Opinion/Creencia/Conocimiento- breve articulo sobre socrates

Opinión, creencia y conocimiento

Sócrates representa un ideal que ni siquiera los más potentes nihilismos han podido socavar.



La Nación

COMO LO HAN SABIDO POR SIGLOS todos los lectores de Platón, Sócrates quedó muy sorprendido y desconcertado al enterarse que el oráculo lo calificaba como el más sabio entre los mortales. Su extrañeza derivaba de la simple pero convincente experiencia subjetiva de mirarse a sí mismo y concluir que nada en él calificaba para la condición que el oráculo le atribuía.

Hombre prudente, Sócrates sabía que no podía poner en duda la palabra que provenía de la pitonisa que oficiaba en el templo erigido al dios Apolo en Delfos. En consecuencia, dedujo que el único camino viable era descifrar el sentido del mensaje. Y con ese propósito en mente se dedicó a interpelar a quienes pasaban por sabios en su tiempo, convencido que algo terminaría por develarse al final de la averiguación. Como sabemos, y en una impensada voltereta, Sócrates descubrió que la sabiduría que se le atribuía no consistía en saber más que todos los demás sino en tener una no negociable conciencia sobre su propia ignorancia. El resultaba ser sabio porque sabía que ignoraba y no pretendía saber lo que no sabía.

Desde entonces, Sócrates representa un ideal que ni siquiera los más potentes nihilismos han podido socavar. Alcanzar y generar conocimiento, proveer explicaciones sobre los fenómenos y, al mismo tiempo, desplazar supersticiones y creencias insostenibles, ha conformado un modelo de abordaje de la experiencia que ha resistido todos los embates, incluyendo los más recientes; esos que, bajo el rótulo de posmodernos y con la excusa de la crisis de todos los relatos y metarrelatos, alcanzan a la sospechosa conclusión de que un mito es lo mismo que una hipótesis científica, que una superstición colectiva es una clase de autoevidencia, que las prácticas brujeriles tienen el mismo valor intelectual que los procedimientos experimentales, y que las ocurrencias arbitrarias valen lo mismo que la lógica. Todo ello porque, según se afirma, no hay estándares ni criterios que permitan diferenciar una cosa de otra.

La amenaza de este tipo de concepciones (las que, por lo demás, recurren a libros, revistas, razonamientos y argumentos para expandir su influencia, paradojalmente) es, precisamente, la disolución de esa delicada decencia intelectual que puede hacernos reconocer la diferencia entre tener una opinión, tener una creencia y saber algo fehacientemente. Una alternativa es descartar los criterios aparentes. La experiencia filosófica y científica permite descalificar de inmediato algunos seudo criterios; por ejemplo, la cantidad de personas que cree algo no constituye prueba de la verdad de lo que creen. Tampoco es un criterio que lo que uno cree se lo crea con mucha intensidad. Ni lo es de igual modo la vehemencia y elocuencia retóricas con que uno expone lo que cree.

El otro camino es la defensa explícita de un criterio; por ejemplo, el de la comprobación empírica. El astrónomo Carl Sagan lo expone inventando el siguiente diálogo:

-Personaje 1: “En mi garaje vive un dragón que escupe fuego por la boca”.

-Personaje 2: “Muéstramelo”.

Ambos personajes van hasta el garaje. Fuera de una escalera, unas latas de pintura vacías y una bicicleta vieja, no se ve ningún dragón.

-Personaje 2: “¿Dónde está el dragón?”.

-Personaje 1: “Sí, sí está. Lo que pasa es que es invisible”.

-Personaje 2: “Te propongo que cubramos de harina el piso, para que se marquen las huellas del dragón”.

-Personaje 1: “No es mala idea, pero ocurre que este dragón flota en el aire”.

-Personaje 2: “En tal caso usemos un censor infrarrojo y así podemos detectar el calor del fuego que escupe por su boca”.

-Personaje 1: “Está bien, pero el fuego invisible no genera calor”.

-Personaje 2: “Entonces pintemos el dragón con spray para que se vuelva visible”.

-Personaje 1: “Pero es que es incorpóreo y la pintura no se le va a pegar”.

Como esta pequeña historia lo pone a la vista, una cosa es sostener (y creer) que hay un dragón en el garaje, otra cosa es que haya un dragón en el garaje. Afirmar que no existen criterios para determinar si hay o no un dragón en el referido garage, significa lisa y llanamente que uno puede creer lo que quiera y a la hora que se le ocurra, sin más ley que su propio antojo.

Podemos cambiar la palabra dragón por otras y el resultado es el mismo. Seguramente, Sócrates se habría avergonzado de sostener afirmaciones tan carentes de la más mínima prueba. Pero, sobre todo, se habría asombrado de la cantidad abrumadora de sofistas que pululan en las ciudades actuales, afirmando la existencia de entidades aún más exóticas que los dragones




Fuentes: http://www.lanacion.cl/prontus_noticias/site/artic/20050821/pags/20050821201254.html

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2 comentarios - Opinion/Creencia/Conocimiento- breve articulo sobre socrates

@Sleepers_awake Hace más de 4 años
Está bueno, muy interesante como marca las diferencias entre una cosa y la otra, es imprecindible entender esto para poder convivir, no?
Aunque me parece un poco simple el ejemplo del dragón si lo comparás, por ejemplo con una creencia religiosa, que depende más bien de una experiencia vivida en el interior de la persona, es decir, emocionalmente.