Jaime Barylko (dos artículos)




ELOGIO DE LA IMPERFECCION

Mis discusiones con Jaia:

A menudo uno discute con la esposa. Cosa eminentemente natural. Si siempre coincidiéramos en todo, la vida sería un infierno.

A menudo, por supuesto, Jaia -así se llama mi cónyuge- me hace notar mis defectos.

Entonces pienso, pienso cómo defenderme, y finalmente, después de haber revisado toda mi biblioteca de filosofía, in mente, le digo: -¿y qué querés, che? Nadie es perfecto...

Y es así como uno zafa, y la discusión termina porque no tiene más de qué alimentarse.

No, no somos perfectos:

Y yo les digo la verdad, si supiéramos, en serio, que nadie es perfecto, probablemente la vida sería más dulce. No sin discusiones, repito, porque sería un infierno de aburrimiento, pero con menos ferocidad.

Este concepto de nuestra imperfección merece ser ahondado.

Atendamos a las reflexiones de Ortega y Gasset sobre este tema, el de la perfección:

"Esta palabra perfecto arrastra un equívoco fundado en su etimología. Perfecto es originariamente lo concluído, lo acabado, lo finito; luego significa también lo que contiene todas las virtudes y las gracias propias a su condición, lo insuperable. Hay pues una perfección que se conquista a fuerza de limitarse".

Lo perfecto es lo concluido y cuando decimos que, por ejemplo, esta pieza teatral que vimos es perfecta, decimos que no podría ser de otra manera que lo que es; nada se le puede quitar, nada se le puede agregar. Lo perfecto sería el camino delineado. Lo imperfecto, el camino se hace al andar, imprevisible, vital, sorpresivo. Perfectas son las máquinas, las cosas, y los animales en estado natural. Son todo lo que son. Sale la vasija de manos del alfarero y es todo lo vasija que esa vasija, según determinación de su hacedor, puede ser.

Nace el potrillo, y al rato ya está parado, y al rato ya está realizando el programa caballar que está ínsito en él.

El hombre es im-perfecto. No está concluido. Nace y debe hacerse, construirse, darse una identidad.

De la imperfección brota la libertad. De la libertad, la fantasía, la imaginación. Ni yo soy ni el mundo es. Lo voy haciendo mientras me va haciendo, interminablemente.


Decía el Martín Fierro:

Recuerda José Hernández en el gran Martín Fierro:

"Dios formó lindas las flores,
delicadas como son:
les dio toda perfección
y cuanto él era capaz;
pero al hombre le dio más
cuando le dio el corazón".
Toda perfección para flores, plantas, estrellas, plumas.
Para tí, la imperfección, el corazón.


¡Qué mudable es el corazón!¡Nunca es!¡Siempre está siendo, muriendo, naciendo, vibrando, queriendo! Hermosa imperfección.
Pero el hombre, repetimos a José Hernández, nace y es más de lo que es, es más porque puede ser más, otra persona, otro ser o manera de ser, porque podría no ser ese hombre que es. Yo podría no estar casado, renunciar a tener hijos, podría no haber estudiado humanidades y haber estudiado matemática, que también me apasionaban, podría...

Ese podría enmarca mi imperfección, porque lo que puede no ser como es, es imperfecto. Y de esa imperfección nace mi libertad, porque entre tanto podría ser, debo elegir y decidir. Y aun cuando haya elegido no se me acaba la imperfección ni la libertad, porque mañana -en muchos temas de la vida- podría elegir de otra manera, y optar por otra vía, por otra vida.

"Pero al hombre le dio más cuando le dio el corazón"

Aun aquellos que discuten el tema de la razón, en cuanto también los animales, aunque en proporciones menores, disfrutan de ella, no se atreven a afirmar que tengan "corazón". Corazón es lo que uno siente, la piedad, la ternura, el miedo, la esperanza, el amor, la envidia. El delirio, en fin.

Según Pascal, el corazón tiene sus razones que la razón desconoce. Este corazón, estas pasiones que bullen dentro de mí me hacen cambiar de animo y de ser. Mudable, mutable, eso soy porque me dieron de más, me dieron el corazón.


Terapia conyugal:

Y si tu cónyuge adopta, alguna vez, una actitud de dureza contrincante, decile que espere un minuto, traé este artículo, leéselo, y a la mitad... abandoná la guerra.


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AUTORREALIZACION:

Las Grandes ideas:


Sé tú mismo, fue el lema del siglo. Autorrealización. El siglo XX, heredero del romanticismo y de Russeau, del ideal del héroe. Cada uno tiene que eser héroe de su propia existencia y no someterse a libretos de los demás. Era el ideal de Voltaire, de Víctor Hugo, de los que decapitaron al rey de Francia; no sólo para que no hubiera más rey, sino para que tampoco hubiera más gente que se creyera enviada por Dios para dictarles a los demás las normas de su vida.

Era el ideal de la Enciclopaedia. Que significa "educación envolvente del universo". Que cada uno se educara y aprendiera a ser, y a dominar su voluntad y sus vocaciones. Ese fue el ideal.

El tiempo fue pasando, los ideales quedaron inscritos en libros, en algunas cabezas, en academias, y la humanidad se lanzó a la autorrealización pero despojada de esa exigencia de que para realizarse hay que saber qué, cómo, hacia dónde, de dónde.

De eso se olvidaron.

El individualismo se impuso, y cada cual a hacer la suya, la que le salga.

Y ahora todo consiste en escribir avisos en los monumentos públicos:

-¡Juanita, te amo!

-¡Manolo, te esperé todo el día y no viniste!

-¡Pichón, feliz cumpleaños!


¿Qué se hizo por la autorrealización?



¿Y qué se hizo con las ideas?

Se hizo nada. El tú mismo resultó un fiasco de aerosoles que escriben signos ininteligibles u otros inteligibles en parques, plazas y calles de la ciudad y del mundo.

Y nadie entre esos niños o niñas, eso es lo lamentable, fue feliz.

Al buscarse, ¿qué encontraron?

Nada, y rencor por encontrar nada

Lejos de expresar alegría y gusto por ser ellos mismos, los jóvenes gritan la ferocidad de su insatisfacción con su insatisfacción.

Causada por los viejos, claro está.

Los jóvenes son siempre cosa de viejos.

Al respecto, escribía George Steiner:

"Para la mayoría de la gente, lo derivativo de las experiencias dentro de una cultura clásica significa una igualdad de participación en los tesoros de sentimientos definitivamente más grande de la que las sensibilidades ordinarias podrían descubrir por su cuenta".

La educación de antes, dice Steiner y explico yo, con el perdón de Steiner, la educación de antes, la que obligaba a todos por igual a leer a Homero y recitar a Darío y contar a Quiroga, permitía que todos por igual cultivaran dentro de sí una sensibilidad que en principio les venía prestada por otros autores, por otros tiempos, por otras circunstancias, por otras vidas.

La vida propia ampliaba así el perímetro de su experiencia y, aunque fuera de prestado, vivía más, sentía más, se preparaba más para eventuales sentimientos o emociones.

La fuerza de Romeo y Julieta, de Paolo y Francesca se trasladaba a la experiencia propia cuando estabas presto a dar el primer beso de amor de tu vida. Era tu amor dentro del Amor.

La vida es como el agua, es cauce. No me fatigo de repetirlo, hasta que yo mismo lo aprenda...




¿Quién vio alguna vez agua?


No se enoje, pero, créame, usted nunca vio agua. Sí, seguramente la vio, pero no esa agua. Era agua en un vaso, agua en un río, agua entre cielo y tierra. Siempre dentro de un marco.

El agua en sí no existe, quiero decir sin cauce.

¿Vio usted alguna vez agua? Usted dirá que sí, pero es una forma incorrecta de expresarnos.

El agua que conocemos, que vimos, siempre estuvo dentro de un continente, una jarra, un cauce de río, entre costas, entre montañas, frente a algo, dentro de algo.

No, el agua así, pura, sin nada más, no existe.

Así es la vida, así el amor, así todos nuestros mayores sentimientos y los más sublimes anhelos.

Algo debe canalizarnos.

El amor no brota de la vida como hongo espontáneo y benéfico. Es una convulsión sentimental que toma forma en conceptos y maneras que una cultura le imprime.

La literatura, el teatro, el cine, la religión, le han dado el cauce.

Por eso es indispensable la cultura como mediadora para que nuestros sentimientos, las pasiones, los deseos, tomen algún cauce, sigan algún modelo; inclusive para poder luego rebelarse contra el modelo, el cauce y practicar la libertad de elegir otro rumbo.




Todos los sueños son extremistas:

El siglo XX soñó la vida sin represiones, el agua sin cauce, los sentimientos sin maneras, la libre expresión sin continente. Fue un sueño.

Todos los sueños son extremistas y no pueden ser de otra manera. Era una revolución contra el autoritarismo de los siglos anteriores, contra la imagen castradora del Padre Súper Yo que nos perseguía con látigos, tijeras, cadenas.

Supimos romper cadenas. Y luego nos quedamos libres.

Y también vacíos, porque no supimos tejer las nuevas urdimbres dentro de las cuales tu sentimiento y el mío podrían tejerse en busca de un diseño e, inclusive, repito, para que nos rebelemos contra el diseño que los otros nos imponen.

Pero rebelarse es construir, justamente.

Es tener contra qué y a favor de qué vivir.

El siglo XX cultivó el "contra qué". El "a favor de qué" aún no lo supo construir. Esa es su crisis. Por eso, los jóvenes se divierten tanto y al mismo tiempo están tan tristes, tan vacíos, y tan des-esperados.

¿Qué quieres que esperen?

¿Qué mundo les legaste de esperanzas, objetivos, anhelos, fines, para que puedan esperar o elegir un horizonte?

Los modelos ahora vigentes están en el cine, en el video: fragmentos de sexo ligados con fragmentos de brutalidad y la sangre que se derrama y las tripas que se destripan.

¿Cómo no estar triste entre tanto despilfarro de alegría ruidosa?

¿Por qué hay tanto ruido, dime?

Para acallar el tremendo gemido del vacío.