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Micropigmentación: Alfredo Gonzalez

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¿COMO EMPEZÓ TODO ESTO?

Después de leer el panfleto que llegó a casa publicitando la clase de Permanent Make Up que habría en Dallas, me quedé con la boca abierta. Debo confesar que entonces no había Photo Shop, así que no sé como pudieron manipular las fotos, si es que lo hicieron. Lo que si es verdad, es que lo que vi me dejó impactado. Sin exagerar parecía que las modelos habían sido sometidas a un tipo de cirugía plástica.

¿De qué se trata esto?

Leía y releía sin lograr entender nada, aparentemente era un tipo de procedimientos permanentes que servían para maquillar a las señoras de manera definitiva.

¡WOW, la idea me pareció fantástica.

A finales de los ochentas, un grupo de señoras inversionistas, junto con otras que se dedicaban a tatuar el cuerpo, empezaron con una aventura conocida ahora como Micropigmentación. Entonces, esta rimbombante palabra no existía, por consiguiente la nombraron Maquillaje Permanente. Y la bautizaron así ya que nadie sabía entonces que de permanente, la técnica, no tenía nada.

Cuando yo me enteré de esto, fue el 92, entonces mi economía era raquítica y costearme un curso de estos, era prácticamente imposible.

El curso que ofrecían en Dallas debía tomarlo, algo que no puedo explicar con palabras me motivaba a no desistir. Ese folleto me había hipnotizado de algún modo, si había llegado a mis manos, estaba seguro que no era casualidad; y no lo fue.

¿Tendría razón mi madre cuando aseguraba que nada pasaba por casualidad?

El curso costó entonces un aproximado de tres mil dólares.

Sin duda hubo que pedir un préstamo, una cantidad tan grande como esa, a principios de los noventa, sería el equivalente a unos diez mil dólares de ahora. Estaba seguro que recuperaría la inversión y que el adeudo lo liquidaría en menos tiempo del planeado.

Vaya, había que ir hasta Dallas, entonces cuando no podíamos ir a más de 55 millas por hora, era un viaje de casi 12 horas. Por otro lado, no había considerado el hotel, la gasolina y los alimentos.

¡Que decepción!

La clase fue muy mala, un par de mesas mostrando diferentes productos chinos para hacer los procedimientos, algunos pigmentos y muy poca información. Por supuesto que no me atrevería ha hacer lo que vi, jamás había visto tanta sangre, mucho menos mujeres retorciéndose del dolor.

¿Entonces esta vez la casualidad no era para algo positivo?

El camino de regreso se me hizo muy largo, pensaba en lo deshonesto de las personas que había engañado a tantos de nosotros. Solo de ver la cara del resto de los participantes, me enteré que no era el único desilusionado. Llegué a casa cansado del viaje, gastado, sin presupuesto y con un adeudo pendiente.
La máquina ahí estaba, las agujas y unos pigmentos también, por supuesto que no haría nada. Como buen Tauro, nunca tomo riesgos, lo mejor era guardar el aparato bajo llave.

Un tiempo después, mis compañeros de trabajo me invitaron a San Antonio. Habría un congreso de estética, y todos en la escuela de cosmetología en la que trabajé desde 1988, estaba alborotado por ir. Fue ahí donde conocí a Teresa, por ley de correspondencia, ella me dio una clase gratuita y se ofreció ha hacerle los ojos a una de mis compañeras.

¡Gracias Teresa!

Sin duda en 30 minutos, esta diminuta chinita, me enseñó más de lo que pude haber aprendido con lo otros. ¡Y Gratis!

Me temblaban los pies, quería estar de regreso en McAllen, mis dedos hacían ruido, sin duda quería agarrar la máquina.

Berta mi hermana fue la primera víctima, después de todo no quedó tan mal, sobretodo si consideramos que nadie me había dicho que las cejas debían medirse; vaya ni siquiera me dijeron que deberían quedar iguales.

¿Qué?
¿Las cejas deben medirse?

Gracias a Dios que las de mi hermana estaban, por lo menos, bien depiladas, seguir su ceja, no me costó trabajo.

Entonces empezaron a surgir más dudas, no se trataba simplemente de trazar unas cejas comunes y corrientes.

Eso no fue todo, ¿Cómo diablos le picaría los párpados a mi hermanita sin dejarla ciega?

¡Qué horror!

No, no, la máquina debe regresar al baúl de los recuerdos, me dijo esa vocecita que nos habla siempre. Así debe ser Alfredo, continuaba susurrando, recuerda la ley de oro de la ética. Es verdad, no debo hacer a otros, lo que ellos no me harían a mí, me dije.

Dios mío, no puede ser posible que esa máquina ruidosa termine dentro del armario. Ni modo, no existe otra alternativa, es eso o correr el riesgo de arruinar la cara de una persona. Si es verdad que el que mata con bala, muere de bala, seguro algún día quedaré desfigurado de la cara. No quise correr el riesgo.
Mi mente no dejaba de pensar, seguía insistiendo que ese aparato no había llegado a mis manos por mera casualidad.

Mis pensamientos volaron y fueron a juntarse con otras gentes que estaban pensado lo mismo que yo. Así fue que llegaron las inversionistas y las tatuadoras de cuerpo a mi vida.

¿Cómo?
No lo sé, tal vez Rhonda Byrne tiene razón. Las piedras rodando se encuentran, es decir, por ley de atracción.

Desde entonces mi vida cambió.

¿Las Divas de la Micropigmentación junto a mí?

Sí, todas ellas, unas más accesibles que otras, pero todas frente a mí.

¿Qué está pasando?

¿Por qué falta tanta información? Pregunté.

Patty dijo que poco a poco estaban sacando conclusiones. Desdichadamente de los errores hemos estado aprendiendo, replicó. Las otras me miraban con desconfianza, posiblemente cuidando una hermandad considerada impenetrable. Pude notar que ente ellas no existía una amistad verdadera. Seguían juntas pero cada una guardaba un secreto que la otra quería averiguar.

Poco a poco fui sacando información de todas, menos de una, la que hasta ahora jamás me ha reconocido, ni siquiera dirigido la palabra. Tal vez por ser anglosajona y por poseer un doctorado en comunicación, se cree superior a un latinoamericano tan común y corriente como yo. Siempre he dicho que los complejos de inferioridad, provocan la destrucción de los humanos.

Todas las veces que estuve frente a ellas, traté de que mis dudas no parecieran preguntas. Aunque nunca he jugado Poker, a su lado parecía que lo jugaba. Si no enseñaba mis cartas, ellas jamás mostraban las suyas.

Sin duda alguna Patty fue la más elocuente, aunque no puedo dejar de hablar de Mary Jane. El resto hablaba mucho y no decía nada.

Me interesaba interrogar a las dos que poseían las fórmulas de los mejores pigmentos que había entonces en la industria.

“No puede ser que ésa me haya despojado de mis fórmulas, ni siquiera los nombres cambió”, me dijo una de la otra.

Luego me enteré que Susan había sido cosmetóloga, la otra era una de las inversionistas iniciales. O sea, usando mis dotes de Sherlock Holmes, determiné que era verdad lo que una decía de la otra. Sin duda, era más factible que una persona que había trabajado con color, supiera hacer pigmentos. Considerando que no hay verdades absolutas, tampoco podía asegurarlo.

Para mí las divas representaron el Maná, era tanto mi apetito que pude aprender con solo mirarlas a los ojos. Leía sus labios y trataba de ir atando cabos. Había mucho que hacer, así que empecé por usar mi lógica. Obviamente mi razonamiento no despertó hasta después de conocer a las granDiosas. Que la verdad sea dicha y demos al Cesar lo que es del Cesar y a Dios, lo que es de Dios.

Patty, ¿Entonces es verdad que siempre habrá de aplicarse la base opuesta según el sub tono de la persona?

Así es Alfredo, aunque no olvides agregar un poco del matiz natural para equilibrar.
¿Qué? ¿Cómo?

Eso té pasa por no saber preguntar con lógica, me dije:

Espera, no te desesperes Alfredo, recavé. Y fue así que empecé ha analizar lo que la señora me dijo.
Que sabia señora, gracias a ella y su comentario sin sentido para muchos, pude competir con las divas, no obstante me dejaron entrar en su secta considerándome un Divo.

“El único varón acreditado en la industria” Dice la Pavlik en su libro, en donde además de admirarme, me llama El Conquistador.

Vaya, y no se refiere a que sea yo un Play Boy, sino que con mi apariencia, le recordaba a los conquistadores de América. ¿Qué les digo? Cada uno tiene el derecho de pensar de otro lo que le plazca. ¿De que sirve entonces la visualización selectiva?

Independientemente de lo que ella haya pensado, yo me he sentido el conquistador de las divas y las inversionistas (OK, ya dije que de la comunicóloga no).

Sin ser químico de profesión, y aceptando que no fui el mejor estudiante de esta materia, pude crear una exitosa línea de pigmentos mundialmente reconocida.

De medir cejas y técnicas, las divinas no sabían mucho, por lo menos no tenían la metodología para comunicarlo. Tan cierto es lo que digo, que ellas le pedían a la clienta dibujarse la ceja. “Así es más fácil Alfredo”

Quizá me enfoqué tanto a los pigmentos que no pregunté nada al respecto. No tuve otra alternativa que estudiar con los hombres que tatuaban el cuerpo, y fue así cuando conocí a las personas más bizarras que he visto en mi vida. El tatuaje de cuerpo, según lo percibí, es un tipo de cultura. Los que están inmersos en él, viven y piensan diferente a nosotros. Si creyera en extraterrestres, podría asegurar que ellos no son terrícolas. De los tatuadores aprendí mucho en cuanto a técnicas y agujas, pero faltaba algo más.

¿Cómo podría dibujar un par de cejas perfectas?

Consulté libros de maquillaje, de dibujo del rostro, incluso textos que hablaban solamente sobre cómo dar forma correcta a las cejas, estéticamente hablando.

Sin proponérmelo siquiera, conocí a Martha, ella hacía muñecas de trapo. Después de platicar con ella, me dijo que para que los ojitos de las monitas quedaran simétricos, usaba un pie de rey.

¿Pie de Rey?

En mi vida había escuchado eso, de no haber sido el cuento de la princesa con los pies diminutos.
Ella me regaló el primer vernier que tuve en mis manos. Era pequeñito, una cosita de metal dorado que parecía una regla de juguete.

¡Ya tenía la respuesta!

Y así y desde entonces todo mundo empezó a usar el vernier para conseguir cejas perfectas. Pero no era todo, el pie de rey no trabajaría adecuadamente sin una sistemática, y fue así que nació mi método para obtener cejas perfectas, usando matemáticas y geometría.

Haber deseado ser artista toda mi vida, me dio la habilidad para crear y dirigir videos, En mis inicios fui el primer instructor que ofreció clases multimedia, no obstante mis audio visuales permitieron que todo mundo entendiera lo que a mí tanto trabajo me costó.

Puesto que no descansaría hasta quedar totalmente satisfecho, me proclamé escritor. Apareció un gran problema en el panorama, mi ortografía y redacción eran pésimas. Afortunadamente apareció Etoré, un ensayista de novelas eróticas, el que con paciencia y algunas críticas, me reenseño el español. Sin duda ahora estoy totalmente de acuerdo con Camilo Cruz quien dijo que nada pasa por pasar.

Todo es un plan perfecto.

De profesor de cosmetología, me convertí en una personalidad en la industria de la Micropigmentación. Viajé por todo el mundo enseñando el sistema que luego registré con el nombre de Sistema AG. Luego, cuando los años empezaron a calar y mis piernas pidieron clemencia, decidí estacionarme, siendo la Ciudad de México la elegida para seguir enseñando mi pasión. Ahora que tengo tiempo para pensar, soñar y escribir, me he puesto a grabar con mis dedos sobre hojas de papel, mi gran experiencia como Ser humano. No tengo duda que los años hicieron que me enamorara de la vida. Me falta mucho por aportar, quiero dormirme y dejar un legado que no se refiera solamente al tatuaje del rostro. Cuando parta deseo que me recuerden por haber despertado inquietud por vivir en muchos de ustedes.

Alfredo

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