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Cuento corto. Pasá!

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Llegando a destino

Agustín conducía por una ruta oscurecida por la noche. Al ingresar a una zona cubierta por la niebla su visibilidad se redujo drásticamente. Disminuyó la velocidad y se concentró más en la ruta que tenía por delante, de la cual veía unos pocos metros nada más.
Se orilló un poco y buscó su celular para llamar a su esposa:

- ¡Hola! -lo saludó una voz de mujer.
- Hola querida. Te llamo para avisarte que me agarró la niebla, no se ve nada por aquí. Por eso voy a demorar un poco más.
- Bueno. Maneja con cuidado. Ahora ya sé que vas a demorar, ve lento. Lo importante es que llegues a destino. Nos vemos, chau.
- Chau -y cortó.

La niebla se espesó más. Ya no era seguro conducir. Tenía que detenerse, pero no quería hacerlo de nuevo en la ruta. Conocía bien el lugar como para saber que casi todo aquel tramo corría sobre un terraplén alto. ¿Dónde detenerse? Repasando mentalmente la carretera encontró un lugar. No le gustó mucho la idea de estacionar por allí, pero el próximo lugar que recordaba estaba muy lejos, y la niebla era cada vez más espesa.
El camino que buscaba surgió de pronto a su derecha, dobló hacia él, avanzó lentamente y se detuvo al iluminar la entrada de un cementerio.
Aquel cementerio estaba abandonado. El pueblo que lo había nutrido ya no existía, sólo algunas ruinas que sobresalían entre las malezas indicaban su posición. Agustín tenía muy claras la imágenes de aquel esqueleto de pueblo fantasma, y de los muros a medio derrumbar de su aún más espeluznante cementerio; pero ahora lo único que veía era la entrada de éste, todo lo demás era niebla cerrada y silencio. Al dejar encendida solamente las luces rojas parpadeantes, hasta la entrada del campo santo desapareció entre la bruma.

Esperó un largo rato, la niebla continuaba. Encendió la radio e intentaba sintonizar alguna emisora que estuviera pasando música, cuando de repente del aparato brotó una sucesión de gritos espantosos que lo hicieron saltar en el asiento. Era una mezcla de gritos: algunos claramente de angustia, otros de dolor insoportable, y entre los gritos se escuchaban unas voces extrañas que hablaban una lengua desconocida por Agustín, pero aunque no se entendía lo que decían, se deducía por su tono que eran voces de seres violentos, malvados…
Agustín apagó la radio, mas no dejó de escuchar los gritos, porque ahora venían desde el interior del cementerio. Entonces, aterrado, encendió el vehículo y dio marcha atrás. Al alcanzar la ruta intentó enderezarlo, mas una luz surgió de pronto entre la niebla, sonó un bocina potente, la de un camión, sintió un golpe tremente que lo acudió todo, y después, silencio; mas el silencio no duró mucho: las voces de los seres violentos que gritaban en una lengua extraña se le fueron acercando, y de pronto los vio ¡Eran demonios!
Cuando el camionero que lo chocó fue a revisar lo que quedó del auto, Agustín ya estaba muerto.

3 comentarios - Cuento corto. Pasá!

@fakira +1
Buena historia, corta y concreta
@germancetoo
No entiendo como sabes lo que escuchaba agustin si murio ;S