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Dioses de la muerte (Parte2)

Dioses de la muerte (Parte2)

Dioses de la muerte (Parte 2)

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Hola amigos Taringeros! , este post es una continuación de Dioses de la muerte (Parte1). Aquí veremos a las diosas escandinavas de la muerte, conoceremos al severo y poderoso Yama del hinduismo y la mitología china y budista, al orgulloso y corrupto dios mongol Erlik y a otras divinidades del oscuro inframundo.

Mitología nórdica (noruega)


Hela

Hela


Hela la giganta es la diosa encargada del inframundo (Hel o Helheim, localizado dentro del Nifheim) en la mitología nórdica. Ella es hija de Loki, un dios timador conocido como “el origen de todo fraude”, y de Angrboda, una giganta hechicera proveniente de Jötunheim, el mundo de los gigantes.

El aspecto de Hela es muy representativo de su naturaleza. Así, la mitad superior de su cuerpo se corresponde con la imagen de una mujer hermosa, mientras que la mitad inferior está podrida, en estado de cadáver repleto de olores nauseabundos.

Hela tiene el gobierno del Niflheim, el “Hogar de la niebla”, un reino de oscuridad donde la presencia de la niebla es perpetua y manifiesta en cada rincón. Es allí donde habita el dragón Níohöggr, ser que se encargará de atormentar a todas las almas humanas que hayan quedado en el Niflheim luego del Ragnarök (la batalla del fin del mundo).

El trono de Hela está bajo una de las raíces del Yggdrasil, fresno perenne que unifica los nueve mundos de la mitología nórdica y que tiene el rol de “árbol de la vida”.

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Según el mito, cuando un hombre llega al Hel, la angustia se apodera de él, se lo encadena con lazos irrompibles, las sirvientas de Hela lo invitan a seguir y ante él se despliega una siniestra y brumosa región donde el sol es un pálido fantasma que aparece y reaparece. Posteriormente se abre la gran puerta del Hel y entonces se ven los altos palacios del reino de Hela, reino donde iría todo aquel que muera de enfermedad o de vejez sin tener el suficiente grado de virtud, ya que para los virtuosos estaba reservado el Vingólf si es que no morían en batalla, o el Valhalla si morían en batalla. Aunque, si alguien moría en batalla (muerte considerada heroica) pero había vivido en la maldad y la bajeza durante casi toda su vida, iba de todas formas al lúgubre Niflheim.

Mitología finlandesa


Tuoni y Tuonetar

Tuoni, el “señor de la muerte”, es el dios del inframundo (Tuonela) en la mitología finlandesa. Él está casado con la “doncella de la muerte” y diosa del inframundo, Tuonetar. Juntos gobiernan el reino de los muertos, donde Tuoni recibe a los fallecidos con un cántaro lleno de ranas y gusanos en su mano derecha, acto éste que forma parte de la ceremonia de recibimiento para el muerto, en la cual participan las hijas y parientes de Tuoni y Tuonetar.

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A las hijas de Tuoni y Tuonetar se les llama las “divinidades del sufrimiento”, ya que encarnan fuerzas terribles como las enfermedades y las plagas (Loviatar), o las aflicciones y el sufrimiento (Vammatar).

El reino de Tuoni y Tuonetar es un lugar del que pocos peregrinos pueden volver. Tal fue el caso del héroe y hechicero Väinämöinen, quien tras cruzar el río de la muerte se encontró con Tuonetar, dándole ésta al héroe enormes cantidades de cerveza para que se duerma. Ya cuando él héroe empezó a cabecear por la somnolencia, las hijas de Tuonetar comenzaron a emplazar una enorme malla férrea alrededor del anciano héroe, pero éste se convirtió en pájaro y escapo de la muerte, simbolizando así este pasaje mítico el triunfo de la libertad

Yama, un dios de varias tradiciones



En el hinduismo Yama (también llamado “Yamaraja”) es el “señor de la muerte” y el encargado de juzgar las almas. Cuando alguien fallece, en cuestión de 4 horas con 40 minutos —por eso el cadáver no puede incinerarse antes de ese tiempo— se presenta ante Yama y su escriba Chitragupta, quien lleva un registro de todas las acciones de cada persona.

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El aspecto de Yama es el de un hombre con dos o cuatro brazos (las representaciones varían), piel verde, ropas rojas, una maza en una mano y en otra (del otro lado) un lazo con el que recoge a los muertos. A veces se lo retrata montando un búfalo negro y la tradición afirma que su aspecto varía según la naturaleza moral y espiritual del difunto. Así, para el hombre bueno Yama se manifiesta con aspecto agradable y sonriente, pero para el malvado Yama asume un rostro aterrador, rodeado de largos cabellos y dotado de dos pequeños y siniestros ojos hundidos.

El mito religioso afirma que Yama tiene el rol que tiene porque fue la primera persona en morir y encontrar el sendero al otro mundo, tras lo cual comenzó a guiar a los demás en el más allá, aunque después los dioses Brahma y Vishwakarma pensaron que era conveniente darle a Yama un lugar para que juzgue a las almas, por lo cual le construyeron su morada en el inframundo y le dieron dos perros de cuatro ojos para que vigilen el camino que lleva hasta él.

Ya a nivel de la mitología budista, Yama fue tomado del hinduismo y asimilado, adquiriendo diversos matices y características propias.

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En principio se le concibió como un dharmapala (dios iracundo) que juzgaba a los muertos y presidía los Narakas (infiernos/purgatorios) en el ciclo de muerte y renacimiento. No obstante su papel es bastante vago en los textos canónicos, ya que Yama pertenece más a la mitología y a las creencias populares budistas que al budismo canónico de corte más filosófico y racional, siendo esto lo que explica el porqué de las incoherencias que pueden hallarse entre algunas creencias populares sobre Yama y la doctrina filosófica del budismo.

En todo caso el canon Pali dice retrata a Yama como un dios de juicio que cuestiona al alma pecadora y envía al malvado a un infierno cuya duración es directamente proporcional al karma negativo acumulado por las diversas faltas. Ejemplo de eso es cuando se afirma que, todo aquel que haya tratado mal a sus padres, a ancianos, a ascetas o a santos, irá donde Yama al morir y Yama le preguntará si ha considerado el mal cometido a la luz de la retribución subyacente al ciclo de nacimiento y muerte, a lo cual supuestamente el sujeto malvado responderá que “no”, siendo después enviado a pagar el karma en un terrible pero temporal infierno.

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Por su parte el erudito Buddhaghosa postula que la naturaleza moral de Yama es tal que éste se encuentra en un estado mixto, oscilando entre periodos de estadía celestial y periodos de estadía en el infierno.

Por último, en las creencias populares del budismo Theravada de muchos países se cree que Yama es quien envía muerte, enfermedad, vejez y otros suplicios, tanto a manera de advertencia como de castigo por el karma acumulado. También y aunque menos difundida, existe la creencia de que no hay uno sino dos o cuatro Yamas, presidiendo cada uno un infierno distinto.

Pasando ahora a la mitología china, tenemos que Yama (llamado “Yan”) es el dios de la muerte, el juez de los muertos y el gobernador del Diyu, el infierno temporal chino donde se paga el karma.

Yan (Yama) suele retratarse como un hombre grande, de rostro bravo y rojo, de ojos saltones, barba larga, ropas tradicionales y una corona o gorro de juez. A veces se lo pinta junto a secuaces, entre los cuales suele incluirse a un juez que tiene en las manos un cincel y un libro donde está numerada cada alma junto a su fecha de muerte.

Como juez, Yan envía al alma a un lugar temporal de tormento o disfrute, en el cual el alma estará hasta su próxima encarnación. Diversas son sin embargo las teorías sobre Yan. Unas versiones dicen que el Diyu tiene muchas cortes, y que en cada una gobierna un Yan, otras dicen que no hay un Yan o varios Yan determinados, sino que Yan es un rango en la jerarquía celestial, un estado-función que un alma humana virtuosa ha alcanzado como premio a sus obras, siendo así algo temporal pues tras el gobierno de un Yan vendrá el de otro Yan.

Mitología turco-mongólica


Erlik

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Erlik es el dios turco-mongol de los muertos y del inframundo.

A Erlik se le representa: como un monstruo, con cara y dientes de cerdo y con cuerpo humano; como un hombre viejo, de cuerpo bien formado, y ojos, cejas y bigote bien negros; como un oso totémico; con cabeza de toro o cabalgando sobre un toro; con cabeza de búfalo; con cabeza cornuda rodeada de llamas; o bien con dos cabezas y cuatro manos, un collar de cráneos, un cetro de calavera en la mano derecha y una espada en la izquierda.

Pese a que se le sacrifican animales de color negro para aplacarlo (de no hacerlo, él tomará cadáveres humanos y esclavizará a las almas de esos cadáveres), a Erlik no se le tiene mucho respeto ya que está asociado al mal en tanto que, pese a haber sido el primer ser creado por el gran dios creador Tengri o Ulgan, Erlik se dejó llevar por el orgullo al punto de que su creador acabó por desterrarlo al infierno, tal y como hizo Dios con Lucifer en la tradición judeocristiana. Además Erlik mató al mensajero celestial Maidere y es un maestro del pecado.

El mito expuesto es el de la mitología siberiana, pero fue aún mejor desarrollado en la mitología turca, donde Erlik aparece como el primer ser de la Humanidad, habiendo después deseado igualarse al supremo dios creador Ulgen, queriendo hacer su propia Tierra y, como castigo a esa altivez, terminando por ser recluido en la capa novena de la Tierra, la cual habría de convertirse en el inframundo que él gobierna.

Según el mito, de la desgracia y la miseria traídas por Erlik surgieron espíritus malignos. Estos espíritus son los hijos de Erlik y ayudan a su padre en sus funciones, atormentando a los vivos y a los muertos condenados, e incitando al mal en la medida de lo posible. Ejemplo de eso es la descendencia femenina de Erlik, pues se dice que sus hijas intentan cambiar las opiniones de los chamanes.

Mitología semítica


Mot

Mot se originó en la ciudad semítica de Ugarit y los textos que hablan de él datan de los siglos XIII y XIV antes de Cristo. Él es el dios de la muerte, el inframundo y la esterilidad de la tierra.

El padre de Mot fue Ilu o El, padre de la Humanidad y autor de la Creación. La mitológica clave en la identidad de Mot es como sigue:

Baal deseaba el trono de los dioses y había vencido a Yam, el dios del mar. Ya solo le quedaba vencer a Mot, la Muerte. Ante eso, el arrogante Baal envío mensajeros para que le transmitan a Mot su victoria y le inviten al banquete familiar (Mot era hermano de Baal) de celebración.

Entonces los mensajeros de Baal descendieron al inframundo, pero Mot se burló de la hipotética victoria de Baal y dijo que él ganaría y que el banquete de su celebración sería el mismísimo Baal...

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Atemorizado, el cobarde Baal no intentó siquiera pelear y mandó a sus mensajeros con estas palabras: “Palabra del más fuerte de los guerreros: saludos, divino Mot; soy tu siervo, soy tuyo por siempre”. Posteriormente Baal descendió al inframundo, donde fue simbólica y funcionalmente devorado por Baal. Así, el poder del trueno y de la lluvia (propios de Baal) estaban ahora al servicio de Mot: la Muerte.

Al enterarse de las noticias los dioses sintieron gran pesar y el gran El se echó tierra en la cabeza en señal de duelo. Pero los efectos de esa muerte también se sintieron en la tierra, donde hubo una seguía de siete años. Y es que, como dicen los estudiosos, la muerte de Baal simboliza la muerte de la naturaleza, de las lluvias que le dan vida.

Mas el fallecimiento simbólico de Baal viene seguido de una resurrección también simbólica. En efecto, la diosa Anat (hermana y pareja de Baal) estaba indignada y furiosa con Mot, de modo que descendió al inframundo y le exigió que reponga a Baal, pero Mot se negó y entonces fue atacado por Anat, despedazado, quemado, trillado y sembrado como trigo para que los pájaros lo devoren… Después el relato mítico señala que, con la ayuda de Shapsh el dios Sol, Baal vuelve a la vida al salir del inframundo y luego recupera su trono.

Tras siete años de reinado de Baal, Mot (que había resucitado de algún modo) exige que le entreguen como comida a uno de sus hermanos, pues si no lo hacen él devorará a la Humanidad… Entonces se entabla la gran batalla entre Mot y Baal: una batalla feroz, reñida, que solo concluyó cuando Shapsh los convenció para que, en vez de pelear, cada uno reinase tranquilamente, él uno (Baal) por arriba de la Tierra y el otro (Mot) por debajo, en el inframundo.

Culto Yoruba


Ikú

Antes de hablar de Ikú es necesario aclarar que en el culto Yuruba se creen las siguientes cosas: 1) Hay dos muertes, la física y la espiritual. 2) El ser humano tiene los siguientes aspectos: Ori (el alma), Ará (cuerpo físico) y Emí (“aliento” o energía vital).

Aclarado eso, tenemos que Ikú es el encargado de la muerte de Ará, de la muerte física. Él se encarga de llevarse a una persona una vez que ha cumplido su tiempo designado de estancia en la Tierra, por lo que es conocido como el “Señor de la Muerte”.

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Ikú cumple pues con el equilibrio necesario en el nacimiento y muerte de los seres humanos, aunque no siempre fue así, ya que el mito dice que inicialmente Ikú podía matar a los hombres cuando le placiera, desequilibrando así el orden de las cosas que Olodumare (dios supremo) estableció. Eso era de aquel modo en tanto que Ikú tenía cómo llevarse a los hombres por sí mismo; pero, desde que el hombre conoció el “secreto para espantar a la Muerte”, Ikú no puede llevarse a ningún ser humano sin el auxilio de otra deidad. Dice al respecto el sacerdote yoruba Ifá Osamaro: ‹‹Desde entonces, la Muerte no pudo matar al hombre directamente porque él es de otro modo una divinidad medrosa. Se ha estado apoyando en sus hermanos más agresivos y vengadores como Ogún, la divinidad del hierro, quien mata mediante accidentes fatales; Sango, la divinidad del trueno, quien mata mediante el rayo; Sanpona, quien mata mediante epidemias tales como la viruela, la varicela y el sarampión; la divinidad de la Noche, quien mata mediante brujería, etc. Cuando estas divinidades mortales se muestran lentas en la búsqueda de comida para la Muerte, el Rey de la Muerte utiliza a Enfermedad, su esposa, para que busque comida para la familia.››

Finalmente, los yorubas creen que los hombres buenos son entregados a Ikú mediante una muerte apacible y libre de tormento, en tanto que los malvados sufren muertes terribles como ahogamientos, asesinatos, o accidentes.

Culto maorí


Hine-nui-te-po

“Hine” significa “mujer joven”, por lo que muchas de las diosas cuyos nombres empiezan por “Hine” se consideran simplemente aspectos de la gran diosa de la muerte: Hine-nui.te-po.

Dioses de la muerte (Parte2)


Esta diosa empezó siendo llamada como Hine-titama, la Doncella del Amanecer. Su historia es la siguiente:

El dios creador Tane y sus hermanos formaban el Principio Divino (“Ira Atua”) y buscaban crear el mundo natural propicio para el surgimiento del Principio Humano (“Ira Tangata”). Para eso Tane creó árboles, pájaros, insectos, rocas, etc. Pero él y sus hermanos se dieron cuenta de que lo creado no bastaba para el surgimiento del Principio Humano. Entonces Tane creó a la doncella Hineahuone a partir de la tierra, fornicando después con ella y dando lugar al nacimiento de Hine-titama, Doncella del Amanecer. Sin embargo lo hecho no era aún suficiente para que surja el Principio Humano, ya que hacían falta nuevos elementos que solo podían surgir si Tane fornicaba con su propia hija, Hine-titama, quien hasta el momento no tenía la menor idea de quién era su padre…

Resultó así que Tane e Hine-titama tuvieron hijos, pero un día Hine-titama le preguntó a Tane quién era su padre, y Tane empezó a dar evasivas de forma tal que Hine-titama pudo concluir que había tenido descendencia con su padre… Como era natural, al saber eso se sintió tan mal que quiso escapar a Rarohenga, el inframundo, no sin antes decirle lo siguiente a su padre a modo de despedida: “Tane, regresa con nuestra familia. He tenido una fuerte conexión con el mundo de la luz y ahora deseo yacer en el mundo de la noche”. Dicho eso, la Doncella del Amanecer descendió en las sombras y se convirtió en Hine-nui-te-po, diosa de la muerte.

Tal y como sugeriría la intuición, los expertos han afirmado que aquel relato mítico tenía la función social de establecer el tabú del incesto entre los maoríes.

Vudú haitiano


Papá Guédé o Barón Samedi

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En el vudú los Loa son espíritus que sirven de intermediarios entre los hombres y Bondye, regente del mundo sobrenatural. Uno de esos Loas es el Barón Samedi (“sábado” en francés), quien es el principal de entre todos los Guedé, siendo estos la familia de Loas encargados de los poderes de la muerte y la fertilidad. Por ello también el Barón Samedi es conocido como “Papá Guédé”, ya que junto a su esposa Maman Brigitte engendró a todos los Guedé.

El aspecto del Barón Samedi es el de un negro que usa sombrero de copa, tiene un traje con chaqueta negra (también se lo ha puesto con chaqueta blanca, pero pocas veces), cuencas vacías en vez de ojos o bien gafas negras, tapones de algodón en los orificios nasales, y cara pintada de blanco a modo de calavera. También se lo pinta como un negro de baja estatura, sombrero de copa, cigarro en la boca y una manzana en la mano izquierda.

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Como Loa de la muerte él se encarga de guiar a las almas en el más allá, cuidar cementerios y proteger a las almas de los muertos, siendo así que a él se le suele orar cuando un niño está muriendo o en riesgo de morir, ya que solo con su permiso alguien puede entrar al reino de los muertos y él tiene el poder de adelantar o atrasar la muerte de las personas.

Dicen que su sentido del humor es grosero, y que en tanto dios sexual muestra un comportamiento obsceno, libertino, violento y sadomasoquista, prefiriendo a las mujeres con gran experiencia (adora las prostitutas y “mujeres fatales”) que a las vírgenes y chicas decentes; aunque, si la mujer es bella, él igual se siente atraído. También él es un dios que adora fumar y beber, al punto de que entre sus huesudas manos casi nunca falta un cigarro o una botella…

Pero también Papá Guédé puede leer la mente, sabe siempre lo que está pasando en el mundo de los vivos y de los muertos y tiene a su servicio una legión de espíritus que se visten de forma parecida a la suya.

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Aunque parezca difícil de creer los haitianos creen de verdad en todo esto, y tal es su fe que el dictador Francois Duvalier (“Papá Doc”) se vestía como el Barón Samedi para así ser asociado a dicha divinidad y, de esa forma, tener más libertad para oprimir a la población sin riesgos de rebelión.

2 comentarios - Dioses de la muerte (Parte2)

AndresSejin +3
erlik
cuervolex77 +1
jaja yo tambien entre buscando al shinigami o a kira!