Leyendas Colombianas - Mitos y Leyendas de Colombia

Leyendas Colombianas - Mitos y Leyendas de Colombia

Los Mitos y las Leyendas son una de las costumbres más importantes del pueblo colombiano. Hacen parte de la tradición oral de los pueblos que se encargaron de unir la fantasía con las creencias populares, el resultado fue una serie de cuentos que han ido evolucionando a través de los siglos.

Son fantasías que fueron tomando forma gracias al imaginario colectivo y se han encargado de proporcionar las primeras explicaciones no científicas de fenómenos naturales. En esta sección encontrarás los principales mitos y leyendas de Colombia; para leer alguno de ellos, has clic sobre el mito o leyenda que desees en la lista.

LISTADO DE MITOS Y LEYENDAS COLOMBIANAS
Ánima Sola La Candileja
El Carrao La Llorona
El Cazador La Madre de Agua
El Dorado La Madre Monte
El Guando La Muelona
El Hombre CaimánLa Pata Sola
El MohánLos Duendes
El SilbónMadre Vieja
El SombreronMirthayú
Juan Machete

ANMA SOLA

La leyenda que corre de boca en boca no se parece en nada a la citada en la Sagrada Escritura en relación con la "sed de Cristo".



Dicen que en Jerusalén tenían mujeres destinadas a darles de beber a los que sacrificaban en la cruz. La tarde del Viernes Santo le tocó subir al Calvario a una joven: Celestina Abnegada. Del ánfora dio a beber a Dimas y a Gesta, los dos ladrones que acompañaban a Jesús. Al salvador lo despreció y por eso Él la condenó a sufrir la sed y el calor constante de las llamas del Purgatorio.



paranormal

EL CARRAO

El primero, ósea "Carrao", era un hombre de esos llaneros que nunca conocen el miedo y sienten placer desafiando el peligro; hombre resuelto, amigo de los caminos en las noches oscuras, gran baquiano (experto) de la llanura y extraordinario jinete, ningún caballo había logrado quitárselo de los lomos por muy bravo que fuera, como nunca un toro bravo había logrado tocarlo con sus cuernos. El Carrao era feliz andando en plenas tormentas nocturnas, no le importaba que su caballo fuera salvaje, más hombre se sentía, era tanta la confianza que se tenía que sabía que nunca se caería de un caballo, pues sus piernas habían nacido para domar caballos fieros.



Mayalito, su inseparable compañero y amigo, por el contrario era su polo opuesto; un hombre aplomado, juicioso y talentoso en todos sus aspectos, fiel sabedor de que con la naturaleza llanera no se puede jugar demasiado por que es severa, claro que sin dejar eso así, de ser un hombre de gran coraje como todo buen llanero. Ese era Mayalito, el que hizo un inventario de advertencias a su compañero, las cuales nunca fueron atendidas ni obedecidas, pues la rebeldía y el coraje del Carrao constituían un patrimonio muy suyo, del cual no era fácil olvidarse de buenas a primeras porque con esas características había nacido.



Una tarde, cuando el sol palidecía y la noche comenzaba a imponer su color sobre la llanura, se advertía en el horizonte cercano una horrible tempestad que hacía pensar que la noche iba a ser tormentosa, se fue al mangón y amarró el caballo que estaba trochando, lo trajo al corral, lo ensilló y le pegó la margalla, cagalerióla soga y montándose en el brioso caballo se despidió de Mayalito. Abrió la puerta de trancas del corral y en medio de candelosos rayos se fue alejando en la oscuridad de la sabana, esta vez... para nunca regresar.



"Mayalito", al ver que su amigo y compañero no regresó, se dio la tarea de buscarlo en todas las noches oscuras por los distintos rumbos de las comunales sabanas, especialmente por las partes que sabía que al "Carrao" le gustaba frecuentar.



Fueron muchas las noches que Mayalito anduvo gritando incesantemente a su compañero "Carrao", "Carraooo", escuchando solo la respuesta producida por el eco de su voz. Una noche, Mayalito acortaba una travesía en medio de una tormenta de rayos, a la luz de un relámpago vió que algo brillo a los pies de su caballo, se apeó e inspeccionó el objeto, se sorprendió cuando lo identificó pues se trataba de las zapatas del freno metálico del apero de "Carrao", las alzó y las llevó consigo.



Desde entonces puso énfasis en la búsqueda de su compañero, pensó que algo le había ocurrido y que no estaría muy lejos de allí; continuó su tarea noche tras noche, hasta que Mayalito tampoco regresó nunca más al hogar, se lo tragó la sabana junto con Carrao. Mayalito se convirtió en un ave que vuela en las noches oscuras produciendo un canto: Carraoooo, carraooo.



A esta ave se le conoce en el llano con el nombre de Carrao.

mitos

EL CASADOR

En aquel caserío tenían una capilla donde celebraban las ceremonias más solemnes del calendario religioso. Tenía unas ventanas bajas y anchas que dejaban ver el panorama y para que el aire fuera el purificador del ambiente en las grandes festividades.



Llegó la celebración de la Semana Santa. Los fieles apretujados llenaban la capilla, oyendo con atención el sermón de "las siete palabras". Los feligreses estaban conmovidos. Reinaba el silencio... apenas se percibían los sollozos de los pecadores arrepentidos y los golpes de pecho.



Allí estaba el cazador, en actitud reverente, uniendo sus plegarias a las del Ministro de Dios, que en elocución persuasiva y laudatoria hacía inclinar las cabezas respetuosamente.



De pronto, como tentación satánica, entró un airecillo que le hizo levantar la cabeza y mirar hacia la ventana. Por ella vio, pastando en el prado, un venado manso y hermoso. Que maravilla! Esto era como un regalo del cielo! estaba a su alcance... a pocos pasos de distancia. Rápido salió por entre la multitud en dirección a su cabaña.



Fue tanta la emoción del hallazgo que no se acordó del momento grandioso que significa para los cristianos el día de Viernes Santo. Tampoco se fijó en el momento sagrado de la pasión de Cristo. Salió con su escopeta y su perro en busca de la presa. Ya el animal había avanzado unas cuadras hacia el manantial. El cervatillo al verse acosado paró las orejas y se quedó inmóvil, como esperando la actitud del hombre. Este al verlo plantado le disparó, pero en ese mismo instante el animal huyó.



Perro y amo siguieron las pistas, lo alcanzaron y, al dispararle de nuevo, se realizaba el mismo truco. El afiebrado cazador no medía ni el tiempo, ni la distancia. Seguía... seguía... cruzaba llanos, montañas, cañadas, colinas, despeñaderos, riscos y sierras. Llegó por fin a la montaña cuando las tinieblas de la noche dominaban la tierra.



La montaña abrió sus fauces horripilantes..! El cazador penetró... y nunca más volvió a salir de ella. Dicen que la montaña lo devoró.

leyendas

EL DORADO

La historia del dorado sigue siendo una leyenda fantástica para miles de personas de todo el mundo, sin embargo, ésta se convierte en realidad al conocer la historia de los relatos sobre una gran ceremonia, en la cual eran arrojados fabulosos tesoros en una laguna cercana a Bogotá.

El mito de “El Dorado” empezó en la conquista, cuando en 1536 se decía que en la laguna de Guatavita situada a las afueras de la capital del Reino de Nueva Granada, se llevaban a cabo ceremonias en noches de luna llena, en las que el Cacique se untaba completamente en miel de abejas y resina de árboles para posteriormente ser cubierto con polvo de oro, luego subía a una balsa y se internaba hasta el medio de la laguna donde hacía sacrificios y ofrendas de oro y esmeraldas, para luego bañarse en las aguas y dejar en ellas el oro en polvo que cubría su cuerpo.

El oro los muiscas lo utilizaban para acercarse a sus dioses.

Basada en un hecho cierto, según se ha podido comprobar al estudiar las costumbres de los muiscas, la leyenda del indio dorado fue divulgada por los conquistadores, se extendió por el norte de América Meridional, descendió al Perú, y de allí pasó, algunos años más tarde, al Río de la Plata; pero no tardó en asimilar nuevos y fabulosos elementos que la desvirtuaron totalmente. Cuando la historia del hombre dorado, llegó a Europa, el Rey Felipe II ordenó y patrocinó varias expediciones para rescatar el tesoro de los muiscas, hasta el punto de ordenar el drenaje de la laguna.

El éxito de las primeras expediciones, atrajo otros buscadores de oro que sin embargo no tuvieron los mismos resultados, por lo que las búsquedas fueron abandonadas a causa de los altos costos y las escasas riquezas que lograron encontrarse. Poco a poco los expedicionarios empezaron a agotarse. En 1911, se logró desaguar de manera parcial la laguna y obtuvieron algunas piezas de cerámica y muy pocos artículos de oro.

Hoy en día se encuentran en el centro de la capital colombiana, en el Museo del Oro. El gran mito de El Dorado, se puede apreciar en este recinto que presenta una impresionante colección que ha creado el Banco de la República, desde 1939, en el que se puede visitar la Balsa Muisca, que representa el rito de El Dorado en una hermosa figurilla de oro.

Colombia


EL GUANDO:



Las apariciones de este macabro espectáculo en la mayoría de las veces conmueve, no sólo por creer que en realidad llevan al difunto por ir los familiares acompañándolo, sino por el murmullo coral del rezo del Rosario y el Réquien por su alma.



Hace muchícimos años vivía un hombre muy avaro, incivil, terco y malgeniado, que no le gustaba hacer obras de caridad, ni se compadecía de las desgracias de su prójimo. Los pobres del campo acudían a él a implorar ayuda para sepultar a algún vecino, pero contestaba que él no tenía obligación con nadie y que tampoco iba a cargar un mortecino. Que les advertía, que cuando él se muriese, lo echaran al río o lo botaran a un zanjón donde los gallinazos cargaran con él.



Por fin se murió el desalmado, solo y sin consuelo de una oración. Los vecinos que eran de buen corazón, se reunieron y aportaron los gastos del entierro. Construyeron la camilla y cuando lo fueron a levantar casi no pueden por el peso tan extremado. Convinieron en hacer relevos cada cuadra, a fin de no fatigarse durante el largo camino al pueblo. Al pasar el puente de madera, sobre el río, su peso aumentó considerablemente, se les zafó de las manos y el golpe sobre la madera fue tan fuerte que partió el puente y el muerto cayó a las enfurecidas aguas que se lo tragaron en un instante.



Al momento los hombres acompañantes bajaron a la corriente y buscaron detenidamente pero no lo hallaron ni a él ni al andamio. Lo que sí ha quedado por el mundo es su aparición fantasmagórica que atormenta a los vivos, haciendo estremecer al más valiente con el ruido de los lazos sobre la madera en un continuo y rechinante "chiqui, chiqui, chiquicha...".



Sus apariciones más seguras se verifican en la víspera de los difuntos, o sea en las fiestas de las Animas; en los lugares aledaños a los cementerios, causando gran pavor a la tétrica procesión, portando sus acompañantes coronas, cirios y rezando en voz alta: de vez en cuando se oye una voz cavernosa e imperativa que dice: "meta el hombro compañero"

Leyendas Colombianas - Mitos y Leyendas de Colombia



BUENO ESTOS SON SOLO UNOS DE LOS MITOS QUE TIENE NUESTRA QUERIDA COLOMBIA ESPERO QUE LOS AYAN DISFRUTADO Y NOS VEMOS EN OTRO POST

paranormal

Anuncios

Fuentes de Información

El contenido del post es de mi autoría, y/o, es un recopilación de distintas fuentes.

Dar puntos
22 Puntos
Votos: 6 - T!score: 4/10
  • 0 Seguidores
  • 56.629 Visitas
  • 0 Favoritos

1 comentario

@Siul7611 Hace más de 3 meses +1
Muy bueno. En el nordeste argentino tenemos una leyenda del caráu, ésta cuenta la historia de un hombre al que se le enfermó la madre, ella le pidió que vaya a buscar sus medicamentos; Él se encontró con una fiesta y decidió participar, pasaron las horas y le llegaron noticias de que su madre empeoraba, hizo caso omiso y continuó festejando...
Hasta que le llegó la peor noticia. Su madre había muerto...
Por haber sido mal hijo, el Dios Tupá lo condenó a ser un ave que viste de negro y llora su luto, gritando Caráu!!!
Es algo así...
Gracias por aportar.