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El Plan Maitland y San Martín

Se estableció en Mendoza, formó allí un ejército, cruzó con sus hombres la cordillera de los Andes, derrotó a los realistas en Chile, armó una flota, continuó por mar al Perú, desembarcó con su ejército, entró en Lima y se adueñó del corazón del imperio español en América.

Un militar criollo, José Francisco de San Martín, llevó a cabo esa formidable campaña entre 1814 y 1821. Un militar escocés, Thomas Maitland, había concebido el plan en Londres, a principios de 1800.

El plan fue recibido y considerado seriamente por el gobierno de William Pitt El Joven. Maitland elevó un texto preliminar al Secretario de Guerra, Henry Dundas (más tarde primer Vizconde Melville), quien lo citó para discutir detalles. De la entrevista Dundas-Maitland surgió el plan definitivo, que fue puesto en posesión del Secretario de Guerra a mediados de 1800.

El gobierno de Pitt cayó el 3 de febrero de 1801. El Plan Maitland pareció quedar, entonces, en el olvido. Los originales permanecerían ocultos durante 181 años.


El Plan Maitland y San Martín

Investigación efectuada por Rodolfo Terragno, sobre los documentos del militar escocés Thomas Maitland, que fuera la base del plan de José de San Martín para liberar Argentina, Chile y Perú.

Papel y realidad

En este resumen del Plan Maitland, se enumeran y describen sintéticamente los pasos sugeridos por el estratega escocés. Un recordatorio de la campaña de San Martín sirve, luego, para mostrar la casi total coincidencia entre la gesta del Libertador y la concepción de Maitland. Esa coincidencia se hace aun más notoria en el cuadro sinóptico que cierra resumen.

El Plan Maitland

A diferencia del venezolano Francisco de Miranda y otros militares británicos, Maitland no creía que un ataque sobre Caracas y Buenos Aires pudiera –aun siendo exitoso– quebrar el dominio español en América:

Una Expedición a Caracas desde las Antillas, y una fuerza enviada a Buenos Aires, podrían realmente proveer a la emancipación de los Colonos Españoles en las posesiones orientales, pero el efecto de tal emancipación, aunque considerable, no podría jamás ser tenido por seguro en las más ricas posesiones de España en la costa del Pacífico, y es menester observar que la razón por la cual los españoles han asignado importancia a sus posesiones orientales, es que ellas sirven como defensa para proteger sus más valiosas posesiones occidentales.

La costa del Caribe y las pampas no tenían oro ni plata. En cambio, los territorios que Francisco Pizarro les había arrebatado a los incas, valían “un Perú”.

A fin de tomar esas “más valiosas posesiones”, Maitland propuso:

1. Ganar el control de Buenos Aires. “He concebido un ataque sobre Buenos Aires”, informó Maitland a Dundas. Para eso, calculó que harían falta 4.000 soldados de infantería y 1.500 de caballería, con “una proporción de artillería”.

2. Tomar posiciones en Mendoza. “Una vez capturada Buenos Aires objeto debería ser enviar a un cuerpo a tomar posiciones al pie de la falda oriental de los Andes, para cuyo propósito la ciudad de Mendoza es indudablemente la más indicada”.

3. Coordinar acciones con un ejército en Chile. Este otro ejército debía consistir en 3.000 soldados de infantería y 400 de caballería “con una proporción de artillería”. La mitad de la infantería debía “dirigirse de Inglaterra al Cabo de la Buena Esperanza en barcos destinados en última instancia a Sudamérica”. La otra mitad debía ser provista por India, desde donde debía salir, apenas estuviera lista, “directamente a la Botany Bay”, en Australia, a los efectos de navegar luego a Sudamérica. El objetivo era “indudablemente Chile”. Debía atacar Valparaíso y Santiago o, “si encontrara que los españoles tienen la fuerza suficiente para hacer que un inmediato ataque sobre Valparaíso o Santiago resulte inoportuno”, la fuerza debía “dirigirse al Río Bío-Bío y obtener refuerzos mediante un trato con los indios”.

4. Cruzar los Andes. “El cruce de los Andes desde Mendoza hacia las partes de Chile es una operación de alguna dificultad [...] Aun en verano, el frío es intenso, pero con tropas a ambos lados, cuesta suponer que nuestros soldados no pudieran seguir una ruta que ha sido adoptada desde hace tiempo como el canal más apropiado para importar negros a Chile”.

5. Derrotar a los españoles y controlar Chile. El objetivo de esta etapa era “destituir al actual gobierno [español] de Chile” y convertir a ese territorio en “un punto desde el cual podríamos dirigir nuestros esfuerzos contra las provincias más ricas”. Esta era la tarea a cumplir por las fuerzas unificadas del ejército que debía cruzar los Andes y el que llegaría por mar.

6. Continuar por mar a Perú. “Si el plan fuera exitoso en toda su extensión, el Perú quedaría inmediatamente expuesto a ser ciertamente capturado” y “últimamente podríamos extender nuestra operación hasta desmantelar todo el sistema colonial, aun por la fuerza si resultare necesario”. Lo indicado era evitar toda violencia innecesaria: “Un coup de main sobre el puerto del Callao y la ciudad de Lima podría resultar probablemente exitoso, y los captores podrían obtener mucha riqueza, pero ese triunfo, a menos que fuéramos capaces de mantenernos en el Perú, terminaría provocando la aversión de los habitantes a cualquier conexión futura, de cualquier tipo, con Gran Bretaña”.

7. Emancipar al Perú. “El fin de nuestra empresa sería indudablemente la emancipación del Perú y (Quito)”. (El original dice “México” en vez de Quito. Como he explicado en la Introducción, se trata de un error)


La campaña de San Martín

En 1812, San Martín inició, recién llegado de Londres, su histórica campaña. Coincidencia o no, esa campaña seguiría los pasos sugeridos doce años antes por Maitland.

1. Ganó el control de Buenos Aires. San Martín no tuvo que atacar la ciudad. Cuando llegó de Londres, el 19 de enero de 1812, Buenos Aires ya tenía gobierno propio: aunque la independencia aún no había sido proclamada, la antigua colonia estaba, de hecho, liberada de España.

Es cierto que, hijo de una familia española, San Martín se había criado en España y había servido al Rey como oficial durante 22 años. No obstante, acreditaba ser nativo del país, partidario de la independencia y poseedor de una considerable experiencia militar. Estaba calificado para establecer un regimiento y el gobierno aceptó que creara un cuerpo de granaderos a caballo.

Ese cuerpo se convirtió muy pronto en la llave para ganar el control político de Buenos Aires. El 8 de octubre de 1812 fue usado para imponer un cambio de gobierno y establecer uno afín a la Logia Lautaro, un partido pseudomasónico que el propio San Martín y Carlos María de Alvear establecieron en Buenos Aires como filial de la Gran Reunión Americana, de Londres.

San Martín fue, de hecho, el jefe del primer golpe militar de nuestra historia: el que derrocó al primer Triunvirato.

Los granaderos, al mando de su jefe, “se presentaron en la plaza de la Victoria para demostrar a los cabildantes porteños que esta vez la razón tenía como aliada la fuerza”.

El encargado de transmitir el ultimátum, en presencia de San Martín y Alvear, fue Bernardo de Monteagudo: el Cabildo debía deponer al Triunvirato, nombrar provisionalmente un nuevo gobierno y llamar a una asamblea constituyente.

Los militares dejaron a los cabildantes deliberando pero, como las discusiones se prolongaban, San Martín entró a la sala y les dijo: “No es posible ya perder [más tiempo]: el fermento adquiere mayores proporciones y es preciso cortarlo de una sola vez”.

Así fue impuesto el nuevo triunvirato, al que se dio el nombre de Gobierno Superior, compuesto por Juan José Paso, Nicolás Rodríguez Peña y Antonio Álvarez Jonte.

El Gobierno Superior convocó a la asamblea constituyente –la Asamblea del año 13– que sería presidida por Alvear.

El control ya estaba ganado.

2. Tomó posiciones en Mendoza. Aunque libró antes el combate de San Lorenzo (1813) y reorganizó el Ejército del Norte, San Martín dejó pronto en claro que su principal interés era asegurarse la gobernación de Cuyo: un sitio sin importancia política, en el cual él jamás había estado.

La capital de Cuyo, Mendoza, era –como Maitland había destacado– “indudablemente indicada” para organizar e iniciar una operación militar destinada a Chile. Cuando obtuvo la gobernación de Cuyo, en 1814, San Martín la convirtió en un mundo aparte, dedicado casi exclusivamente a preparar el ejército que cruzaría los Andes. Con ese propósito, hizo requisiciones y movilizó a la población.

3. Coordinó acciones con el ejército patriota de Chile. Los patriotas chilenos habían establecido su propio gobierno independiente, como el de Buenos Aires. Sin embargo, después del desastre de Rancagua (1º de octubre de 1814) los españoles reconquistaron el país y las fuerzas criollas se dispersaron. San Martín había perdido la posibilidad de unir su ejército al de Chile. No obstante, el caudillo chileno Bernardo O’Higgins, junto a parte de los patriotas derrotados, se unió a San Martín en Mendoza. Así se completó el Ejército de los Andes, que quedó compuesto por 4.000 hombres “con una proporción de artillería” (21 cañones y otras piezas)( Otero, Historia del Libertador, vol. II, p. 329. Leopoldo R. Ornstein, “La organización del Ejército de los Andes”, en Instituto Nacional Sanmartiniano, San Martín, Libertador de América (Buenos Aires, 1995), p. 59, precisa: “Los efectivos de todas las unidades de línea, servicios y tropas del Ejército de los Andes, arrojaron un total de: 3 generales, 28 jefes, 207 oficiales, 15 empleados civiles, 3.788 soldados combatientes y 1.392 auxiliares, lo que suma un conjunto de 5.423 hombres. Disponía además de 18 piezas de artillería, 1.500 caballos y 9.280 mulas.

4. Cruzó los Andes. Maitland había sugerido que, a fin de llegar a Chile, “un perfecto entendimiento con los indios debería ocurrir antes de la aparición de nuestras fuerzas”. San Martín llegó a un acuerdo con el cacique Neicuñán, según el cual los toquis permitirían que el Ejército de los Andes, camino de Chile, atravesara sus dominios en el valle de Uco. Por otra parte, San Martín utilizó a los pehuenches para propagar falsas informaciones en Chile antes del cruce, y hacer que los españoles aguardaran un ataque en sitios que no eran los elegidos para atacar.

El cruce de la cordillera fue más difícil de lo imaginado por Maitland. El Ejército de los Andes demoró casi un mes en atravesar esas montañas, que figuran entre las más altas del mundo. Muchos soldados y gran cantidad de mulas y caballos murieron durante la operación.

5. Derrotó a los españoles y tomó control de Chile. El Ejército de los Andes invadió la parte central de Chile por seis puntos. San Martín derrotó al ejército realista en la batalla de Chacabuco (12 de febrero de 1817), después de lo cual el mariscal Francisco Marcó del Pont, capitán general de Chile y presidente de su Real Audiencia, huyó de Santiago. Cuando San Martín entró a la ciudad, el Cabildo le ofreció plenos poderes, que él rehusó. Coincidiendo una vez más con las ideas de Maitland, San Martín pensó que, habiendo tomado control de Chile, ese país debía ser “el punto desde el cual deberíamos dirigir todos nuestros esfuerzos contra (los realistas de) Perú”.

San Martín sugirió que O’Higgins era el hombre para gobernar Chile. De todos modos, ambos –O’Higgins y San Martín– tenían el control militar del país, sobre todo después de una nueva victoria en Maipú (5 de abril de 1818) que siguió al traspié de Cancha Rayada (19 de marzo de 1818). Maipú puso fin al dominio español en Chile. San Martín entonces dedicó sus energías a preparar su expedición marítima a Perú.

6. Continuó por mar a Perú. Demostrando que nada le parecía más relevante que quebrar el dominio español de Lima, San Martín desobedeció al gobierno de Buenos Aires y, en vez de regresar con su ejército como se lo ordenaban,20 continuó la preparación de la expedición por mar al Perú (Se le ordenó volver para combatir la insurrección del gobierno de Santa Fe, que, apoyado por el jefe de los orientales, José Gervasio de Artigas, y el chileno José Miguel Carrera, supuestamente se aprestaba a invadir Buenos Aires. San Martín le escribió a Juan Martín de Pueyrredón: “... este ejército nunca tuvo por objeto la guerra de Santa Fe y sí sólo la necesidad de abrirnos al Perú”. Luego, en carta a Bernardo O’Higgins, señaló: “Se va a descargar sobre mí una responsabilidad terrible, pero si no se emprende la expedición al Perú, todo se lo lleva el diablo”. Cf. Otero, San Martín, vol. IV, pp. 168-169). Para eso compró barcos ingleses y reclutó a marinos británicos. La expedición, colocada bajo bandera chilena, comenzó el 20 de agosto de 1820; pero San Martín sólo entró en Lima el 10 de julio de 1821, después de haber cercado pacientemente a los españoles, insubordinado a la población rural y obligado al Virrey José de la Serna, Conde de los Andes, a rendir la hambrienta capital.

Si bien estaba, él también, dispuesto a extender la operación “hasta desmantelar todo el sistema colonial, aun por la fuerza si resultare necesario”, creía –como Maitland– que se podía tomar control del Perú con la mínima violencia:

• “Yo ambiciono un triunfo pacífico, fruto de la irresistible necesidad”.

• “Mi objeto en este movimiento es el de, por la insurrección general de la sierra, bloquear a Lima por hambre y obligar a[l Virrey Joaquín de la] Pezuela a una capitulación”.

• “Yo me voy con pies de plomo. [Pezuela] pierde cada día la moral de su ejército; se mina sin cesar; su deserción crece, y yo aumento mis fuerzas progresivamente. La insurrección corre por todas partes como el rayo, y estoy esperando la de Trujillo, con cuyo gobernador, el Marqués de Torre Tagle, estoy de acuerdo; en fin, con paciencia y sin precipitarse, todo el Perú será libre en breve tiempo”.

• “Me he propuesto mi plan de guerra con el que pienso entrar en Lima con más seguridad que fiando el éxito a la suerte de una batalla. Los muchachos desearían esto último para terminar pronto la guerra, pero es menester que tengan la misma cachaza que yo”.

El jefe de la escuadra, Lord Cochrane (Thomas A. Cochrane, Conde de Dundonald) quedó resentido porque San Martín le impidió dar lo que Maitland había descrito con desdén como un coup de main sobre Callao y Lima. Ese fue el inicio de serios desacuerdos entre ambos comandantes, que por fin llevaron al retiro de Cochrane.

En las páginas 28 y 29 usted podrá leer una versión inglesa de las diferencias entre San Martín y Cochrane: la que ofrece el Dictionary of National Biography. Pese a los esfuerzos por adjudicar todo el mérito de la conquista del Perú al británico, y desacreditar al mismo tiempo a San Martín, ese texto demuestra que Cochrane quería dar ese golpe porque lo movían las riquezas del Perú y no su independencia.

7. Emancipó al Perú. El 28 de julio de 1821, San Martín proclamó la independencia de Perú. Sin embargo, al igual que Maitland, creía que aún faltaba un paso: tomar el control de los territorios septentrionales. Cuando Maitland escribió su plan, Quito era un solo reino: el que había establecido la Real Audiencia en 1563. Cuando San Martín llegó al Perú, hacía dieciocho años que Quito se había proclamado independiente, pero aún luchaba contra los españoles que dominaban gran parte del territorio. En 1820, el puerto de Guayaquil, que era parte de Quito pero estaba libre de fuerzas realistas, había declarado su propia independencia.

A poco de entrar en Lima y hacerse cargo del gobierno, San Martín envió al general Francisco Salazar como ministro (embajador) ante el gobierno de Guayaquil, con instrucciones de “trabajar por la incorporación de Guayaquil al Perú”.

También envió San Martín ayuda militar al Libertador de Colombia, Simón Bolívar, cuyo ejército ya había sitiado a los realistas de Quito. Esa ayuda fue útil a Antonio José de Sucre, lugarteniente de Bolívar, que derrotó a los españoles en Pichincha (29 de mayo de 1822).

Mientras tanto, la contrarrevolución realista se había hecho fuerte en las montañas peruanas. Carente del apoyo de Buenos Aires y enfrentado a problemas políticos en Lima, San Martín consideró que no podría consolidar la independencia peruana sin el apoyo de Bolívar. Decidió, entonces, ir a entrevistarse con el venezolano. Se proponía reclamarle “Guayaquil y su ría”, dado que eran de “ninguna utilidad a Cundinamarca” (es decir, a Colombia) y, en cambio, sin ellas el Perú “no podría ser jamás un poder político de importancia”.

Iba, también, a pedirle refuerzos militares para aplastar la contrarrevolución realista.

En la entrevista de Guayaquil, el 26 de julio de 1822, Bolívar le hizo ver que no permitiría la anexión de Guayaquil al Perú, y que sería él (no San Martín) quien liderase la ofensiva final contra los realistas en territorio peruano.

El 20 de setiembre de 1822, San Martín decidió retirarse y dejar que el propio Bolívar concluyera la obra. Después de un año en Mendoza, el Libertador viajó otra vez a Inglaterra (1824).


La versión del Dictionary of National Biography, publicado en Londres en 1894.

Cochrane, Thomas, décimo CONDE DE DUNDONALD (1775-1860) [...]

En mayo de 1817 Cochrane aceptó la invitación del gobierno chileno para hacerse cargo de la organización y comando de su armada, aunque como consecuencia de varias demoras no dejó Inglaterra hasta agosto de 1818, cuando cruzó a Boulogne acompañado por su esposa y dos hijos, para embarcarse en el burque mercante Rose [rumbo a Chile]. Arribó a Valparaíso el 28 de noviembre y de allí siguió de inmediato a Santiago, donde fue recibido con el mayor entusiasmo.

[...] Se decidió llevar adelante una expedición a Perú con todas las fuerzas de la república. Un ejército de más de cuatro mil hombres, a las órdenes del General San Martín, fue embarcado en los buques de guerra que zarparon de Valparaíso hacia fines de agosto de 1820.

A pesar de las protestas de Cochrane, San Martín insistió en que las tropas desembarcaran en Pisco, donde permanecieron ociosas durante casi dos meses. El 28 de octubre fueron reembarcadas y otra vez, a requerimiento de San Martín, desembarcaron en Ancón. Cochrane había urgido en vano un inmediato ataque al Callao y Lima y ahora, comprendiendo que este segundo desembarco sería tan infructuoso como el anterior, decidió ir con un grupo de su propia fuerza a enfrentar a la fragata Esmeralda en el Callao. Actuando enteramente bajo su responsabilidad y sin consultar con San Martín, hizo el intento con un éxito total.

La noche del 5 de noviembre los botes se internaron en el puerto; cerca de medianoche estaban al lado de la Esmeralda, que fue abordada por los chilenos en distintos puntos al mismo tiempo. El propio Cochrane fue seriamente herido, y las pérdidas totales de los vencedores fueron once muertos y treinta heridos.

Tan pronto como el alboroto a bordo hizo comprender a la del guarnición [española] que un ataque había tenido lugar, las baterías abrieron fuego contra la Esmeralda, matando e hiriendo a muchos de sus hombres. El fuego, sin embargo, hizomenos daño del que podía haberse esperado, siendo neutralizado por uno de esos sim ples pero ingeniosos expedientes en los cuales la mente de Cochrane era particularmente fértil y que, más aun que sus brillantes movimientos, marcaron sus éxitos.

Estaban presentes en el puerto un barco inglés y uno americano, ambos de guerra. Cochrane notó que, apenas comenzó el fuego, esos barcos elevaron sus luces de posición. Enseguida entendió que había un acuerdo previo con las auto ridades en tierra, e inmediatamente levantó luces similares a bordo de la Esmeralda. La guarnición quedó perpleja; en la oscuridad, no podía distinguir e hizo fuego las más de las veces sobre los dos neutrales, que fueron alcanzados varias veces. La Esmeralda logró quedar comparativamente a salvo.

Cochrane intentó ir desde la Esmeralda a capturar o prender fuego a todos los barcos del puerto. Desafortunadamente, estaba incapacitado por sus heridas, y el oficial en quien debió delegar el mando, menos aventurado e ingenioso que su jefe, cortó las amarras de la Esmeralda. No quedaba más que aflojar las gavias y ponerse fuera de alcance.

La proeza, aunque incompleta, no lo fue en sus resultados. No sólo la armada española fue reducida a la inacción sino que Cochrane, después de un corto tiempo, advirtiendo que no había para él más trabajo a bordo indujo a San Martín a prestarle seiscientos soldados, con los cuales y con los barcos de la escuadra tuvo bajo acoso las costas desde Callao hasta Arica, con lo que virtualmente obligó a Lima a capitular el 6 de julio de 1821.

San Martín, aunque había hecho poco o nada, apareció entonces para recibir los honores y los premios. El 3 de agosto se proclamó a sí mismo Protector del Perú, y el 4 se negó a pagar un solo real a los marinos si ellos, y especialmente Cochrane, no juraban lealtad a la nueva república. Cochrane declinó el ofrecimiento del Protector, zarpó rumbo a Ancón y tomó posesión de una gran parte del tesoro capturado [a los españoles] que había sido depositado allí por San Martín. Con esto pagó los emolumentos atrasados a sus oficiales y marineros, reservando el resto para el reequipamiento de la escuadra.

San Martín, expulsado del Perú por una insurrección popular, volvió a Valparaíso en octubre y, aunque denunciado por Cochrane por traidor, fue colmado de honores y premios, mientras que Cochrane no podía lograr que le pagaran las sumas que le debían a él ni los salarios debidos a sus hombres. De haber optado por entrar en la lucha de facciones, posiblemente habría podido obtener ventaja pecuniaria; perohabiendo declinado hacerlo,el único curso de acción que tenía era resignar el mando en la marina chilena, que es lo que virtualmente hizo el 29 de noviembre al solicitar licencia por, tiempo indeterminado.

“La perspectiva de un beneficio inmediato”

En su intento de promover a Cochrane y disminuir a San Martín, el Dictionary of National Biography nos provee (sin quererlo) elementos para darle la razón a San Martín y, al mismo tiempo, valorar la visión de Maitland:

• Cochrane urgió en vano a que San Martín hiciera aquello que (Maitland lo subrayó en su plan) no debía siquiera intentarse: un “golpe de mano” en el Callao.

• El “éxito total” de Cochrane resultó, en realidad, una “proeza incompleta”. No le fue posible tomar el puerto.

• Cochrane terminó haciendo lo que San Martín (al igual que, antes, Maitland) definió como el papel de la escuadra naval: patrullar las costas mientras las fuerzas de tierra cercaban al Virrey.

• Por algo el pueblo del Perú reservó “los honores y los premios” a San Martín.

• Cochrane se negó a jurar lealtad a la nueva república.

• Luego se apoderó de parte del tesoro del Perú, para pagar salarios y quedarse con un “resto” para “reequipamiento”.

• De Perú se fue a Chile a exigir más paga y obtuvo un rechazo inapelable.

• En cambio, San Martín (renunciante, no expulsado, del Perú) “fue colmado” en Chile “de honores y premios”.

Maitland había observado que, “en todos los planes” para atacar Hispanoamérica, “los emolumentos de los individuos parecían ser la parte más importante a considerar”. Los expedicionarios (señaló en uno de los escritos dirigidos a Dundas) solían ser movidos por “la perspectiva de un beneficio inmediato”.

Cochrane no era una excepción a esa regla.

Maitland y, a su turno, San Martín, tuvieron una concepción distinta. Uno en pos del interés comercial de su país, el otro a impulsos de un ideal, ambos hombres comprendieron que los pueblos de Hispanoamérica no querían cambiar, como decía Manuel Belgrano, “amo viejo por amo nuevo”.

El estratega escocés sostuvo que “el fin” de la “empresa” debía ser “indudablemente la emancipación de Perú”. Ése fue, también, el fin perseguido por San Martín.


Una coincidencia asombrosa

En los doce años transcurridos entre su partida a bordo de la George Canning y su regreso a Londres, San Martín llevó a la práctica el plan anticipado, en 1800, por aquel escocés, Maitland, que murió en Ceilán el 21 de enero de 1824, pocos meses antes del regreso de San Martín a Inglaterra.

El cuadro de la página siguiente grafica lo que ya hemos visto: San Martín siguió, paso a paso, el derrotero propuesto por Maitland.

¿Conocía el Libertador aquel plan británico del 1800?

Tanto Maitland como San Martín eran estrategas europeos, acostumbrados a hacer planes sobre mapas e ignorar los obstáculos geográficos. Una larga campaña a través de distintos países podía parecer sobrehumana a los compatriotas de San Martín, habituados a la pelea doméstica.(Otros ejércitos criollos llevaron a cabo notables campañas en sitios tan distantes de Buenos Aires como el Alto Perú -hoy Bolivia- y Paraguay, donde actuó el general Manuel Belgrano. Sin embargo, aquellas campañas fueron conducidas dentro del propio país -al cual pertenecía el actual territorio de Bolivia- o diseñadas para proteger sus fronteras, en respuesta a un ataque exterior o a una rebelión). En cambio, el Viejo Mundo estaba acostumbrado a tales empresas: los libros de estrategia que debieron leer Maitland y San Martín estaban inspirados en Alejandro, Ciro, Carlomagno, Aníbal (que hace 2.200 años atravesó los Alpes helados al frente de un descomunal ejército que incluía miles de caballos y hasta elefantes) o Napoleón Bonaparte (el Gran Corso, contra cuyas fuerzas pelearon tanto Maitland como San Martín).

Es posible, por lo tanto, que San Martín haya coincidido con Maitland sin saberlo. Sería, sin embargo, una coincidencia asombrosa.

¿Quién era Thomas Maitland? ¿Por qué se dedicó a planear el control de Sudamérica? ¿Con quién estaba conectado?


Como dos gotas de agua

Inglaterra


Si querés leer la versión completa del Plan Maitland (consta de 262 páginas), podes descargarla, haciendo clic acá.

FUENTE

6 comentarios - El Plan Maitland y San Martín

AuKaChe -1
Es posible, por lo tanto, que San Martín haya coincidido con Maitland sin saberlo. Sería, sin embargo, una coincidencia asombrosa.

O la simple lógica de dos grandes estrategas. No sería la primera vez que ocurre.
silvanagarbarini +2
Buenísimo este informe! Ahora... No se supone que San Martín haya encontrado a Andrés Bello en Londres, y que fuese éste quien le comunicase sobre el Plan Maitland? No es cuestión de "tirarlo abajo" a San Martín; es uno de mis "ídolos"... Pero según se sabe, tanto él como Bello formaron parte de la Logia de los Caballeros Racionales... Bello vivió 20 años en Londres, donde se "codeó" con gente de altas esferas, y tuvo acceso, supuestamente, al Plan M. ... Saludos y gracias por este post!
SpitfireTD +4
Los ingleses nunca dieron puntadas sin hilo
malbec2002 +1
keptchu +3
Muy interesante ,ahora entiendo como termino San Martín en Inglaterra
Excelente documento histórico ,ahora entiendo el porque de los ingleses en la patagonia que manga de boludos que somos
Como el tratado que firmo Memem>

El Tratado de febrero de 1990, se complementa luego en diciembre del mismo año, con posterior trato en el Congreso de la Nación, bajo la ley 24.184. Dicha ley dio paso a las privatizaciones de las empresas estatales y de los recursos naturales del Estado. Por si fuera poco, Gran Bretaña tiene el privilegio de ser la Nación más favorecida desde 1825, provocando que la mayoría de las empresas extranjeras establecidas en el país, correspondan a manos británicas.

+10 gracias por compartir y abrirnos la cabeza
elpaparulo +3
lea y difunda mi amigo. y terragno es un gran estudioso del tema malvinas tambien, hay cosas MUY buenas que escribió al respecto. abramos los ojos para que no nos abran el ojete.
EaaaArq
independencia

Solo dejo esto por aquí...

https://commons.wikimedia.org/wiki/Filelag_of_Chile_(1812-1814).svg#/media/Filelag_of_Chile_(1812-1814).svg