los egresos y demás información aburrida pero necesaria que debía realizar. El mayor problema hasta el momento era que los ingresos no eran suficientes para cubrir los gastos. Empezaron a llover propuestas de mis asesores de recortes de salario, personal, aumento de la cuota del seguro y demás acciones, que no incluía el ajuste de sus propios sueldos. Lo tome con calma y pensé, que no era bueno comenzar así, no si quería mantener el buen funcionamiento del personal. Finalmente llegue a una solución: lo mejor era reducir un poco los sueldos a todos, un mínimo porcentaje, que era una gran cantidad y aumentar minimamente las cuotas de las pólizas.
Llegaron las ocho de la noche y exhausto regrese a mi casa con la reconfortante idea de estar con mi linda Miranda y disfrutar de su compañía.
Al día siguiente llovía lentamente y el suave golpetear de la lluvia lo obligaba a uno a quedarse en la cama saboreando un poco mas del sueño, pero no era mi caso, yo era el dueño de la empresa y no podía llegar tarde. A primera hora estaba en mi sillón realizando todas las tareas que demandaba la empresa. Tres horas antes del fin de la jornada me informaron de que los de desinfección vendrían para acabar con unas plagas que se radicaban en el sótano y amenazaban con subir al edificio.
Conduje hasta casa feliz de haber salido antes de aquel infierno de papeles y compromisos que me ahogaba y no me dejaba ser libre. Al llegar vi un Mercedes estacionado en la vereda de mi casa, seguramente era algún inversor. Entre a mi casa sin hacer mucho ruido, pero en el living no había nadie. Fui a la cocina y tampoco, ya algo incomodo pase por mi habitación y lo que paso de ahí en mas fue producto de la locura: estaba mi amada Miranda con otro hombre besándose. Sentí como cada parte de mi cuerpo se helaba de la sorpresa y luego se calentaba producto de la ira. Todo era como una radio mal sintonizada, escuchaba de fondo las explicaciones de Miranda y las del hombre, aquel hombre que como un sucio pirata me robo lo que mas quería y me saco el corazon junto con mis ganas de vivir. Camine a paso largo hasta la vitrina de el living donde había una pistola nueve milímetros en una caja de madera. En ese momento las explicaciones que me seguían por la espalda se convirtieron en gritos y suplicas. Veía como el hombre abría la puerta de calle y escapaba, lo único que hice fue salir afuera y a una distancia de diez metros propinarle un tiro en la espalda y luego, de mas cerca, dos mas en el corazon. Al instante entre a la casa y encontré a Miranda llorando, la levante delicadamente, la abrace le di un beso y, como el último acto antes de retirarme del circo de la vida, jale dos veces del gatillo con la punta del arma en el pecho de ella. Me miro fijamente como incrédula y cayó en el suelo blanco. Con tanta rapidez como apareció la ira me invadió el terror. No sabia que hacer, todo parecía estar mal, lo único que hice fue sentarme y esperar a las sirenas de la policía que lentamente se acercaba.
No opuse ni la mas mínima resistencia al arresto, me llevaron a la seccional y allí me dejaron hasta el día del juicio. Era un títere sin titiritero que despertaba y no tenia que hacer porque ya nadie lo manejaba.
En el juicio estaban los familiares de Miranda y del otro hombre insultándome y llorando. Cuando tuve que dar el testimonio dije todo tal cual había sucedido. Luego de los dos días que duro el juicio el juez dictaminó mi sentencia: treinta años de cárcel, solo me limite a mirar para abajo y a caminar hacia la salida acompañado de dos policías.
Y aquí estoy en el lugar donde los días son semanas, donde el corazon envejece mas que el cuerpo, donde no hay razones, solo penas. Ya nada importaba, había matado lo que mas quería en el mundo y la cárcel era poco castigo comparado al sufrimiento de vivir sin ella, de no mirar mas sus ojos, de no besar sus labios, porque yo aun la amaba en silencio y ningún juez entendería como una persona puede matar a la mujer que ama. No hay explicación para eso, hay motivos del corazon que la razón no entiende, verdades del alma que el amor no calla. Este es el principio del fin de todo lo que queda de mi vida, ya llevo diez años y no puedo sacarme el sabor amargo de la traición.





FIN



Si les gusto comenten. Si no les gusto no bardeen.

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