Un mundo con desigualdades
El mundo, con sus intercambios de mercaderías y después de capitales, se fue conformando en una red interconectada de naciones que tenían diferentes posiciones relativas. Dentro de esas posiciones relativas se podrían distinguir dos áreas principales en el mundo: las industrializadas y las no industrializadas.
Europa, con Inglaterra a la cabeza, gracias a los beneficios de la industrialización, se transformó en el centro económico mundial, primera productora de bienes industriales, con alta disponibilidad de capitales (consecuencia de la misma revolución industrial) y una alta densidad de población (consecuencia de un pronunciado crecimiento demográfico). Así, Europa empezó a requerir alimentos básicos que suplieran la escasez de su producción y también materias primas, para que fueran transformadas en sus fábricas.
Las mercaderías europeas se esparcían por todo el mundo, pero sus capitales y sus emigrantes se dirigieron a un grupo de países que, por su baja densidad demográfica y su similitud de clima, cubrían mejor las necesidades europeas. Estos "países vacíos" desarrollaron productos que integraban la dieta alimenticia del europeo, pero básicamente tenían costos menores que en los países del Viejo Mundo.
Dentro de este grupo de países se hallaban los Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Uruguay y Argentina. Además de recibir inmigrantes, estos países fueron privilegiados receptores de las inversiones de capital de los países de Europa. En ellos fueron creciendo algunas industrias modernas, particularmente en los Estados Unidos, que hacía fin de siglo ya era una nación industrializada y a la vez gran productora de alimentos y materias primas.
Los países tropicales, como los de Centroamérica, se hallaban en peor situación que los anteriores, porque su dependencia del producto exportable era mayor, ya fuera de la minería o de la agricultura.
Por último, las áreas marginales, como las de África, mantenían algunas relaciones con el mercado mundial pero no alcanzaban a modernizar ningún sector importante de su economía. La consecuencia fue que se mantuvieron en una situación de estancamiento.
En general, estas áreas fueron presa de la expansión imperial de las grandes potencias de Europa.

El libre cambio como sistema económico internacional
Como consecuencia global de estas transformaciones disminuyó abruptamente el precio del transporte, el flete. En todas partes del mundo existían productores que querían vender y compradores que querían comprar. Por esta razón, los representantes de los fabricantes en los países europeos lograron que sus gobiernos abolieran o disminuyeran los impuestos a la importación y a la exportación. Imponiéndose el libre cambio. Inglaterra fue la primera en adoptar estas medidas en 1846; de otra forma, pero con similar sentido, otras naciones europeas facilitaron su comercio internacional.
De esta manera, facilitados los transportes y disminuidas las barreras aduaneras, se constituyó un verdadero mercado internacional para una gran cantidad de productos, aquellos que se comercializaban a escala planetaria. Los precios de estos productos no dependieron de los vaivenes de la producción local o regional sino que estaban determinados por la oscilación mundial entre la oferta y la demanda.
Siguiendo los consejos de los economistas clásicos, particularmente de David Ricardo. Las naciones del mundo fueron orientándose hacia la especialización productiva, basadas en sus ventajas comparativas. Según esta concepción, cada nación sólo debía producir aquellas mercaderías que por sus condiciones económicas y recursos naturales les tuvieran el costo internacional más bajo.
Esta especialización productiva en base a las ventajas comparativas determinó la conformación de una división internacional del trabajo, de la creación de riquezas, por la cual el mercado asignaba dos tipos de producción exportable, aquel que producía bienes industriales y el que producía materias primas y alimentos.
La especialización basada en la disponibilidad de recursos naturales, generaba una mayor eficiencia aunque también presentaba la dificultad de una extrema dependencia de las oscilaciones del precio internacional del producto, en el que el país exportador no podía incidir.