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Cuento navideño breve para los de 30-40.

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Cuento breve de mi autoria, dedicado a aquellos que como yo, estamos rondando los 40

espero les guste.

¿Qué fue de lo que eramos?


En visperas de otro nuevo año, y de una nueva decada, las calles argentinas comienzan a mostrarse otra vez en un proceso de inacabable locura. Por motivos que desconozco, ya no me puedo remitir a aquellas epocas en que el espiritu festivo abarcaba todo lo que nos rodeaba. Epocas navideñas en que Don Juan saludaba a Doña Rosa con galanteria; Valentina, dejaba el mal carácter de lado para saludar con una sonrisa contagiosa a quien se cruzara, Manuel, el almacenero, entregaba caramelos a los niños que concurrian a su establecimiento, lista de la abuela en mano, para comprar los alimentos de Nochebuena; o Jose, el verdulero, con un guiño complice le daba a Maria aquellas verduritas gratis por la compra.

No, es imposible.

Hoy en dia, las fiestas se redujeron a corridas por las calles, soledad multitudinaria en los shoppings, mal humor de malos vendedores, negocios y negocios, pero casi nada de todo aquello que soliamos vivir…

Hoy a mis casi 40 años, puedo admitir que extraño esos dias de barrio, de comercios de barrio, de avenidas de barrio. El trato personal de la gente linda de almacenes, verdulerias, panaderias, etc, que no tenemos hoy en los grandes centros comerciales, por una cuestion casi logica: es muy poco probable que una persona en un comercio determinado, pueda estar de buen humor durante todo un inagotable dia como para atender a esos cientos de personas que llegan hasta esos frios lugares, con sus cientos de problemas particulares, a toda velocidad y en tan poco tiempo…

El ritmo sosegado de las calles de barrio se aplaco rapidamente, para dar paso a este torbellino de gente atropellada que, como no puede ser de otra manera, llega a estos centros a traves de autopistas, las cuales se encargaron a su vez de acabar con muchas avenidas, en las que se centraba el movimiento de gente y fueran el corazon de los barrios años atrás... A modo de comparacion entre ambas cosas, podemos comprobar que los shoppings acabaron casi en su totalidad con aquellos viejos comercios de trato personal, asi como las autopistas acaparan el transito que antes se movia por las avenidas mayoritariamente….

La hermosa locura de hace años, con madres, padres y abuelos caminando llenos de paquetes navideños por las avenidas, sentandose a tomar unas botellitas gaseosas o un porron de cerveza en la mesa de la pizzeria que estaba en la vereda, saludando a los vecinos y amigos, que ademas, seguian el mismo rito….
....lamentablemente, esto se traslado a padres, madres y abuelos, buscando lugares para estacionar de modo de poder acceder al shopping lo mas rapido posible (ya que los estacionamientos de los shoppings estan atiborrados de vehiculos), presurosos por comprar lo que consigan y ver si encuentran una mesa infima en un patio de comidas techado y tomarse un vaso de hielo con un poco de gaseosa o un vaso plastico con cerveza… Por Dios! Cuanto han cambiado las cosas…. Y no precisamente para mejor….

¿Que sucede en las calles? ¿Donde esta ese espiritu festivo de años antes? ¿Que nos han hecho? ¿Qué nos hicimos a nosotros mismos? ¿Qué fue de lo que eramos?

Ya no se ve a Don Juan saludando con galanteria a doña Rosa, se ve a Juan esquivando a Rosa para poder llegar primero donde sea que este fuere. Se ve a Valentina protestando como todo el resto del año; y en sus nuevos trabajos se los ve a Manuel y Jose: Manuel, con viva voz y mirada triste, vende caramelos en el colectivo; y Jose, con una placa en su nueva pechera roja, embolsa las verduritas que Maria compra en la verduleria del shopping.



Cesar

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