LA REPÚBLICA ISLÁMICA: UNA DEMOCRACIA RELIGIOSA

El sistema de la república islámica, que fue el elegido en Irán tras la victoria de la Revolución islámica de 1979 en un referéndum en el que acaparó los votos a favor del 98 % de los votantes, es un sistema democrático basado en la voluntad y decisión del pueblo y que se ajusta a las necesidades y a la cultura de la sociedad iraní.

Es posible que a aquellas personas que estén acostumbradas al modelo de democracia occidental y a las interpretaciones que Occidente hace sobre este sistema, la expresión “república islámica” se les antoje extraña e incluso desatinada, y más teniendo presente que no son pocos los que opinan que la democracia no admite adjetivos a modo de coletilla y que este sistema surgido en la Grecia Clásica es sólo real siempre y cuando el sistema imperante sea el de una república a secas.


Si bien tras un vistazo general esta tesis puede ser cierta hasta cierto punto, no obstante, si se observa con más detenimiento la cultura y la sociedad de Irán y su configuración política podrá captarse inmediatamente que aunque se eliminara el adjetivo de “islámica” al sistema político imperante en este país no sería en la práctica otra cosa más que una “república islámica”, con una población integrada por un 98 % de musulmanes —89 % chiíes— y el 2 % restante las minorías zoroastriana, cristiana y judía.......

Esta es la República Islamica de Irán
Constitucionalistas a principios del siglo XX.

... el movimiento constitucionalista de principios del siglo XX en Persia no cayó en saco roto, y aunque muchas son las cosas que se han sucedido durante los 70 años que separan 1909 de 1979, el sueño de un Irán democrático y parlamentario permaneció latente durante todo este intervalo hasta que las circunstancias, unidas a una serie de acontecimientos, culminaron en 1979 en la victoria de la Revolución islámica que puso fin a 25 siglos de monarquía.

En efecto, como se ha señalado, el clero chií del Irán ha estado siempre junto a la población, la cual no sólo no ha considerado que tuviera algo que ver en los crímenes cometidos por los distintos regímenes tiranos que se han sucedido en la historia de Persia —como en la Edad Media el clero cristiano con el Poder temporal—, más bien al contrario, ha visto en el clero a los vanguardistas de la lucha y el martirio en la senda de la libertad y en la defensa de los ideales del pueblo, lo cual es válido también cuando el régimen de Saddam Husein le declaró a la república islámica una guerra que duró ocho años y en la que perdieron la vida cientos de miles de personas entre ambos bandos.


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Clero y pueblo han estado unidos en la lucha en Irán. El actual líder supremo en el frente de defensa en la guerra de Irak.

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Una madre limpia el retrato de su hijo mártir por la Revolución.

Dicho esto, para aquellos que conocen la sociedad iraní y el chiísmo, el emparejar los pasos de éste con los de la democracia no sólo no es impensable y remoto sino que lo contrario sería lo sorprendente.

PROTECCIÓN DE LOS DERECHOS DE LAS MINORÍAS

Si consideramos que la democracia es el gobierno de una mayoría sobre una minoría, un simple vistazo al puzzle de las religiones y confesiones que forman la sociedad iraní mostrará que todas las decisiones de la población, desde el tipo de gobierno hasta los mismos valores de la sociedad, pasando por las leyes, la composición del Parlamento, la estructura del Poder Judicial y el sistema de enseñanza, todo, decíamos, se basará en la religión que profesa la mayoría, es decir, el Islam.

No obstante, el punto que aquí cabe reseñar es el derecho que se les otorgan a las minorías religiosas en el texto de la Constitución a tener representación parlamentaria, sin que para ello se les exija tener una población mínima. Según la Constitución, cada 300.000 personas se les asigna un escaño más a las minorías. Así, los zoroastrianos —seguidores de la antigua religión del Irán—, con una población de alrededor de 45.000 almas, los judíos, con unos 30.000, y los cristianos asirios de las Iglesia caldea, que son unos 40.000, cuentan cada uno con un diputado que defiende sus intereses. Los armenios, con una población de unos 350.000 creyentes, tienen dos representantes en la cámara, uno para el norte y otro para el sur. Vemos pues cómo no hay que tener una población mínima para tener derecho aunque sea a un solo diputado en la cámara.


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Armenios cristianos.

No deja de llamar la atención—a pesar de las acusaciones que se lanzan contra un supuesto Irán “antisemita”— el diputado que representa a los judíos, siendo los seguidores de la Torá la minoría más minoritaria. Irán es el único país entre los musulmanes y entre todo el mundo cuya Constitución recoge de forma explícita y sin ambages que los judíos tienen derecho a un diputado en el Parlamento, por muy pocos que sean.

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Judíos iraníes en una sinagoga en Teherán

Por otro lado, la Constitución da total libertad de culto a dichas minorías, que además tienen sus escuelas en las que pueden educar a sus hijos según sus costumbres y su credo. La oficialidad de la que gozan estas religiones hace que judíos, cristianos y zoroastrianos tengan derecho también a “santificar sus fiestas” y, por ende, faltar en el trabajo en las jornadas festivas de su calendario religioso.

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Imágenes de Zoroastro en un templo de fuego.

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Una fotografía de familia. De izquierda a derecha: los representantes de la Iglesia Caldea, de los judíos, de los zoroastrianos, de la Iglesia Armenia, la Católica y el actual presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad.

EL LÍDER SUPREMO: UNA FIGURA ELEGIDA, NO DESIGNADA POR DERECHOS HEREDITARIOS

La Constitución establece que el sistema que rige el Estado se fundamenta en el voto popular y se encuadra en el marco de tres poderes, a saber, el Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo y el Poder Judicial. Está de tal manera configurado que todos los puestos de decisión importantes son elegidos mediante sufragio universal, ya sea de forma directa o indirecta. De acuerdo con la Constitución, en la cúspide del Estado se sitúa el Líder Supremo de la Revolución Islámica. El principio 110 confiere a éste deberes importantes como delinear la política general del país después de consultar con el Consejo de Discernimiento de Conveniencia del Sistema, ordenar la celebración de referéndums —potestad que comparte con el Parlamento—, ejercer la comandancia general de las Fuerzas Armadas, declarar la guerra y la paz y movilizar los efectivos, nombrar, destituir y aceptar dimisiones de algunas de las más altas instancias, sancionar el mandato presidencial de la República tras la elección del pueblo, indultar o reducir las penas de los condenados, previa propuesta por parte del presidente del Poder Judicial, etc.

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El actual Líder Supremo, con una fotografía de fondo del fallecido Imán Jomeini, fundador de la República islámica de Irán.

Como no puede ser de otra manera, figura tan importante como la del Líder Supremo no puede ser designada de forma arbitraria, siendo, la Asamblea de Expertos —cuyos miembros han sido elegidos por sufragio universal—, la encargada no sólo de nombrar al líder sino, además, de controlar las actuaciones de éste, teniendo potestad incluso de destituirlo en el caso de que lo juzgue incapaz de desempeñar su cargo de forma satisfactoria, o, simplemente, nombrar a su sucesor en caso de fallecimiento......

La razón más importante por la cual los familiares del Imán Jomeini ni del ayatolá Jamenei se presentan a las candidaturas es para así demostrar que la pertenencia a la saga de uno de los líderes no debe hacer que los puestos del Estado pasen de padres a hijos como si de una autarquía dinástica se tratara, sistema que ya fue catapultado con el “sí” a la república islámica en 1979.


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La caída del sha estuvo acompañada por la caída de todas sus estatuas.

PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA POR LA GRACIA DEL PUEBLO

El segundo puesto en importancia en Irán es la presidencia del Gobierno, que sí es por sufragio directo. El pueblo es citado para ello cada cuatro años para elegir a aquellas personas que reúnan los requisitos para ello según la Constitución, y que se han convertido en candidatos con el visto bueno del Consejo de Guardianes. Las elecciones son libres y en ellas pueden ejercer el voto secreto todos los hombres y mujeres del país.
De acuerdo con el principio 113, el Presidente de la República es la máxima autoridad oficial del país, después del Líder, y tiene a su cargo la responsabilidad de cumplir la Constitución y presidir el Poder Ejecutivo, excepto en aquellos ámbitos que corresponden directamente al líder.


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EL INDISOLUBLE PARLAMENTO

El Parlamento es otro de los gruesos pilares de cualquier democracia que como tal se precie y en la república islámica goza de una posición sin par. Así, mientras el Líder Supremo y el presidente de la nación pueden ser destituidos, aunque hayan sido elegidos, si no son competentes en sus funciones —después de pasar esta delicada decisión por la criba del visto bueno de la Asamblea de Expertos y del Parlamento—, la Constitución ordena que éste último jamás pueda ser disuelto o clausurado, impidiendo así la posibilidad de que el pueblo se quede sin representantes. Nadie, ni siquiera el Líder Supremo ni el presidente tienen potestad para disolver la cámara bajo ningún concepto así como tampoco puede restringir sus atribuciones, cualesquiera sean las circunstancias, ni siquiera en estado de guerra......
Los diputados del Parlamento son elegidos por sufragio universal cada cuatro años y los escaños a ocupar se reparten en virtud de la población que tenga cada localidad.


EL ROL DE LOS PARTIDOS

Un rápido vistazo a las listas electorales nos mostrará otra de las dimensiones de la democracia vigente en la república islámica; la de los partidos y agrupaciones políticas.

Tal como expresa el principio 26, los partidos, agrupaciones, asociaciones políticas y sindicales y las asociaciones islámicas o las de las minorías religiosas reconocidas gozan de libertad con la condición de que no vulneren los principios de la independencia, de la libertad, de la unidad nacional y los preceptos islámicos, así como los fundamentos de la República Islámica. Además, a nadie se le puede impedir ser miembro de alguna agrupación, del mismo modo que tampoco se puede obligar a nadie que se afilie o se asocie a cualquiera de ellas.

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La libertad de pertenencia a un partido y la de fundar éstos queda constatada por el hecho de que en la actualidad —mayo de 2007— son 179 las agrupaciones que defienden sus tesis en la esfera de la política de manera formal y legal. A pesar de este colorido abanico de partidos hay que reconocer que los mismos no han estado gozando de mucha popularidad pues de ellos se tiene un concepto negativo entre el pueblo llano, de tal manera que la misma palabra partido —hezb, en persa— está, por decirlo de alguna manera, condenada al ostracismo y los mismos candidatos suelen evitar utilizarla en sus campañas electorales. El término “hezb” les ha estado trayendo malos recuerdos a los iraníes y lo asocian a los partidos adscritos al anterior régimen monárquico o bien a las potencias extranjeras.


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Durante mucho tiempo los partidos propiamente dichos no han podido —por culpa del estigma de la palabra que los designa— atraer suficientemente la confianza de los electores, quienes han estado soliendo depositar su voto más bien fijándose en el ala o tendencia por la que se mueve el candidato que del partido en sí. Pese a ello, cabe matizar que en los últimos años la palabra “hezb” se está despojando paulatinamente de este estigma y perdiendo esta negativa connotación que ha estado arrastrando durante los años que dura ya la república islámica.

En Irán todos los partidos, grandes, medianos y pequeños, giran como satélites alrededor de dos alas principales: los fundamentalistas y los reformistas. Los primeros están representados por el principal partido de la Sociedad Clerical Combatiente (SCC), que son lo que en Occidente se podría llamar la “derecha”, mientras que los reformistas son la “izquierda”, y están representados por la Asamblea de Clérigos Combatientes (ACC)....


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LOS AYUNTAMIENTOS

Bajando ya la escala llegamos a las instituciones más locales; la de los ayuntamientos, que son otros de los pilares importantes en los que se sostiene la democracia de Irán porque la población de una localidad elige a sus propios representantes —es decir, concejales— para gestionar su distrito. En la República islámica de Irán las elecciones locales se celebran una vez cada cuatro años en aquellas localidades en las que vivan 20 familias o más, lo que arroja una cifra en la actualidad de más de 33.000 ayuntamientos, entre ciudades, pueblos y aldeas. En la república islámica el pueblo elige a los concejales, y una vez formado el concejo del ayuntamiento, éstos son los que nombran por votación al alcalde.

LA CONSTITUCIÓN EN FEMENINO

No quisiéramos concluir sin mencionar cómo ve a la mujer la Constitución de la república islámica. Para empezar, en el preámbulo se habla de ellas como luchadoras que han lidiado en el campo de batalla contra el despotismo codo a codo con sus compatriotas varones. En otro de los epígrafes se le otorga a la mujer un papel especial en tanto y en cuando, como madre, es el núcleo de la familia —base de toda sociedad— y educadora de personas de provecho, sin que por ello se deba mermar la otra faceta que tiene toda persona; la de ser partícipe en las actividades de la sociedad, sin que por ello, a su vez, tenga que ser un objeto más de la sociedad de consumo a la manera occidental.

La Constitución no pasa por alto esta dimensión de madre de la mujer, a la que dedica un principio entero, el 21, en el que se promueve la creación de medios que contribuyan al desarrollo de su personalidad y a la revitalización de sus derechos, tanto materiales como morales, se habla de la protección a las madres, especialmente en el período de gestación, lactancia y educación, de crear tribunales competentes para salvaguardar la esencia y la continuidad de la familia, de crear un seguro especial para las viudas, las ancianas y para las mujeres que hayan quedado sin asistencia alguna, otorgar la tutela de los niños sin tutor legal a las madres dignas, en beneficio de los propios niños, etc.


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La mujer también acude a la llamada de las urnas.

Pero, insistimos, según la Constitución, el que la mujer sea madre y esposa no quiere decir que ésta tenga que estar recluida en casa o se tenga que dar un agravio comparativo respecto a los varones: la Constitución establece “garantizar todos los derechos a la persona, tanto a la mujer como al hombre” (Principio 3:14) y “tanto hombres como mujeres, estarán bajo la protección de la ley de forma equitativa gozando de todos los derechos humanos, políticos, económicos, sociales y culturales, respetando los principios islámicos.” (Principio 20) En virtud de este principio, hoy día la mujer iraní participa en casi todos los ámbitos de la vida pública. Desde amas de casa hasta vicepresidentas del Gobierno, vemos cómo la mujer iraní es libre de elegir si quedarse en casa para la magna tarea de educar a los hijos o salir a la calle para, junto a los hombres y demás mujeres que han decidido hacer lo mismo, llevar hacia adelante la nación abordando también una magna labor en el ámbito de la economía, la política etc........

CONCLUSIÓN

En conjunto la forma que los iraníes tienen a día de hoy de administrar su país se resume en lo expresado en el principio 6 de la Constitución, que dice que los asuntos de la nación deben ser administrados teniendo en cuenta la opinión del pueblo a través de elecciones tales como las presidenciales, las generales, y las locales, amén de que otras cuestiones que se determinan en otros principios de esta Constitución son susceptibles de ser sometidas a referéndum.

Por otro lado, una Carta Magna sin derechos es papel mojado y, la Constitución iraní, en su principio 19 señala que los individuos del pueblo iraní gozarán de derechos iguales, cualquiera que sea su etnia o tribu. El color, la raza, la lengua y otras particularidades no serán motivo de privilegio.

La prohibición de actitudes inquisitorias que van desde indagar en las creencias de la gente hasta la de censurar a alguien por profesar un credo determinado, pasando por el derecho reconocido en la Carta Magna iraní a la libertad de la prensa a expresar su opinión, libertad de asociación y de manifestación y prohibición de la tortura son algunos de los valores a destacar que reflejan fielmente el carácter democrático del sistema de la República Islámica de Irán.


Mohammad Reza Naderi Geisour
Director de IRNA en español
Mayo de 2007