BRICS: La convergencia de un nuevo orden mundial y el fin de la dominación occidental


           El fracaso del modelo neoliberal y de las ideologías neocolonialistas que pusieron a Estados Unidos y a los países europeos occidentales por sobre el resto dieron más protagonismo en la geopolítica mundial a las economías emergentes, en particular a las que integran el grupo de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Ajenos a la crisis global, los países del bloque acumulan reservas internacionales y mantienen buenas tasas de crecimiento, además juegan un rol importante en el comercio, la producción, consumo y precios de materias primas y alimentos. El economista francés Alexander Kateb se anima a hablar en su libro, Las nuevas potencias mundiales, de una “segunda globalización dominada por los países del sur.”

            La crisis financiera actual no hizo más que desestabilizar el reinado del dólar como la moneda de reserva del mundo y a las políticas expedidas desde Washington. El mundo reclama un sistema que brinde más estabilidad y sea más integrador, es por eso que los países del BRICS acordaron que sus bancos de desarrollo proporcionen créditos entre sí, pero en su moneda local. En conjunto, las acumulaciones de oro y divisas y otros activos ascienden a 1,3 billones de dólares. También se estima que para el año 2050 los BRICS se convertirán en los nuevos gigantes mundiales, y que desplazarán a Estados Unidos y las potencias europeas.

            “Se acabó la era en que las grandes potencias occidentales podían decidir solas el porvenir del planeta”, dice Kateb en su ensayo. La realidad es que el panorama global demuestra que el centro del conflicto se desplazó hacia los viejos gigantes y que ningún sistema político que ha servido de marco para la expansión económica está ofreciendo las respuestas adecuadas para un mundo en recesión. Para hacer frente a la crisis en Europa, se está reduciendo el gasto público, pero en consecuencia también  desaparecen puestos de trabajo, y pareciera ser que la única salida que queda son las exportaciones. Sin embargo, las medidas de austeridad tomadas por los países  (en especial Alemania) establecen una paradoja que no hará más que arrastrar a Europa dentro de otra recesión.

Los BRICS pueden desempeñar un papel clave si es que están dispuestos a ayudar a detener la crisis económica mundial. Por ello ya han demostrado su descontento hacia la política monetaria de los Estados Unidos y ante los estados miembros del FMI (Fondo Monetario Internacional), que prefieren defender la tradición de tener a un jefe europeo y mantener al margen a las economías incipientes -que hoy corren con ventaja ante las democracias que se sumergen en los déficits, la corrupción y la deuda-. Definitivamente, el conjunto que representa al 42% de la población mundial no puede seguir siendo ignorado. Además, Brasil, India y Sudáfrica están dispuestos a ocupar puestos permanentes en el Consejo de Seguridad de la ONU, como parte de una oferta por una mayor participación en los asuntos mundiales.

La riqueza en materias primas y el creciente número de trabajadores jóvenes determinaron el auge de los mercados emergentes. En el 2006, un informe del FMI dio cuenta de su crecimiento más rápido, un 7,5% que se imponía ante el 2,5% de las economías más avanzadas. El comercio interno entre los países del BRICS registró una tasa media de crecimiento anual del 28% en los últimos diez años, además, el volumen total alcanzó los 230 mil millones de dólares en 2010.

Para que los números detallados puedan seguir en ascenso, es necesario para los BRICS evitar un nuevo desastre financiero y que la crisis europea se expanda. La Unión Europea es un socio comercial fundamental para los mercados emergentes: la eurozona representa el 50% del comercio exterior para Rusia, y tan sólo la relación comercial entre la UE y China le representa al país oriental unos 49 millones de dólares, mil millones más que sus transacciones con los Estados Unidos.

En una entrevista para Página 12, el economista Alexander Kateb afirma que la convergencia de los países del BRICS estuvo bloqueada durante muchos años como consecuencia de la política de dominación del colonialismo. “En cuanto estos países tuvieron los medios para resolver los problemas internos, en parte gracias a que el Estado desempeñó un papel muy fuerte –tanto en China, en la India, en Rusia y en Brasil–, las dinámicas se pusieron a funcionar. China es hoy la locomotora de toda la economía mundial”, asegura Kateb.

            El ex miembro de la Comisión Económica y Presupuestaria de la Asamblea General de la ONU, Santiago Brugal, en declaraciones para el sitio Mirada Global, dijo que las medidas del FMI y el Banco Mundial para enfrentar a la crisis son “hipócritas discursos que proponen cínicamente las mismas recetas que saven inviables” y que las dos instituciones  siempre sirvieron como instrumentos de los países ricos y los Estados Unidos para la aplicación de las políticas neoliberales que tanto sufrimiento le han causado a los pobres.” Por eso, agrega: “Ahora le ruegan a los BRICS que ayuden a "salvar" el sistema financiero mundial bajo la égida del dólar y continúen financiando los gigantescos déficits macroeconómicos y gastos militares estadounidenses, junto a su irracional consumo, para que no se "desestabilice" el planeta”.

 Los países de BRICS ocupan una posición de fuerza y el imponente crecimiento económico de sus componentes no hace más que hechar luz a las penas del “mundo rico” que intenta persistir con sus ideales económicos del siglo XVIII –obsoletos para los tiempos actuales-. Un cambio en el orden monetario mundial y el fin del dólar como la moneda única de reserva son probabilidades latentes en un mundo que demanda mayor responsabilidad a la hora de dar créditos y aumentar el gasto público en áreas de infraestructura y empleo.


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