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La Mano Negra (Creepypasta propio)

La Mano Negra (Creepypasta propio)
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Hola a todos, este es mi nuevo creepy pasta. Es un corto relato de terror que escribí para un ensayo... Sin más preámbulos que comience...

                                   La Mano Negra
Me encontraba por la noche de un lunes tan lluvioso que preferiría no recordar. Estaba tratando de conciliar el sueño cuando escucho unos golpeteos en el baño, como un corazón sonando. Retumbaba cada vez más fuerte. Así que decidí ir a ver lo que ocurría. Me quedé helada al ver una mancha negra, como una baba obscura cayendo viscosa por la pared. La luz estaba tan reducía que solo se vislumbraba unas meras manchas de humedad en la pared, que nunca habían sido reparadas culpa de los bajos recursos de la familia. También me sorprendió mucho ver como el agua del inodoro, con la tapa siempre abierta, culpa de una gran grieta que en 1849 se había provocado por un sismo en la ciudad de Dallas, donde vivo. Estaba negra, el agua del inodoro estaba negra cual carbón. Pero lo que más me heló la sangre, al punto de quedarme paralizada, sin aliento, jadeante y con tanta transpiración que parecía salida de una gran tormenta dallasina. Fue ver el espejo, y lo que estaba detrás de mí, no estaba yo… No me veía en el espejo. No lo podía creer. Cuando voy a tocar el espejo, se me hunde la mano, lucho para quitarla. Siento un olor a perfume, pero uno de azufre, se abre una grieta en el suelo, siento un cosquilleo que me recorre el cuerpo, así que pego un salto para atrás y con un brusco, muy brusco giro tiro la mano. Veo cabellos rubios largos en el piso, se me habrían caído entre tanta pelea. Fue el mayor susto de mi vida, ya que solo he vivido diez años, así que apenas sabía lo que significaba el miedo. Pero ya sabía lo que era el pánico, así que trato de irme de ese baño, o mejor dicho, ese laberinto del terror, porque estaba tan mareada que todo daba vueltas por mi mente.
Escucho la dura voz de mi padrastro maltratándome, siento las sucias manos del maestro pervertido que me acosó y abusó cuando tan solo tenía ocho años, siento el gusto de la comida que menos me gusta, junto con el olor a azufre que me penetraba el olfato. No paraba de ver imágenes, meras alucinaciones. Como no soy supersticiosa sabía que eran macabros recuerdos de mi mente queriéndome hacer pasar un mal momento. Siento que me baja la presión, siento que me pongo pálida, miro mi mano y parecía un papel, empezaba a dar pena, debía parecer un fantasma. Así que trato de mirarme al espejo, pero seguía sin verme. Me desmayo.
Desperté sobre un diván, y un viejo a mi lado, vestido de traje me preguntaba, yo le respondía y le contaba todo. Le contaba todos mis problemas y porque sufría tanto, de que me arrepentía, y por qué a la edad de los diez años quería terminar con mi vida. El señor me dice con una voz rasposa, difónica, bastante grabe, que yo hacía para resolver mis problemas, mis traumas, mis fantasmas del pasado, definir mi propia identidad. Yo le digo que trato de buscar el significado de la vida, pero soy muy joven todavía, pero me paso el día en la cama llorando, las noches sin poder dormir, pensando en mis verdaderos padres desde el cielo observándome, pensando en los que algún día me quisieron pero ya no, en realidad los que me quisieron pero ya no están. El señor con un aspecto decrépito, me dice que pare de lamentarme, que ría al escuchar un buen chiste, que cante todo el tiempo, que baile al escuchar una buena música, de mirarle lo blanco a lo negro, de dejar de ver al mundo como un infierno. Yo le agradecía, rompía a llorar y lo iba a abrazar, pero en el segundo que mi mano un poco ennegrecida por culpa del espejo le iba a tocar, desperté en mi cama. Fui corriendo al baño, vi la tabla partida como de costumbre, y las manchas tan húmedas como siempre. Así que me veo al espejo, y veo mis ojos verdes claros como agua mirándome, pero mi mano negra, como si de un carbón se tratase. Así que fui corriendo a la habitación de mi madrastra, y con el menor ruido posible para que no despierte, tomé un guante de tela blanco, del siglo XVI de mi verdadera madre, me lo coloqué, y desde ese frío y lúgubre lunes, no recuerdo un día en el que le haya permitido a alguien ver mi mano. Ya que me enteré que el psicoanalista se trataba del Diablo, y me maldijo o me bendijo, que quedaba a mi disposición, pero todo aquél que con mi mano tocara quedaría maldito, mas tendría vida eterna. Ya tengo noventa y cinco años, así que yo misma decidí por no vivir más, si en total nunca moriría, creo que esta noche visitaré la casa del sobrino de mi madrastra, que misteriosamente, es el sobrino, de también el maestro que me abusó. A mi madrastra se le dio por ponerle los cuernos a mi muy querido irónicamente padrastro, con el maestro del terror. Y ese sobrino, hoy es mi esposo, el cual ayer vi, poniéndome los cuernos…




Aca terminamos, espero les haya gustado, pueden comentar, seguirme, recomendar y lo que quieran. Espero verlos en otro Wondo-Post de historia de terror, o lo que sea, pero espero volver a verlos Saludos...
wondolor

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