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Creepypasta - 2 Creepys en un post

Payasos:

Estábamos festejando no sé qué, era confuso. Me encontraba sentado frente a uno de los extremos de una mesa grande. La mesa estaba rodeada de parientes, amigos y unos conocidos. Todos comían, bromeaban y reían. Era una situación agradable hasta que alguien puso la mano sobre mi hombro, y cuando lo miré, era un amigo que murió hace años. Aquella presencia me sorprendió enormemente, y todos se echaron a reír al tiempo que me miraban.
¿¡Qué estaba pasando!? ¿Cómo podía ser aquello…? Entonces repentinamente me di cuenta que soñaba: era una pesadilla. Después el muerto se alejó hacia una puerta, y al irse la dejó abierta, y por ella entraron unos payasos grotescamente deformados. Cada uno de los payasos monstruosos me miró con una sonrisa retorcida y malévola. El maquillaje blanco que tenían en la cara resaltaba unas arrugas profundas como tajos, y por pelucas tenían lo que parecían ser cabelleras ajenas.

¡Que situación tan aterradora! Incluso ahora, al evocar el terror que sentí esa vez me siento muy mal. De un momento a otro todos eran payasos monstruosos. Intenté levantarme pero no pude, la mesa me aprisionaba. Cuando todos empezaron a acercarse, supuse que la pesadilla estaba por terminar, porque no podían hacerme nada. Cerré mis ojos y cuando los volví a abrir estaba en mi cama. Entonces suspiré hondo, pero el alivio no duró mucho, pues vi algo por el rabillo del ojo, y cuando miré hacia la ventana, ésta se encontraba llena de payasos que me miraban desde afuera, y súbitamente las cabezas de otros salieron de abajo de la cama lanzando carcajadas cavernosas. Después de ese último susto me desperté en la realidad: la pesadilla había terminado.
Llegó la mañana y seguía pensando en la pesadilla. ¿Por qué había soñado con payasos si no les tengo miedo? Especulaba sobre mi pesadilla cuando Roxana llegó de hacer las compras. Me mostró dos papeles que tenía en la mano y me dijo:

- A que no adivinas qué son.
- No tengo ni la menor idea -le dije.
- Entradas para el circo. Llegaron ayer. ¡Que emoción, hace años que no voy a uno?
- Entradas para un circo… que sorpresa. Un circo… donde siempre hay payasos…
- ¿Les tienes miedo? ¡Jaja!
- ¿Miedo yo?
- Lo dije en broma. Las entradas son para la función de la noche.

En ese momento sentí mucha curiosidad. ¿Sería una coincidencia absurda? Presentía que no lo era, pero de todas formas fuimos al circo.
Ya dentro de la carpa, Roxana me sonreía y se pegaba a mí, pues yo no le soltaba la mano; no quería perderla entre el público: algo me decía que el lugar era peligroso.
No demoré en ver el primer payaso. Caminaba entre la pista y las gradas. No era tan grotesco como los de la pesadilla pero parecía ser alguien muy viejo. Tenía puesto los clásicos zapatos de payaso, un calzado extremadamente largo. Lo observé con tanta atención que noté que en la punta del zapato, que estaba algo rota, sobresalía una uña puntiaguda y negra. Ningún humano podría tener el pié tan largo.
En ese mismo instante el payaso se volvió hacia mí y me miró fijo, como si se hubiera dado cuenta de que lo descubrí. Levantó el labio superior como si estuviera gruñendo y se fue caminando rápido.
Después de eso no quería quedarme ni un minuto más allí. Le dije a Roxana que me sentía mal y nos fuimos. ¡Que situación!

Esa noche no dormí, me mantuve vigilante, armado. Varias veces creí escuchar que rondaban la casa, pero no conseguir ver nada. Por suerte trabajo en mi casa y pudo dormir de día, aunque tuve que inventar excusas tontas. El circo se marchó a los cinco días. En ese tiempo desaparecieron de la ciudad tres personas; nunca se supo qué fue de ellas, aunque yo creo saberlo…


FIN


La promesa aterradora

Uno de los obreros fue a abrir la puerta con la llave, pero Alejandro lo apartó y dijo:

- Deja, que yo la voy a abrir. Siempre quise hacer esto -y abrió la puerta de una enérgica patada hacia atrás.
- ¡Alejandro el demoledor! -victoreó uno de sus compañeros. Ese era su apodo y su oficio. La compañía para la que trabajaba iba a demoler aquella casa.

Entraron y miraron en derredor. Antes de demoler la casa con maquinaria pesada, debían quitar de su interior todo lo que pudiera tener valor. Generalmente sólo podían hacerse de la instalación eléctrica, de las aberturas, algunas losas de los baños; mas la casa en cuestión estaba completamente amueblada, lo que era extraño.

- No se llevaron nada, y los muebles parecen antiguos -observó uno de los compañeros de Alejandro, mientras tocaba uno de los muebles.
- Estos ricos se dan el lujo de abandonar cosas así -dijo Alejandro-. Bueno, vamos a ver cómo cargamos estos armatostes.
- ¡Pero que cosa más horrible…! -exclamó de pronto uno de los presentes. Todos se volvieron hacia él. Estaba mirando un gran armario, y en su interior, tras un vidrio, había una muñeca antigua que tenía una expresión aterradora en la cara, mezcla de mirada maligna y sonrisa aterradora.
- ¡Válgame Dios! Que muñeca más fea -opinó Alejandro, y empezó a bromear-. Era de la hija de Drácula. No, tal vez antes las usaban para curar el hipo ¡Jaja…! En las cosas que gastan los ricos, no se puede creer. Miren sus ojos, son… ¡Los movió!

Cuando Alejandro dijo eso, los otros, que reían ruidosamente, callaron de golpe y se apartaron: todos habían visto lo mismo. Permanecieron en silencio un momento, mirando fijamente a la horripilante cara de la muñeca, hasta que Alejandro dijo:

- No pasa nada. Sus ojos deben ser como unas canicas, se deben mover fácilmente. Tal vez fue por nuestras pisadas… o se aflojaron justo ahora por la humedad o algo así. Que alguien traiga una bolsa, o una caja. La metemos ahí y después la llevamos, que probablemente valga algo, si los que vivían aquí la tenían…

Uno de los obreros apareció luego con un saco de tela. Alejandro tuvo que forzar el armario, pues estaba cerrado. Cuando agarró a la muñeca resultó que ésta era más pesada de lo que creía. La metió en el saco y la dejó en un rincón; cuando cargaran las otras cosas la pondrían arriba. Mientras hacía eso sus compañeros lo observaban con atención: la muñeca los había impresionado profundamente, pues al mover los ojos su mirada maligna había pasado por la de todos, aunque fue por un momento muy breve.
Estaban cargando los muebles cuando una voz espeluznante, agria, profunda y aguda a la vez, gritó desde otra habitación:

- ¡Los voy a visitar una noche, cuando estén dormidos, aunque van a saber que estoy ahí, parada al lado de su cama, pero no van a poder hacer nada, no podrán moverse! ¡Jijiji…!

Y la voz calló de pronto, dejando a todos mudos de terror. Después se escuchó unos pasitos que se alejaban apresuradamente. Alejandro miró hacia el saco, éste estaba vacío. Cuando el terror los soltó un poco se atrevieron a recorrer la casa, pero la muñeca ya no estaba.

FIN









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2 comentarios - Creepypasta - 2 Creepys en un post

@ismeal87 +3
Mierda hoy no duermo me quede sin puntos pero toma 10 bolsitas de oro

@Futbol1Pasion
validas por un gif porno
@cronoroxas
muy buenos los 2 te dejo los pts que me quedan.