La vida de los grupos cazadores-recolectores en América

Según los hallazgos arqueológicos, los primeros pobladores del continente americano, llamados paleoindios, se organizaban en pequeñas bandas o grupos, que no superaban los treinta miembros. Se estima que estaban unos unidos por lazos de parentesco y llevaban una vida errante, siguiendo los rebaños de rumiantes, cazando y recolectando frutos y semillas.
Muchos de miles de años después, algunos de estos grupos inventaron la agricultura y organizaron modos de vida sedentarios, mientras otros se extinguieron o continuaron siendo cazadores y recolectores.
La organización y los modos de vida de estos primeros habitantes son reconstruidos a partir de los restos materiales hallados en algunos sitios del continente. Por esta razón, los investigadores se refieren a ellos como culturas. Dos de las culturas paleoindias más estudiadas son las halladas en Clovis y Folsom, dos sitios ubicados en América del Norte.

Las culturas clovis y folsom
La llamada cultura clovis debe su nombre al lugar donde fueron halladas puntas de proyectil lancéolas y acanaladas, junto con herramientas bifaciales, como cuchillos, raspadores y lascas. La mayoría de los sitios encontrados eran posiblemente lugares de caza y procesamiento, ya que las puntas del proyectil fueron halladas junto a los restos de grandes mamíferos, como mamuts y bisontes. Estas puntas de hasta 12 cm de longitud son casi simétricas y están afinadas seguramente con el objetivo de facilitar su penetración en las presas.
Las puntas de proyectiles son los elementos más característicos de la llamada cultura clovis, que se extendió por casi toda América del Norte, especialmente sobre la zona central y suroccidental. Estos proyectiles de sílex eran empleados para la caza de grandes animales.
Se cree que los cazadores clovis emboscaban a los animales en los lugares donde estos se alimentaban o se detenían a tomar agua y las conducían hacia zonas pantanosas o de riscos, donde era más sencillo matarlos al quedar atrapados o despeñarse.
La antigüedad de los sitios arqueológicos de clovis, en el estado de Nuevo México, Estados Unidos, se estima en 13.000 años, y la desaparición de esta cultura parece conducir con la extinción de los grandes animales de los que se alimentaban.
Los folsom fueron grandes cazadores de bisontes. Las puntas que elaboraban eran más estilizadas y adelgazadas que las utilizadas por los clovis. Se calcula que esto proyectiles, que se distinguen por las acanaladuras laterales, que tienen una antigüedad de unos 10.000 años. Los restos arqueológicos que le dieron este nombre a esta cultura también se encontraron en el estado de Nuevo México.
Durante buena parte del siglo pasado, se suponía que los clovis cazaban mamuts y que las poblaciones folsom, bisontes. Sin embargo, algunos hallazgos comprobaron que los clovis cazaban ambas especies y que el hecho de que los mamuts no aparecieran en los sitios arqueológicos folsom se debe a que estos grandes animales ya se habían extinguido cuando este grupo habitó América.

Gente del mar en América del Sur: los chinchorro
Poco se sabe sobre el lugar de procedencia de los chinchorro, una comunidad de pescadores paleoindios que se establecieron en la zona de AricaCamarones, en el actual territorio de Chile. Algunos investigadores ubican su origen en el Amazonas. Otros hablan de un origen costero, en el sur de Perú, y hay quienes señalan que provendrían del actual Altiplano chileno.
La cultura chinchorro, que se fecha entre el 9000 y el 4000 a.C., fue una pequeña sociedad de cazadores y recolectores que habitó en el litoral marino, donde se alimentaban de mamíferos acuáticos y aves, y en las desembocaduras de ríos, donde se proveían de agua dulce.
La mayor parte de sus recursos alimenticios provenían de la pesca, de la recolección de los moluscos y de la caza de aves costeras y lobos marinos. Confeccionaron gran cantidad de utensilios de pesca: plomadas y anzuelos laborados con espinas vegetales o conchas de bivalvos. Sólo ocasionalmente cazaban con lanza, dardos y arpones mamíferos de los valles cercanos a los ríos.
Se han encontrado muy pocos vestigios de las viviendas de este grupo pero, a partir de estos descubrimientos, los arqueólogos estiman que eran sedentarios y que explotaban durante todo el año los recursos marítimos de que disponían.

¿Cuándo plantaron?
Un aspecto poco conocido de la historia de los pueblos originarios de América es cómo fue que algunos pueblos cazadores y recolectores nómadas pasaron a ser agricultores y se convirtieron en sedentarios. Se supone que la desaparición de las grandes presas a causa de los cambios climáticos fue uno de los aspectos que favoreció el desarrollo de la agricultura. En el valle de Oaxaca, México, más precisamente en la gruta de Guilá Naquitz, se ha encontrado un fragmento de una calabaza comestible, que tiene aproximadamente 8.000 años de antigüedad y que los arqueólogos suponen que es uno de los más antiguos testimonios de actividad agrícola.

Un complejo sistema funerario
Uno de los aspectos culturales más interesantes de los chinchorro fue su complejo sistema funerario. Se estima que alrededor de unos 7.000 años antes del presente estos pescadores comenzaron a momificar a sus muertos, práctica que perduró por unos 3.500 años. Los cuerpos eran completamente desarticulados para ser posteriormente reensamblados. Los pescadores chinchorro desarrollaron varios estilos de momificación a través del tiempo, como las momias negras, rojas y con pátina de barro.
Las momias negras fueron las más antiguas; en ellas los cuerpos eran reensamblados como si fueran estatuas a las que se pintaba de color negro.

El poblamiento del actual territorio argentino
En el actual territorio de la Argentina se hallaron restos arqueológicos que demuestran que el continente americano estuvo ocupado hasta la Patagonia.
En la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, se encontraron testimonios de actividad humana en Arroyo Seco, cerca de la ciudad de Tres Arroyos. Allí se han hallado restos superpuestos de varios campamentos habitados aproximadamente 12.000 años presentes antes del presente. En ellos se pudieron encontrara huesos de animales extinguidos, como el megaterio y el caballo americano (especie que se extinguió unos 10.000 años atrás). Estos huesos muestran huellas de haber sido partidos o cortados por antiguos pobladores de la región pampeana.
Muy cerca de Arroyo Seco, en varias cuevas y aleros del sistema serrano de Tandilla, se ha descubierto gran cantidad de materiales arqueológicos, cuya antigüedad es de entre 10.000 y 11.000 años. En estas cuevas se han hallado fogones, huesos quemados (algunos, de un armadillo extinguido) y numerosos instrumentos de piedra.
Hay indicios de que gran parte del territorio argentino ya estaba poblado hace unos 10.000 años. Los restos de estas ocupaciones se hallan en lugares muy diversos, como las quebradas de la Puna, las orillas del río Quequén Grande o las cuevas de la alta Cordillera de los Andes.
En la Patagonia, también se hallaron restos arqueológicos de unos 11.000 años de antigüedad. En sitios como Los Toldos y Piedra Museo, grupos cazadores y recolectores habrían habitado temporariamente cuevas y aleros. Estos grupos indígenas fueron, muy probablemente, bandas integradas por unas pocas familias que basaban su subsistencia en la caza del guanaco y del caballo americano.

La Cueva de las Manos
En esta cueva hay una enorme concentración de imágenes de manos en negativo. Se calcula que superan en 300 o 400 veces las que se hallaron en cualquier cueva europea.
Los pigmentos utilizados para imprimirlas son minerales y tiene una antigüedad de más de 10.000 años. La mayoría de los colores empleados corresponden a las gamas de ocre y del amarillo.
Además de las manos, hay representaciones de guanacos –hechas en colores ocre, negro y rojo– perseguidos por cazadores que los acechan con boleadoras. Las escenas so secuenciales, y en varios casos la captura de la presa se concreta 12 metros más allá de donde comenzó la representación del acecho.
En los cazadores se distingue un solo brazo (el que enarbola las boleadoras), y a menudo estas representaciones se “esconden y camuflan” en entrantes de la pared de roca, como si se ocultaran en una zanja real.
A pesar de que en las pinturas no se presentó ninguna otra arma que las boleadoras, en las excavaciones hechas en las inmediaciones de la cueva sólo se han encontrado puntas de flechas y lanzas.

Los cazadores y recolectores en la isla de Tierra del Fuego

Según estudios recientes, el poblamiento humano en la Patagonia comenzó hace más de 11.000 años.
En la zona del estrecho de Magallanes se instalaron grupos pescadores: los alacalufes y yámanas o yaganes. En tierra firme, los cazadores: onas, en la isla Grande de Tierra del Fuego, y tehuelches o patagones, en el continente.

El poblamiento de la isla

Ficha N° 1
En la isla grande de Tierra del Fuego, la historia del nombre viene de tan lejos como hace 11.800 años, cuando los colonizadores (cazadores-recolectores) ocuparon la porción noroeste de la isla, en un alero rocoso, denominado Tres Arroyos, próximo a San Sebastián, en Chile. Estos cazadores habrían llegado a la isla desde el extremo más austral de la Patagonia, antes del retroceso definitivo de los glaciares, cruzando por ríos o un puente de hielo. De hecho, entre 12.000 y 10.000 años antes del presente, cuando el nivel del mar estaba 60 metros por debajo del actual, existió un puente en el actual estrecho de Magallanes donde existían morenas glaciales y el valle fue ocupado por un río de deshielo.
Centro Austral de Investigaciones Científicas.
Conicet (adaptación).

Ficha N° 2
Los primeros cazadores y recolectores que llegaron a Tierra del Fuego debieron de haber creado diversas estrategias para obtener los recursos necesarios para subsistir en esa zona tan fría y húmeda. Seguramente, cazaban diferentes especies de aves y mamíferos y recolectaban algunas plantas para alimentarse.
Según investigaciones científicas, los grupos que habitaron esta zona 11.000 años antes del presente vieron extinguirse especies de animales y vegetales, pero mientras se produjo este proceso también crecieron en número muchas otras especies que aún perduran en la actualidad. Estos cambios obligaron a los cazadores a especializarse en determinadas técnicas de caza. Por ejemplo, debieron observar las costumbres de los guanacos para idear cómo acercarse a ellos y cazarlos.
Centro Austral de Investigaciones Científicas.
Conicet (adaptación).

Ficha N° 3
Los arqueólogos encontraron en diversas excavaciones utensilios de piedra, huesos y valvas. Es posible que esos lugares hayan sido campamentos de los primeros pobladores de la zona más austral de la Argentina y Chile. Los restos encontrados en el estrecho de Magallanes y en la Patagonia central permiten reconocer una evolución en la elaboración de herramientas para la caza y la pesca.
En la zona del canal de Beagle se hallaron restos de más de 6.000 años de antigüedad que permiten deducir que la actividad principal de los grupos que los originaron fue la pesca.
Recién en 1624 d.C., los descendientes de estos grupos, los yámanas, tuvieron contacto con los europeos. En febrero de ese año, un barco holandés que buscaba un paso hacia el océano Pacífico llegó al Cabo de Hornos. Para protegerse de las tormentas, los europeos buscaron refugio en la Bahía Nassau, entonces desconocida. El vicealmirante Schapenham exploró la bahía y descubrió las islas Lennox y Navarino. En la costa sur de esta última isla fue donde los europeos y los yámanas entraron en contacto por primera vez.

El guanaco es un animal herbívoro que se adapta con gran facilidad a distintos climas y terrenos. Actualmente, habita en las llanuras áridas y pedregosas y en las grandes alturas cercanas a las nieves eternas, en terrenos situados en el nivel del mar y a 4.000 metros de altitud.

Los yámanas
Los yámanas ocupaban aproximadamente unos 250 kilómetros por las costas Beagle, en tierras y aguas que hoy corresponden a los países de la Argentina y Chile, y llegaban hasta el Cabo de Hornos. La mayor parte de lo que se conoce sobre ellos fue escrito o relatado por misioneros y científicos que recorrieron la zona entre fines del siglo XIX y principios del XX.
Los yámanas son considerados canoeros. Pasaban la mayor parte del tiempo en sus canoas, desde las cuales pescaban y recolectaban mariscos. El lobo marino era su principal alimento, aunque también comían mejillones y, en ocasiones, ballenas, aves y guancos. Habitaban en chozas hechas con ramas de árboles trenzadas y, constituían utensilios, arpones y herramientas con los huesos de lobos marinos, ballenas y valvas. Los últimos integrantes de este pueblo desaparecieron hace aproximadamente un siglo.

Ficha N° 4
Hallan seis yacimientos de los yámanas en Tierra del Fuego
En 2007, se hallaron seis yacimientos de canoeros yámanas en una excavación que se inició en un terreno donde se proyectaba la construcción de un shopping.
Los objetos rescatados en cuarenta y cinco jornadas de trabajo de doce horas cada una serán estudiados en el laboratorio del Centro Austral de Investigaciones Científicas (Cadic), como parte del proyecto de relevamiento de restos humanos costeros.
“Estamos sacando la radiografía y, por ahora no podemos saber qué hay ni desde cuándo”, aclaran los arqueólogos, aunque estiman que los restos habrían sido producidos dentro de los últimos 2.000 por los grupos yámanas. Los yacimientos son depósitos de valvas, brasas, restos de piedra tallada y quizás pueda haber puntas de flechas y otros objetos.
“Parece sólo basura, pero a nosotros nos provee de información de alta calidad para determinar costumbres, dieta y hasta la temperatura del Beagle hace miles de años”, subrayó uno de los arqueólogos responsables de la excavación.
Silvio Bocchicchio, diario La Nación, 19 de febrero de 2007 (adaptación).

Ficha N° 5
En la costa fueguina se encontraron ya unos 1.200 yacimientos, de los cuales 218 se ubican dentro del Parque Nacional Tierra del Fuego. El 88% de estos vestigios se hallaba a una distancia alrededor de 200 metros de la costa, según precisó Ernesto Piana, la máxima voz científica sobre la cultura de estos grupos que el hombre blanco identificó como yámanas, hace unos 200 años.
La presencia humana en la costa sur de Tierra del Fuego e islas adyacentes hacia el Cabo de Hornos tiene más de seis milenios. “Si se escribiera la historia de esta gente en un libro de 620 páginas, los yámanas ocuparían las últimas diez hojas”, grafica Piana.
Para desarrollar su labor en la zona donde se hallaron los restos, los arqueólogos trabajaron en la siguiente manera: trazaron una grilla de un metro cuadrado sobre el terreno por explorar; luego cavaron y juntaron con cepillos y palas el material de interés en bolsas, rotuladas con la cuadrícula a la que pertenecían. Luego, pasaron el material por una zaranda (trabajo reservado para los días de lluvia) y guardaron los objetos libres de tierra.
Silvio Bocchicchio, diario La Nación, 19 de febrero de 2007 (adaptación).