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Mitos Y Leyendas En Argentina

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El Mikilo

idad diaguita, leyenda conocida en las provincias de La Rioja, Tucumán, Santiago del Estero y Salta. Según se cuenta, es esquivo y poco sociable; se lo reconoce por su grito ululante, casi como un lamento en la noche. Deja una pisada desconocida, que se parece a la de un gallo; algunos lugareños lo describen como un animal demoníaco, que tiene la mitad del cuerpo de humano, y la otra mitad de perro, patas de gallo, manos enormes y una larga cola emplumada. No siempre ataca a los hombres, comúnmente los espía.

Su pagana, naturista y pintoresca imagen, refugiada en los bosques y montañas, en cuya penumbra vive, lo ha librado del exorcismo de la colonia y de la profanación de la cultura europea.

Pertenece a la familia de los dioses salvajes y demóticos sin templo ni ofrendas de oro que despertaran la codicia y el fanatismo de la Conquista...Y tal vez es esa la razón de su supervivencia en la memoria y en el culto de la gente...Es un dios de múltiples formas variantes con la inconstancia de los juegos de luz en las arboledas y en la peñas, por lo que resulta difícil reconocerlo.

En algunas partes de La Rioja, Mikilo es el Duende: hombrecillo de poncho y sombrero negro llevar, este pequeño ser fue denunciado a la policía riojana por los habitantes de la apacible Chilecito por andar posándose en las entradas de las casas de los lugareños y asustar a los paseantes

Mitos Y Leyendas En Argentina



La Luz Mala


A los fuegos fatuos (incendio de ciertas materias que se elevan de las sustancias animales y vegetales en putrefacción y forman pequeñas llamas que se ven en el aire, particularmente cerca de cementerios o lugares pantanosos), el gaucho, que ignoraba su origen, la consideró cosa sobrenatural y le dió el nombre de "luz mala" y la consideró como la representación de un ánima en pena, que según las creencias era el alma de un difunto que abandonaba su sepultura y andaba por el mundo de los vivos para pedir venganza, porque había sido muerto en mala ley o reclamando por haber sido enterrado en el cementerio.

La "luz mala" inspiraba terror supersticioso y su aparición era comentada en todos los fogones. Se recordaban viejas leyendas oídas a los mayores y no faltaba alguno que contara un "trance fiero", en que tuvo que vérselas con una "luz mala", que lo había seguido un largo rato, y de la que se salvó prometiéndole encender una vela a su memoria.

Para librarse de ella es prudente rezar y morder luego la vaina del cuchillo


mitos




EL CRESPIN


Las leyendas o los cuentos tradicionales, toman distintas formas de acuerdo al escenario en el cual se desarrollan. En Europa los cuentos de hadas predominan entre la gente del pueblo, y todas las leyendas están pobladas de gnomos, magos, brujas y genios con extraordinarios poderes, moviéndose todo ello en el mundo fascinante de la magia. Ese algo indescriptible en que todos creen, y anhelan que exista, pues significa la materialización feliz de todas las esperanzas. En nuestro medio también existen las leyendas y los cuentos, pero no están adornados con la brillantez de las fantasías europeas, cargadas de oro, armiño y de príncipes azules y princesas encantadas. Nuestras leyendas se nutren del paisaje sencillo, simple, que nos rodea como de los integrantes mismos. Especialmente la fauna, donde el pueblo descubre misteriosos personajes y que, como todas las leyendas, están impregnadas de magia, porque la magia carece de límites para la imaginación humana. Entre las leyendas vernáculas más difundidas está la del Crespín. El triste pájaro nocturno que parece quejarse plañidero constantemente, sin encontrar consuelo para su pena permanente. La imaginería popular, especialmente la formada junto a los fogones de la zona de Metán, El Galpón y Anta, ha tejido en torno al pájaro doliente, una romántica leyenda que se ajusta a las costumbres de la zona. Cuéntase que hace muchísimos años existía una feliz pareja que habíase unido en matrimonio, materializando la realidad de un sincero amor. El se llamaba Crespín, era de carácter muy alegre, no faltando a ninguna fiesta o reunión, donde reinara la alegría y el baile. Su esposa no le iba en zaga, pero no acompañaba a su marido en estas francachelas, ya que la pareja había hecho una especie de pacto, mediante el cual cada uno asistía a diferentes fiestas. Prácticamente se reencontraban cuando estaba por finalizar la noche y los gallos anunciaban la proximidad de la madrugada. Los vecinos veían con cierta inquietud a este matrimonio que jugaba peligrosamente con la felicidad que Dios les había otorgado, y más de una vez trataron de prevenirlos sobre ello. Pero nada podía con el espíritu alegre y despreocupado que los dominaba y que, al caer las primeras sombras de la noche, les traía la tentación incontenible de partir hacia alguna fiesta de noche, generalmente cada uno en el lugar elegido, solía ser el centro de atracción de la reunió.

Así pasó el tiempo, con las alternativas de las estaciones que pintaban y despintaba el paisaje a través de los meses del año. Ni el frío, ni la lluvia detenía la vorágine de la vida de los dos esposos, que llegaron a convertirse en la preocupación del vecindario que habitaba bajo la sombra centenaria de los árboles del bosque, o en las localidades que se levantaban a la vera de los polvorientos caminos de herradura. Cuentan que al final de una noche, la esposa, con no oculta inquietud llegó a la casa en busca de su compañero a quien no encontró. Esperóle largo rato escuchando los grillos, y los miles de ruidos que pueblan el bosque en las largas horas en que riela la luna sobre la alta copa de los árboles. Comenzó a teñirse de rosa el paisaje y Crespín, el esposo, no hacía su aparición.

Su acongojada mujer subió a lo alto de un árbol para otear a lo lejos, al tiempo con voz angustiada lo llamaba gritando ¡Crespín!, ¡Crespín!, contestándole sólo el rumor del aire que mecía el ramaje de los árboles. Desesperada corrió por las sendas sin dejar de llamar a su compañero, mientras el silencio se mantenía como una respuesta constante. Su voz fue perdiendo fuerza entrecortada por el llanto, al presumir que había ocurrido lo peor. Crespín, según dice la leyenda, había muerto en una reyerta y su cuerpo no fue encontrado jamás. Su esposa, transida de dolor, por esos conjuros misteriosos que se producen en la noche en la espesura del monte, se transformó en un ave, que posándose en lo alto de los árboles paga su culpa llamando, plañidera y doliente, al esposo que se perdió para siempre en las tinieblas del pasado.

cuentos






Fin de mi post
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Comentarios Destacados

@eliofod +7
Yo me se una muy buena, trata sobre un taringuero diamond que llego a tener novia

7 comentarios - Mitos Y Leyendas En Argentina

@eliofod +7
Yo me se una muy buena, trata sobre un taringuero diamond que llego a tener novia
@nivlekdm83
como no tienen a la mokuana? y el cadejo? ni la mona?
@GUACHINERO +1
son muchos.. y uno mejor que el otro
@kadar28
los dos primeros son válidos como mitos, más el crespín no es un mito, es un ave...leyendas
Es la leyenda de este animalejo...
Como cualquier pais tenemos infinidad de mitos y leyendas, aquí van algunos:
http://www.folkloredelnorte.com.ar/tradyley.htm

Buen post @GUACHINERO
@Pirate300
Se juntan los crespines y la cuentan ellos
@Zoilin +2
y costumbres
@GUACHINERO
es un capo el guachito este!! jaja
@travalindo +1
Te falta muchas mas capo
@GUACHINERO +1
si son muchisimos mas... solo que puse 3 muy populares
@PABLO29_CBA
t quedaste corto loko, t faltan docenas d leyendas todavía,