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Leyes que rigen el dinero por: Cash luna [Cristiano]

Dios es el proveedor de las riquezas, el gozo y la paz. Trabaja en Su Reino para que todo lo demás te sea añadido.


La primera vez que Jesús habló del Reino, se refirió a éste como un negocio al decir: “En los negocios de Mi Padre me conviene estar”. La palabra “negocio” se refiere a lo que nos dedicamos y no necesariamente tiene una connotación económica. Sin embargo, tanto en el Reino de Dios como en las empresas debemos concentrarnos en tener ganancias.

El oro y la plata no son malos, de hecho Jesús alaba a las personas que obtiene riquezas trabajando con esfuerzo cuando dice: “Si buscas la Palabra como a las riquezas…”. Esto significa que hay una pasión por las riquezas que debería ser igual para la búsqueda del Señor.

Las empresas, igual que las iglesias deben administrarse con sabiduría y pensando siempre en beneficiar a otros, sean empleados o clientes. Busca siempre ser de bendición. El Señor ha sido bueno con Casa de Dios y algunos pastores me dicen que es porque somos prudentes con el manejo del dinero. Hemos buscado hacer las cosas con excelencia pero sin despilfarro, sino con austeridad. En las empresas y familias necesitamos ese espíritu de buena administración financiera para saber invertir y no gastar todo lo que se recibe porque la buena actitud ante el dinero atrae bendición.

Otra cuestión importante es tener una conciencia que nos permita prosperar porque muchas veces somos nosotros quienes limitamos nuestro potencial al creernos indignos de crecer económicamente. Debemos tener una conciencia abierta a recibir lo bueno, así como la tenemos para no pecar y amar a Dios. Aprende a recibir del producto de tu esfuerzo, no te limites y siempre piensa en grande porque lo mereces si trabajas arduamente y honras al Señor. He visto mucha gente prosperar que se siente mal por tener tanta bendición y eso no es bueno. Aprende a cosechar lo que has sembrado, guíate por las leyes que atraen la riqueza.

La ley de la expectativa

Génesis 39: 3 asegura: Y vio su amo que Jehová estaba con él, y que todo lo que él hacía, Jehová lo hacía prosperar en su mano. Dame las manos de José que todo lo que caiga en mis manos prospere.

José prosperaba en todo lo que hacía y era evidente. Debemos ser como él que aprovechaba la ley de la expectativa y tenía confianza en sus habilidades, por eso, era exitoso en lo que emprendía. No era negativo en su pensamiento, al contrario, pensaba positivamente y atraía la bendición. El Espíritu de Dios quiere que prosperemos en todo lo que hagamos, dejemos el afán y la ansiedad que son enemigas del éxito. Atrae siempre lo bueno con tu actitud positiva y optimista. No inicies un negocio con desconfianza, pensando que fracasará.

Recuerda que el Salmo 23: 1-6 nos dice que Jehová es nuestro Pastor y nada nos faltará, en delicados pastos y junto a aguas de reposo nos hará descansar porque Su bien y misericordia nos seguirán todos los días. Entonces, establece al Señor como el administrador de tu negocio y respeta Sus valores como en todas las áreas de tu vida. ¡Yuju! La prosperidad no es cuestión de suerte sino de trabajar de acuerdo a Sus preceptos.

Debes ser como alguien con “síndrome de persecución positiva” o “paranoia invertida”, es decir, esperando siempre lo bueno y desechando lo malo. Cada día al levantarte proclama: “Hoy sé que me sucederán cosas excelentes.” No te detengas mucho en leer las malas noticias de los periódicos porque te llenarás de desconfianza y solamente tú eres responsable de alimentar tu mente con buenas noticias.

Asegura a todos: “sé que a Dios le gusta bendecirme”. No importa que te llamen “creído” porque lo eres, tienes fe, crees que tu Padre desea bendecirte. Lo importante es no ser engreído y altivo y esperar lo mejor, no sólo para ti, sino para todos. La gracia y el favor de Dios está contigo. Abre tu negocio creyendo que prosperará porque aún dormido, la bendición alcanza al justo.

La ley del magnetismo

Hageo 2:8 proclama: Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos.

Isaías 55:5 profetiza: He aquí, llamarás a gente que no conociste, y gentes que no te conocieron correrán a ti, por causa de Jehová tu Dios, y del Santo de Israel que te ha honrado.

La enseñanza que descubrimos en estos dos pasajes es poderosa. Dios, dueño del oro y la plata, es la causa de que te sigan porque atrae magnéticamente lo que le pertenece. Entonces, al estar lleno del Señor, al levantarlo como tu prioridad, recibirás lo que es Suyo. Así que Él te da el poder de hacer las riquezas porque activa un magnetismo que atrae todo lo bueno.

Lo que debemos hacer es honrarle y hacerlo crecer dentro de cada uno para que atraiga a tus manos lo que le pertenece. Si ves la empresa como tuya, estás utilizando a Dios para levantarte, pero si le entregas esa empresa y la utilizas para levantar Su nombre y Su Reino, Él vivirá allí y atraerá lo que le pertenece, es decir, el oro y la plata. Dios es quien le da favor a la empresa que has creado para Su honra.

Siendo Pastor me interesa que las almas se salven y lleguen a Cristo. Tu empresa debe interesarse por lo mismo. Asóciala al Reino para que esté al servicio del Rey que atraerá todo lo bueno y santo. Es como si fueras un banco que administra los bienes del Señor. Lo que recibes es de Dios que habita en ti, por eso, los bienes pasan por tus manos porque trabajas para el dueño del oro y la plata. Somos una inversión de Dios.

Dios es quien provee salud, paz, gozo y riqueza
Mateo 6: 24-25 advierte: Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?

La riqueza es un buen sirviente y pésimo amo. Dale la dimensión que tiene y no la aprecies más que al Señor quien te la da, así como te da la paz, el gozo y la salud. El afán se origina al otorgarle a la riqueza el poder de darte o quitarte la paz. El dinero es otro regalo de Dios que puede atraerlo y ponerlo a tu servicio si demuestras que vives y trabajas para levantar Su reino.

Mateo 6:33 continúa explicando: Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

El verso no dice “buscad a Dios”, dice “buscad Su Reino” que no es lo mismo. Hay quienes le buscan a Él pero dejan de lado Sus intereses y se afanan en los propios. Entonces, su trabajo no está al servicio de Dios sino de la propia supervivencia y eso no es vivir por fe.

La clave es que tu empresa busque el reino de Dios, no el tuyo. Un día, el Señor me preguntó: “¿Sabes porqué estás vivo?” Y le respondí: “Dime Tú la razón”. A lo que me dijo: “Estás vivo porque otros aún están muertos y tu responsabilidad es ofrecerles la vida que Yo doy”. Estamos vivos porque debemos trabajar para darle vida a los que aún no la tienen. Si nuestro destino fuera salvarnos, moriríamos en el instante que aceptamos a Cristo como nuestro Salvador, pero nuestra vida se justifica por el trabajo que debemos hacer a favor de la expansión del Reino de Dios.

Durante tu vida puedes hacer muchas cosas buenas, prosperar, estudiar, casarte, tener hijos, pero lo principal es trabajar por darle vida a otros que están muertos en sus delitos y pecados. Cuando el Señor me dijo eso, comprendí cómo funciona Su Reino y descubrí que no vivimos para que nos bendiga sino para poner a Su disposición lo que nos regala para hacer crecer Su heredad. Desde esta perspectiva, tiene sentido la Escritura que nos manda no afanarnos por nada, ya que si vivimos para Cristo, ¡nada nos faltará porque lo Suyo es nuestro!

Dios te dará galardones por trabajar en Su obra, no por hacerle buena publicidad al producto que vendes. Hay muchas empresas que ya lo comprendieron. Por ejemplo Jugos Welch, iniciativa de un joven que deseaba ser misionero pero no lo logró, entonces, dedicó las ganancias de su empresa a sostener el trabajo de muchos misioneros que trabajan por la expansión del Reino. Lo mismo sucede con la cadena de restaurantes Chick-fill-A que está entregada al Señor y es una de las más grandes del mundo.

La palabra “añadido” significa “adherido”, es decir, atraído como un imán. Aquel que busca el Reino tiene magnetismo para que todas las cosas sean adheridas y la bendición lo siga sin descanso.

El magnetismo que te atrae a trabajar por el Reino será el mismo que atraerá las riquezas a tu empresa. Si éste es tan grande que te llama a servirle, proveerle y sembrar en él, de la misma dimensión será para prosperarte y bendecirte. Recuerda que trabajamos para el Señor que es un jefe exigente y ambicioso. ¡Quiere el mundo entero para Él!

Personalmente, renuncié a mis sueños por trabajar para el Reino de Dios. Haz tú lo mismo y verás que Su magnetismo atraerá el éxito y la riqueza que le pertenecen. No podemos decir que deseamos una iglesia pequeña cuando hay tanta gente por alcanzar. Dios tiene planes maravillosos que alcanzarán con bendición a quienes se asocien a Su empresa y trabajen junto a Él.

Nuestro compromiso es con el Señor que nos da los recursos para extender la obra. En la iglesia nos movemos por fe, confiando que al ejecutar Sus órdenes, Él atraerá a personas que se comprometan y formen parte de esta gran empresa en Su nombre.

No le atribuyas al dinero lo que no le corresponde. Éste no te da paz ni gozo. Duerme tranquilo si tienes a Dios en tu corazón y trabajas en Su Obra. Vivamos felices en lo mucho como en lo poco, siempre confiando en Su amor. Las riquezas, como la salud y la paz son un recurso que Dios te envía y debes aprovecharlas para alcanzar a otros.

Cuando regreso a casa luego de un extenuante día de trabajo, me pongo una pijama de los tres chiflados porque debo recordar que la vida no hay que tomársela tan en serio. Un día creí que moriría con tantos problemas, pero seguimos adelante. Lo que estás viviendo, por duro que sea, pasará si confías en el Señor que tiene el control. Di: “En paz me acostaré y así mismo dormiré porque Dios me hace dormir confiado”. Imita a Pablo que proclamaba: “Sé tener hambre y estar saciado, sé tener escasez y abundancia, todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.

Pedro dijo que echáramos toda ansiedad sobre el Señor que nos levantará cuando sea tiempo. El afán está relacionado con el concepto que tenemos del dinero y Dios. Así como la ansiedad está ligada al concepto que tenemos del tiempo. Nos llenamos de ansiedad cuando queremos todo rápidamente. Dile al Señor que confías en que te levantará cuando sea tiempo, mientras tanto, trabajarás, dormirás en paz y vivirás confiado.

No te aferres a lo material porque al morir nada te llevarás. Disfruta lo que puedas adquirir pero no olvides que lo importante es buscar al Señor y trabajar en la expansión de Su Reino. No permitas que las riquezas o la falta de ellas te roben la paz que Dios desea darte. Aprende a identificar lo importante y vive feliz.

Si descansas en el Señor, las riquezas vendrán, pero si te afanas por conseguirlas, huirán de tus manos porque les das un lugar que no les corresponde. Tu empresa debe servir para atraer a muchos a los pies de Cristo. Cree que puedes tener riquezas para Dios. La ley del magnetismo es verdadera y trabajará en tu favor. Es tiempo de entregarle tu negocio al Reino para que fructifique, sea bendecido y protegido. Pídele al Señor sabiduría para administrar y generar utilidades, así como un corazón sano para soportar las riquezas.

Levanta a Dios en la empresa que has formado para que Él atraiga magnéticamente lo que le pertenece: el gozo, la riqueza y la paz.

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