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Diseño, filosofía y cumbia villera

Cierta línea teórica del Diseño Gráfico baña generosamente a la sociedad con un discurso evangelizador y pretensión organizadora. Me pregunto quién ha instituído al Diseño Gráfico como fiscal y juez de la “buena visualidad”. La realidad suele dar golpes a los diseñadores gráficos, en tanto los humanos se empecinan en seguir siendo humanos y escapar a la futurología estadística. Cuando el Diseño quiere dictar, afortunadamente, pocos lo escuchan. Los alumnos universitarios, por tener oídos cautivos, pueden sufrir este trauma.

Me interesa trabajar seguidamente un ejemplo construido desde los márgenes para ejemplificar la posibilidad de aprender a diseñar en espacios y situaciones que, hipotéticamente, desbordan de mal diseño y problemas de comunicación visual. Se trata de la cumbia villera, un fenómeno social que habitualmente es despreciado y que por sus características constitutivas suele resistirse a los esfuerzos hermenéuticos.


UNO


Al decir de Charles Bukowski, un intelectual es alguien que dice algo simple de manera compleja y un artista es alguien que dice algo complejo de manera simple. Siguiendo esta línea, tomaré un concepto de la obra “La condición posmoderna: informe sobre el saber” de J. F. Lyotard. Voy a concentrarme en una idea breve de esta obra escrita en 1979. Una idea breve pero poderosa, casi una máxima glamster que bien podría haber sido aullada por Iggy Pop. “La verdad está en los márgenes”, ha dicho el filósofo francés. Vamos al margen, entonces.

Diseño, filosofía y cumbia villera


DOS

Quien crea que en el fundamento del punk está el anarquismo libertario (en lugar de una atrevida acción mercadotécnica) no conoce ni un minuto de la historia del punk ni la vida de sus protagonistas. Como efecto secundario, esta acción estratégica ha producido revulsión y algunas obras maestras del contradiscurso, lo cual no tiene relación alguna con su núcleo conceptual. O mejor diré, si acaso tiene un vínculo, no se debe a la consecuencia sino al azar.

pibes chorros


TRES

En Argentina se denomina “villas miseria” o “villas de emergencia” a los barrios precarios que ocupan lotes fiscales, plenos de pequeñas casas construidas con ladrillos huecos y materiales de descarte. Todo es bueno para armar una “casilla”: cartones, brea, chapas, bolsas y en general todo residuo que produce una moderna ciudad poco preocupada por el destino de su basura. En estos asentamientos, entre montañas de desperdicios, a la vera de riachos tóxicos y sobre napas contaminadas, las familias se cuentan de a miles. Viven en ocasiones sin servicios indispensables (agua potable, cloacas, energía eléctrica, etc.). Si bien no tienen la monumentalidad de las favelas de San Pablo en Brasil, las villas argentinas no detienen su crecimiento año tras año en ciudades como Buenos Aires o Rosario. Las alimentan sucesivas crisis.

marginalidad

CUATRO

Hay un subgénero musical en Argentina llamado “cumbia villera”. Se inició hacia 2001 con un grupo de transición llamado “Flor de Piedra” y continuó, ya afianzado, con dos bandas rivales (“Damas Gratis” y “Pibes Chorros”), con fórmulas seguidas por decenas de grupos y solistas. El subgénero causó conmoción por sus letras obscenas, sexistas, violentas, desbordantes de precariedad, vicios y encendida defensa de toda forma de clandestinidad. De alguna manera, por cierto placer que a la clase media porteña le produce el sonido de la frontera, la cumbia villera logró trascendencia mediática. Pero el carnaval fue breve, pues rápidamente volvió a su origen: el límite social, las casillas de las villas, la miseria como hábito y la violencia cotidiana de quienes no conocen mucho más que la falta. El subgénero fue acorralado por un ente autárquico del Estado denominado COMFER (Comité Federal de Radiodifusión) con un escueto informe denominado “Pautas de evaluación para los contenidos de la cumbia villera”. Posteriormente se prohibió su difusión radial y televisiva, alegando apología del delito. La cumbia villera en la década del '00 fue en Argentina lo que el punk en los años de su debut: una provocación plena de ferocidad planificada.

CINCO

La cumbia villera reconoce dos antihéroes, enfrentados como convencionalmente impone el principio de identidad relacional. Tal vez deba decir que realmente esta batalla ya ha sido superada y tiene un vencedor, al menos en las boleterías. El ganador está disfrutando hoy, en la medida de sus posibilidades, de un reconocimiento más allá del breve género que lo reconoce como soberano: el borde del rock y luego el humilde mainstream argentino lo han adoptado como su nuevo enfant terrible. No puedo ocultar que su transcendencia me produce cierta satisfacción. Pero para quien escribe, su producción carece de interés teórico. Porque no es un farsante, no miente en el estudio ni engaña en el escenario. Es un gran traductor del margen. Él es lo que canta. Pablo Lescano es un cronista de franca honestidad. En cambio, su némesis es puro artificio. Se dice ladrón, pirata, estafador, delincuente, pero nada de esto es verdad. En este sentido, se trata de alguien que desde el minuto inicial ha sabido comprender que el arte y el diseño mantienen lazos frágiles con la verdad pero potentes relaciones con la mentira. Que en el arte y el diseño es imprescindible mentir, fabular, conspirar, fantasear, deformar, ocultar, oscurecer. Eliminar toda transparencia de los objetos para colaborar en su identificación. Trabajar la puesta en escena. Es por ello que la figura de Ariel El Traidor Salinas se me emparenta con la de los héroes del punk.


link: http://www.youtube.com/watch?v=tGqXsCD8euY


SEIS

Pablo Lescano acusa a Ariel Salinas de plagiario, indigno y usurpador. La denuncia es similar y recurrente en todos los discos de Lescano. En principio me resulta insólita, en tanto estamos hablando de artistas que se reivindican a sí mismos como delincuentes. Me alegraría saber que efectivamente algunos de los temas de Ariel El Traidor Salinas, líder de “Pibes Chorros”, le fueron robados a Pablo Lescano, líder de “Damas Gratis”, pues eso lo enaltecería como artista. La obsesión por el crédito de la autoría, tarea de escrupulosos, es algo bastante tedioso. La originalidad como acto individual es un mito.


SIETE


En la brevedad de una cumbia se puede conocer más sobre el submundo de las villas miseria de Buenos Aires que en miles de datos estadísticos. Se puede acceder a algo que de otra manera es inaccesible. Pero hay que tener voluntad de investigador y superar el velo del prejuicio. Aproximarse a la comprensión de la cumbia villera no implica descifrar un problema de codificación sino de visibilidad. La verdad en la cumbia villera se encuentra en los márgenes del margen.


OCHO

Se han escrito mares de tinta sobre el debate modernidad / posmodernidad. Algunos de los slogans de ese debate han llegado a los discursos sobre el Diseño: la revolución de las tecnologías de la información, el teletrabajo, las identidades diseñadas, los shoppings devenidos en satélites descentradores de las ciudades, verdaderos domos indiferentes a su entorno donde se realizan los rituales de la cultura del consumo, la deriva de significantes, la preeminencia de la visualidad y el imperio de la simulación. Pero estos textos en general no han colaborado en la formulación de preguntas fundamentales que logren estremecer el estatuto del Diseño. Se ha pasado de la filosofía turística y sus máximas universalistas sobre la globalización a la fascinación por ese fenómeno involutivo denominado “redes sociales” (que en realidad son antisociales).

cumbia villera

NUEVE

¿Cómo puede rediseñarse el mundio de la cumbia villera? Las tapas de sus discos paradigmáticos se encuentran entre los símbolos más crueles de la precariedad visual, ante los ojos de los profesionales de la así llamada “ comunicación diseñada”. Un testigo poco reflexivo podría pensar que la pobreza musical se traduce en pobreza visual. Sería una torpeza. No hay una gran elaboración textual en una obra prototípica de cumbia villera pues el género tiene como condición de producción la baja elaboración textual. Es una condición genérica y no una elección del autor: hacer otra cosa significaría no entender absolutamente nada sobre la práctica. Entonces, la pregunta no es “cómo rediseñar” sino “¿por qué como diseñador pienso que todo lo que no se ajusta a mi forma de ver el mundo requiere rediseño?”

No recuerdo un momento de mi vida donde no se invocara desde el más recalcitrante moralismo el sufrimiento que la lengua estaba experimentando en manos de los jóvenes. Pasó en la década del ‘70, en la del ‘80, en la del ‘90 y vaya si está sucediendo actualmente. Los orígenes del mal suelen situarse en cierto espíritu laxo y despreocupado, en una hipotética indolencia prototípica de los jóvenes, a quienes poco les importaría la gramática y las buenas costumbres. De alguna manera incomprensible la lengua se las sigue arreglando para sobrevivir, década tras década, a tanta falta de amor por parte de sus usuarios. No solo para sobrevivir, sino para evolucionar. Tomo aquí la idea de evolución en el sentido darwiniano original: una evolución no necesariamente vinculada a la idea de progreso. Evolución como sinónimo de cambio antes que de mejoramiento. Y lo hago para diferenciarla de la noción de mutación, que tiene tiempos más breves y una dinámica caracterizada por el espasmo. Las lenguas inevitablemente cambian porque están vivas. No hay menos lengua en un tema de cumbia villera que en el Quijote, hay otra manifestación de la lengua. Cuando una lengua no se mueve, cuando permanece inmóvil, como quisieran algunos, es porque no tiene pulso. El español en el diccionario de la Real Academia Española es una lengua muerta, apenas mantiene vínculos tangenciales con el verdadero español, el que hablan millones y millones de personas que no son españoles. El español como lengua debería tener una Academia Latinoamericana que fije las normas de lugares remotos, islas y satélites en los que también se usa el español (como España). Similar consideración es válida para lo que se considera el alto diseño. Es un índice de hipertrofia.

pablo lescano

DIEZ

¿Qué podemos aportar los diseñadores gráficos, sin pretender explicarle al mundo cómo debe vivir con nuestro humildísimo proyecto? El planeta no necesita más iluminados sino apenas un poco de buena voluntad. O al menos, que no lo jodan.

Comentarios Destacados

_Anonymus_ +7
gran_comentador dijo:estos posts cagan la principal

No, los tadingas como vos cagan la "principal"

8 comentarios - Diseño, filosofía y cumbia villera

manuelcontreras7 -4
Negros de mierda
vandaloskap +2
Blancos de mierda, vuélvanse a Europa!
CammToty
Ariel no robo ningun tema del puto de lescano ! El unico que roba temas es lescano, cualquiera esa parte -.-
stellile
esto lo leì en tu libro....
carnepikante3
En un libro de frascara cuenta la anecdota de un ascensor fuera de servicio en una facultad de diseño o algo asi, la cuestion es que le pusieron un cartel diseñadisimo con toda la artistica y nadie le daba bola porque lo confundian con un cartel mas de los que habia por toda la facultad, entonces escribieron el cartel en papel arrancado de un cuaderno y la gente lo leia y subia por las escaleras. Le daban bola porque tenia una carga subjetiva a la cual le prestaban atencion,una asociacion con un obrero que labura arreglando ascensores. Algo asi era la onda es que a veces el mejor diseño es el "no diseño".