UN RANCHO Y UN LUCERO


Poemas Salvadoreños de Siempre
Un día - !primero Dios!-

has de quererme un poquito.

Yo levantaré el ranchito

en que vivamos los dos.

¿Qué más pedir? Con tu amor,

mi rancho, un árbol, un perro,

y enfrente el cielo y el cerro

y el cafetalito en flor...

Y entre aroma de saucos,

un zenzontle que cantará

y una poza que copiará

pajaritos y bejucos.

Lo que los pobres queremos,

lo que los pobres amamos,

eso que tanto adoramos

porque es lo que no tenemos...

Con sólo eso, vida mía;

con sólo eso:

con mi verso, con tu beso,

lo demás nos sobraría...

Porque no hay nada mejor

que un monte, un rancho, un lucero,

cuando se tiene un "Te quiero"

y huele a sendas en flor...



ASCENCIÓN

Ascencion


¡Dos alas!... ¿Quién tuviera dos alas para el vuelo?

Esta tarde, en la cumbre, casi las he tenido.

Desde aquí veo el mar, tan azul, tan dormido,

que si no fuera un mar, ¡Bien sería otro cielo!...

Cumbres, divinas cumbres, excelsos miradores...

¡Que pequeños los hombres! No llegan los rumores

de allá abajo, del cieno; ni el grito horripilante

con que aulla el deseo, ni el clamor desbordante

de las malas pasiones... Lo rastrero no sube:

ésta cumbre es el reino del pájaro y la nube...

Aquí he visto una cosa muy dulce y extraña,

como es la de haber visto llorando una montaña...

el agua brota lenta, y en su remanso brilla la luz;

un ternerito viene, y luego se arrodilla

al borde del estanque, y al doblar la testuz,

por beber agua limpia, bebe agua y bebe luz...

Y luego se oye un ruido por lomas y floresta,

como si una tormenta rodara por la cuesta:

animales que vienen con una fiebre extraña

a beberse las lágrimas que llora la montaña.

Va llegando la noche. Ya no se mira el mar.

Y que asco y que tristeza comenzar a bajar...

(¡Quién tuviera dos alas, dos alas para un vuelo!

Esta tarde, en la cumbre, casi las he tenido,

con el loco deseo de haberlas extendido

¡Sobre aquél mar dormido que parecía un cielo!)

Un río entre verdores se pierde a mis espaldas,

como un hilo de plata que enhebrara esmeraldas...




EL NIDO



Es porque un pajarito de la montaña ha hecho,
en el hueco de un árbol, su nido matinal,
que el árbol amanece con música en el pecho,
como que si tuviera corazón musical.

Si el dulce pajarito por entre el hueco asoma,
para beber rocío, para beber aroma,
el árbol de la sierra me da la sensación
de que se le ha salido, cantando, el corazón.