Introducción
Si bien siempre estudiamos a Manuel Belgrano como el Creador de la Bandera nacional y uno de los más importantes jefes del Ejército patrio, él tuvo un rol muy importante en el establecimiento de las primeras instituciones educativas y culturales del país.
Belgrano nació el 3 de Junio de 1770, en una acomodada familia porteña, hijo del comerciante italiano Domingo Belgrano y Peri (conocido como Pérez) y la criolla María Josefa González Casero. Manuel Belgrano se educó en el Real Colegio de San Carlos con la mejor educación que podía encontrarse en la colonia en esa época.
Partió a España en 1786 a estudiar leyes en Salamanca, Valladolid y Madrid, para recibirse de abogado. En esa época, se perfila ya como un intelectual más preocupado en los asuntos económicos que en el estudio de las leyes. Cuando estaba en España, sucede la Revolución Francesa y Belgrano se ve atraído por las ideas iluministas que se desprenden de la Revolución francesa: ideas de libertad, igualdad, seguridad, y propiedad.
A raíz de su meteórica y brillante carrera profesional, el Rey de España lo designa como secretario perpetuo del Consulado a establecerse en Buenos Aires. Este Consulado fue instituido con un doble carácter: jurisdicción comercial (fomento de las actividades comerciales en el rubro del agro y la industria) y Junta Económica. Esta designación impone a Belgrano la obligación de escribir una memoria anual. En estas memorias se encuentran las ideas pedagógicas que nuestro prócer imagina llevar a la práctica para ilustrar y mejorar las condiciones de vida de los más humildes y los más jóvenes. La memoria leída por Manuel Belgrano en la sesión de la Junta de Gobierno del 15 de Junio de 1796 es en realidad un amplio programa de educación pública
El plan de Belgrano también abarcaba una enseñanza técnica a través de diferentes escuelas, como las de Náutica y de Dibujo, buscando fomentar la Ciencia y la Técnica. Belgrano procuraba un desarrollo de lo que hoy en día conocemos como “recursos humanos”, en función de alentar la producción y de fomentar un desarrollo de la persona que la alejara del ocio y los vicios.
Belgrano seguía el pensamiento de la Ilustración Española, representada por Campomanes y Jovellanos. El pedagogo Pestalozzi, nacido en Zurich, tuvo gran influencia en España y en Manuel Belgrano, quien se compenetró con las nuevas ideas mientras estudiaba en España. Así mismo recibió las influencias del abate Genovesi y del francés Condillac.
Belgrano es también el primero que reclama se conserven asientos para niños negros y mulatos, a fin de que reciban instrucción común en las escuelas públicas. Se preocupa por la situación moral y económica de los que viven en ranchos miserables y sostiene que con una educación adecuada para el trabajo, se combatirá la vagancia recuperando de esa manera seres humanos aptos y capacitados para desarrollar la patria.
Pero Belgrano se encuentra en Buenos Aires con la más profunda desorganización en todas las materias que interesaban a su función, algo que lo perturbará seriamente: "Mi ánimo se abatió –dirá- y conocí que nada se haría a favor de las provincias por unos hombres que por sus intereses particulares posponían el del común."
Sobre estas y otras frustraciones Belgrano señalo: “Escribí varias memorias sobre la planificación de escuelas: la escasez de pilotos y el interés que tocaban tan de cerca de los comerciantes, me presentó circunstancias favorables para el establecimiento de una escuela de matemáticas, que conseguí a condición de exigir la aprobación de la Corte, que nunca se obtuvo y que no paró hasta destruirla porque aun los españoles, sin embargo de que conociesen la justicia y utilidad de estos establecimientos en América, francamente se oponían a ellos, errados, a mi entender, en los medios de conservar las colonias”.
“No menos me sucedió con otra de diseño que también logré establecer, sin que costase medio real el maestro: ello es, que ni estas, ni otras, propuestas á la Corte, con el objeto de fomentar los tres importantes ramos de agricultura, industria y comercio, de que estaba encargada la corporación consular, merecieron la aprobación; no se quería más que el dinero que produjese el ramo destinado á ella; se decía que todos estos establecimientos eran de lujo y que Buenos Aires todavía no se hallaba en estado de sostenerlos”.
La Escuela de Náutica
Belgrano estaba convencido que un país con enormes riquezas naturales, si no poseía una flota para transportar sus productos, seguiría a merced de las condiciones que le impusiera quien tuviese los barcos.
Sin embargo, a pesar de la importancia del cargo que tenía Belgrano como Secretario del Real Consulado, enfrentaba a un enemigo muy poderoso: la burocracia.
Recién pudo fundar la Escuela de Náutica el 25 de noviembre de 1799. Fue dirigida por Pedro Cerviño hasta ser cerrada en 1806 debido a las Invasiones Inglesas
La escuela fue el Primer Instituto de Enseñanza de las Ciencias Exactas y tuvo una notable importancia en la sociedad de esa época. Esta importancia se ve reflejada en la trascendencia que tenia el acto público de graduación. Se presentaba toda la población y el Virrey presidía el acontecimiento en donde estaban todos los integrantes del Cabildo, de la Real Audiencia y el Real Consulado, las jerarquías eclesiásticas y todos los demás funcionarios. El Virrey, que muchas veces tenían profundos conocimientos de náutica, y sus asistentes que eran marinos notables, realizaban un examen a cada cadete que debía aprobar para recibir el diploma.
Un tema que llama la atención para la época, es que los castigos corporales estaban totalmente prohibidos. Las lecciones se dictaban en cinco horas diarias repartidas por la mañana y tarde, salvo los jueves que sólo se enseñaba de mañana.
Al poco tiempo de su aparición la academia hizo notar su presencia. El 12 de Octubre de 1801 el primer buque de práctica de esta academia, llamado San Francisco Xavier, estaba al mando del capitán Juan Bautista Egaña y su tripulación formada por estudiantes. Frente a las costas de Brasil, el buque entró en combate y tomó como prisionero a tres contrabandistas portugueses.
La Escuela de Náutica puede considerarse como el primer instituto militar, ya que en ese momento los barcos mercantes llevaban artillería por los ataques de los piratas. Esto hacia que los pilotos tuvieran conocimientos militares. Por eso fue natural que en las invasiones inglesas, el director de la academia propusiera la creación de un regimiento. Así se crea el Tercio de Gallegos, integrado por los profesores y cadetes de la escuela junto con vecinos de Buenos Aires de aquel origen.
Entre los integrantes de la escuela y del Tercio se encontraban: Bernardino Rivadavia, el primer presidente de Argentina, y Lucio Mansilla, que luego cruzó los Andes con San Martín.
A largo de su historia, muchas veces la academia se quedó sin director o sin edificio donde trabajar. Sin embargo, siempre se reabrió y especialmente en momentos claves de la historia argentina.
Si bien Manuel Belgrano había conseguido la autorización para crear esa academia, los nombramientos oficiales de los docentes nunca llegaron, con lo cual el dinero para sus sueldos nunca llegó y los profesores ganaban dinero con otros trabajos que podía ofrecerles el Real Consulado. Juan Alsina, el primer vicedirector de la academia, luego de más de dos años tuvo que renunciar por otro trabajo para poder mantener a su familia
Muchos intentos por reabrir la antigua academia se llevaron a cabo en diferentes gobiernos.
El edificio que ahora ocupa la Escuela fue inaugurado el 8 de abril de 1946. Allí también funciona, desde 1983 y por designación de las Naciones Unidas, la Rama Regional de la Universidad Marítima Mundial y la Unidad Académica del Instituto Universitario Naval.
Los títulos que se obtienen al graduarse son: Piloto de Ultramar y Maquinista Naval (con capacitación en Electricidad). Ambos son oficiales y, en virtud de los convenios realizados con las Naciones Unidas, son reconocidos internacionalmente y permiten acceder a tripular todo tipo de buque (Carguero, Petrolero, Crucero, Pesquero, Frigorífico, Portacontenedores, Factoría, Cerealeros, etc.)
La Academia de Dibujo
En la Memoria de 1796 se menciona la creación de una Escuela de Dibujo que sería útil para las diversas ramas de las artes manuales, como para los altos estudios de la filosofía. El teólogo, el ministro y el abogado necesitarían el conocimiento del dibujo. Mientras a unos les facilitaría el estudio de la geografía y el manejo del mapa y el compás, a los otros les serviría para comprender los planos de las casas, los terrenos y los sembrados que presentaban en los pleitos. Los médicos tendrían mayor facilidad para estudiar detenidamente las partes del cuerpo humano que figuran en las láminas de los tratados de anatomía y hasta las propias mujeres para el mejor desempeño de sus labores. Concluye Belgrano diciendo “que es forzoso que esta Junta, cuya obligación es atender por todos los medios posibles a la felicidad de estos países, lo establezca (igualmente que una de arquitectura, pues en los países cultos no solamente es útil, sino de primera necesidad) en todas las ciudades principales del virreinato y con más prontitud en esta capital, para cuyo caso tendré el honor de presentar unas constituciones y métodos de enseñar, principalmente a aquellos que se destinan a los oficios menestrales’’.
Por lo tanto, la Escuela de Dibujo, que comenzó a funcionar a fines del Siglo XVIII en Buenos Aires y que es la primera de esta clase que funcionó en territorio argentino, se debe exclusivamente a la iniciativa de Belgrano.
Belgrano debió enfrentarse a varios obstáculos. Por un lado la falta de apoyo de los miembros del Consulado, que trataban de impedir su instalación mencionando motivos económicos. Por otro lado, la situación de crisis en España que estaba en guerra con Inglaterra, y que consideraba este tipo de establecimientos como un simple lujo.
A pesar de todo esto, el 23 de febrero de 1799, el profesor don Juan Antonio Gaspar Hernández, se dirigió al Consulado de Buenos Aires, con una nota en que pedía el apoyo de ese organismo para establecer una escuela de “Geometría, arquitectura, perspectiva y todas las demás especies de dibujo’’.
El Consulado se ocuparía de los gastos para su instalación y fueron Belgrano y Hernández quienes formularon el presupuesto de los gastos. Belgrano el 14 de marzo de 1799 formula el presupuesto y lo acompaña con un reglamento de 7 artículos. Este reglamento no fue aprobado sino un año después y con bastantes modificaciones. Es importante remarcar que Hernández prestó sus servicios sin cobrar honorarios.
Esta Academia contaba como único maestro a Hernández, quien era profesor de escultura y arquitectura y adornista, y oriundo de Valladolid. El Consulado controlaba el funcionamiento de la Academia. El calendario escolar comprendía vacaciones en los meses de junio, julio y agosto y las clases se daban por la tarde, en invierno desde las cuatro hasta la oración y en verano (noviembre a marzo inclusive), desde las seis a la oración. Los exámenes eran trimestrales.
No sólo se tenía en cuenta la aplicación del alumno, sino también la conducta, y eran expulsados a la tercera falta grave. Los castigos corporales eran aplicados por el maestro, pero en ningún caso podían darse golpes o azotes que perjudicasen la salud del joven. Recordemos que en esa época eran aceptados los castigos corporales como método de reprimenda.
La Academia comenzó a funcionar el 29 de mayo de 1799 y llegó a contar con 64 alumnos. Se instaló en el edificio del Consulado, estando sus aulas cerca del despacho de Belgrano. El interés de Belgrano se ve reflejado, en el hecho que solía concurrir a las clases de la Academia en sus ratos libres.
A pesar del éxito que tuvo en sus inicios, Hernández presentó su renuncia en abril de 1800 y se pensó designar como directores a los hermanos Cañete. Finalmente Hernández continuó como director de la misma. Hubo también algunos conflictos con los alumnos quienes querían que las clases no se dieran por la tarde sino en horario nocturno. Además, la Academia debió enfrentar reiteradas órdenes reales de clausura. La primera orden real de clausura se basaba en que “aunque aprecia el celo de ese cuerpo, es su real voluntad que tenga presente las graves urgencias del Estado para excusar todo gasto durante ellas”. Finalmente por real orden de julio de 1804, de la que el Consulado tomó conocimiento en 29 de octubre de 1804, se procedió a la clausura de la misma. Fueron en vano los intentos del Consulado y del Cabildo de reinstaurarla.
Los únicos testimonios que nos quedan de esta Academia o Escuela de Dibujo son los documentos escritos no habiendo quedado muestras de los trabajos de los alumnos.

Escuela de Agricultura
Como bien describe Bartolomé Mitre “la admiración de las bellezas de la naturaleza siempre fue indicio de una bella alma, y la de Belgrano supo comprender como ninguna sus maravillas. Pero este sentimiento elevado de las obras de Dios, no se circunscribía a los estrechos límites de un platonicismo sin aplicación: (Belgrano) buscaba siempre la utilidad de los frutos, al paso que aspiraba el perfume de las flores que engalana la creación.” (Historia de Belgrano Tomo 1 pg.92)
Belgrano sostenía que “el valor de los estados no consiste en el del tesoro público, sino en la cantidad de fanegas de tierra bien cultivadas que tengan”. Decía que una de las causas a las que se atribuye el poco rendimiento que tienen nuestros campos, es debido a no prestar atención a la agricultura. También dijo que un buen agricultor necesita tres cosas: querer; poder y ciencia aplicada al cultivo de la tierra..
En una de las memorias anuales que Belgrano escribe estando al frente del Consulado referida a la necesidad de fomentar la agricultura por medio de la enseñanza, sostiene que debe seguirse el ejemplo de Europa, que vuelca todos sus esfuerzos a través de academias y sociedades para compensar el trabajo de los "sabios que se han destinado al estudio más útil de la humanidad".Manuel Belgrano el educador

Además de dar varias recomendaciones sobre como aprovechar la tierra, aconseja a los jóvenes agricultores profundizar sus estudios del suelo, perfeccionar sus conocimientos sobre abonos, intensificar la lucha contra plagas de ratones, hormigas y otras alimañas, que perjudican la siembra y arruinan las cosechas. Propone en consecuencia, la implantación de un sistema de premios y subsidios a los fines de estimular e incentivar una mayor producción agrícola a través de una adecuada educación tecnológica. Estos premios serían efectivizados en dinero , en préstamos adelantados a cuenta de futuras cosechas y que servirían para construcción de viviendas , pero con la condición de que "sólo se darían a aquellas personas literatas que con más empeño hubiesen expuesto sus pensamientos útiles sobre el asunto que se les propusiese ; para lo cual se deberían nombrar jueces que imparcialmente determinasen quien sería digno del premio en primero , segundo y tercer lugar a fin de adjudicarse de este modo los premios con la mayor justicia ".
A tal fin sugiere instalar para los labradores una escuela práctica de agricultura, "pues como dejo expuesto, sin saber nada se adelanta y haciendo aprender las reglas a los jóvenes labradores, al mismo que se les enseñase prácticamente, podría sacar muchas utilidades proporcionando todas las materias primeras”
Belgrano ofrece presentar para las escuelas una cartilla rural traducida del alemán y muestra un conocimiento profundo de la naturaleza y de la rotación de los cultivos: “El verdadero descanso de la tierra es la mutación de producciones”.
La Escuela de Comercio
Para fomentar el comercio, profesión que desempeña por herencia familiar, Belgrano propone el establecimiento de una Escuela de Comercio en que se enseñe aritmética, teneduría de libros, principios de cambio, reglas de navegación, leyes y costumbre mercantiles, elementos de geografía, estadística comercial comparada y economía política. Para Belgrano “La ciencia del comercio no se reduce a comprar por diez y vender por veinte: sus principios son más dignos, y la teoría que comprenden es mucho más elevada…”
Según dice Bartolomé Mitre: “Medios tan complicados de fomentar el arte de comprar y vender, debieron hacer sonreír a algunos de los economistas prácticos de la época, que veían su prosperidad en el monopolio”. Previendo esto Manuel Belgrano dice que “aquellos que no han detenido su atención para meditar que aspirando sólo lograr utilidades para sí, no han pensado dejar a sus sucesores medios para encontrar su bienestar”.
Belgrano y la Educación de la Mujer
Belgrano, en el Río de la Plata, fue uno de los primeros en ocuparse de la educación de la mujer, buscando dignificarla. Inspirado en los ideales de la revolución francesa propone la fundación de escuelas para niñas. Esta iniciativa es muy original, ya que en ese entonces la mujer era dejada de lado en ese tipo de actividades.
Belgrano consultó la obra de Juan Luis Vives, llamada Instrucción de la mujer cristiana. Buscaba la separación de sexos en la escuela, de acuerdo a la tradición católica que establecía esa norma en ese momento: ..."trayendo de Europa todos los tornos necesarios, los maestros que enseñen su uso a los niños y la maestra que enseñe a las niñas, pues contemplo utilísimo que haya esta separación en la escuela". En los países protestantes era bastante común la coeducación, de acuerdo con las enseñanzas de Comenio.
Belgrano no busca formar mujeres intelectuales sino que con criterio práctico tuvo más presente a la madre de familia. Buscaba alejarla de la ignorancia y fomentar la virtud. “Igualmente se deben poner escuelas gratuitas para las niñas, donde se les enseñara la doctrina cristiana, a leer, escribir, coser, bordar, etc., y principalmente inspirarles amor al trabajo, para separarlas de la ociosidad, tan perjudicial, o más en las mujeres que en los hombres”. Propone en consecuencia se funden escuelas para las niñas donde se les enseñe a hilar el algodón y la lana.
Educación Gratuita e Irrestricta
Uno de los principales ideales de Belgrano era la educación gratuita para todos. Por ejemplo, en los reglamentos de las Escuelas de Dibujo y de Náutica estipulaba, escrito por su propia mano, que especialmente debía darse lugar a los naturales, como se denominaba a los indios, y a los huérfanos, por ser estos los mayores desposeídos de nuestra tierra.
En cuanto a los huérfanos, no constituyen un tema menor en una época en donde poseer un buen apellido resultaba fundamental. El chico que iba a parar a la "Casa de los Niños Expósitos" quedaba marcado con ese estigma social para toda su vida. Para combatir esta situación Belgrano planteaba un sistema de becas que incluyera el subsidio a los tutores. manuel

El proyecto de Belgrano abarcaba una educación primaria gratuita en la cual se enseñaran los principios de la religión católica. Sarmiento fomentó posteriormente la educación laica, pero podemos decir que Belgrano fue el primer iniciador y el gran promotor de la escuela primaria gratuita.
A respecto, en su Memoria se lee: “... las escuelas gratuitas a donde puedan los infelices mandar sus hijos, sin tener que pagar cosa alguna por su instrucción: allí se les podrán dictar buenas máximas, e inspirarles el amor al trabajo, pues es un pueblo donde reine la ociosidad, decae el comercio y toma su lugar la miseria”.
Aconseja además que se abran escuelas en todos los barrios de la ciudad y en todas las villas de campaña para los niños de ambos sexos. Es importante destacar, según lo mencionado por Bartolomé Mitre en su libro Historia de Belgrano, que en ese momento en Buenos Aires existía solo una sola escuela de primeras letras, que se llamaba del Rey por ser la única que costeaba la corona de España.

Conclusión
En la historia de la independencia nacional, la figura de Manuel Belgrano, simboliza tres cualidades: el patriotismo más puro, la responsabilidad del deber y la más sincera modestia. Es un claro ejemplo de compromiso con el bien común, de vocación de servicio y de honor a la Patria, con el sacrificio de sus intereses personales. No ambicionaba el poder, pero siempre estuvo dispuesto a servir a la Patria.
Belgrano conoció las ideas científicas más avanzados de su época y su don fue el de saber aplicar esas ideas para comprender y transformar la realidad. Tenía un programa para hacer de nuestra Patria un país próspero basado en la educación para todos sus habitantes y en torno todas las ramas del saber.
Llevó a cabo la difícil tarea de estimular la preocupación de gobernantes y estudiosos alrededor de los problemas urgentes y graves de la instrucción pública. Fue un precursor de la instrucción popular, luchando incansablemente por la enseñanza gratuita para los pobres, precursor de la modernización e industrialización agrícola, escritor destacado, general de la Nación en la guerra de la Independencia, pero por sobre todas las cosas, fue dueño de un espíritu generoso
Le enseñanza más grande que nos deja Manuel Belgrano es su ejemplo y su estampa moral.



Fuente

 “Primer diccionario enciclopédico escolar Billiken”
 www.manuelbelgrano.gov.ar
 Mitre, Bartolomé. – “Historia de Belgrano”: tomo 1. - Imprenta de Mayo, 1859. Fuente www.bibnal.edu.ar
 www.me.gov.ar