Se utiliza el término de reverberación mientras las reflexiones sonoras se perciben como parte integrante del sonido, o sea, cuando se oyen como un alargamiento que está pegado al sonido inicial. Este fenómeno perceptivo se produce cuando el tiempo hasta la primera reflexión oscila entre los 10 y los 40 milisegundos, o lo que es lo mismo, cuando la distancia a la que se encuentra la primera pared reflectante está a menos de 17 metros del punto de emisión y audición. En esta situación, nuestro sistema auditivo, siguiendo el principio de la regularidad nos hace percibir el sonido inicial y sus reflexiones unidos como una misma forma sonora.
Por otra parte hablamos de eco cuando las reflexiones sonoras ya no son percibidas como un alargamiento, sino como repeticiones claramente separadas de la forma sonora originaria, es decir, como formas sonoras distintas. Esta percepción se produce cuando el tiempo hasta la primera reflexión supera los 50 milisegundos, es decir, cuando la primera pared que refleja el sonido está a más de 17 metros del lugar de emisión y audición.

Finalmente comentar que si mediante el tratamiento adecuado de la intensidad de dos entes acústicos (dos personas) estoy explicando la distancia que hay entre ellos, y a la vez, entre ellos y el oyente, es decir, estoy construyendo un claro y concreto efecto de profundidad; al añadir un efecto sonoro de reflexión con un retardo importante, estoy creando unas paredes que el oyente percibe como muy alejadas de los personajes. Así, el volumen espacial percibido globalmente por el receptor será el resultado de articular la distancia entre los dos personajes, y entre ellos y el oyente; con la distancia de los personajes hasta los muros que reflejan su voz, que depende del tiempo de reverberación.
A esta construcción es posible añadir el efecto direccional que es posible generar mediante la estereofonía (diferencias de intensidad entre ambos oídos) y el efecto de dureza de las paredes que es posible inducir perceptivamente mediante el control de la impresión espectral. El resultado es una construcción espacial considerablemente precisa y muy compleja. En suma, uniendo todas estas posibilidades de reconstrucción de la acústica del volumen espacial, disponemos de una gran capacidad para la narración del espacio sonoro. Es decir, para la construcción de volúmenes espaciales virtuales que se pueden aproximar con extraordinaria exactitud a como sonarían estos mismos espacios en la realidad referencial.

Bibliografía:
Rodríguez, Ángel; "La dimensión sonora del lenguaje audiovisual"