El amor desde el Psicoanálisis

Introducción


El amor desde el Psicoanálisis



Trabajo monográfico propio, presentado para aprobación de curso de Psicoanálisis 3er ciclo - Facultad de Psicología - UdelaR -

amor



Psicoanálisis




Cuando se habla de amor, puede uno tender a definirlo de distintas maneras, según se trate del amor materno, del amor filial, del amor conyugal, del amor fraternal, del amor de Dios, etc.
Si bien sus manifestaciones son diferentes, los fundamentos en que se apoyan son idénticos.

El amor y sus causas han despertado siempre la admiración y la curiosidad tanto del hombre común como del filósofo y así es que encontramos a lo largo de la historia distintos discursos amorosos (amor-pasión, “flechazo”, “media-naranja”, “amor a primera vista”, amor cortés, etc.) y distintas maneras de hacer lazo con los otros a través del amor.
Hay demasiados mitos sobre el amor como recompensa de una hazaña o como mera trampa de la muerte.

El tema central de este artículo será el estado de enamoramiento, como estado que “recuerda más a los fenómenos anímicos anormales que a los normales” (Freud, 1912).

Así, recorreremos etapas que nos llevarán desde el amor a sí mismo, a la elección de un objeto de amor, al cual escribirá canciones, poemas, novelas, etc., tratando de describir sus sentimientos ante su presencia, ante su ausencia y ante sus distintas modalidades.
Por último, consideraremos la influencia de la sociedad actual en la formación de vínculos amorosos teniendo en cuenta la metapsicología freudiana en la comprensión de los diversos vínculos:
En su dimensión económica, ya que están en juego intensidades en las que el otro es a la vez causa de excitación y objeto de satisfacción; en su dimensión dinámica, porque el conflicto subyacente entre la búsqueda de satisfacción libidinal y las defensas incorporan siempre el otro en las formas de vivenciar y manifestar el conflicto. Y en su dimensión tópica, ya que el otro se situará siempre en relación con algunos de los sistemas del aparato psíquico (yo, ideal del yo, etc.)

amar

narcisismo

NARCISO Te busqué a ti y me encontré a mi mismo



A Freud le atraían los mitos griegos y llamó “narcisismo” a un conjunto de características psicológicas sobre la base del mito griego de Narciso.
Narciso, despreció a la ninfa Eco y al verse un día reflejado en el agua, en el intento de apoderarse de esa imagen que para él constituye el ideal, Narciso muere ahogado. Rechaza el amor de un otro distinto y muere, al dar la espalda a toda relación con otro ser humano y entronizar su yo como el objeto único de su amor.
El tema está ligado fundamentalmente al amor a sí mismo: aparece un ideal y otro. El mito da cuenta también que el reconocimiento especular se vincula al desarrollo del yo.
J. Lacan teorizará la fase del espejo como momento constituyente en el proceso del desarrollo del yo y que tiene que ver con la captación amorosa de uno mismo. Lacan nos dirá que la imagen de sí mismo se construye en relación a otro y la fase del espejo señalaría la constitución del primer esbozo del yo.

El mito nos habla de un reflejo, de un verse a sí mismo en otro y no poder ver al otro como tal.
Lo que ocurre es la aparición de un sentimiento de omnipotencia para negar la dependencia frente al otro y convertir al yo en el único y grandioso objeto de amor.


En el acto I de la obra “Otelo” de W. Shakespeare, Yago se burla del amor que enceguece a Otelo y le dice a Rodrigo: “... desde que puedo distinguir entre un beneficio y un agravio, nunca he conocido a un hombre que se amara a sí mismo. Antes de ahogarme por el amor de una mujer, trocaría mi condición de hombre por la de un mono... tenemos la razón para calmar el ardor de nuestros impulsos... infiero que lo que tú llamas amor, no es más que una rama o retoño de la sensualidad...”


El narcisismo, como un estadio dentro de desarrollo psicosexual del ser humano puede cobrar dimensiones psicopatológicas: en las psicosis se produce un retiro de energía de los objetos del mundo y este retiro impide la vinculación del sujeto con el exterior, esa energía se deposita en el yo, expandiéndolo y generando un cuadro megalomaníaco como compensación.


Es a partir de las psicosis que Freud empieza a descubrir la estructura narcisística; en la patología se vuelve a alcanzar el estadio del narcisismo. Así, entonces tenemos un narcisismo secundario (“el que nace por replegamiento de las investiduras de objeto”) que se edifica sobre la base de otro, primario.
Del amor a sí mismo, se pasará al amor de objeto, así también se discierne la diferenciación de las energías psíquicas, ya que con la investidura de objeto es posible distinguir una energía sexual, la libido, de una energía de las pulsiones yoicas. La libido se hará objetal o narcisista según el objeto que inviste (a un objeto o al propio yo).


enamoramiento


Tenemos o, “nos formamos la imagen” de una investidura libidinal del yo que después se cede a los objetos.
Pero no se trata de que la libido ha sido creada en el yo. Hablamos de que el narcisismo se instaura a través de la relación con los padres. Aparece un otro –madre- que inviste y narcisiza.

Hablamos de un otro madre que satisface pero que también frustra para que el yo pueda ser desarrollado como unidad. De allí al camino hacia la primer unificación de las pulsiones, la unificación del esquema corporal y la diferenciación yo-no yo: quien soy en relación a lo que no soy.
El camino lleva a la captación amorosa de sí mismo, y después de investir a su propio yo, podrá entonces colocar esa libido en otros objetos. La cuestión es el cómo...

ser amado


ELECCIÓN DE OBJETO Objetos en Oferta


¿Qué es el objeto? Hablamos del objeto de la pulsión, definido como aquello a lo que tiende la pulsión, como aquello en lo cual o gracias a lo cual puede la pulsión alcanzar su fin.
El objeto no es forzosamente una persona total; también puede ser una parte del cuerpo: un objeto parcial (el pecho materno, el falo, el yo mismo).
Freud nos dice: “El objeto es lo más variable de la pulsión; no está enlazado originariamente con ella sino subordinado a ella en consecuencia de su adecuación al logro de la satisfacción (...) se lo puede remplazar a voluntad a lo largo de los destinos que conoce la pulsión...” (Freud, 1915).
Entonces, no tenemos un objeto determinado sino que el mismo será hallado a lo largo de la vida del individuo.
J. Laplanche nos dice que encontrar el objeto sexual es siempre reencontrarlo. El objeto a reencontrar es un sustituto del objeto perdido.

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La sexualidad adulta se define, entonces, por la elección de un objeto, primero un tipo de objeto y luego un objeto externo real.
Reencontrar un nuevo objeto y un nuevo fin implica que el individuo se halle estructurado o reestructurado: es el problema de la identificación en el Complejo de Edipo y el de la ambivalencia como motor de la superación del Complejo de Edipo.

La función del Edipo es estructurante en relación con las identificaciones porque la elección del objeto y del fin sexual implica a la vez una identificación del sujeto.


Lacan nos dice: “El amor es dar lo que no se tiene”. Tal parece estar de acuerdo con las palabras que Platón pone en boca de Sócrates cuando expresa que el amor es amor de una cosa que le falta. O sea, recibir lo que se tiene y dar lo que no se tiene, serían quizás igualmente definiciones de cierta dimensión: una, de la sexualidad masculina; la otra de la sexualidad femenina.
Las ideas de oposición y la de coincidencia responden, pese a su contradicción, a una trama de hechos reales en los que la pareja humana funda su vínculo.


Cada sexo parece buscar en el otro una parte de sí mismo perdida en un remoto pasado.
El vínculo se relaciona a la facultad de depositar en el otro los elementos del sexo opuesto que constituyen a cada uno de ellos.


También juegan un papel fundamental el modelo de elección de pareja asimilado a partir de las figuras paternas.
“Las pulsiones sexuales se apuntalan al principio en la satisfacción de las pulsiones yoicas y sólo más tarde se independizan de ellas. Ahora bien, este apuntalamiento sigue mostrándose en el hecho de que las personas encargadas de la nutrición, el cuidado y la protección del niño, devienen los primeros objetos sexuales” (Freud, 1914). Así Freud distingue dos tipos de elección de objeto: el tipo del apuntalamiento y el narcisista (el de quienes eligen su posterior objeto de amor según su propia persona).


Lacan nos dice que estos dos tipos que plantea Freud, son narcisistas porque el apoyo que se toma del otro nutricio es un apoyo narcisista, dado que el sujeto se constituye narcisísticamente a partir del otro.

El amor tiende así a la ilusión de la unidad. No es más que el deseo de ser Uno. ¿Cómo podemos amar al otro, si a través del amor al otro pretendemos ser uno con el otro? Sucede que cada un “se ama” en el otro.

El curso de la vida amorosa del individuo depende en gran medida de cómo se logra el desplazamiento del impulso amoroso desde personas del ambiente familiar inmediato a objetos elegidos en un círculo más amplio. He ahí el meollo del asunto.
El tabú del incesto es fundante del pasaje de las relaciones de sangre a las de alianza. Es la condición para la realización de ese pasaje.

El pasaje de la endogamia a la exogamia dependerá de la disponibilidad y la capacidad de crear un vínculo inédito y, por lo contrario, el fracaso surgirá del intento de perpetuar lo conocido eligiendo a un otro que mejor pueda prolongar los vínculos familiares ya conocidos.

Un fragmento de una canción de Sui Generis (Vida, 1972):

Necesito alguien que me emparche un poco y que limpie mi cabeza
Que cocine guisos de madre, postres de abuela y torres de caramelo
Que ponga tachuelas en mis zapatos para que me acuerde que voy caminando
Y que cuelgue mi mente de una soga para que se seque de problemas y me lleve
(...)
Si conocen a alguien así yo se los pido
Que me avisen porque es así totalmente
Quien necesito


amor

AMOR= DESEO + TERNURA “No hay Afrodita sin Eros”

Freud destaca una corriente de amor sensual y una corriente de ternura en los vínculos amorosos, que en un primer tiempo en la evolución del sujeto actúan de modo independiente sin confluir en una unidad. Recién en la maduración y la evolución afectiva del sujeto, la corriente de ternura y la de sensualidad pueden estar depositadas en un mismo objeto, y, por lo tanto, dicho objeto ser capaz de estar relacionado con el sujeto en calidad de objeto amoroso en su doble vertiente: sexual y tierna.


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La ternura es una corriente amorosa sexual cuya meta se ha inhibido, donde la represión de lo sexual aumenta toda la otra corriente, no en términos de amor desexualizado sino de meta inhibida.

En los mitos románticos, lo que está en juego no es la gratificación sexual sino justamente el vínculo amoroso con el objeto al cual no podía accederse como objeto sexual.

No podemos amar a alguien sin a la vez desearlo. Una relación en la que existe el amor pero el deseo hace tiempo que se ha ido enfriando, está desde luego amenazada por varios flancos: el primero, el más constante, el más impredecible y, sin duda, el más temible: los otros y su implacable atractivo. Luego está el peligro del hastío o, como se suele decir ahora, “la falta de creatividad en la pareja”. Pero si al sentir que nuestro deseo se atenúa, nos apresuramos, no sin dolor, en deshacer nuestros vínculos, lo que no s amenaza es la posibilidad de transformarnos en unos incansables buscadores de “objetos” y su casi inevitable secuela: la soledad.


No podemos entender que el objeto del enamoramiento deba ser prescindente del vínculo sexual, sino que puede ser capaz de brindar al sujeto una gratificación tanto sexual como tierna o de meta inhibida.
Estas dos corrientes se encadenan en cierto momento y el sujeto es capaz de depositarlas sobre un objeto con el cual se instala un vínculo.

Se atraviesan múltiples alternativas de búsqueda hasta que se dan el uno al otro, y cuando encuentran el lenguaje común para el deseo y la ternura, se funden en una unidad: la pareja humana.

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narcisismo

DESBORDE DE LA LIBIDO Salir de sí mismo para darse al otro

El estado del enamoramiento muestra el predominio de la libido de objeto en detrimento de la libido del yo.
“¿En razón de qué se ve compelida la vida anímica a traspasar los límites del narcisismo y poner la libido sobre objetos? Esa necesidad sobreviene cuando la investidura del yo con libido ha sobrepasado cierta medida. Un fuerte egoísmo preserva de enfermar, pero al final uno tiene que empezar a amar para no caer enfermo, y por fuerza enfermará si a consecuencia de una frustración no puede amar “enfermo estaba y ese fue de la creación el motivo: creando convalecí y en ese esfuerzo sané” (Freud, 1914).


Se necesita amar para no enfermar, se hace necesario buscar un objeto para no enfermar.
La libido nos ofrece la posibilidad de este movimiento: amar, enfermar, vivir en sociedad.

En el caso del enamoramiento se incluye un elemento más, que tiene que ver con un ideal. Vamos a ver.
Vivir es convivir, no sobrevivir. Y para convivir hay que relacionarse. Hay que reconocer que no estamos solos, también están los otros y con ellos tenemos que negociar, negociar para poder convivir.

Además, otros que no se nos parecen en nada. Y aquel que se siente tan extraordinario y omnipotente, no puede querer a alguien tan diferente de sí... Este es uno de los momentos dramáticos de la evolución humana, cuando de repente tenemos que decirnos a nosotros mismos que no hay más remedio para sobrevivir y lograr la convivencia, que reconocer que hay otro con el cual tenemos que pactar.

(“Nadie es como otro. Ni mejor ni peor. Es otro. Y si dos están de acuerdo, es por un malentendido. J.P.Sartre)


En ese momento, la omnipotencia se desinfla y reconocemos que no podemos hacer lo que queremos. Así, el estado narcisista va siendo superado, en la lenta evolución por el momento en el cual admitimos que para seguir adelante hay que establecer relaciones.
Ex – sistir significa en latin “salir de”, “estar fuera de”. Entonces, no basta con estar para existir sino que esto siempre requiere un movimiento hacia los seres y hacia las cosas.


Entre el momento del narcisismo omnipotente y la relación objetal, hay un período intermedio, en el cual el niño va dejando de sentirse omnipotente, pero todavía siente que tiene bastantes armas en sus manos para no sentirse del todo impotente.
Siente que no puede dominar todo, pero sí puede hacerlo parcialmente si se comporta de cierto modo, si cumple con ciertos mandatos paternos y maternos, éstos accederán a satisfacer alguno de sus deseos y sus requerimientos.

Así siente que no ha perdido del todo su omnipotencia, que tiene recursos mediante los cuales, a veces, puede conseguir lo que quiere.
Algo de ese amor a sí mismo tiene que ser reprimido para que se vaya a investir a los objetos. Y esos objetos que se invisten van a devolverle al yo, algo que hace que se alimente: algo de la imagen de si mismo.

Freud nos plantea así, un narcisismo que persiste, que nos acompaña a través de lo que hace al ideal.
Este proceso, se da también en el vínculo amoroso.


enamoramiento




“EL ANÁLISIS DEMUESTRA QUE EL AMOR EN SU ESENCIA ES NARCISISTA”

El enamorado elige narcisísticamente a su objeto amoroso, es decir, que el objeto del cual se ha enamorado está en le lugar de su ideal, absolutamente engrandecido porque es depositario de toda su libido y lo idealiza suponiéndolo como la encarnación de lo perfecto, de lo grandioso. Por lo tanto, el enamoramiento supone al objeto en el lugar ideal y el sujeto queda “vaciado”: toda la energía y el caudal libidinal están depositados en el objeto.

Los defectos no pueden verse, no hay posibilidad de ver la castración, el otro es “completo”. En la medida en que hay un otro perfecto, el enamoramiento es una gratificación narcisística, ya que la fantasía de la perfección subsiste y se elude la inevitabilidad de la propia castración.


El objeto pasa a ser depositario de todos los ideales del yo del sujeto que lo ama. Tanto, que queda ubicado en el lugar del ideal. Se trata de un nivel de fascinación, de entrenamiento del otro, del yo del otro como dueño de una perfección típica del yo ideal.


(“Reducir el universo a un ser. Y dilatar ese ser hasta Dios, eso es el amor” Victor Hugo)

Según el “tipo” narcisista, se ama a lo que uno mismo es, a lo que uno mismo fue, a lo que uno querría ser, a la persona que fue una parte del sí mismo propio. Se ama a lo que posee el mérito que falta al yo para alcanzar el ideal.
El amor narcisista originariamente dirigido al propio yo es desplazado hacia la persona amada.
El ser-amado constituye la meta y la satisfacción en la elección narcisista de objeto.


La dependencia respecto del objeto amado rebaja el sentimiento de sí; el que está enamorado, está humillado.
El que ama ha sacrificado un fragmento de su narcisismo y sólo puede restituírselo a trueque de ser amado.
El amor del objeto se vuelve imprescindible para el narcisismo del sujeto.

El yo se empobrece y se entrega al objeto.
(“yo tuve el fin y era más/ yo tuve más no había fin/ yo tuve el mundo a mis pies/ y no era nada sin ti... Charly García)


En su acepción más amplia, el amor aparece siempre como el hecho más importante de la vida humana.
Su carencia representa el sufrimiento más castrador. Pero, para colmo de males representa, además, el estado mayor de vulnerabilidad y la causa de la tendencia a buscar una imposible protección mágica frente al desamparo afectivo: la tendencia a sobrevalorar la persona que acceda a amarnos.
Lo que aparece siempre detrás es el eterno tema de la influencia que una persona puede ejercer sobre otra manipulando los sentimientos.

ser amado


Lo afectivo es el corazón mismo de todo nuestro ser.
Eso lo saben los enamorados que están casi incondicionalmente a disposición de la persona que aman.
Ese amor hace que uno sobrevalore también otras supuestas capacidades del objeto amado. Y de amado se convierte en admirado. De ahí que sus opiniones adquieran un mayor peso y hábilmente manipuladas puedan inducir comportamientos inhabituales. Por eso la gran semejanza entre un enamorado y un hipnotizado.


La idealización falsea el juicio: hay una rápida construcción de una ilusión, de una actitud enamorada –con todo el arsenal burgués de rosas, pasacalles, versos mal escritos, etc-
El narcisismo pertenece al yo pero dos son necesarios para constituir un Narciso; se lo encontrará siempre como narcisismo en las formas de idealización y sobrestimación de algún otro. El yo se liga al otro, lo inviste de su ideal y renuncia al egoísmo.
“Es el engaño el que enamora” A. Dolina


El amor desde el Psicoanálisis


Sabemos que hay gente que instrumenta su poder sobre una persona fácil de sojuzgar, por estar afectivamente desamparada.
Sin embargo, todo lo importante del proceso es lo que ocurre no en el inductor, sino en el sujeto supuestamente pasivo. Él es el realmente activo protagonista. El motor está en el que es, sólo en apariencia, el títere manipulado: el ser humano se vuelve crédulo ante su desamparo. Y busca en el amor la protección de la magia en vez de la felicidad de una compañía compartida.


Toda persona seducida ya lo está aún antes de que aparezca el seductor.
Freud nos dice que el amar en sí, como ansia y privación, rebaja la autoestima, mientras que ser-amado, hallar un objeto de amor, poseer al objeto amado, vuelven a elevarla.
O sea, necesitamos del equilibrio, admitir que el otro idealizado tiene defectos. Cuando la relación es recíproca, se produce un feedback.


El enamoramiento alude siempre a un vínculo, es una ligazón nueva.
En un período, los defectos se convierten en virtudes y las fallas son gracias (quien no escribió alguna vez –o le escribieron- “Cuando amas a una rosa, la amas con las espinas”)
Tal parece que en toda relación amorosa hay siempre alguna clase de sustitución. Somos lo que el otro cree que somos.

Julio Cortázar reflexiona:
Creo que no te quiero
Que solamente quiero la imposibilidad tan obvia de quererte
Como la mano izquierda enamorada de ese guante
Que vive en la derecha

“Amar es inventarse cada día falsedades compartidas” A. Dolina

Hay una alienación del sí mismo. Una entrega a la misma divinidad que nos pone freno y riendas.
Si la pareja puede instituirse en el terreno de las relaciones atinentes al principio de realidad, está la posibilidad de tolerar, respetar y enriquecerse con el otro. Ya no se trata de magnificar sus fallas, sino en todo caso de poder quererlas.


Si el amor transforma, en el sentido que uno deja de ser quien es para encarnar la potencia que nos posee, entre amador y amado, debe establecerse un intercambio.
Sin la creatividad, todo se disuelve en la rutina y la pareja deja de reconocerse diferente y esto lleva a formas aparentes de relación


(“Amar no es mirarse el uno al otro, sino mirar juntos en la misma dirección” A. de Saint-Exùpery)


Se trata de un doble movimiento, un dar y recibir que consiste en proyectarse y abrirse a la proyección del otro.
Buscar su pareja representa para cada uno lanzar al encuentro de aquel que pueda devolverle una imagen perdida, convirtiéndolo a la vez en depositario de partes de su yo.

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LOS VÍNCULOS AMOROSOS y sus “defectos” en el sujeto

Los esfuerzos por definir y clasificar el sentimiento amoroso son casi siempre tantos como enamorados hay. Pero se pueden establecer dos formas predominantes: el amor exigente y el amor que se entrega; el que ama y demanda y el que ama y se entrega.
Las formas más equilibradas son tan infrecuentes y dudosas que no parecen resistir un análisis minucioso.


La categoría de los abnegados presenta el rostro más impreciso y, en general, más cambiante.
Es la esencia del modelo que recorre la serie del amor que va desde el amor de Dios al amor de Madre.
“... todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta...”


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Con todas sus escalas intermedias y adaptadas a cada caso, su aparente apuesta central es la devoción y la entrega.
Esta especie parece encerrar un propósito que no resulta claro para ninguno de los implicados, su intensidad parece variable –algo que en general en el amor viene con frecuencia a complicar las cosas- y puede desplazarse de un amante a otro para volver al primero, por razones muy diversas.


amar


No existe mayor eficacia que la del poder y la dominación enmascarados en el amor devoto. La culpa es su aliado.
Todo se sucede como si en verdad, la única apuesta de uno fuera la felicidad y la realización del otro.


Hemos notado que cuando los sujetos se vinculan fuertemente los límites personales se vuelven imprecisos y las voluntades se entremezclan.
Lo que determina la importancia de la relación no son las características del otro (sus cualidades o virtudes) sino el lugar que ocupa el otro para el sujeto.


Sabemos del crecimiento del número de individuos para quienes la dependencia del objeto, lejos de ser una mal a soportar; se constituye en un fin pulsional. El otro no como límite de mi libertad, sino como su condición. El otro no es una realidad exterior sino esa parte de mi mismo que me falta.
La pasión por el sacrificio de uno de los enamorados, puede llegar a tejer en torno al otro una telaraña de culpa, sospechas, obligaciones y envolverlo en un estado en el cual, haga lo que haga se sentirá siempre en falta. Con una deuda de gratitud, que en realidad no existe, pero es invisible, y por ello, eficaz.


Y así, hombres y mujeres construyen casi todas las variantes individuales posibles, desde relaciones simbióticas hasta esa lucha de voluntades por el control.
No parece tan errada la expresión de que la relación amorosa se basa en una necesidad patológica de la pareja y cada amante representa la enfermedad o el vicio del otro.
Puede parecer exageración, pero por lo general, todos, o casi, hemos conocido alguna forma de amor problemático (tormentoso, desdichado).


“Todos tenemos un amor que nos rompe el corazón y nos complica la vida”


Y cuando los que nos quieren intentan advertirnos de lo enfermo de ese amor, por lo general no tomamos en cuenta sus advertencias.
De todas formas, el modelo de amor ha cambiado, tanto, que parece no haber ningún modelo en absoluto. ¿Dónde están los que envejecen juntos y se aman como el primer día? ¿Existió alguna vez ese modelo?


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Hoy nuestros amores son de duraciones variables, lo cual, parece estar acorde a nuestra condición transitoria. El amor, como hijo de la finitud y de la pérdida. Si las cosas no se perdieran, es decir, si todo estuviera seguro, si no fuéramos efímeros y mutables, el amor no existiría o ... no tendría sentido.
Bueno, en la cuestión de qué es lo que nos une. La afinidad, debe ser resultado de un entrevero de encanto, enfermedad, culpa, deber, ternura, etc. Sin olvidar, por supuesto, que se trata siempre de la sustitución más atenuada del más profundo de nuestros fantasmas personales. Y he allí que cuando creíamos estar eligiendo, algo en nosotros elige por nosotros. Y así, llega un otro que se vuelve desde entonces imprescindible a nuestra existencia.


¿Cómo es posible que tal transformación opere en nosotros y que, al parecer, no tengamos sobre ella ninguna influencia relevante? ¿Es legítimo y necesario aceptar que carecemos de ese poder?
Zaratustra nos responde con otra pregunta:


... “ ¿Habéis dicho sí alguna vez a un solo placer? Oh, amigos míos, entonces, dijisteis sí también a todo dolor... Todas las cosas están encadenadas, trabadas, enamoradas...”

Y una tal Celestina, nos dice que el amor es: “... un fuego escondido, una agradable llaga, un sabroso veneno, una dulce amargura, una deleitable dolencia, un alegre tormento, una dulce y fiera herida, una blanda muerte...”
Dicen que el gris se logra mezclando blanco y negro, pero, quién sabe...

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“LA PÉRDIDA DEL OBJETO DE AMOR ES UNA OCASIÓN PRIVILEGIADA PARA QUE CAMPEE Y SALGA A LA LUZ LA AMBIVALENCIA DE LOS VÍNCULOS DE AMOR” (Freud, 1915).

Sobran las canciones que refieren al “cuando tu no estás”... y así o se muere el universo o el tiempo no pasa o mi corazón se hace pedazos, etc., etc., y todo se resume a un fragmento del poema 20 de Pablo Neruda. “Es tan corto el amor y es tan largo el olvido”

El amor desde el Psicoanálisis



El objeto no está más y lo que sale a la luz es otra canción, “porque el amor cuando no muere mata, porque amores que matan, nunca mueren” J. Sabina.

Y bueno, hay que “matar al muerto”. Se requiere todo un trabajo intrapsíquico de elaboración que lleve a que la energía del sujeto acaparada por su dolor y sus recuerdos, rompa el lazo con el objeto desaparecido pero...

Freud nos dice que el hombre no abandona de buen grado una posición libidinal, ni aún cuando su sustituto ya asoma. O lo que es lo mismo, el tango que dice que no es fácil cortarse los tientos de un metejón, cuando están bien agarrados al palo del corazón... y así podríamos seguir: “No me vayas a quitar el mundo entero, no me digas que te vas porque me muero (...) por tu mirada comprendí que todo todo terminó/ sólo me resta el dolor” (Rada-Páez)


El mundo se ha hecho pobre y vacío, pero, la cosa puede empeorar.
Si a esto sumamos autorreproches, autodenigraciones y la rebaja del sentimiento de sí, tenemos la Melancolía. Conflicto ambivalente y un yo identificado con el objeto perdido.


Es así que la libido, al retirarse sobre el yo establece una identificación del yo con el objeto resignado y esa “sombra del objeto” cae sobre el yo, quien será juzgado como un objeto, como el objeto abandonado, por una instancia “particular”.
Parece que el predominio del tipo narcisista de elección de objeto, hace a la disposición a la melancolía.


Sabemos que, previo a la elección de objeto –y para que pueda producirse ésta- hay una identificación por la cual el sujeto hace propios los rasgos del objeto.

“... y es el primer modo, ambivalente en su expresión, como el yo distingue a un objeto” (Freud, 1915)

La identificación, constituye la personalidad, el carácter de una persona va a ser el sedimento de lo que fueron sus elecciones de objeto. Y allí la ambivalencia se encuentra como sustrato primitivo: amar & odiar - incorporar & destruir.
Desde el vamos, la historia de nuestros vínculos es un investir resignar y sustituir.

El objeto, en este caso es resignado, no así el amor, éste se refugia en la identificación narcisista y así, “el odio se ensaña con ese objeto sustitutivo insultándolo, haciéndolo sufrir y ganando en este sufrimiento una satisfacción sádica.”
La hostilidad originaria contra el objeto, va al ideal del yo, y se dirige a uno mismo.

amor


Esta herencia del narcisismo originario, se separa del yo y entra en conflicto con él.
Esta instancia que se constituye con ideales culturales –que no siempre se hallan en armonía entre sí- devendrá en Super yó.

En el segundo supuesto del aparato psíquico, en el que contemplamos la modificación de la función y la situación de las pulsiones en el conflicto (las pulsiones sexuales y las yoicas quedan al servicio de la pulsión de vida y se introduce la pulsión de destrucción o pulsión de muerte) encontramos que, en el proceso de desmezcla de las pulsiones puede ocurrir algo particular. Tras el proceso de puesta y retiro de libido en objetos, se produce una desexualización, así, las energías psíquicas eróticas no logran la ligazón de una porción muy importante de la pulsión de muerte que tiene su destino en el Super yo. Por este proceso se explica el cariz sádico y cruel de esta instancia que vemos en la melancolía por ejemplo, castigando al sujeto.

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EL AMOR HOY Contigo & Sinmigo

“El amor es un desafío constante, no un lugar de reposo sino un moverse, crecer, trabajar juntos, que haya armonía o conflicto, alegría o tristeza, es secundario con respecto al hecho fundamental de que dos seres se experimentan desde la esencia de su existencia, de que son el uno con el otro al ser uno consigo mismo y no al huir de sí mismos” Erich Fromm

Parte de la conflictiva que vemos hoy en día en las relaciones de pareja, tiene que ver con el empobrecimiento relacional.
“Ya nadie quiere pagar la ardorosa pasión del amor” A. Dolina.
El espíritu que resulta de la cultura occidental contemporánea lleva a distintas formas de pseudoamor.
La sexualidad se disocia del amor y el amor tierno empobrece la sexualidad.

En este tiempo posmoderno, donde el vértigo, la velocidad, el aislamiento y el autoabastecimiento rigen las conductas de hombres y mujeres, a veces no se establece una trama relacional, un campo en el cual puedan realmente conocerse: no hay ni el tiempo ni el coraje de recorrer al otro y dejarse transitar en términos de ser descubierto.

La propia carrera narcisista, la desesperada búsqueda de la eficacia en función de determinados logros que brinden cierto nivel de supervivencia, lleva a que la pareja no sea un lugar de enriquecimiento personal y de intercambio, sino una relación donde una parte se agrega a otra para cumplir con ciertas necesidades.

En la posibilidad de mantener lazos sociales y en ellos involucrar la solidaridad, es lo que sostiene la identidad.
Hoy, el individuo es un ser anónimo con una identidad frágil, un ideal de identidad forjado defensivamente.
El individualismo es el rasgo cultural dominante que lleva a la indiferencia, el desinterés por el otro.

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Vemos las expresiones de este vacío afectivo enmascaradas tras la proclama de una supuesta libertad sexual.
En el tipo de relaciones que prevalecen, lo más importante es encontrar un refugio de la sensación de soledad.
Se establece una alianza de dos contra el mundo y se confunde ese egoísmo, con amor.

Los objetos “se consumen”, recubriendo al yo de una débil máscara y al perderse esos objetos no dejan nada al individuo.
Sólo le devuelven un vacío que debe llenar nuevamente.
Y si decimos amor, no hablamos de tolerar, no se trata sólo de resignación.

Pero hoy, uno y uno son demasiados, es dar o recibir y el sujeto de hoy se retrae supuestamente para fortalecerse y resultar más apto, y en ese retraimiento lo que encuentra es aislamiento.
Llama la atención, la prevalencia cada vez más notoria de los trastornos narcisistas de la personalidad. También, el “boom” de los grupos y sobre todo de los libros de autoayuda, en estos últimos tiempos.

Estos libros nos hablan que la realización personal es una vida –no podría ser de otra manera- “eficiente” y... ¿cómo se logra esto? Pensando en uno mismo, siendo capaz de controlar sentimientos, motivaciones, eliminando relaciones de dependencia, viviendo el momento presente, siendo capaces de amarse a sí mismos... “Sintiendo que eres importante, valioso y hermoso... Tú eres quien determina lo que vales sin necesidad de dar explicaciones a nadie...” (W. Dyer)

Estos discursos parcializan y fragmentan la relación con la cultura y con los otros mediante la exacerbación narcisística de la diferencia. Así se pierde la autonomía individual por una pasión desmedida por el propio yo.

Al fin, volvemos al principio, yo me amo a mi mismo, pero... “piensa en los demás” nos dice la sociedad. “Ama a tu prójimo” predica la Iglesia...
(“¿Cómo ganarse el cielo, cuando uno ama con toda el alma?” Jarabe de Palo)

Y así es inevitable, concluir que no hay vida humana sin vida social, no hay individuación posible si no hay otro que nos reconozca como individuos.
El otro aparecerá siempre como modelo, como objeto, como auxiliar o como enemigo.

Y en el vínculo con la cultura se generará un malestar inevitable, porque nos obliga a determinadas renuncias pero esto también nos alivia porque son las pautas de convivencia las que posibilitan la vida social.

El eterno conflicto entre los deseos y la realidad y la búsqueda de un equilibrio más o menos estable para nuestra estructura deseante.


narcisismo



enamoramiento



Bibliografía.


Casas de pereda, Myrta, Sobre las identificaciones. Un desarrollo freudiano. Temas de psicoanálisis año V nº7, set. 86, pp 89-97.
Freud Sigmund. Obras completas. 1910, 1912, 1914, 1915, 1921, 1923 y 1930.
Contribuciones a la psicología del amor II
Puntualizaciones sobre el amor de transferencia
Introducción del narcisismo
Pulsiones y Destino de Pulsión
Duelo y Melancolía
Psicología de las masas y análisis del yo
El yo y el ello
El malestar en la cultura
Ed. Amorrortu, Bs. As. 1980.
Fromm, Erich, El arte de amar, Ed. Paidós, Bs.As. 1976
Laplanche Jean, La sexualidad, Ed. Nueva Visión, Bs.As. 1980
Pichon-Riviere – Pampliega de Quiroga, La elección de pareja en “Psicología de la Vida Cotidiana”, Ed. Nueva Visión, 1986
Pinkler Leandro, “El nombre de Eros”, Revista Acheronta, Nº14, www.acheronta.org
Platón, Diálogos, Ed. Argonauta, Bs.As, 1944


ser amado


El amor desde el Psicoanálisis

19 comentarios - El amor desde el Psicoanálisis

@abelmauricio33 -1
Vamo ARRIVA URUGUAY!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
@Ferula +1
Muy bueno, no lo termine de leer pero lo voy a hacer...

Gracias!

+10
@djklaudiio
Muy bueno...

no te voy a mentir, no lo lei...

pero el enamoramiento a mi parecer es una cuestion quimica mas que fisica o psicologica...

no tengo puntos para darte, pero cuando tenga lo hare!

Va a favoritos para leerlo cuando pueda!

saludos
@Zorolo
en cuanto lo termine de leer, te digo que me apreció, si?
@nicogareis
abelmauricio33, para empezar arriva es \"arriba\", porque asi cualquiera se hace el culto. Muy buen post, lei mucho de lo que escribiste en los libros de mi facultad tambien. Felicitaciones por tu trabajo, ya que si hubiera sido copiar y pegar solamente no hubiera quedado tan bien. Muy buen laburo. No tengo puntos, porque no soy pro. Saludos
@lucysd
muy bueno aunque no lo termine de leer..pero va a favoritos y luego paso otra ves
@ffacundo1
exelente el tuyo
vas a favoritos me qde sin puntos
@inFreakSweTrusT +2
Zorolo dijo:en cuanto lo termine de leer, te digo que me apreció, si?

Y Zorolo aún no termina de leer...
@Septimoround
excelente, saco muchas dudas de mi cabeza sobre esta cuestiòn y ratifico de alguna manera mis propias . felicitaciones por tremendo trabajo!