El post que buscas se encuentra eliminado, pero este también te puede interesar

Esclavitud: cosa de negros

Esclavitud: cosa de negros




África tuvo infinitas oportunidades, y los africanos siempre se las ingeniaron para desperdiciarlas. Todo lo que podían hacer mal, lo hicieron mal. No importa qué digan Bono o Bob Geldof, no importa cuánto carguen las tintas con la opresión de los países ricos, las injusticias del Fondo Monetario Internacional o la desigualdad de la globalización. La responsabilidad de la miseria de África es de los mismos africanos. Occidente hizo todo lo que podía hacer. ¿Cuántas canciones humanitarias pueden componer Michael Jackson y Lionel Richie? ¿Cuántos hijos negros pueden comprar Madonna y Angelina Jolie? ¿Cuántos chasquidos de dedos pueden ensayar Brad Pitt y Will Smith? Si los africanos no levantan cabeza es porque prefieren permanecer hundidos y sometidos. En lugar de escuchar a la OMS e invertir en mosquiteros para evitar la malaria, escuchan a la FIFA y construyen estadios para el Mundial 2010. Los africanos saben cuáles son sus prioridades. Y salir de la miseria no parece ser una de ellas.

Esta premisa no es ninguna anomalía cultural. Se trata de una corriente de pensamiento bien extendida, sea en su versión coloquial e informal, sea en su versión académica y sistematizada. “Todas nuestras políticas sociales (hacia África) están basadas en el hecho de que su inteligencia es la misma que la nuestra ―sostuvo en 2007 el biólogo James D. Watson, Premio Nobel y codescubridor de la estructura del ADN―, mientras todas las pruebas muestran que no es realmente así”. La afirmación de Watson fue públicamente desacreditada en el momento mismo en que era enunciada, pero versiones “culturales” o “históricas” de esta misma premisa circulan con mayor legitimidad social. Nadie prepara huevos y tomates podridos; por el contrario, se oyen encendidos aplausos.

Un buen ejemplo es el examen de la esclavitud. La iconografía clásica ―todavía hegemónica, todavía aguantando― resulta inconfundible: negros africanos con grilletes, la espalda curtida por los latigazos, la mirada cabizbaja de perro apaleado. Es un estereotipo, un cliché calcado de Raíces, la novela de 1976 de Alex Haley (que retoma las descripciones de las Crónicas de Guinea, escritas en el siglo XV), convertida también en lacrimosa miniserie televisiva (con secuela y todo: ¡No se lo pierdan! ¡Más negros, más esclavos, más latigazos!). Blanco malo y explotador, negro bueno y explotado. ¿Tiene rigor empírico este estereotipo?

Hace ya varios años que fue cuestionado por muchos estudios académicos, y pronto estos estudios académicos se convirtieron en intervención política y social. Ahora se oye con cada vez mayor frecuencia que los africanos se han esclavizado entre sí desde mucho antes de que los europeos pusieran un pie en ese continente, y que se siguieron esclavizando entre sí mucho después de que las luchas por la descolonización se hubieran apagado. La esclavitud africana ya era vieja cuando el portugués Enrique el Navegante comenzó sus exploraciones en el siglo XV.

La esclavitud era ―digamos― cosa de negros.


“La esclavitud es cosa de negros”, y esto significa que el eje de la explotación que tradicionalmente se colocó entre blancos y negros, entre europeos y africanos, comienza a correrse hacia negros y negros, hacia africanos y africanos. El enunciado que podría resumir esta posición (en el caso de que pueda considerarse una posición, y no hay razones para sostener lo contrario) pertenece al historiador Will Durant (1885-1988), y se lo puede leer como epígrafe en la película Apocalypto (2006) de Mel Gibson: “Una gran civilización no se conquista desde afuera si antes no se destruyó a sí misma desde adentro”. La historia que hoy comienza a contarse con cada vez mayor legitimidad dice que si el blanco esclavizó al negro, fue porque antes el negro ya había esclavizado al negro. El estereotipo no se diluye: más bien, se mezclan las barajas pero el juego se mantiene. Blancos, negros, y a ver quién esclaviza a quién.

Basta tomar algunos mojones históricos como ilustración. En el siglo XVIII, los reyes del Reino de Dahomey, hoy República de Benín, capturaron y vendieron como esclavos a unas 10.000 personas de los reinos vecinos. En 1840, el Rey Gezo dijo que haría cualquier cosa que le pidieran los británicos excepto renunciar a la institución de la esclavitud: “La trata de esclavos es el principio rector de mi pueblo. Es la fuente y la gloria de su riqueza. Las madres duermen a sus niños con relatos de victoria sobre un enemigo reducido a la esclavitud”. En 2002, el Embajador de la República de Benín en Estados Unidos, Cyrille Oguin, sostuvo que su país fue cómplice de la trata de eslavos durante los últimos trescientos años. Pidió reconciliación y perdón. La falta de prosperidad y desarrollo en África, sostuvo Oguin, se debe a esta práctica. Estaba haciéndose eco de las disculpas que Mathieu Kérékou (Presidente de Benín entre 1972 y 1991, y entre 1996 y 2006) había ofrecido a los afronorteamericanos, al señalar la complicidad africana en el comercio trasatlántico de esclavos: “Debemos reconocer y compartir la responsabilidad en las humillaciones. Nos lo debemos a nosotros mismos”. Muchos líderes religiosos y activistas, negros, salieron a respaldarlo.

“Creo que es un paso muy importante; una buena señal”, observó Peter A. Bailey, profesor y editor de A Journal of African American Discourses. "Ha habido una tendencia a ocultar el papel fundamental que desempeñaron los jefes de algunos países de África en la esclavización de los africanos".


cultura




En 2001, el músico, escritor y crítico cultural norteamericano Stanley Crouch relataba cómo había sucedido todo eso, cómo los mismos africanos habían intentado cambiar la imagen que el mundo tenía de la esclavitud: su jaula de perros apaleados se llenó de mercaderes, cretinos y negreros. Ya en 1979 ―dijo Crouch, situando al suceso como piedra fundacional― el director senegalés Ousmane Sembène había mostrado en su película Ceddo cómo africanos, musulmanes y cristianos europeos trabajaban en colaboración para mantener el mercadeo de esclavos. El estereotipo estaba preparado para juguetear con nuevos estereotipos.

A mediados de la década de 1960 ―explicó Crouch―, los movimientos por los derechos civiles comenzaron a declinar y los nacionalistas negros norteamericanos pensaron en África como un paraíso perdido. África era la gran madre patria, arruinada por los blancos y despreciada por los negros (que se odiaban a sí mismos por culpa de los blancos). “El comercio de esclavos, se nos dijo, había sido impuesto por los blancos”. La imagen prendió en los incipientes estudios afroamericanos de las academias y, para el tiempo en que Raíces se ponía al aire, “la visión simplificada de tipos buenos y tipos malos ya estaba establecida”. Las disculpas de Kérékou no son más que una muestra pública del cambio en esta visión simplificada. Lo cual no evita que otras visiones simplificadas ocupen su lugar. Por ejemplo, afirmar que el mayor esclavizador del negro africano es el negro africano.

Para probarlo bastaría con echar un vistazo en Mali, en Sudán o en Níger; y también en Ghana, en Togo, Benín o Etiopía. Unicef calcula que en Nigeria hay 15 millones de niños trabajando como esclavos; se estima que en Mauritania el 20% de la población está esclavizada. Nuevas visiones consensuadas, versiones “culturales” del despropósito de Watson: si en lugar de esclavizarse entre sí echaran a andar sus atractivos turísticos naturales, sus vidas serían mucho menos sórdidas. Pero prefieren esclavizarse. Eligen esclavizar y eligen ser esclavizados. La historia lo prueba, y esta historia es la que las academias están rescatando, o construyendo. Por ejemplo, cuando en 1807 Gran Bretaña declaró ilegal el comercio de esclavos, el rey de Bonny (en lo que ahora es el delta de Nigeria) se mostró consternado por el fin de esta práctica. “Este comercio debe continuar. Este es el veredicto de nuestro oráculo y los sacerdotes. Ellos dicen que su país, por grande que sea, no puede detener un comercio ordenado por Dios mismo”.

John Thornton, de Millersville University, historiador especializado en las formas de esclavitud que se llevaban a cabo en el África precolonial y colonial, ha insistido en que la practica de la esclavitud, así como el hecho de enajenar el derecho a esclavizar a otros, “fueron parte de sistemas de gobierno más complejos”. Escribe Thornton: “Mas allá de que hoy estas ideas nos parezcan repugnantes, no se trataba de meras manipulaciones cínicas de la política. La esclavitud, en el ámbito africano precolonial, tenía sus principios y su ética, muchas veces vulnerada por los acuerdos con los colonizadores y, desde ya, principios y ética ajenos a nuestro modo de ser. Sin embargo, comprender esa ética puede ayudarnos a conocer cabalmente la forma en que las elites africanas participaron del comercio de esclavos”.

La orientación de la recepción de estos estudios sigue abierta. Permiten sostener que la esclavitud es cosa de negros y que se arreglen ellos, aunque también sigue siendo posible asociar la esclavitud con las prácticas cotidianas de millones de occidentales alrededor del mundo.

Hace unos años, la BBC retransmitía un mensaje de Salia Kante, director de la filial maliense de Save the Children; se refería a unos 15.000 chicos de Mali vendidos como esclavos en Costa de Marfil, obligados a trabajar en plantaciones de café y cacao, cuyo rédito final será embolsado por empresas multinacionales: “Las personas que toman de ese chocolate o café están bebiendo sangre. La sangre de niños que tienen que cargar sacos de cacao tan pesados que les laceran los hombros”.

Ambas imágenes coloquiales, construidas con escombros de discurso académico, circulan con gran éxito social: responsabilidad del blanco, responsabilidad del negro. Se las discute, o no se las discute y se vuelven sentido común. Habría que preguntarse, pues, qué sucede cuando un estereotipo sustituye a otro estereotipo. Acaso sea hora de una nueva secuela de Raíces. La villana esclavista podría ser Whoopi Goldberg.





6 comentarios - Esclavitud: cosa de negros

chus3ma
Te invito a que veas

El decálogo del buen esclavo
letopo -1
Algo muy parecido sucede con el Sionismo y la visa otorgada por una eterna victimizacion basada en el holocausto: Visa que sirve entre otras cosas para invadir, colonizar y masacrar Palestinos.
Cualquier critica sera denunciada como antisemitismo.
pepi0
Desconocia algunos datos, muchos mejor dicho, esta bueno el texto, pero no entendi mucho el final o mas bien adonde quiere llegar?, quiere decir que sigue siendo algo normal, no discutido?, aceptable en cierto punto?, como la esclavitud en Argentina, las cosechas, los talleres textiles clandestinos...
Ayer en un post sobre los empleados en negro que tenia De Narvaez, un taringuero medio puso: \"cosechan mandarinas, cuanto quieren ganar? 2000 pesos?\"
vergonzoso como siempre, el pensamiento acortado y superficial.
no viene al caso, me voy a postear Angeles y demonios, inedito en Taringa. Chau.
vomito
la esclavitud siempre existira de una manera o otra a los humanos nos gusta por naturaleza ser superiores a los demas..o es lo que nos eneñan?no se...pero en la antigua Roma habia exclavitud blancos contra blancos...etc..etc..pero claro es mas odioso la exclavitud hacia los negros?no pienso que el daño es el mismo hacia la persona no hacia el color de la piel...damos pena si te pones a leer la historia de la humanidad..la balanza siempre se inclina hacia el lado de la crueldad....