El post que buscas se encuentra eliminado, pero este también te puede interesar

Guia de supervivencia contra zombies Parte 3

Anuncios

ZOMBI – GUIA DE SUPERVIVENCIA


EL ZOMBI VUDÚ

Si los zombis son la creación de un virus y no de la magia negra, entonces ¿cómo se explican los llamados «zombis vudú», muer¬tos que han sido desenterrados y condenados a pasar la eter¬nidad como esclavos de los vivos? Sí, es cierto que la pala¬bra «zombi» originalmente proviene de la palabra kimbundu «nzúmbe», término que describe el alma de una persona muerta, y sí, los zombis y la zombificación forman parte integral de la religión afrocaribeña conocida como vudú. Sin embargo, el origen de su nombre es la única similitud entre el zombi vudú y el zombi viral. Aunque se dice que los houngan vudú (sacerdo¬tes) pueden convertir humanos en zombis mediante la magia, la práctica se basa, fuera de toda duda, en ciencia pura. El «polvo zombi», la herramienta usada por el houngan para la zombificación, contiene una neurotoxina muy potente (los ingredientes exactos se guardan en el más estricto secreto). La toxina para¬liza de forma temporal el sistema nervioso del humano, creando un estado de hibernación extrema. Con el corazón, los pulmo¬nes y otras funciones corporales operando al más mínimo nivel, sería comprensible que un médico forense con poca experiencia declarara muerto al sujeto paralizado. Muchos humanos fueron enterrados en este estado y se despertaron gritando en la oscu¬ridad más absoluta en sus ataúdes. ¿Entonces, qué hace a los humanos convertirse en zombis? La respuesta es simple: el daño cerebral. Muchos de los que fueron enterrados vivos acabaron muy pronto el aire que había en sus ataúdes. Los que se recu¬peraron (si son afortunados) casi siempre habían sufrido daño cerebral por la falta de oxígeno. Estas pobres almas caminan arrastrándose con pocas habilidades cognitivas, o, ciertamente, en libre albedrío, y a menudo se confunden con los muertos vivientes. ¿Cómo distingues a un zombi vudú de una especie auténtica? Las señales son obvias.
Los zombis vudú muestran emociones. Las personas que sufren daño cerebral a causa del polvo aún son capaces de mostrar los sentimientos normales de un humano. Sonríen, lloran, incluso gruñen con furia si se hacen daño o, por el contrario, lo han provocado (algo que los zombis de verdad nunca harían).
Los zombis vudú piensan. Tal y como se ha afirmado antes, cuando un zombi de verdad se topa contigo, inme¬diatamente se dirige hacia a ti como una bomba inteligente. Un zombi vudú tratará por un momento de averiguar quién o qué eres. Tal vez se te acerque, tal vez recule, o quizá continúe su observación mientras su cerebro dañado trata de analizar la información que se le da. Lo que un zombi vudú nunca hará es alzar sus brazos, dejar caer su mandí¬bula, desatar un infernal gemido y andar a tropezones direc¬tamente hacia ti.
Un zombi vudú siente dolor. Un zombi vudú que tropieza y se cae, sin duda alguna sujetará su rodilla magullada y gimoteará. Asimismo, uno que sufra por otra herida ante¬rior se la cuidará o, por lo menos, será consciente de la exis¬tencia de la herida. A diferencia de un zombi de verdad, los zombis vudú no ignoran cuándo sufren cortes profundos.
Los zombis vudú reconocen el fuego. Eso no quiere decir que les den miedo las llamas. Aquellos que han sufrido un daño cerebral severo tal vez no recuerden lo que es el fuego. Se pararán a examinarlo, tal vez incluso lleguen a tocarlo, pero retrocederán una vez sepan que causa dolor.
Los zombis vudú reconocen lo que hay a su alrededor. Al contrario que un zombi de verdad, que sólo reconoce a su presa, los zombis vudú reaccionan a los cambios repentinos de luz, sonido, sabor y olor. Se ha observado que los zombis vudú ven la televisión o los flashes de luz de gran colorido, escuchan música, se encogen por un trueno e incluso perci¬ben a otros como ellos. Esto último ha resultado crítico en algunos casos en los que se equivocaron al identificarlos. Al no reaccionar en modo alguno ante otros zombis (se miran, hacen ruidos, incluso se tocan las caras) pudieron ser exter¬minados por accidente.
Los zombis vudú NO tienen supersentidos. La persona que sufre los efectos debilitantes del polvo zombi continúa dependiendo de su vista antes que de otros sentidos. No se puede mover a la perfección en la oscuridad, oír una pisada a 450 metros u oler a un ser vivo en el viento. Los zombis vudú en realidad pueden ser sorprendidos por alguien que camina justo delante de ellos. Sin embargo, esto no es reco¬mendable, puesto que un zombi asustado puede reaccionar de forma violenta.
Los zombis vudú pueden comunicarse. Aunque no siem¬pre es el caso, muchos de estos individuos pueden respon¬der a las señales audiovisuales. Muchos entienden palabras, algunos incluso comprenden oraciones simples. Muchos zombis vudú poseen la habilidad de hablar, de forma simple por supuesto, y en raras ocasiones mantienen conversacio¬nes extensas.
Los zombis vudú pueden ser controlados. Aunque no siempre es cierto, muchos de los cerebros humanos daña¬dos pierden mucha de su autorrealización y se convierten en seres muy susceptibles a la sugestión. Ordenarle a un sujeto que pare o se vaya puede ser suficiente para librarse de un zombi vudú. Esto ha dado lugar a una situación peligrosa: las personas que se equivocan pensando que pueden controlar o adiestrar a zombis de verdad. En varias ocasiones, algunos tercos insistieron en que, de manera simple, podían ordenar a sus muertos vivientes que pararan. Cuando sintieron que unas manos frías y podridas les agarraban por las extremi¬dades y unos dientes sucios y raídos estaban mordiéndoles, descubrieron, demasiado tarde, a lo que se estaban enfren¬tando en realidad.

Estas características deberían darte una buena idea sobre cómo diferenciar a un zombi vudú de uno de verdad. Una nota final: los zombis vudú se encuentran sobre todo en la África subsaha¬riana, el Caribe, América Central y del Sur, y el sur de Estados Unidos. Aunque no es imposible encontrar a alguien convertido en zombi por un houngan, las posibilidades de tal encuentro son escasas.

EL ZOMBI DE HOLLYWOOD

Desde que los muertos vivientes llegaron a la gran pantalla, su mayor enemigo no han sido los cazadores, sino los críti¬cos. Estudiosos, investigadores, incluso ciudadanos preocupa¬dos, han afirmado que estas películas retrataban a los muertos vivientes de manera fantástica y poco realista. Abrumadoras armas, secuencias de acción físicamente imposibles, persona¬jes humanos de características imponentes y, encima de todo eso, gules mágicos, invencibles, incluso cómicos que han añadido colores al arcoíris de controversia que supone el «cine de zombis». Críticas ulteriores admitían que este «estilo recar¬gado» cercano al cine de sonámbulos enseñaba a los especta¬dores lecciones que acabarían con su muerte en un encuentro real. Estas acusaciones serias exigían una defensa igualmente seria. Mientras que algunas películas de zombis están basa¬das en hechos reales, su objetivo, de hecho el objetivo de casi cada película de todo género, siempre ha sido, ante todo, entre¬tener. A no ser que discutamos sobre documentales de verdad (e incluso algunos son edulcorados), los realizadores deben tomarse algunas licencias artísticas para hacer su trabajo más apetecible a la audiencia. Incluso las películas que están basa¬das en hechos reales sacrifican la pura realidad por el bien de la historia. Algunos personajes serán una amalgama de indivi¬duos de la vida real. Otros serán pura ficción con el fin de expli¬car ciertos hechos, facilitar la línea narrativa o simplemente añadir sabor a la escena. Uno podría argumentar que el papel de un actor es desafiar, educar e instruir a la audiencia. Podría ser cierto, pero intenta impartir conocimiento a una audiencia que se va o se queda dormida durante los primeros diez minu¬tos de la película. Si aceptas esto para producir una película entenderás por qué el cine de zombis en Hollywood se desvía, en ocasiones a lo loco, de la realidad en la que está basado. En resumen, usa estas imágenes según la intención de sus realiza¬dores: como un modo de entretenimiento temporal, de forma alegre y no como modo de ayuda para tu supervivencia.


LOS BROTES

Aunque cada ataque zombi es diferente, dado el número, el terreno, la reacción del pueblo en general, etc., su nivel de inten¬sidad puede medirse en cuatro categorías diferentes.


CLASE 1
Este es un brote leve, normalmente en países del Tercer Mundo o en zonas rurales del Primer Mundo. El número de zombis para esta clase de brote oscila entre uno y veinte. El número total de víctimas (incluyendo a los infectados) puede variar entre uno y cincuenta. La duración, desde el primer caso hasta el último (conocido), va desde veinticuatro horas hasta catorce días. La zona infestada será pequeña, no más de un radio de treinta kiló¬metros. En muchos casos, los límites vendrán determinados por las fronteras naturales. La reacción es limitada, puede que exclu-sivamente provenga de los ciudadanos o de alguna ayuda adicio¬nal de las fuerzas locales de la ley. La cobertura de los medios de comunicación será mínima, y si se presenta. Si los medios de comunicación se encuentran allí, busca historias comunes como homicidios o «accidentes». Este es el tipo de brote más común y también el que más fácilmente pasa desapercibido.

CLASE 2
En este nivel de brote se incluyen las zonas urbanas o las zonas rurales con alta densidad de población. El número total de zombis oscilará entre veinte y cien. Las víctimas humanas llegarán a ser hasta varios cientos de personas. La duración de un ataque de clase 2 no es mucho más larga que la de un brote de clase 1. En algunos casos, un mayor número de zombis hará desencadenar una respuesta más inmediata. Un brote en una zona rural de poca población podría extenderse a un radio de ciento sesenta kilómetros, mientras que un brote urbano podría comprender únicamente algunos edificios. La eliminación sería, por supuesto, más organizada. La actuación civil sería reem¬plazada por fuerzas locales, nacionales e incluso federales. Si es un ataque leve se puede buscar ayuda militar adicional, a la Guardia Nacional si estamos en Estados Unidos o a su equiva¬lente fuera de este país. La mayoría de las veces, para aliviar el pánico, estas unidades toman una actitud menos combatiente, aportando asistencia médica, control de multitudes y apoyo logístico. Los brotes de clase 2 casi siempre atraen a la prensa. A no ser que el ataque ocurra en una zona aislada por completo del mundo, o una donde los medios de comunicación se contro¬len estrictamente, la historia será contada. Esto no quiere decir, sin embargo, que vaya a contarse fielmente.

CLASE 3
Una crisis de verdad. Los brotes de clase 3, más que cualquier otro, demuestran la amenaza real a la que nos exponen los muertos vivientes. Los zombis son miles y abarcan una zona de varios cientos de kilómetros. La duración del ataque y un posi¬ble proceso de limpieza lento podrían durar hasta varios meses. No habría cabida para la censura de los medios o los encubri-mientos. Incluso sin la atención de los medios, la magnitud del ataque al completo dejaría demasiados testigos oculares. Se trata de una batalla completamente desarrollada, donde las fuer¬zas de la ley serían reemplazadas por unidades de tropas regula¬res. En la zona infestada quedaría declarado el estado de alarma, así como en las áreas colindantes. Cuenta con la ley marcial, viajes restringidos, suministros racionados, control federal de los servicios y custodia estricta de las comunicaciones. Llevará tiempo desarrollar todas estas medidas. La fase inicial será un caos hasta que aquellos que están en el poder lleguen a contro¬lar la crisis. Disturbios, saqueos y pánico generalizado se añadi¬rán a sus dificultades, atrasando más aún una respuesta efec-tiva. Mientras esto ocurriera, los que viven en el área infestada estarían a merced de los no muertos. Aislados, abandonados y rodeados de gules, dependerían únicamente de ellos mismos.


Anuncios

2 comentarios - Guia de supervivencia contra zombies Parte 3