La Iliada: analisis y resumen de canto 1 y 16

La Ilíada: Contexto y Homero
Mito y religión: El politeísmo griego fue una religión que comenzó siendo natural y se fue complejizando a medida que el pueblo griego dominaba a otros pueblos y adoptaba nuevos dioses. Esto se debía a que el politeísmo era una religión hospitalaria y los mitos sobre sus dioses tenían como fin ser una explicación. Como los griegos no diferenciaban entre las fuerzas que rigen lo físico y las fuerzas que rigen lo moral, los dioses representaban las dos fuerzas
La tragedia de Aquiles consiste en los sacrilegios que cometió y sus peripecias. Primero, por cólera, se pelea con Agamenón y no lucha, por lo que muere su amigo Patroclo. Luego, vuelve a la lucha por venganza y asesina a Héctor, deshonrando el su cuerpo y ofendiendo a los dioses. Por último, cuando Príamo va a buscar el cuerpo de su hijo, Aquiles ve reflejado en él a Peleo, su padre, por lo cual le devuelve su cuerpo y lo invita a dormir en su tienda. Con esto se da cuenta que él no es inmortal, dejando de lado su problema de vulnerabilidad que arrastra de su madre Tetis, quien, sin importar que, quiso que su hijo sea inmortal.
El procedimiento literario que uso Homero en la Ilíada fue el uso continuo de epítetos épicos, símiles, frases hechas e imágenes y comparaciones. Los epítetos son los adjetivos o descripciones a los dioses y los símiles son comparaciones con pequeñas historias cotidianas.
El trasfondo histórico de la Ilíada de Homero fue muy lineal. Esto se pudo saber gracias a los descubrimientos que se hicieron sobre la Troya incendiada, la cual se encontraba en el punto comercial que indicaba Homero. También por todos los escudos y el lineal B, por el cual se pudo saber que en Grecia continental se hablaba griego. Se pudo saber que Troya y los aqueos habían tenido un enemigo común, los hititas, pueblo que fue eliminado por las constantes guerras y, al haber sido eliminada esta amenaza, habían comenzado a luchar entre los dos pueblos.
La literatura de Homero no es inicial ya que si así lo fuera, debería ser puramente religioso, no siendo una epopeya. Debido al relato oral, la epopeya homérica fue acentuando lo narrativo, desprendiendo de la base histórica. Esto no quiere decir que no tenga un trasfondo histórico, pero no es una crónica de guerra.
Hubo diferentes hipótesis sobre la génesis de los poemas homéricos:
_ La primera, de Wolf, quien decía que los cantos de Homero estaban separados.
_ La segunda, la cual decía que la Ilíada había comenzado como poemas los cuales habían ido evolucionando hasta convertirse en una epopeya.
_La tercera, la de la compilación, la cual decía que Homero había compilado extensas composiciones épicas. Esta dota de gran reconocimiento.
_La cuarta, la unitaria, la cual decía que las obras de Homero son exclusivas de él y las leyendas o mitos anteriores son su fuente.


Canto XVI:
Patroclo llega llorando a la tienda de Aquiles pidiendo que los salve a los aqueos que estaban muriendo. Aquiles se niega entonces Patroclo le pide la armadura por lo menos para darle valor a los aqueos.
Además se cagan los troyanos porque con la armadura parecía Aquiles
AQUILES LE ADVIERTE A PATROCLO QUE ALEJE A LOS TROYANOS DE LAS NAVES Y QUE DESPUES VUELVA
Aquiles ora a Zeus para que Patroclo vuelva ileso (no se lo cumple) y para que los troyanos se alejen de las naves (esto si se lo cumple)
Patroclo mata a Sarpedon quien es el rey de los licios y Sapedon le pide a Glacuo que pelee en torno a su cuerpo. Luego Zeus le dice a apolo que lleve el cuerpo de sarpedon a un templo en licia
Patroclo no obedece a Aquiles y quiere entrar en Troya, quiere subir la muralla, pero apolo no se lo permite y a la cuarta vez que quiere subir apolo le dice a Patroclo que no era su hado (destino) entonces Patroclo se vuelve y entonces Héctor no sabía si refugiarse o combatir y apolo se personifica y le dice que salga a combatir Héctor sale a combatir y ve que Patroclo mata a cebriones (le mete un piedrazo y de le salen los ojos a cebriones)y llega apolo al campo de batalla y le saca el casco y la armadura entonces lo hieren entre los hombros a Patroclo (no sé con qué) y Patroclo quiere huir porque está herido y mientras se va Héctor le tira una lanza y lo mata a Patroclo y se le burla y le dice que murió por culpa de Aquiles y Patroclo le responde que ya va a llegar su fin porque lo iba a matar Aquiles.
En el canto 16 hay tres escenarios: las tiendas, el campo de batalla y el olimpo.

CANTO I.

Esta obra comienza con la invocación famosa: “Canta, oh diosa la cólera del pelida Aquiles”. El poeta griego creía que el don de la poesía no era propiamente suyo, sino que le era dispensado por los dioses; de ahí que pide, el poeta de “La Ilíada”, la inspiración. Era el dios quien cantaba dentro del alma del poeta. Estos versos iniciales indican que estamos ante la exposición de un gran asunto: la cólera de Aquiles provocada por los actos de Agamenón y; Las consecuencias desastrosas que para los aqueos va a tener esta cólera.

El poeta del Canto I mira las cosas sólo del lado aqueo, no del lado troyano. Los desastres van a ser causados por Zeus, quien quiere complacer a Aquiles. El límite de estos desastres será la muerte de Héctor, que anuncia la caída de Troya.

El poeta no nos dice quién es Aquiles, ni quién es Agamenón, sino que presupone que el público ya lo sabe. El poeta toma el material antiguo de las leyendas acerca de la guerra de Troya y crea su poema. En los poemas homéricos, así como en casi toda la literatura helénica se da reiteradamente la ausencia de expectación. Esto obedece a un factor primordial: los poetas trabajan sobre un material ampliamente conocido. De allí que el interés del público no se proyecte sobre la materia en sí, sino sobre el tratamiento poético del tema, por un caso; y, por el otro, por la creación de personajes, sin olvidar la interpretación personal del artista sobre los hechos.

Por otra parte, la acción del relato comienza “in media res” (a mitad de la acción), o sea en el décimo año de lucha de la guerra de Troya. El autor avisa sobre lo que va a cantar, de esta manera utiliza el anticipo que es un recurso que consiste en adelantar hechos y acciones.

El canto I podría dividirse en dos parte: una en la tierra y la otra en el cielo. Ambas están relacionadas. Lo que pasa en la tierra, y es motivo de angustia y pelea, pasa en el cielo, y es motivo de festejo y risas. En ambos planos hay una pelea y un mediador, cambia su final.

“… Cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al orco muchas almas valerosas de héroes, a quienes hizo presa de perros y pasto de aves- cumplíase la voluntad de Zeus- desde que se separaron disputando el atrida, rey de hombres, y el divino Aquiles”.

El primer tema de la Ilíada son las consecuencias de la ira de Aquiles. Ese defecto de este personaje apasionado es su hybris (exceso). El hybris era generalmente castigado por los dioses y lo cometían los hombres, no así los dioses que solían ser desequilibrados en sus emociones. En este caso, la hybris de Aquiles no es castigada directamente por los dioses, sino todo lo contrario, porque Zeus lo ayuda a cumplir su voluntad. El hombre griego debía tener sophrosine, que era lo contrario a la hybris, y esto es la mesura o el equilibrio. Sin embargo, todo héroe griego comete hybris en algún momento de su historia, y esto es lo que da origen a la acción. En este caso la hybris de Aquiles lleva a la muerte a muchos héroes, hombres destacados e ilustres, que encima reciben el deshonor de no ser sepultado, muriendo sin el tan preciado reconocimiento que esta cultura exige.

La expresión “presa de perros y pasto de aves” es una frase formularia que se refiere a los cadáveres insepultos, que son carroña para los perros y las aves marinas. El griego clásico concebía al más allá como el lugar donde iban todas las almas, la condición necesaria para esto es que se le haga una honra fúnebre al cadáver (quemar o sepultar), si se lo dejaba insepulto esto era considerado como el castigo o agravio más grande; también podía ser utilizado en vida como amenaza.

El segundo tema de la Ilíada es la autoridad de Zeus. La autoridad de este, está siempre expuesta a la discusión con los demás dioses, en la mayoría de los casos discutida por su esposa Hera y su hija Palas Atenea. Esta voluntad no corresponde a un dios omnipotente, su voluntad se cumple a lo largo, pero no en lo inmediato. Zeus, buscando cumplir el deseo de Aquiles de que los aqueos pierdan para que reconozcan su valor guerrero – un deseo egoísta pero común en los griegos – tratará de neutralizar a los dioses que están de lado de los aqueos. A largo plazo Zeus quiere que los aqueos ganen pero después que Aquiles sea reconocido por ellos.

Ofensa de Agamenón a Crises: (8 a 32)

La contienda entre Aquiles y Agamenón fue suscitada por Apolo (Hijo de Zeus y Hera). Habiendo sido saqueada la ciudad de Crisa, vecina de Troya, por los Aqueos, estos se habían repartido el botín. Una muchacha llamada Criseida (hija de Crises) tocó en el reparto a Agamenón, en calidad de esclava. El anciano padre de Criseida (Crises) era sacerdote de Apolo y se presentó suplicante ante las naves aqueas, portando no sólo las ínfulas o insignias sacerdotales para inspirar el debido respeto, sino también con un inmenso rescate.

La respuesta de Agamenón es violenta. No tiene en cuenta el dolor del padre, el dolor de la hija, el respeto debido al dios Febo Apolo, al cual el sacerdote representaba. El respeto al suplicante, que debería ser bien tratado aunque no se le concediera su suerte, era una de las leyes básicas no escritas (normas), pero respetadas por todos los griegos.

Se creía que detrás de la figura de un suplicante, podía estar la de un mismo dios, y este caso, al venir con las ínfulas del dios Apolo, era seguro que el sacerdote tenía el apoyo y el resguardo de ese dios.

Buscando la estrategia del agrado a sus enemigo, Crises se coloca fuera de la guerra. Es un sacerdote de una ciudad saqueada de Troya, pero en su argumentación dice, que el resultado de la guerra o uniones posteriores no le interesan, solo quiere volver a estar con su hija. Sin embargo, su súplica no deja de tener el tono imperioso que corresponde a un hombre de tal alcurnia (“Poned en libertad a mi hija”) y en el pedido está encerrada la orden.

Agamenón se excede ante Crises, cometiendo el Hybris (la falta por exceso que, en este caso, se comete por soberbia, por no controlar las pasiones). Éste traspasa todos los límites fijados por la moral. También comete un exceso de corte religioso “…Zeus está de mi parte”. El hybris queda acentuado por el hecho de que todos los griegos están de acuerdo con Crises, y comprenden que es necesario respetar al sacerdote y aceptar el rescate.

En el ultraje de Agamenón vemos que no existen excusas para sus actos, él reconoce verbalmente que Crises es sacerdote (“pues quizás no te valgan el cetro y las ínfulas del dios”) y aún así se complace en echarlo como a un animal. Y aún agravando su acción es capaz de decirle al anciano padre que se complace en llevar a su hija como esclava y aún acostarse con ella y verla morir lejos de Crisa. Sus palabras resultan despiadadas si tenemos en cuenta que es un padre, un anciano y un sacerdote.

Homero utiliza un juego de contrastes entre las personalidades del anciano Crises y del rey Agamenón. Crises suplica y Agamenón amenaza. El primero habla con moderación y el segundo habla con ira. El primero se muestra desvalido y apocado, incluso físicamente, y el segundo fuerte, imponente y con toda su presencia guerrera. Esto hace más inmoral la acción de Agamenón que llega hasta la amenaza física (“Pero vete; no me irrites, para que puedas irte más sano y salvo.”)

Intervención de Apolo: (33 a 52)

Crises se atemorizó a causa de las amenazas de Agamenón y se retiró silencioso. El poeta plantea un juego entre el mundo externo (paisaje amplio, la orilla del estruendoso mar que lo hace recordar los gritos de Agamenón), y su mundo interno (el es un suplicante pero esta enojado, y su corazón está agitado como el mar). Esto podría verse como un paralelismo psicocósmico que es cuando el entorno natural refleja la interioridad del personaje.

Yendo por la orilla del mar rogó al dios que los Aqueos pagaran la ofensa hecha. “Si alguna vez adorné tu templo o quemé en tu honor pingües muslos de toros o de cabras, cúmpleme este voto…” No se enumera la acción completa, pero si su servicio como sacerdote. Dice esta frase para “obligar” a Apolo a que lo ayude, es una forma de extorsión.

Crises, le pidió a Apolo que: “¡Paguen los Dánaos mis lágrimas con tus flechas!”. A igual cantidad de lágrimas, igual cantidad de flechas, igual cantidad de muertos. Es esta expresión corta, en forma imperativa, la que muestra la ira de Crises.

La descripción de la cólera de Apolo, esta llena de elementos visuales, auditivos y también de movimiento. El poeta no describe detalladamente al dios, pero nos da algunos elementos visuales: lleva su arco, que es de plata y su carcaj en los hombros, iba parecido a la noche.

Dentro de los elementos auditivos encontramos: las saetas resonaban en las espaldas del Dios, tiró una flecha y el arco de plata dio un terrible chasquido.

Dentro de los elementos de movimiento vemos: descendió de las cumbres del Olimpo, sentóse lejos de las naves.

En una comparación se dice que Apolo: “Iba parecido a la noche” sin embargo, en la mitología, Apolo tiene íntima relación con el Sol, por eso esta comparación homérica pone de manifiesto lo siniestro de la actividad de Apolo. Para los antiguos la noche era algo terrible y sombrío, por eso no se combatía de noche. Cuando en el canto X, Dolón acepta realizar un espionaje nocturno cerca de las naves Aqueas, sólo lo hace a cambio de un premio maravilloso: el carro y los corceles divinos de Aquiles.

A su vez, Apolo es el dios de la medicina que se concebía a través de vaticinios o actos adivinatorias, en este caso, el dios cambiará su esencia, no viene a curar, sino a matar.

Algo parecido pasa con el sonido. Apolo, dios de la música, ahora hará ruidos aterrorizantes al bajar del Olimpo con las flechas moviéndose en el carcaj. Y al tirar cada flecha, el poeta nos habla de un chasquido, que anuncia la muerte, primero de animales y luego de hombres.

Querella entre Aquiles y Agamenón: (53 a 187)

Provocada la peste al cabo de diez días de arrojar incesantemente Apolo sus flechas sobre animales y luego sobre hombres, Aquiles convoca a la junta de jefes y al pueblo aqueo en general a fin de averiguar, por medio del arte de los adivinos o intérpretes de sueños la razón de la cólera de Apolo, porque de otra manera tendrán que volver atrás.

Hasta ahora el único Dios que ha tomado parte en el conflicto, ha sido Apolo, que provoca la peste sin resistencia por parte de los otros dioses. La intervención de los demás dioses va a producirse diez días después de arrojada la primera flecha: Hera (esposa de Zeus), pone en el corazón del Pélida el deseo de convocar al Agóra (reunión de los aristois), esto se vuelve una ofensa contra Agamenón, ya que sólo un rey de los hombres puede convocar a la junta. Este hecho que resulta inexplicable para las griego (que Aquiles no siendo jefe de todos los reyes llame al ágora) sólo puede explicarse por la intervención de un dios. En la epopeya homérica, los dioses intervienen para explicar hechos inexplicables por el entendimiento humano. Y la explicación sería que Aquiles no quiso faltar a la voluntad de una diosa.

En los poemas homéricos, todos los personajes que intervienen son hombres ilustrados, héroes y dioses. La diferencia entre los dioses y los hombres es mínima, ya que los hombres homéricos aparecen divinizados, y los dioses humanizados. Estos poemas presentan solamente la vida de la aristocracia, constituida por los mejores en linaje y ascendencia. Los dioses no cometen hybris, pueden expresar sus emociones abiertamente y son inmortales, pero no eternos, tuvieron un nacimiento. Estas son las únicas diferencias con los mortales, además de su poder.

El abolengo es uno de los elementos que determinan la superioridad de la nobleza sobre los demás mortales; por ejemplo Aquiles, Helena y Odiseo remontan su ascendencia hasta los mismos dioses. La palabra areté expresa la idea de virtud, pero no en el sentido moral, sino en el sentido de capacidad, aptitud, destreza y valor. Se refiere a la fuerza física y a la destreza guerrera, pero también a las cualidades morales. En el areté hay dos aspectos:

1) Uno espiritual e intelectual que se manifiesta en el Ágora.
2) Y otro corporal y físico que se manifiesta en el combate.

Aunque a veces es más importante el valor corporal y físico, que el espiritual e intelectual. Esto queda demostrado cuando Agamenón le dice a Diómedes que es inferior al padre en el combate, aunque hablara mejor en el Ágora.

El hombre ordinario no tiene areté, y si un noble es tomado como esclavo, Zeus le reduce su areté a la mitad, y éste deja de ser el que era antes.

No se puede olvidar que el ágora es la reunión de los aristoi, los mismos que estaban presentes cuando Agamenón ultrajó a Crises, y los mismos que “aprobaron a voces que se respetara al anciano”. Esto nos da una idea del clima de esta reunión: todos saben perfectamente cual es el motivo de la misma, y todos saben quien es el culpable de la peste, sólo que nadie se anima a plantear el tema, porque también saben que hacerlo implicaría enfrentarse a Agamenón. Es por esta razón que cuando Aquiles llama al ágora, ya hay en ese hecho un motivo para que Agamenón miré en forma personal las acciones de Aquiles. Todo el ágora será una fiesta de la oratoria, en la que cada personaje tratará de dejar en evidencia las intenciones del otro y de deshonrar el areté de su enemigo.

Aquiles sabe que llamar al ágora lo enfrenta directamente a Agamenón, y pero debe lograr que el los demás aristoi se involucren en la acusación para que Agamenón, solo, no tenga más remedio que enfrentar su culpa. Si no logra esto, la discusión se polarizará y seguro que Agamenón sabrá como culpar a Aquiles de su deseo de quitarle el poder. La proposición de llamar a un adivino tiene dos propósitos. Por un lado no polarizar la discusión: si otro dice lo que pasa, ya no se lo puede acusar a Aquiles de querer sacarle el poder. Y el otro propósito es la ironía. Dado que todos saben qué pasa, es insensato pensar que se necesite un adivino para saber por qué está “quejoso” el dios Apolo. Para estar “quejoso” la peste resulta un castigo un tanto desmedido. Parte de la ironía surge en la sugerencia de volver atrás. ¿Es posible pensar sin sonreír, que un guerrero de la talla de Aquiles, pueda decir en serio que sería mejor volver todos a sus casas, después de diez años de guerra y después haber pasado tantos complicaciones para llegar allí, incluida el sacrificio de la hija de Agamenón? Es evidente que esta proposición tiene el propósito de mostrar la incoherencia de la testarudez de Agamenón, y de hacer pensar el resto de los aristoi que tal idea resulta irrisoria. La ironía es uno de los recursos más usados por Aquiles. Pensemos que la ironía, muchas veces es ira contenida, que se transforma en sarcasmo como forma de controlarlo socialmente.

Aquiles no se ha dirigido a Calcas ni a ningún otro augur en particular; sin embargo, Calcas se levanta y le dice a Aquiles: “Mándasme explicar la cólera del flechador Apolo”. Esto es posible porque Calcas es “el mejor de los augures”, y como hombre de “polis” tiene una responsabilidad con ésta. Es el adivino más reconocido por todos, conoce “lo presente, lo pasado y lo futuro”, y ya tiene un reconocimiento público que hace que su areté sea incuestionable: “ha guiado las naves a Ilión”, es el responsable de que hayan llegado a salvo a la guerra, ¿quién se atrevería a cuestionar sus vaticinios?

En su discurso, Calcas pide protección, porque teme a un hombre que manda sobre los Aqueos y que es un rey. Sólo le falta dar el nombre de Agamenón. Todos lo saben, incluido el mismo Agamenón, quien se mantiene en silencio, tal vez expectante, para ver cómo transcurren los hechos, y qué se anima a decir el adivino. Pero no sólo habla del poder de Agamenón, sino que nos da una nueva característica del personaje, que podíamos intuir ya. Se nos dice que es rencoroso, y que suele vengarse de los más débiles, aún cuando en público refrene su ira.

Aquiles lo satisface, jurándole que lo protegerá contra la ira de cualquier Aqueo, aunque éste sea Agamenón. Esta mención al nombre de Agamenón nos muestra claramente que todos saben de qué se está hablando, y lo que Aquiles quiere es hacer que Calcas se sienta seguro de lo que va a decir. Sabe que le toca una parte difícil que es acusar al jefe, pero aún cuando él promete protección, Aquiles le asegura que tiene la protección del mismo Zeus (“¡por Apolo, caro a Zeus; a quien tú, Calcante, invocas siempre que revelas oráculos a los dánaos!”). La mención a este dios también tiene el propósito de afirmar el oráculo de Calcas, y de poner en su lugar a Agamenón, dándole a entender que negar a Calcas, sería también negar a Zeus, y de alguna manera retándolo a ver si su soberbia llega a tanto.

A continuación el Augur (o Vate) dice que la causa de la cólera de Apolo fue el ultraje que Agamenón infirió al sacerdote, no devolviéndole la hija, ni admitiendo el rescate. Y aclara que, hasta que no sea devuelta la chica, y se haga un sacrificio en honor al Dios, en la ciudad de Crisa no habrá esperanza alguna en batalla.

Cuando Agamenón oye la acusación de Calcas Testórida, se levanta enojado. Este enojo es caracterizado por el poeta como “con las negras entrañas llenas de cólera y los ojos parecidos al relumbrante fuego”. Metáfora y comparación apuntan a la misma cosa: la ira nace desde lo más profundo de él, y es nefasta, oscura e incontrolable, y se expresa exteriormente con el brillo de los ojos, que parecen querer fulminar al vate, quien se ha animado a decir lo que él pensaba que no se iba a animar. Esta pasión se expresa en el grito espontáneo “¡Adivino de males! Jamás me has anunciado nada grato”. Aquí Homero hace referencia a un hecho no narrado en la Ilíada, Calcas en la localidad de Aulide había profetizado que la flota Aquea no llegaría a Troya, a causa de los vientos contrarios, si Agamenón no sacrificaba en el altar de los dioses a Ifigenia, su propia hija.

En las palabras de Agamenón se ve un terrible resentimiento hacía Calcas por su anterior premonición. De esta manera Agamenón intenta denostar el areté de Calcas, como si nunca hubiera dicho cosa buena, sin embargo todos saben que si no hubiera sido por él nunca hubieran llegado salvos a Ilión. Lo personal y lo público que en su momento fue una difícil decisión para Agamenón, ahora sale a relucir. Agamenón tuvo que sacrificar su rol de padre por su rol de jefe, o puesto de otra forma, su bienestar personal por el bienestar de todos. Elige el de todos y sacrifica el propio. Esto también le da un lugar de privilegio ante todos los demás jefes. Sin embargo, cuando se trata de sentirse acusado, salta desde sus “negras entrañas” este resentimiento.

Por este camino, Agamenón no conseguirá nada bueno. Sabe que acusar a Calcas, reconocido por todos, no le va a dar ningún beneficio frente a los demás, así que necesita una nueva estrategia. Esta será: primero, justificar su acción ante Crises, y segundo, mostrarse como nuevamente una víctima de las circunstancias que debe sacrificarse, una vez más, para que todos sobrevivan. Rey de la astucia, logra rápidamente colocar a todo el pueblo de su lado, para entonces empezar a preparar la venganza hacia Aquiles, exigiendo una recompensa, y aunque no lo nombra aún directamente, sabe que él será el primero en oponerse, y así será más fácil quitarle lo que tiene, con la comprensión del pueblo.

Justifica la mala acción con Crises hablando de una pasión por Criseida, a quien prefiere a su esposa. De un momento a otro pasa de ser iracundo y codicioso, a ser bueno y generoso. Cede en devolver a Criseida, mostrándose como un mártir por su pueblo. Pero recurre al valor del areté, y pide otra recompensa similar para salvar su nombre y poder, pasa de ser odiado a hacerse la víctima: “No sería decoroso que me quedara sin recompensa”. Esta idea lo pone directamente al lado de los aristoi que seguramente consideran justo y necesario el pedido que Agamenón hace.

Es Aquiles quien toma la palabra ante el pedido de Agamenón que ya ha logrado el beneplácito del pueblo. Valiéndose del recurso de la ironía al decirle “gloriosísimo” deja entrever su resentimiento al llamarlo “el más codicioso de todos”. Hay entre ellos un resentimiento que sobrepasa el momento de la querella y que viene de mucho tiempo atrás. Aquiles siente que Agamenón quiere todo para él, y que se queda con la mayor parte de los botines, siendo esto injusto, porque no pelea como un guerrero acorde a su recompensa. Este reclamo saldrá cuando la querella se vuelva más explícita.

Por el momento, la estrategia de Aquiles es mostrarle al resto de los jefes que el pedido de Agamenón, por más justo que sea es inviable y que cumplirlo implica que todos dejen su recompensa para darle algo a él, que es lo mismo que decir que sacrifiquen su areté por el de Agamenón. Esta forma de poner lo abstracto en los hechos concretos hace, posiblemente, que los otros jefes empiecen a dudar del reclamo de Agamenón, que por más que consideren justo, no es cómo para quedarse sin nada ellos. Por ello Aquiles, tratando de engañar a Agamenón le propone que todos se compromenten a darle el cuádruple si los dioses les permiten conquistar Troya en un futuro.

Agamenón no es ingenuo, y reconoce perfectamente la jugada de Aquiles y así lo amenaza directamente con sacarle la mujer, y para suavizar sus palabras, coloca el nombre de otros jefes, sin embargo, todos saben que la amenaza está totalmente dirigida a él. Trata de suavizar más la amenaza diciendo que cualquiera de los jefes pueden dirigir la expedición a Crisa, porque al fin y al cabo todos son jefes. Así intenta poner a Aquiles a su altura, pero ya ha dejado en el aire la amenaza y su intento de dejar claro quién es el jefe.

La amenaza al areté del otro no puede olvidarse por estrategias tan nimias, lo que hará que Aquiles se deje de ironía y comience a responder con ira, “mirándolo con torva faz”. Aquiles intentará también destruir el areté de Agamenón, y los resentimientos de estos diez años aparecen a la luz. Aquiles pone en duda el lugar de jefe de Agamenón, porque es un hombre desagradecido. Todos sin excepción, están ahí por limpiar la honra de él y de su hermano Menéalo, pero esta guerra no es de ellos. Nunca los troyanos han ofendido a ninguno de los héroes que están peleando allí. Van para ayudarlos a ellos, y en lugar de agradecerlo, los tratan así, insultándolos y quitándoles la recompensa, siendo que la misma es merecida por un trabajo bien ganado. Incluso llega a decir que él no se merece la recompensa que recibe. Pero el ataque de Aquiles, pierde de vista a los demás jefes, porque al poner en duda la jefatura de Agamenón, también pone en duda el criterio de los demás de haberlo elegido. Frente a todo esto sólo queda una cosa: retirarse de la guerra.

Agamenón responde enseguida y aprovecha este enojo para descargar el suyo. Trata a Aquiles de cobarde, odioso, y pendenciero. Incluso ataca su areté diciendo que su gran fuerza no es mérito suyo, sino de una diosa que le dio la fuerza, por lo tanto no puede compararse con el resto, porque nada de lo que tiene lo merece. Y por último cumple su amenaza: se llevará, él mismo a Briseida, la recompensa de Aquiles.

Lo interesante de este discurso final es lo que hasta ahora se había ocultado: “para que sepas bien cuánto más poderoso soy y otro tema decir que es mi igual y compararse conmigo”. Agamenón deja en claro que está convencido que la actitud de Aquiles es para quitarle el poder, y compararse a él. Cree que Aquiles debe aprender a humillarse ante el jefe, y piensa utilizar este episodio como ejemplo para cualquiera que se atreva a hacer lo mismo.

Intervención de Palas Atenea: (188 a 222)

En su ciega violencia, Agamenón ha amenazado a Aquiles con ir a la tienda de éste y quitarle su esclava, Briseida. Dos motivos determinan al Atrida a hacer esto: obtener una recompensa que pudiera resarcirlo de la devolución de Criseida y castigar lo que consideraba insolencia de aquel al querer tratarlo de igual a igual y compararse con él. Y Aquiles está pensando lleno de congoja si debe matar a Agamenón; entonces interviene la diosa Atenea.

El aeda menciona “dentro del velludo pecho su corazón discurrió dos cosas”. La imagen de la virilidad y la imponencia se muestran en un Aquiles que en lo más profundo de su ser pretende hacer justicia callando la insolencia y la altanería de Agamenón. Sabe que hacer eso implica matar a quien fue determinado por el resto de los aristoi como el rey de los hombres, lo que sería nefasto. Sin embargo mientras piensa en todo esto, su acción es la desenvainar la espada. Está dispuesto a llevarlo a cabo, no olvidemos que el hybris de Aquiles es el exceso.

Es en este momento que el poeta crea un recurso impensado en la época por ser casi cinematográfico. Logra que toda la escena se congele, que los personajes que están presenciando la querella, incluido Agamenón queden en “stand by”, y Aquiles tiene un diálogo, mientras todos están quietos, con Atenea quien logra calmar la ira de Aquiles. Una vez más la intervención de los dioses vienen a explicar lo que resulta imposible de entender en esta cultura y en este personaje, que Aquiles siendo tan explosivo no mate a Agamenón quien lo ha ultrajado.

La diosa le tira de la cabellera para llamar su atención y ella parece estar enojada (“sus ojos centelleaban”). De alguna manera ella debe imponerse a la cólera de Aquiles, debe mostrarle quién manda y lo oportuno que es que él obedezca.

En el diálogo, la diosa le ordena que guarde el arma, y que lo injurie cuanto quiera. Y promete que será recompensado de este ultraje más adelante. El heroísmo de Aquiles se muestra en la dominación de su ferocidad, con este dominio logra la sofrosyne (equilibrio). Él dice que preciso es obedecer a un dios, porque sus promesas siempre son cumplidas si uno lo escucha. Sin embargo, esto que vale para Aquiles, no vale tanto para otros héroes, como por ejemplo Héctor, que nunca logrará el favor de los dioses aunque intente complacerlos constantemente.

Juramento de no combatir. Disolución de la junta: (223 a 317)

Aquiles renuncia a matar a Agamenón, pero no por eso deja de insultarlo de palabra. Entonces, se levanta Néstor, el más anciano de las tropas Aqueas, su vitalidad es elogiada por los demás, conoció a dos generaciones de héroes y reina sobre la tercera. Su función no es pelear, sino hablar. En este caso le habla al consejo, exhortándoles al Pélida y al Atrida a cambiar de actitud. Siempre trata de instaurar el equilibrio, de imponer justicia, es la figura modelo del anciano sabio. Si Aquiles es el arquetipo del héroe joven; Néstor lo es de los ancianos.

La edad de Néstor tiene un significado, ya que los griegos insertaron entre la edad de plata y la edad del bronce, a la edad de los héroes. Néstor es el nexo entre una época en la cual los dioses y la justicia divina estaban más cerca de los hombres, y una época en la que se ve la paulatina decadencia del mundo. Trata de reconciliar al Atrida con Aquiles, diciendo que ambos han obrado mal, Aquiles injurió a Agamenón, ya que ofendió al rey más poderoso; y Agamenón desconoció y despreció las virtudes guerreras de Aquiles al querer arrebatarle su botín. Pero, la intervención de Néstor no logra cumplir su cometido, ya que Aquiles le responde al Atrida: “…Manda a otros, no me des ordenes, pues yo no pienso obedecerte.”

2 comentarios - La Iliada: analisis y resumen de canto 1 y 16

@eban_st +1
La voy a agregar a favoritos! me faltan 100 hojas para terminar el libro y le pego un repaso a esto para ver que onda.
@Alexx
Una masa la Iliada, te recomiendo tambien Ilion de Dan Simmons