Cartógrafos, arquitectos, ingenieros mecánicos, diseñadores industriales y astrónomos, por poner sólo unos cuantos ejemplos, hacen uso a diario de los conocimientos que como sociedad nos han proporcionado las matemáticas, y más concretamente la geometría, para desarrollar sus carreras profesionales y resolver los retos que les plantean los proyectos a los que se deben enfrentar en sus empresas, laboratorios o universidades. Es algo tan obvio que todos lo damos por descontado.

Lo que en cambio pasamos por alto la mayoría, y me incluyo el primero en este grupo, es que en la Naturaleza podemos encontrar formas geométricas realmente complejas, incluso en aquellos animales o plantas que en apariencia percibimos como más simples. Convivimos con ellos, los hemos visto cientos, miles de veces, pero desconocemos los maravillosos procesos evolutivos que han dado lugar a su morfología.

Sin ir más lejos, las conchas de los nautilos tienen una estructura muy similar a la de una espiral logarítmica generada con la sucesión de Fibonacci o la proporción áurea; de igual manera, la disposición de las pipas de un girasol también coincide con la espiral de Fibonacci; asimismo, en las alas de insectos como las libélulas podemos encontrar construcciones geométricas que suponen un ejemplo práctico de la teoría apuntada en los polígonos de Thiessen y la triangulación de Delaunay.

Estos 3 casos que os acabo de explicar aparecen expuestos en el siguiente vídeo que ha confeccionado el diseñador e infografista 3D Cristóbal Vila. Tanto las imágenes como la música son simple y llanamente fantásticas




fuente: abadiadigital.com