Hace 2 años escribí y subi este ensayo, el cual injustamente Taringa lo borró, no se porque, ya que es mi opinión. Sin embargo lo resubo.



¿De donde viene nuestra fe?
Existen palabras prohibidas y no me refiero a las del tipo “seis seis seis (el numero de la bestia)”, palabras que duermen bajo el manto de la sociedad para que los seres humanos las desconozcan, que juegan un rol esencial en el entendimiento de la religión. Entre esas palabras citaré: introyecto, una verdad de otro u otros que tomamos como cierta, sin fijarnos en el origen, la causa o el significado. Yo he sido presa de ella, tú has sido presa de ella, pero el creador del introyecto nó. (ejemplos: Los hombres no lloran, las mujeres son limpias y buenas, el hombre es infiel…).
Suena la misma letra con distinta música.
Cuando nacemos somos condicionados por la religión, si nacemos en oriente nos hablaran de un dios o deidad diferente a Jesús, si nacemos en occidente nos impondrán seguramente otra religión, y si tenemos un poco de suerte nuestros padres serán ateos y nos darán a elegir que camino tomar.
Si hoy descubriéramos textos de un hombre que nació de una virgen y que su padre era dios, y que caminaba sobre las aguas y resucitó, todos dirían que es un mito. Pero como hoy es la base de nuestra cultura y educación, la mayoría no lo cuestiona.
La fe cristiana se origina en un mito. Las pirámides muestran que la religión de los egipcios la cual fue anterior al cristianismo, creía en la vida después de la muerte entre uno de los tantos ejemplos.

Para muchas personas resulta sorprendente saber que uno es ateo (etiqueta a la cual no estoy de acuerdo). Lo primero que hay que aclarar es que el ateo no es un "negador caprichoso".
Muchas personas califican a los ateos como aquellos "que no creen en nada". “Tercos”, dirán los teístas, que se enfadaron con dios o la religión por cualquier razón. Tales imaginarios sobre los ateos son demasiado simples y esconden la verdadera razón del porque los ateos, o mejor los ateístas, no creemos en deidades.
No creo en Ghanesa por ejemplo, ni tampoco en Jesús. Ganesha es una deidad hindú que ha sido durante siglos adorada por millones de personas en Asia. Ganesha, ese dios al que los hindúes se encomiendan antes de empezar cualquier empresa, ha recibido adoración por más siglos que el carpintero de Galilea, y sus seguidores en la actualidad se cuentan por millones.

La cultura como eje de la religión.
La primera razón por la que no creo en Ghanesa ni en Jesús, es porque la religión es una cuestión subjetiva de aceptación cultural.
No creo en Ganesha porque no nací en India ni en una familia hindú. La gente usualmente pasa por alto que la religión "verdadera" que actualmente sigue es producto del contexto social en el que el individuo crece. Si hubiese crecido en India con seguridad el culto al dios con cabeza de elefante y cuatro brazos me resultaría tan común como las procesiones que veo cada julio a la Virgen del Carmen o a las imágenes del niño Jesús en muchos hogares de Colombia.
Algunos podrán decir que nacieron católicos pero ahora están en la religión "verdadera", sea esta la evangélica, la adventista o la menonita. En realidad los cambios mentales de una variable de cristianismo a otra son pocos, pues se sigue creyendo en Jesús como dios. Cosa diferente, y muy poco vista, es que los creyentes de la Virgen María y de Jesús cambiaran su adoración por
Ganesha y Vishnú. El contexto cultural de una Latinoamérica católica es compatible con el adventismo o el pentecostalismo, por eso estas religiones crecen más aquí que en India o en Egipto.
Imaginemos que un domingo ponemos una imagen de Ganesha en un parque público y empezáramos a rendirle culto. Llevándole frutas, incienso, velas,etc., a la usanza hindú.
Con seguridad muchas personas se detendrían curiosas a mirar el rito, aunque cuadras atrás hayan pasado por un templo católico y hayan elevado oraciones y puesto ofrendas a la imagen del nazareno o a la de la virgen. ¿Qué tienen de diferentes ambos rituales en el fondo? La única diferencia es la aceptación cultural. Al entender la religión como fenómeno sociocultural puede decirse que no hay una "religión verdadera" sino un contexto donde las creencias religiosas se toman como verdaderas.

Lo que no se cuenta no se puede medir ni evidenciar.
La segunda razón por la que no creo en Ganesha ni en Jesús, es que no hay Evidencias. No hay ninguna referencia histórica de que Jesús haya existido, y que viajaba con 12 personas curando gente y demás, entre los numerosos historiadores que vivieron en la época del Mediterráneo, ninguno lo menciono, como tal, con su nombre y sus hazañas descriptas.
Es de suponer que un ser humano que resucito de los muertos, ascendió al cielo, delante de todo el mundo realizo una cantidad de milagroso no haya sido testificado por nadie ni nada, salvo en la Biblia. Los cristianos e hinduistas podrán pedirme que muestre evidencias que sus respectivas deidades no existen. Pero debo decirles que son ellos, los creyentes, los que están en la obligación de presentar pruebas rigurosas de la existencia de sus dioses. Si alguien dice que hay unicornios, es esta persona la que debe presentar las pruebas de sus afirmaciones. Cuando presente las evidencias de los unicornios creeré en ellos, mientras tanto me mantendré incrédulo. Esto no es arrogancia, ni terquedad.
Lo mismo es aplicable para Ganesha y Jesús.
Si alguien desea crear una nueva religión basada en un unicornio omnisciente y misericordioso es libre de hacerlo. Pero no por ello debo tomarlo en serio. Luego, si esta doctrina, llamémosla unicornianismo, se hace popular y trascendiera por siglos, sigue siendo tan poco sólida como cuando fue fundada. Vale lo mismo para el cristianismo, el hinduismo, el Islam y la cienciología. ¿Notan la subjetividad de las religiones?
La católica Teresa de Jesús o la adventista Elena G. de White afirmaron haber visto a Jesús en visiones. Con seguridad las tuvieron, y no mienten, pero a la luz de la neurología actual es fácil explicar sus visiones como epilepsia de lóbulo temporal. Una persona con alzheimer en estado avanzado, cuando sueña y despierta rápidamente cree que el hecho ocurrió de verdad, y hasta podría salir corriendo de su cama para defenderse de la agresión del sueño. Es algo real, que cualquier psiquiatra podría corroborar.
Otros creyentes han logrado ver a sus deidades bajo el uso ritual de la Ayahuasca (o la soga del muerto), el peyote o el hongo Amanita muscaria, pero todas estas experiencias también se pueden explicar desde la neurología.
Aquellos creyentes que no han visto sus deidades por una epilepsia de lóbulo temporal u otro mal neurológico, o el efecto de sustancias químicas sobre las neuronas se quedan con tan solo la fe, la tradición, su adoctrinamiento y sus sensaciones interiores como razones para creer. Pero no son buenas razones.
El ateo no acepta las sensaciones interiores de los seguidores de Jesús o Ganesha, ya que los creyentes de todos los credos las han tenido.

Lo que no son cuentas son cuentos.
La tercera razón por la que no creo en Ganesha ni en Jesús es porque las historias que se tejen a su alrededor son demasiado míticas, primitivas, triviales y, voy a decirlo, tontas.
Según los hinduistas, Ganesha (también llamado Vinayaka) primogénito del dios Shiva y de la diosa Parvati, recibió su cabeza de elefante de una forma curiosa. Estando el dios Shiva en una guerra, Parvati le fue infiel a su divino esposo con un guardia, quedando encinta de Ganesha. Shiva, al regresar de la guerra se enfadó por la infidelidad y decapitó al joven Ganesha. A consecuencia de este acto, Parvati quedó sumamente entristecida, lo que afectó a su esposo. Shiva, ya un poco más sensato -pues que culpa ha de tener la criatura de las andadas de su madre- decidió darle la cabeza del primer ser que pasara, y sucede que el primer ser en pasar delante de la puerta fue un elefante.
Esta es una pintoresca historia, para ser contada a los niños en la escuela, motivar su redacción y para que hagan dibujos. Muy pocos de nosotros tomaríamos esta historia como un hecho histórico. Pero no es así para los hinduistas. Ellos, desde pequeños -volvemos al entorno cultural- fueron adoctrinados, “este relato es real”. Algo similar pasa aquí cuando a los pequeños, en cada novena o culto en la iglesia, les cuentan el relato del nacimiento virginal de Jesús, y en semana santa que Jesús murió por nuestros pecados, como si fueran hechos verdaderos.
Una mente escéptica preguntaría ¿Cómo podría empalmarse la anatomía de la cabeza de un elefante con una anatomía humana, músculo por músculo, nervio por nervio, vena por vena? ¿Y si lo que se le trasplantó fue la cabeza, cómo es que Ganesha no perdió la memoria o sus recuerdos al tener otro cerebro?
De seguro un sacerdote hindú daría una respuesta que elimina todo cuestionamiento: “Shiva es todopoderoso, el sabe como hacerlo”, o “son cosas de los dioses” ¿Le resultan familiares estas respuestas? Pues si, cuando los ateos cuestionamos los relatos bíblicos y presentamos objeciones racionales, que los autores de la Biblia nunca enfrentaron porque vivieron en una época sin ciencia, los cristianos responden: “Dios es todopoderoso”, o “son cosas de mi Dios”
Si quieren conocer de donde viene el mito de todos los dioses casi al final del documento hay un anexo llamado El cristianismo basado en religiones antiguas.

“Todo lo que el humano no sabe explicar relincha que fue Dios o el diablo”
La cuarta razón por la que no creo en Ganesha, Jesús y otras deidades es porque estos dioses fueron creados para llenar el vacío explicativo en tiempos primitivos. En la edad media y especialmente en Francia se condenaba a las supuestas brujas porque decían que hacían pactos con el Demonio, sin embargo, jamás se pudo comprobar como una persona podía hacer pactos con el demonio y como arrojaría el mal a los demás (sugestión). Tampoco se pudo comprobar como las brujas volaban, ya que esto era una leyenda urbana, las personas que creían ser brujas introducían una sustancia en la punta de su escoba y la frotaban dentro de su vagina, era un simple alucinógeno que les hacía creer que volaban por los cielos.

Y la historia se repite.
Sucedió lo mismo con los hombres lobos, la iglesia condenaba a la hoguera a miles de personas que creían serlo, y hoy se sabe que existen personas licántropos y no tienen relación con Satán…
Hace poco mas de cien años, a las pacientes con histerias mentales, se las consideraba poseídas por el Diablo, luego con el avance de la psicología se descartó esa tonta idea.
La historia se repite, todo lo que el humano no entiende, se lo atribuye a Dios o al Diablo.
Todos los pueblos han creado historias fantásticas para explicarse el origen del mundo y la humanidad. Estos mitos ya no son necesarios porque tenemos una herramienta mucho más precisa para conocer el mundo: la ciencia.
Gracias a la ciencia podemos saber que somos producto de un proceso evolutivo. No provenimos de la diosa Bachué que surgió de las aguas de la laguna de Iguaque con un niño en sus brazos, ni del maíz a causa de los dioses mayas, ni fuimos hechos del barro por Jehová, como narra el mito hebreo. La reticencia a la evolución biológica, por parte de muchos cristianos es fruto del adoctrinamiento religioso."No la aceptamos porque contradice la Biblia", dicen.
Son teorías obsoletas, que sirvieron para taponar el gran agujero de duda, pero hoy ya no convencen a nadie.
Obviamente, hay muchas cosas que la ciencia aún no conoce. Pero no por eso me atrinchero en la fe y oculto mi ignorancia con un: "Dios lo hizo así". Es más honesto decir "aún no se sabe" que afirmar que fue hecho por un ser del cual menos evidencias hay. Durante siglos muchas cosas que se desconocían, como la naturaleza de la luz, el origen humano, o la naturaleza de la herencia biológica permanecieron esquivas al conocimiento, pero gradualmente la ciencia fue develando el misterio. Y en ningún caso la hipótesis de Dios fue necesaria.
El poder explicativo que la ciencia tiene, y la certeza de sus afirmaciones que se hace evidente en el desarrollo de la tecnología ha disgustado a muchos de los defensores de la creencia religiosas. La oposición a las ideas de Copérnico,
Galileo, Darwin, Gamow y muchos otros son famosas.
Algunas personas dicen: “Bueno, puede que un dios personal atendiendo miles de millones de plegarias por hora, como un gran call center cósmico, sea poco probable, ¿pero, no crees que debe haber una fuerza o energía sobrenatural en el Cosmos?” Pero, ¿por qué habría de ser sobrenatural esta fuerza? Si se trata de fuerzas cósmicas, acepto cuatro y no una. Estas son la fuerza de gravedad, el electromagnetismo, las interacciones fuertes y las interacciones débiles. De estas cuatro fuerzas tenemos suficientes evidencias, y se puede aprender mucho de ellas estudiando física. Pero, aceptar una fuerza sobrenatural requiere una gran evidencia la cual ninguno de sus defensores ha presentado hasta el momento.

Matando en nombre de dios.
La quinta razón por la que no creo en Ganesha, ni en Jesús es que pienso que el mundo está mejor sin que creamos en dioses. Si pusiéramos un punto rojo en un mapamundi en cada lugar donde hay un conflicto armado y violación de los derechos humanos, sin lugar a dudas muchos de estos puntos corresponden a conflictos religiosos. La mayoría de ellos en el borde de la expansión del Islam: Cachemira, Filipinas, Nigeria, Somalia, Indonesia. Pero también habría muchísimos puntos rojos en países ya islamizados, como Irak, a causa de los coches bombas entre chiitas y sunitas, cuya cuenta ya perdí. Esto muestra que dentro del mismo Islam no existe la paz que le quieren imponer al mundo por la fuerza.
La historia de Europa antes del laicismo también me apoya: La persecución de judíos a manos de cristianos, la masacre de hugonotes en Francia en manos de católicos, o de albigenses también a manos de católicos. Súmenle a la anterior lista la expansión del Islam en el Viejo Mundo y el avasallamiento de los pueblos indígenas de América, África y Australia por los colonos cristianos. La idea de la adoración correcta a un dios, o la del dios verdadero, ha llevado y lleva a un derramamiento de sangre cruel, y cuando menos ha producido la discriminación de los hombres de ciencia, del que cree otra cosa, de las mujeres, de los homosexuales, y de los ateos.
Con frecuencia, sacerdotes, pastores y rabinos nos dicen que la religión es un baluarte para los valores morales de la sociedad.
El argumento teísta, hecho famoso por Dostoievski, "de no existir Dios, todo nos seria permitido", se cae al analizar casos como los de Suecia, Noruega, Dinamarca o Nueva Zelanda, naciones que tienen un gran porcentaje de no religiosos, ateos, que no están sumidas en el caos. De hecho tienen un nivel de vida alto, además de ser reconocidos por su orden y civismo. De ser cierto el argumento teísta, las cárceles del mundo estarían llenas de ateos y agnósticos, pero este no es el caso.
De hecho, son los países más religiosos (como el musulmán Irak y el cristiano Estados Unidos) los que muestran altos niveles de violencia. Tengamos en cuenta que la moral cristiana consintió la esclavitud y la persecución religiosa por siglos, o que la moral católica jamás se ha pronunciado en contra de una práctica tan cruel como es el toreo. La moral islámica permite el castigo físico a las mujeres, y convierte a los no musulmanes en personas de segundo rango. Pretender que la moral judeocristiana o la islámica sea superior a la moral humanista secular, es absurdo. Los ateos también podemos vivir una vida moral y decente sin necesidad de intoxicar nuestro intelecto con mitos de creación y redención.
Algo curioso que está sucediendo en mi país, es la aparición de una gran cantidad de curas y pastores pedófilos; es evidente que una persona sin contacto sexual no puede vivir en armonía por mucho tiempo, ya que somos seres biológicos y nuestra meta humanística es asegurar la descendencia. Por más que muchos no sepan siquiera para que están en el mundo, nuestra meta principal es evolucionar y procrearnos para que nuestros genes perduren. Algunos religiosos no saben qué pensar cuando ven estos casos, que no son más que una burbuja en plena explosión de seres biológicos que al restringir su sexo, llegan a un punto que terminan explotando en cualquier acción irracional, sacada del contexto moral. La lista de pastores y curas degenerados es enorme y aun quedan muchos por descubrir.

La religión como placebo.
La sexta razón por la que no creo en Ganesha ni en Jesús es porque el consuelo psicológico de las religiones es un consuelo engañoso.
Para los creyentes de Ganesha y de Jesús, su fe les reporta un alivio psicológico. Podría pensarse que esto es una evidencia de su existencia, pero no lo es. Es solo una explicación del porque persisten estas creencias. Pero incluso, si se analiza de forma escéptica la bondad de las deidades, estas dejarían mucho que desear. Muchos creyentes creen que porque tienen fe en Dios, tienen suerte y les va genial en la vida, sin embargo, yo no creo en Dios, y soy muy feliz y tengo lo que deseo. ¿Que explicación abría que dar por ello? .


El miedo como asesino silencioso.

La séptima razón por la que no creo en Ganesha ni en Jesús es que una creencia no debe basarse en el temor. Muchos de los adeptos al dios Jesús predican que para evitar ir al infierno uno debe creer en él. Los creyentes del misógino Alá dicen lo mismo. Los de Ganesha, afortunadamente, no amenazan con la condenación. Aparte de la falta de evidencias aportadas sobre su dios, habrá que añadirles las del infierno.
Algunos cristianos dicen: “¿Y qué tal si al morir te des cuenta que Jesús existe y te condenes para siempre?” Esta no es una buena razón para creer en Jesús. Dime, preciado cristiano, ¿qué ocurrirá si al morir te das cuenta que Alá es el verdadero dios, y te condenaste por no haber aceptado el Corán? ¿Y qué tal si al morir te encuentras con Anubis, el dios egipcio con cabeza de chacal, conduciendo tu espíritu para ser puesto en la balanza?… ¿y si decidiera que no fuiste lo suficientemente bueno porque en vez de apadrinar a un niño huérfano o ayudar a las victimas de un desastre natural decidiste darle el 10% de tus ingresos a los pastores cristianos?
Creer en Ganesha, Jesús, Alá, Bachué o los unicornios es resultado de un acto de fe y por lo tanto ajeno a la razón. Ser ateo es no creer en dioses, y no es cuestión de rebeldía. Ser ateo es cuestión de honestidad intelectual frente a la ausencia de evidencias aportadas por los creyentes. Es cuestión de racionalidad frente a los credos religiosos, que ignoran que la investigación escéptica, la búsqueda de evidencias y la promoción de valores humanistas son más útiles que el anquilosamiento en la visión, tanto del mundo como de la moral, de personas que vivieron en un pasado ignorante, y con menos derechos humanos. Ser ateo es tener el intelecto libre.


Acercándonos al final… ¿o al comienzo?

Para ir redondeando las ideas, centrémonos en el único fundamento racional que tiene el cristianismo, la Biblia.

Es evidente y cualquier persona racional se daría cuenta que el libro fue escrito por seres humanos hace solo algunos miles de años, lo que evidencia que no tiene un origen sobrenatural o sabiduría mágica.
Creer que el origen de la tierra tiene apenas miles de años cuando se sabe que la tierra tiene más de 4,60 mil millones de años, es suicida. Pero hasta que no se descubrió eso, las personas creían lo contrario, y aun así, no se puede mover semejante archivo colectivo de algunas personas creyentes que parecen estancadas en el tiempo.
La no mención de los dinosaurios es un grave error, que si no fuera por sus descubridores hace escasos cientos de años, la humanidad seguirá dormida en la ignorancia en cuanto al conocimiento, y eso demuestra que cuando la Biblia fue escrita no se sabia nada del mundo, si supuestamente es la palabra de dios, El tendría que saber como funciona su propio sistema.
La no mención de los planetas y satélites es otro claro ejemplo de porque en esa época no se tenia mención de nada de ello.
Las únicas pruebas físicas que tenemos de los relatos de la Biblia han sido demostradas que eran falsas.
Jamás se encontró el arca de Noe, ni rastros físicos en el monte Aratat, a pesar que unos fanáticos religiosos paranoicos encontraron un trozo de madera, fueron analizados dando resultado negativo.
La Sábana Santa de Turín la cual supuestamente fue envuelto Jesús, se demostró que no tiene los años que tiene que tener, mediante la prueba del carbono 14.
Tampoco habría que preguntarse porque la Biblia es el libro mas vendido de la historia, cabe destacar que la Biblia es gratuita, y es impresa con los impuestos de los ciudadanos.
El relato del diluvio universal, esta comprobado que fue falso por una serie de hechos no pudieron demostrarse jamás, la tierra nunca fue inundada en su totalidad, así lo demuestran los exámenes geológicos, además la tierra no puede inundarse en 40 días y 40 noches sin parar, se precisa tres veces mas el agua del océano para hacer un esférico de agua superando al Monte Everest y cualquier rastro de tierra visible.
Las maderas no hubieran soportado 40 días, sin parar. Un Arca de ese tamaño es imposible de construir solo con maderas, se precisan materiales mejores y más resistentes. No se explica como en 7 días Noe ingresó todas las especies de animales, si hoy se sabe que hay más de 3 millones de especies (hace miles de años atrás también había una cantidad así), y la historia sigue…
Los 12 mandamientos.
Fueron sacados del encanto 125 “El libro de los muertos Egipcio”(Recordar que la cultura egipcia fue anterior al cristianismo), entre sus frases rezaba “no he robado,” “no he matado”, “no he mentido” etc…
La Biblia no es nada mas que un hibrido literario astro-Teológico como casi todos los mitos religiosos anteriores.

¿Y que decir de la iglesia?
Podemos reconocer que como instrumento para regir la moral, es eficiente, y las personas adoptan comportamientos idóneos, pero también podemos decir que sin iglesias, sucedería algo muy parecido, ya que existen libros de filosofía o ética, que además de no contar mitos falsos, nos enseñan a ser mejores personas.
Cabe destacar finalmente, que la iglesia como institución de poder perdió muchísimo terreno, y hoy por ejemplo, no nos haría desaparecer del mapa si nos hacemos llamar ateos, pero en el pasado eso era herejía. La iglesia perdió poder y credibilidad, gracias a las verdades que desvelo la ciencia y eso hizo que el terreno cada vez se achicara mas, porque al descubrir que la tierra gira alrededor del sol y no el sol alrededor de la tierra, entre tantos ejemplos, o al descubrir que el origen de la tierra se remonta a millones de años atrás, la gente comenzó a entender que las verdades puras y empíricas no podían ser tapadas por la iglesia, la cual se dio por vencida, y reconoció su ignorancia. Aun así, les quedó un margen de terreno, y se defienden con la idea de que el Big Bang lo creo Dios. Antes no se conocía sobre esta teoría, pero ahora que se conoce, se la atribuyen a dios. Según sus palabra: “Fue dios el que creo la explosión”.
A través de desmenuzar a las religiones racionalmente, y con una mirada critica y empírica, hoy nos damos cuenta que Dios no nos controla o nos manda desgracias o suertes, nosotros, somos lo que somos y estamos donde estamos por lo que hemos puesto en nuestra mente. Es curioso como algunos paranoicos cristianos creen que por ejemplo el terremoto de marzo 2010 en Chile, fue una advertencia de dios para que tomemos conciencia del daño que le causamos a la tierra, y que los terremotos en este tiempo aumentaron, y las tormentas también. Esto no es asi! Se registran el mismo número de tormentas como todos los años.
Toda esa carnicería de personas fallecidas sin merecerlo, fueron llevadas por dios supuestamente, no tiene sentido, ni hablar de aquellos religiosos mas modernos que explican estas catástrofes como “karma colectivo”, donde explican que reúne a un grupo de personas un segundo antes de morir y luego por arte de magia se los lleva.

Vísperas de nuevas conciencias.
Estamos en el 2010, la ciencia ha demostrado con humildad y a su vez rigor que se puede salir adelante con la verdad, que el nacimiento de niños con síndrome de down, no es producto del castigo divino, son errores de genes, nada más. Los niños que mueren a los pocos años de vida, no se los lleva dios, ¿para que los llevaría? , mueren, la vida es compleja, y si no se ejecutan todos los pasos, puede haber un fallo y la muerte.
Hoy victimas de la inseguridad social nos pueden matar como si nuestra vida no valiera nada, y no tiene nada que ver con Dios o Jesús, tiene que ver con la humanidad, somos seres biológicos súper desarrollados, pero esa evolución lleva ya mas de 4,60 mil millones de años y aun seguiremos. Desde que el mundo y la humanidad empezó a surgir hasta ahora, la violencia fue cada vez menor. En el pasado a cualquier persona que pensaba diferente las hacían borrar de mapa, la poligamia era algo normal, y había guerras mucho mas a menudo, y terribles. No podemos decir que el mundo no evolucionó.
Lo importante no es expandir el contenido, sino el contexto. Porque basarnos única y exclusivamente en la Biblia que es puro contenido, nos cerrará el espectro.
Si vemos el contexto, veremos ramas como la psicología, geológica, física, química, neurología, y a través de su información empírica podemos revelar realmente de donde venimos y qué es cierto y qué es mentira. Y recuerden, mientras más investiguen, más conocerán la verdad.

Mensaje final Para los lectores:
Esta obra no intenta cambiar los conceptos ni paradigmas de quien la lea, simplemente expongo mis conceptos para quien quiera conocerlos. Cada uno es libre de pensar lo que desea, y mis intenciones son las de dejar a interpretación propia cada palabra. No lo considero ofensivo, por ende, no tengo porque disculparme si hiere la sensibilidad de una o mas personas.
Es un texto humano, basado en el empirismo, sin agresión, agravios, ni violencia



ANEXO: El cristianismo basado en religiones antiguas.
Diez mil años antes de Cristo, las culturas antiguas adoraban al sol, este descubrimiento lo obtuvimos mediante sus dibujos, grabados y escrituras, el respeto y la adoración era sustentada por el calor y la seguridad que les brindaban a aquellos pobladores. El sol salvándolos del frió y alejándolos de los predadores de la noche. Ellos entendían que sin el Sol, las cosechas se perderían y la vida del planeta no sobrevivía. Debido a esto, este objeto fue el más adorado de todos los tiempos.
Las primeras civilizaciones no solo seguían al Sol sino que también a las estrellas, las personificaban y elaboraban mitos incluyendo movimientos.
El sol fue personificado como un representante del creador no visto o dios, el sol de dios, la luz del mundo, el salvador de la raza humana etc.
De la misma manera las 12 constelaciones representaban lugares de viaje del Sol de dios, y eran identificadas con nombres generalmente representando elementos de la naturaleza. Por ejemplo Acuario es el aguatero, que trae la lluvia de primavera.
Centrémonos en Horus por ejemplo, este es el dios sol de Egipto. Se data alrededor de 3000 años antes de cristo. Él era la figura antropomorfa del sol, y su vida es una serie de mitos alegóricos relacionada con el movimiento de éste en el cielo. Gracias a los jeroglíficos de Egipto sabemos mucho sobre este Mesías solar.
Horus, siendo el sol y la luz, tenia un enemigo conocido como Set, quien era la personificación de la oscuridad y la noche, hablando metafóricamente cada mañana Horus le ganaba la batalla a Set, mientras que en el atardecer Set conquistaba a Horus y lo mandaba al bajo-mundo (era el movimiento de la salida y la puesta del sol, hablando racionalmente)
Oscuridad vs luz o bien vs mal, es una de las dualidades mitológicas mas extendida que se conocen, mantenidas así hasta las fechas actuales.
Conozcamos la historia de Horus: Nació un 25 de diciembre de la virgen Isis-Meri, su nacimiento fue acompañado por una estrella en el este, la cual ayudo a tres reyes a ubicar y adorar al salvador recién nacido.
A los 12 años era un niño prodigio, a los 30 fue bautizado por alguien llamado Anup, y así empezó su ministerio. Horus tenía 12 discípulos que viajaban con él realizando milagros como curar enfermos o caminar sobre el agua. Se lo conocía como “la verdad”, “la luz”, el “hijo elegido de Dios”, “el buen pastor”…
Después de haber sido traicionado por Typhon, Horus fue crucificado, enterrado por 3 días y resucitado. Estos atributos parecieran filtrarse a muchas culturas del mundo, ya que tienen la misma estructura mitológica.
Attis de Frigia (1200 años antes de cristo), Krishna de india (900 años antes de cristo), Dionisio de Grecia (500 años antes de cristo), Mitra de Persia (1200 años antes de cristo).
La única pregunta seria, ¿porque estos atributos? La secuencia de nacimiento de todos ellos es completamente astrológica.


Finalmente:
Si nos sentáramos en nuestro confortable asiento, trazáramos una línea en nuestra computadora (no se utilizan mas hojas físicas), y en la primer columna pondríamos las características de la religión, y en la otra la explicación científica sobre de donde venimos, veríamos que la primera esta llena de contradicciones y cosas que no cierran, eso era lo que me pasaba a mi y no me dejaba dormir, siempre sentía que me faltaba un poco mas, como ex creyente nunca quedaba satisfecho, sentía que faltaban verdaderas piezas del puzzle.
Estudiando descubrí la verdad, y esto provocó un cambio de paradigma, y la libertad de saber que soy humano, no un autómata paranoico observado por alguien mas. Hoy soy libre. Con una conciencia limpia y humanística.
Hubiera sido genial que hubiera un Dios todopoderoso, clemente, que juzgue a los malvados, y beneficie a los buenos, pero el problema es que no existe.
La cristiandad no esta basada en verdades. La cristiandad, junto con todos los otros sistemas políticos de creencias teístas es el fraude de la era, sirve para separar las especies del mundo natural, y de la misma manera a los demás. Apoya la ciega sumisión a la autoridad, reduce la responsabilidad humana al hecho de que dios controla todo; se pueden justificar crímenes horribles en nombre de la búsqueda divina. Y aun más importante, hace más poderosos a aquellos que conocen la verdad, pero que usan el mito para manipular y controlar a las sociedades. El mito religioso es el mecanismo mas poderoso que jamás haya sido creado, y sirve como terreno psicológico donde los otros mitos pueden prosperar.


“La religión cristiana es una parodia a la adoración del sol, en la cual pusieron a un hombre llamado Cristo en el lugar del sol, y lo adoran como originalmente adoraron al sol. (Thomas Paine)


ANEXO 2: CARTA DE MARTIN MARCONETTO COMO REFLEXION FINAL
Cuando de chico descubrí lo que significaba morirse, no pude contener el llanto acurrucado en la cama de mi madre. Ella se acercó y me preguntó que pasaba, yo por supuesto, le confesé que no quería morirme, porque eso significaba dejar de existir.
Así de brusca es la verdad cuando llega, a veces lo hace como un gancho cruzado de derecha sobre un montón desprotegido. Sin embargo, mi madre me dijo que morirse no era el final, porque una vez terminara nuestra vida terrenal, después venía otra, allá en el Cielo, un lugar donde íbamos a estar todos juntos de nuevo. Yo no supe que pensar, pero no me costó mucho decidirme, entendía con 7 años que había solo dos opciones: creerle a mi madre, o sufrir por una no existencia hasta morirme. Opté por la primera sin demasiada convicción. Luego vinieron las clases de catequesis, entonces, durante algunos años, alimenté esa idea narcisista que rozaba con la inmoralidad: creí en Dios y en el Cielo.
Mi vida era plena nuevamente, “no iba a dejar de existir aunque me muriera”, y eso era lo que necesitaba para sentirme bien conmigo mismo. Claro, no todo era tan sencillo: en la Iglesia surgió un nuevo dilema, “el que es malo no va al Cielo, va al Infierno”. Fue así que entendí como funcionaba el mundo, todo cerraba perfectamente, y aunque ahora tenía miedo de pensar en cosas malas, sabía que todo estaría en orden, porque la gente mala que veía acá en la Tierra, no la vería más allá en la otra vida.
Durante muchos años de mi adolescencia recé todas las noches: rogué por el bienestar de familiares que ya no vivían, y por aquellos que aún lo hacían, oré por el bienestar de mis amigos y de la gente que yo quería, finalmente llegaba a la banalidad de pedir paz en el mundo y la erradicación de la pobreza (un chico ejemplar, cabe destacar).
Las cosas del mundo iban llegando cada vez con más frecuencia a mis ojos, hechos de los más aberrantes, deplorable y reales. Cada vez que observaba a esta gente despreciable me preguntaba: “¿Por qué no son castigados?”, y aunque me decían: “los van a castigar en el Infierno”, ahora la respuesta no me convencía. Por primera vez dije para mis adentros que Dios no podía ser justo, lo dije con miedo, porque… ¿y si me estaba escuchando? Intenté olvidar aquello y volver a creer.
Durante las noches continué rezando, pero algo había cambiado, solo pedía por el bienestar de los que conocía… ni por los pobres, ni por los crímenes, ni por el hambre… No realicé ningún juicio en mi cabeza, pero ahora creo con algo más de firmeza, que aquello fue un intento de rebelión, un llamado de atención a Dios, que de seguro escuchaba cómo mis ruegos habían cambiado, cómo un silencio que se asemejaba más a un grito desmesurado de protesta.
Nada cambió.
Seguí creciendo y me fui enterando de lo que era la Iglesia como Institución a lo largo de la historia. “Habíamos matado mucha gente para someterlos a nuestras creencias”, y aún peor, nadie había pedido perdón. Separé muy lejos a la institución de la creencia religiosa, no quería saber nada con la iglesia, pero tenía miedo de no creer más en un Dios que no me escuchaba, porque aunque no lo hiciera, tal vez todavía podía juzgarme.
El debate interno fue duro, más para un chico en plena adolescencia que no quiere pensar, ya que en la “Edad del Pavo” todo parece tener soluciones mágicas, sin esfuerzo. Pero la decisión era nuevamente sencilla: Creer en un Dios injusto, o creer en una vida mortal, puramente terrenal donde el tiempo es limitado. Habían pasado cerca de 10 años de aquel niño que lloraba en la cama de su madre, y todavía, tenía miedo de morirse.
No digo que haya tomado una decisión rápida, ni que ésta no haya tenido sus idas y vueltas, sus dudas existenciales incluidas, pero finalmente resolví mi dilema: mandé todo a la reverenda mierda, a Dios, que no tenía nada de extraordinario al lado de tantos otros, y a la muerte, que aunque me preocupara siempre iba a estar ahí, inamovible.
Todo ocurrió naturalmente, y el círculo culto de mis padres ayudó bastante aunque no lo supiera. Ellos nunca fueron fanáticos de ir a la iglesia, ni de jorobar con sermones, solamente tenían en mente inculcarme los valores morales que supuestamente la religión traía consigo. Los valores, cabe destacar, que se los copié a ellos y a ningún otro.
Mi paso por el cristianismo fue extraño, crecí engañado y esperanzado, me atemorizó y decepcionó igualmente, aún así no puedo decir que lo odio o le guarde rencor. Muchos compañeros de la vida optaron por el ateismo como yo (vaya a saber uno si el camino que escogieron es o no parecido al mío), pero otros eligieron creer en Dios y sus promesas. Ambos por igual tienen sus PRO y sus CONTRA, sus buenas intenciones y excesos de intolerancia. No tengo el don de señalar a nadie y menos de juzgarlo por lo que cree o no, pero de mis años de experiencia y tratos con ambos, puedo solo deducir unas cosas:
Aquellos que creen en que Dios, no lo hacen por elección propia, han sido adiestrados para pensar que lo eligieron. En este aspecto, el ateismo tiene más valor moral, porque implica una reflexión, y una elección personal que no tiene el creyente. El creyente aceptas los términos y pautas que le marca su Biblia, sus sacerdotes y sus colegas. El ateo posee una mente crítica que aplica a todo, no es que no crea nada, pero duda, y la duda es positiva porque moviliza el pensamiento, y alguien que piensa, es siempre más difícil de engañar.
"Las religiones, como las luciérnagas, necesitan oscuridad para brillar", dijo una vez Arthur Schopenhauer; “Fe, es no querer saber la verdad”, dijo en otra ocasión Friedrich Nietzsche.
Sin adherirme a la total defenestración de las creencias religiosas, tengo que decir a su favor que muchos de los hechos (para mí ficticios) que cuentan, son de verdad aplicables a la vida moral de las personas; pueden inspirar valor y virtudes tales como el esfuerzo y la constancia, la bondad humanitaria y el amor al prójimo. No se trata de sacar a la luz que tal o cual hecho de la Biblia es un cuento egipcio robado, sino de hacerle ver a los creyentes, que el verdadero valor de sus creencias reside en el valor que les da uno mismo. Hoy en día es sumamente complicado, sino imposible, separar a la corrupción de la Iglesia de sus humanitarios creyentes, ya que los primeros necesitan secuestrar a los segundos, y estos muchas veces, no tienen la fuerza de voluntad necesaria para ver que todo lo que le enseñaron en la vida, es una simple mentira para que aprendiera a ser buenas personas.
Lamentablemente la Iglesia ciega a la gente, porque la necesita ciega para obedecer sin chistar, no es tarea de los ateos vanagloriarnos de su libertad de criterio de pensamiento, sino más bien de poder ayudar a los creyentes a abrir los ojos a la verdad sin que esto signifique destruirles la vida.
Se puede vivir sin creer en un Dios, sin creer en la vida después de la muerte.
Se puede vivir tomando decisiones propias y sin arrepentimientos.
Muchos filósofos llegaron a la conclusión de que “cuanto más se piensa, más se sufre”, y “que cuanto más ignorante es uno, más feliz es”, pese a mi ateismo, no pondré en duda estos términos, los creo cierto, en un principio al menos. Pero también sé que una felicidad basada en la fábula es tan endeble y fugaz como la basada en el temor, y solo a través de la reflexión y el entenderse a uno mismo, se consigue lograr un equilibrio pacífico, donde no existe el miedo y la confusión, y por sobre todo, donde existe la verdadera libertad espiritual.



Escrito: Por Ferney Yesyd Rodríguez Y Sebastián Tano.
Edición del documento y linea histórica: Sebastián Tano.
Ilustración de tapa: Pedro Aravena.
Invitado especial Anexo 2: Martín Marconetto.