"Ell arte de hacer el ridículo" Gil Henao

El otro dia estaba en mi cama recostado meditado escuche por la radio un poema, el cual me llamo tanto la atencion las palabras y el mensaje! Que me puse a investigar y descubri maravilloso y magico de estas simples y ridiculas palabras.


link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=GtuwHjlY2Hs

Vivir el Amor


Las cartas de amor, mi amor,
Son en el fondo, ridículas,
Las cartas de amor, cuando hay amor,
Son siempre ridículas.
Porque los que se aman, si en verdad se aman,
Dicen y escriben cosas ridículas,
Porque el amor, el amor verdadero,
Te hace pensar en forma ridícula
Y te convierte finalmente en una persona ridícula
Pero ¿Quién alguna vez no ha sido ridículo?
Quién no ha dicho te amo, te adoro, mi cielo, mi sol
Y ha suplicado hasta el ridículo.

Plebeyo, o señor, sabio o bruto, en cuestiones de amor son todos ridículos
Sólo los que nunca han amado, los que nunca han creído
Se han salvado de gestos ridículos,
Los que por miedo al ridículo dicen que el amor es algo ridículo
Y viven así en su mundo ridículo,
Todos juntos, sin ningún amor,
Atrapados entre objetos y proyectos ridículos, hablando de sus triunfos ridículos
Haciendo discursos ridículos, comportándose de un modo ridículo
Vanagloriándose de su machismo ridículo
Ridiculizando el amor con argumentos ridículos.
Pero el amor es sabio no es tonto,
Nunca anida en pensamientos ridículos,
Vuela por sobre sus ideales ridículos
Y se posa únicamente en corazones ridículos
Como el tuyo y el mío, que no se cansan nunca de hacer el ridículo.



Gil Henao me definiría "el arte de hacer el ridículo" como "el arte de vivir sin propósitos, el hacer por el hacer. Es vivir por vivir, no esperar jamás nada de nada, ni de nadie. Es vivir enamorado, vivir en el amor y para el amor. Hacer el ridículo es vivir cada instante como si fuera el último. Es ver en cada cosa la manifestación de la voluntad divina. Es vivir el amor como una experiencia auténticamente liberadora. En definitiva, hacer el ridículo es vivir la experiencia de la aniquilación del ego. Se trata de un arte sólo para personas valientes y atrevidas porque es un atrevimiento en el medio en el que uno se mueve".
"Se trata -añadiría- de observar nuestros miedos y reírnos de ellos. De mirar nuestros aparentes fracasos y burlarnos. De mirar nuestros pensamientos obsesivos y entonarles un canto. De mirar nuestras indecisiones y cantarlas un poema de amor desbordado. De mirar nuestras tristezas y llorarles una canción enamorada. De reírnos de la vida, de nosotros mismos, de lo que creemos que somos, de nuestras propias trampas y de nuestras miserias".
En definitiva, este joven médico -¿ciego?- y cirujano -del alma- nos ofrece una visión distinta de la vida y nos exhorta a brindarle nuestra risa al universo y a atrevernos a vivir el mayor ridículo posible, a abandonarnos: "¡Déjate vivir la locura del amor que todo lo cura! ¿O no te parece muy ridícula la expresión de un ser enamorado, con los ojos volados y la baba escurridiza de idiota? Amar es la mayor ridiculez. No esperas nada. No reclamas nada. No exiges nada. Sólo sabes que amas y el resto no te importa. En nuestra cultura legalista y racionalista el amor no existe; sólo se vive en la querencia: te quiero para mí, sólo vivo para ti, no te vayas, quédate..."



Jorge Gil Henao acababa de terminar su carrera de médico cirujano cuando se quedó completamente ciego. Tal circunstancia cambió por completo su vida y provocó en él una transformación interior que le llevó a estudiar Medicina Bioenergética y Medicina Tradicional China y a interesarse por la curación chamánica. Imposibilitado para ejercer la medicina tal y como le había sido enseñada, buscó otras formas de practicarla y, hoy, este médico invidente se dedica a enseñar a ver con otros ojos a la gente y a tratar con sorprendente éxito numerosas patologías mentales mediante una terapia que él mismo llama "el arte de hacer el ridículo".

"Quedarme ciego fue comenzar a ver al plantearme cómo latía en mi corazón un anhelo incesante por la sanación y la auto-sanación. No pretendía recuperar mi vista sino que me inquietaba saber cómo adaptarme a esa nueva modalidad de existencia que la vida me ofrecía. Descubrí entonces que estar sano es vivir en el 'así viene, así conviene´".
Quien así se expresaba ante mí es el doctor Jorge Alonso Gil Henao, un hombre cuya primera intención vital fue consagrarse al sacerdocio misionero pero al que la propia vida acabó convirtiendo en médico cirujano, especialidad en la que se graduaría en 1988 por la Universidad de Antioquía.
Unos cinco años antes de obtener el título de médico le fue diagnosticado un glaucoma bilateral congénito que le hizo perder la visión paulatinamente. De hecho, en el momento de su graduación sólo veía sombras y seis meses después, con tan sólo 30 años, la ceguera ya era total.
Sin embargo, aquel período de shock por la ceguera, la angustia y el dolor que se supone causan tal pérdida permitieron a nuestro interlocutor descubrir -según sus propias palabras- que "toda pérdida puede convertirse en una ganancia". Al menos, este hombre nos diría que "comenzó a ganar sensibilidad y visión con las manos" y a percibir cómo la vida le iba "introduciendo en el camino de la polaridad y la sanación espiritual". Y así, superando los límites que le imponía su ceguera, se dedicó a investigar por su cuenta todo tema relacionado con las energías, el aura humana, el cosmos y el sentido universal de la existencia adentrándose en otras realidades a través del mundo del chamanismo.

CIMENTANDO UNA FILOSOFÍA
Hoy, este incansable buscador de una forma alternativa de ejercer su profesión no duda en asegurar que el ser humano enferma "porque se mueve en lo rígido, lo dogmático, lo esquemático. Piensa que el mundo sólo puede ser como él quiere que sea y no se ha dado cuenta de que la vida nunca es como él quiere sino como debe ser. Por eso en mis talleres, por ejemplo, intento rescatar el sentido del humor ya que quien no tiene sentido del humor, como mínimo tendrá un tumor. Se trata, simplemente, de descubrir que nuestro paso por este planeta es una gozada y lo menos que podemos hacer es recorrerlo cantando, danzando y gozando. Si la humanidad está enferma es porque vive en un eterno combate, porque convierte la vida en una acción reaccionaria, porque siempre está 'luchando' por mejorar algo. Si se quiere estar sano no hay que ofrecer resistencia a la vida, hay que reírse y comenzar a burlarse de uno mismo".
A pesar de su ceguera, Gil Henao viajaría por muchos y distintos países desde su Colombia natal hasta la India, pasando por Europa. Periplo en el que tuvo la oportunidad de conocer diferentes estilos de vida y pensamiento, de aprender y desaprender con todo tipo de gurus, maestros y chamanes. Y sería en tales ires y venires cuando aparecería en su vida la Escuela Neijin, una escuela de Medicina Tradicional China orientada básicamente en los principios del humanismo sanador. Cautivado, iniciaría entonces el camino para ir "fundamentando mi labor y ampliando mis conceptos, buscando y rebuscando qué hay de universal en el ser humano".

APRENDIENDO A MANEJAR LA ENERGÍA
Aquel rico bagaje de conocimientos le terminaría llevando a desarrollar su actividad sanadora manejando energías en su consulta privada. Paralelamente, desde hace ya once años imparte cursos-taller con una orientación clara: "La toma de conciencia de que la humanidad entera vive un proceso de dolor, sufrimiento, enfermedad y muerte porque se toma la vida demasiado en serio y cree que permanentemente está siendo castigada, lo que le hace experimentarse a sí misma en un inaguantable valle de lágrimas. Se vive en la curiosa y absurda creencia de que desde que se nace uno es culpable y pecador".
Gil Henao entiende a los seres humanos como "espíritus que viven una experiencia humana transitoria". Y afirma que buena parte de nuestra angustia surge porque siempre tratamos de controlar cualquier cosa que "poseemos" (ideas, pensamientos, creencias, propiedades...). "El día en que aprendamos a no poseer nada y a no querer controlar nada -asevera-, despertaremos a la conciencia de que todo nos pertenece. El pobre de espíritu no es el pobre de dinero. El pobre de espíritu es el desposeído, el andariego, el peregrino de la existencia, el mendigo de amor".

EL ARTE DE HACER EL RIDÍCULO
En octubre de 1998 Gil Henao participaría en el VII Congreso de la Sociedad Hispanoamericana de Acupuntura Beijing presentando un singular trabajo: "El arte de hacer el ridículo a través de la irracionalidad y la inconsciencia, como propuesta sanadora". Un estudio -sustentado en 7 años de experiencia- con el que quiso transmitir la idea de que hay una posibilidad de existencia que va más allá de considerar la estancia en este planeta como un valle de lágrimas. "El paraíso -dice- está aquí y es posible vivirlo. Tan sólo se precisa un pequeño cambio de actitud mental frente a la vida". Y añade que es verdad que habitamos en un planeta que nos hemos encargado de llenar de envidias, odios, rencores, violencia y poder... pero defiende que no podemos quedarnos atrapados en esa visión.
Su propuesta es la de aprender a burlarnos de todo eso que se considera tan "serio"; algo que debemos iniciar aprendiendo a reírnos de nosotros mismos. "Debemos burlamos del dolor y del sufrimiento -dice- porque no estamos diseñados para sufrir y sólo es una vía de liberación del espíritu. Del miedo, porque es un fantasma y nos permite descubrirnos en nuestra falta de fe. De las envidias, los rencores y la violencia porque nos muestran nuestro afán de poder. De los códigos y esquemas de la sociedad de turno porque nos descubrimos atrapados y esclavizados en ellos. ¿Y cómo no burlarse de uno mismo? Gritamos constantemente que hemos progresado en la civilización y que nos hemos liberado de los grilletes y las cadenas de otros tiempos pero ahora esos grilletes y cadenas son más sutiles y la esclavitud a determinados hábitos y costumbres es peor".
"En mis cursos-taller -añade- nos buscamos, nos encontramos y nos definimos en el amor. Comenzamos con una actividad referida al cuerpo para reconocerlo y amarlo como el instrumento útil en ese camino hacia la fe y la oración. Hacemos gimnasia, estiramiento y continuamos con una técnica llamada Do-inn, un automasaje orientado a movilizar la energía de los cinco sentidos masajeando los diferentes recorridos de los canales o meridianos de acupuntura. Hacemos también danza, meditación y oración. Todo para vivir y experimentar el carácter unitario de la existencia. Contemplar la vida desde esta óptica te hace saltar a la vivencia de lo ridículo y lo burlesco porque, inevitablemente, todos te dirán que estás loco; y cuando te lo digan, debes tener la seguridad de que vas por buen camino".
En este punto de la entrevista pregunté al doctor Gil Henao cómo es posible vivir eso en el mundo de hoy, en el mundo del "tanto tienes, tanto vales", en un mundo que justifica todo a través de su legalidad y en el que, a través de la racionalidad, siempre hay un porqué para todo. Su respuesta fue rotunda: "Cuando propongo hacer el ridículo estoy invitando a saltar las normas, a romper estructuras, códigos de comportamiento y hábitos morales. Hacer el ridículo va más allá de tener buen humor. Hacer el ridículo es, por ejemplo, reírse en un velatorio porque se comparte la alegría del muerto en su peregrinar hacia otra existencia. Hacer el ridículo es asistir a una fiesta elegante con las manos vacías, preguntar por el anfitrión, hacerle sentar en el centro de la sala y regalarle un poema en su honor".

VIVIR EN EL AMOR
Gil Henao me definiría "el arte de hacer el ridículo" como "el arte de vivir sin propósitos, el hacer por el hacer. Es vivir por vivir, no esperar jamás nada de nada, ni de nadie. Es vivir enamorado, vivir en el amor y para el amor. Hacer el ridículo es vivir cada instante como si fuera el último. Es ver en cada cosa la manifestación de la voluntad divina. Es vivir el amor como una experiencia auténticamente liberadora. En definitiva, hacer el ridículo es vivir la experiencia de la aniquilación del ego. Se trata de un arte sólo para personas valientes y atrevidas porque es un atrevimiento en el medio en el que uno se mueve".
"Se trata -añadiría- de observar nuestros miedos y reírnos de ellos. De mirar nuestros aparentes fracasos y burlarnos. De mirar nuestros pensamientos obsesivos y entonarles un canto. De mirar nuestras indecisiones y cantarlas un poema de amor desbordado. De mirar nuestras tristezas y llorarles una canción enamorada. De reírnos de la vida, de nosotros mismos, de lo que creemos que somos, de nuestras propias trampas y de nuestras miserias".
En definitiva, este joven médico -¿ciego?- y cirujano -del alma- nos ofrece una visión distinta de la vida y nos exhorta a brindarle nuestra risa al universo y a atrevernos a vivir el mayor ridículo posible, a abandonarnos: "¡Déjate vivir la locura del amor que todo lo cura! ¿O no te parece muy ridícula la expresión de un ser enamorado, con los ojos volados y la baba escurridiza de idiota? Amar es la mayor ridiculez. No esperas nada. No reclamas nada. No exiges nada. Sólo sabes que amas y el resto no te importa. En nuestra cultura legalista y racionalista el amor no existe; sólo se vive en la querencia: te quiero para mí, sólo vivo para ti, no te vayas, quédate..."
Quise saber que tipos de pacientes acudían a sus consultas y se lo pregunté directamente: "Bueno, paciente es aquel que está llamado a sentirse en paz y, como todos pretendemos eso, cualquier ser humano puede ser atendido. Incluso aquellos que dicen estar sanos independientemente de si tienen o no síntomas de enfermedad. No hay necesariamente que estar 'enfermo' para recibir una sesión terapéutica".
Entendía a Jorge pero necesitaba saber qué técnicas o métodos terapéuticos utiliza en sus consultas. "Trabajo la sanación en el sentido chamánico y utilizo mucho el sonido de los tambores, las flautas, las palmas, la danza y el canto -me respondió-. Con ello busco fundamentalmente equilibrar los campos energéticos del paciente puesto que las enfermedades suelen ser causa de la despolarización energética del ser humano. Salvo eso, no utilizo ningún aparato, instrumento o aditamento distinto de los que estamos acostumbrados a ver en la medicina tecnológica."
"En este tipo de sanación -me respondería cuando le pregunté por los resultados- no se pueden mostrar estadísticas. Para ello existen otras áreas dentro del vasto campo de las especialidades médicas. Sí contamos con muchos testimonios, unos a favor y otros en contra. Por mi parte, creo que en la sanación espiritual cualquier resultado es inesperado y que no se trabaja buscando la aprobación de nadie: se busca aprender a vivir como Dios manda, que es el acto más sublime de la sanación. Se trata de ampliar los estados de conciencia y llevar al paciente a vivir el sentido chamánico de la existencia haciéndole tomar conciencia de que él es un brasero de la luz y brasa en el sentido de viajero de la luz que viaja en el sentido del retorno."
Insistí en mi pregunta porque sabía que tenía resultados sorprendentes con esa técnica tan sencilla y, sonriente, se limitó a añadir: "En estas sesiones terapéuticas se vive el camino de lo siempre posible. Cualquier posibilidad es probable. Lo que más me ha sorprendido es ver pacientes a punto de morir, en cuidados intensivos, que después de una sola sesión se recuperan como si nada les estuviera pasando. Y también pacientes a los que les cuesta vivir el proceso de la muerte y a los que, después de una sesión, se les rompen los apegos y se atreven a desencarnar en paz."
Pensé en ese momento en la enorme diferencia que existe entre el tratamiento integral que aplica Jorge y el especializado de nuestra moderna medicina que trata a los pacientes como si sus órganos no formaran parte de un todo y no fueran mucho más que un cuerpo. Le comenté que su forma de entender la medicina estaba más cercano al concepto de lo que se conoce como medicina alternativa. "Ver a los pacientes de una manera holística -me respondió- no corresponde a la medicina que algunos llaman, pienso que no muy acertadamente, 'alternativa' sino a una medicina integral. Porque es obvio que somos más que una cabeza que duele o un dolor que limita. Como médicos debemos ser acompañantes solidarios en ese recorrido por el tiempo útil del enfermar que está haciendo el paciente porque lo que llamamos enfermedad también nos ayuda a encontrar el camino propio.
Además, el cuerpo físico, el mental, el emocional y el espiritual son, aquí y ahora, una sola cosa. Y no es acertado hablar de enfermedades físicas y de enfermedades mentales por separado. Así pues, mi manera de enfocar la intervención terapéutica responde a un paradigma unitario de la existencia y a una manera integral de concebir la manifestación de la vida de cada ser. Cuando esto se comprende así y se actúa en consecuencia entonces se nos ofrecen múltiples recursos antes no tenidos en cuenta o desestimados."
Para concluir nuestra conversación le pregunté si quería añadir algún comentario o reflexión y no dudó en mencionar unas palabras de los sufíes, esos "locos ebrios de Dios": "Vende tu inteligencia y compra la admiración por Dios. Renuncia a cuanto venga de la razón pues ahora hemos llegado al tiempo de la locura y la locura de Dios es mejor que la razón de los hombres".
Me despedí de Jorge diciéndole "a-Dios"... porque cuando le decimos eso a alguien le dirigimos hacia lo más insondable de sí mismo. Pues bien, amigo lector: vuelve a tu esencia, a tu hacer, a tu locura de amor por la vida.

Fuente
http://www.dsalud.com/numero27_2.htm

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9 comentarios - "Ell arte de hacer el ridículo" Gil Henao

@capsuleboy -2
Alguna chica de Salta capital que quiera novio, me manda mp porfa (mas de 25 años preferentemente)
@Music_Asesor
Porque el amor, el amor verdadero, Te hace pensar en forma ridícula Y te convierte finalmente en una persona ridícula Pero ¿Quién alguna vez no ha sido ridículo? Quién no ha dicho te amo, te adoro, mi cielo, mi sol Y ha suplicado hasta el ridículo.

ES verdad... además de ridículo es MUY cursi.
@Bravoncho
pinta lindo dps lo leo +10 pk me voy