Los celtas

Cuando hablamos de los celtas siempre estamos prestos a imaginarnos guerreros rubios o pelirrojos, de poblada barba, belicosos, y siempre buscando pelea en las noches de borrachera; destrozándolo todo a su paso, y por supuesto, enormemente brutos. Eso demuestra que los arquetipos, a veces, fallan. Los celtas eran profundamente religiosos, y lo que hoy llamaríamos unos místicos. Quizá ellos fueron los primeros ecologistas, pues amaban profundamente la Naturaleza: los bosques, los ríos, las montañas y los campos; y cada animal que en ellos poblaba. Incluso las personas que no gustan de la Historia saben algo de los romanos, los griegos o los egipcios; pero pocos conocen apenas algunas cosas de los celtas. Provenían de una raza indoeuropea que se asentó, desde muy antiguo, en distintas zonas de Europa. Creían en la rencarnación; aunque quizá de una manera un tanto diferente a como la entendemos ahora. Para ellos la vida era puro movimiento; y al morir se tendía un puente entre una y otra orilla, la de los vivos y la de los muertos. Saben que la vida de este mundo es pasajera, y por ello no tienen demasiado apego a las cosas materiales, ni demasiado interés en crear asentamientos permanentes o grandes templos, a la manera de los egipcios o los romanos. Siente que es suficiente que les recuerde su familia. Su número mágico es el tres, y sus dioses, por tanto, suelen aparecer en tríadas. Su amor por este número se refleja también mediante el triskel, que el símbolo del sol de tres brazos, derivado de la rueda y emparentado con la esvástica, que actualmente está completamente denostada porque se identifica con la ideología nazi; pero que en su primitiva acepción no tiene nada de malo, sino todo lo contrario.

El Triskel o las tres espirales, forma parte de la magia, el arte y las leyendas Celtas, pero también podemos encontrarlo en otras culturas más antiguas, como las orientales, en particular el Tibet, demostrando así un misterio muy profundo. Para los Celtas este símbolo tenia carácter divino, ya que era relacionado con la trinidad, compuesta por la interacción del cuerpo, la mente y el alma, que para los Chinos se componía del cielo, el hombre y la tierra. El Triskel manifestaba la creación, siendo un símbolo que otorga poderes para estimular la creatividad, como la salud y la protección general, que en conjunto conduce hacia la prosperidad y el bienestar, por lo tanto es un símbolo netamente positivo para el que lo porte.

Tiene el triskel un significado bastante similar al del yin y el yan de los chinos, porque también presenta la atracción entre los opuestos; aunque en el triskel se incluye una tercera espiral, símbolo del hombre que se ha trascendido a si mismo hasta integrarse en Dios. No se puede acumular fuerza para ejercer una tiranía represiva, sino integrarse en la Naturaleza hasta acumular la suficiente voluntad, representada por la espada que portan todos los héroes. Los celtas reconocen el Bien y el Mal, pero en el medio se encuentra la Indecisión, el momento en el que el hombre es libre de elegir su camino. Hay famosas tríadas, como la de Tutatis, Esus y Tiranis; pero también la de Galahad, Perceval y Boores. También los egipcios, los hindúes y los persas gustaban de aunar a sus dioses en grupos de tres, y tenemos el ejemplo de la Santísima trinidad cristiana. Uno de los más famosos héroes es Bran, cuyo nombre tiene tres significados: cuervo, animal mítico entre los celtas, seno, en el sentido de protección y cobijo, y altura. El nombre de Bran lo lleva también un mítico guerrero irlandés, cuyo nombre cristiano será San Brandan o San Borondón, que ha llegado hasta la mitología de las Islas Canarias, dando nombre a la isla mágica que aparece y desaparece. Dice la leyenda que a Bran se le aparece una espectacular mujer que le profetiza el nacimiento de un Mesías, al que parirá una virgen. Bran y un grupo de hombres se embarcan en un viaje que debe durar tres días, en busca de ese Mesías, y pasan por distintos lugares, a cada cual más extraño: la llanura de los Placeres, donde el pecado no tiene cabida, la isla del Alborozo o la Isla de las Mujeres, que es la tierra del libertinaje. Cuando, ya cansados, quieren volver a las costas de Irlanda, se les prohíbe bajar a tierra; solo podrán ver la costa. Uno de ellos desafía el mandato y cuando baja a tierra, su cuerpo queda reducido a cenizas. Se dan cuenta de que no conocen a nadie, ni nadie les conoce, porque en realidad, el viaje que para ellos ha durado tres días, han sido varios siglos. Han viajado en el tiempo, que es otra de las místicas celtas.

San Brendan de Ardfert y Clonfert (San Brandán, en su acepción española), también conocido como Brendan el Viajero, nació en 484 en Ciarraighe Luachra, cerca de la ciudad de Tralee, en el condado de Kerry, Irlanda y murió en 577 en Enachduin, hoy Annaghdown. Fue bautizado por el Obispo Erc en Tubrid, cerca de Ardfert. Durante cinco años fue educado por Santa Ita, "la Brigid de Munster" y terminó sus estudios bajo San Erc, quien le ordenó sacerdote en 512. Entre los años 512 y 530 San Brendan edificó celdas monásticas en Ardfer y en Shanakeel o Baalynevinoorach, al pie de Brandon Hill. Fue desde aquí de donde partió en su famoso viaje a la Tierra de las Maravillas. Los antiguos calendarios irlandeses celebran el 22 de marzo una festividad especial para la "Egressio familiae S. Brendani". San Aengus Culdee, de finales del siglo VIII, invoca en su letanía a "los sesenta que acompañaron a San Brendan en su búsqueda de la Tierra Prometida". Evidentemente, la historia del viaje de siete años se extendió y muy pronto multitud de peregrinos y estudiantes afluyeron a Ardfert. De esta manera, en pocos años, se crearon muchas casas religiosas en Gallerus, Kilmalchedor, Brandon Hill y en las islas Blasquet, con el fin de satisfacer los deseos de aquellos que buscaban la guía espiritual de San Brendan.





Una vez instituida la Sede de Ardfert, San Brendan se trasladó a Thomond, donde alrededor de 550 fundó un monasterio en Inis-da-druim (hoy isla de Coney, condado de Clare), en la actual parroquia de Killadysert. Viajó a Gales y de allí a Iona, habiendo dejado en Kilbrandon (cerca de Oban) y Kilbrennan Sound las huellas de su celo apostólico. Después de su misión de tres años en Gran Bretaña, regresó a Irlanda, donde siguió trabajando en varias partes de Leinster, especialmente en Dysart (Condado de Kilkenny), Killiney (Tubberboe) y Brandon Hill. Fundó las Sedes de Ardfert y de Annaghdowny, erigió iglesias en Inchiquin, condado de Galway y en Inishglora, condado de Mayo. Su fundación más célebre fue Clonfert, en 557, nombrando a San Moinenn como Prior y director. San Brendan fue enterrado en Clonfert y su festividad se celebra el 16 de mayo.



San Brendan pertenece al glorioso período de la historia de Irlanda en el que la isla, recién convertida al Cristianismo, envió a sus primeros mensajeros de la Fe hacia el continente y a los pueblos del mar. Por lo tanto, quizás es posible que las leyendas que circulaban en el siglo IX y escritas a partir del siglo XI, tuvieran como base el viaje por mar cuyo destino no puede ser precisado. Estas aventuras fueron llamadas "Navigatio Brendani", el viaje o el errar de San Brendan, aunque no existe ninguna prueba histórica de tal viaje. Se dice que Brendan partió en busca del mítico Paraíso en compañía de unos monjes, cuyo número varía de los 18 a los 150. Después de un largo viaje de siete años alcanzaron la "Terra Repromissionis" o el Paraíso, la tierra más hermosa con la vegetación más frondosa. La narración ofrece un amplio abanico interpretativo de la posición geográfica de esta tierra, así como del escenario de la leyenda de San Brendan. En una carta marítima de Cataluña (1375) es ubicada no muy lejos del oeste meridional de Irlanda. Sin embargo, en otras cartas se identifica con las "Islas Afortunadas" de los antiguos y se coloca hacia el sur. Así, en el mapamundi de Herford se sitúa entre las Islas Canarias (principios del siglo XIV) y es sustituida por la isla de Madeira en la carta de Pizzigani (1367), en la carta de Weimar (1424), y en la carta de Beccario (1435). A medida que aumentó el conocimiento de esta zona se pensó en un lugar más allá del océano. En el globo de Martin Behaim se encuentra a 60 grados al oeste del primer meridiano y muy cerca del Ecuador. Los habitantes de Hierro, Gomera, Madeira y de las Azores afirmaron a Colón que a menudo veían la isla y lo continuaron aseverando hasta mucho después. A finales del siglo XVI el fracaso en encontrar la isla llevó a los cartógrafos Apianus y Ortelius a situarla una vez más en el océano al oeste de Irlanda. Finalmente, a principios del siglo XIX, la creencia en la existencia de la isla fue completamente abandonada. Pero pronto surgió una nueva teoría sostenida por aquellos investigadores que reclamaban para Irlanda la gloria del descubrimiento de América, a saber, MacCarthy, Rafn, Beamish, O'Hanlon, Beauvois, Gafarel, etc. Todo esto, en detrimento de los hombres del norte que habían descubierto una región al sur de Vinland y la Bahía de Chesapeake llamada "Hvitramamaland" (Tierra de los Hombres Blancos) o "Irland ed mikla" (Gran Irlanda) y de la tradición de los indios de Shawano (Shawnee) que afirmaban que antiguamente Florida fue habitada por una tribu blanca que disponía de instrumentos de hierro. Como el propio Brendan señala, sólo visitando el continente occidental, podría haber llegado a conocer los extraños animales y plantas descritos en la leyenda. Aunque por otro lado, pronto se dudó del valor narrativo de la historia del descubrimiento. Honorio de Augsburgo declaró que la isla había desaparecido, Vincent de Beauvais negó la veracidad de todo el peregrinaje y los Bolandistas no lo reconocieron. Los geógrafos Alexander von Humboldt, Peschel, Ruge y Kretschmer catalogaron la historia entre las leyendas geográficas, de interés para la historia de la civilización pero no para ser consideradas seriamente desde el punto de vista de la geografía. La narración más antigua de la leyenda es en latín, "Navigatio Sancti Brendani" y pertenece al siglo X o XI. La primera traducción al francés data de 1125 y desde el siglo XIII la leyenda aparece en las literaturas de los Países Bajos, Alemania e Inglaterra.

Las islas tienen para los celtas un extraño atractivo, y también todo lo que se relaciona con el agua. Pero, de manera sorprendente, no son muy buenos marinos, y temen a los viajes por mar o por río. Sienten gran atracción, en la misma línea, por las fuentes, a las que en ocasiones dotan de poderes mágicos o curativos. Y esta idea se extiende a las lagunas. Se puede hablar, en el norte de España, de muchas leyendas tejidas en torno a la laguna de Doniños, de la cual la leyenda cuenta que estaba habitada por paganos a excepción de una pareja que tenían su casa algo apartada. Pasó por allí un peregrino pidiendo alojamiento donde había más abundancia. Pero le arrojaron de allí con cajas destempladas. Sin embargo, nuestra pareja le invitó a pasar a su cabaña, le dieron parte de su magra comida y le dejaron su lecho de pajas para dormir. Al día siguiente, vieron que el peregrino había desaparecido. El hombre fue a su trabajo y cuando llegaba a la villa oyó a su mujer que le llamaba urgentemente. Fue a ver pero cuando llegó junto a ella, ésta le dijo que ella no lo había llamado. En ese momento se oyó un gran estruendo de aguas. Marido y mujer miraron hacia la villa y vieron que era inundada por un gran torrente que surgió de entre unos peñascos. Allí quedó sumergida la villa de Doniños. Muchas de estas extensiones de agua aparecen guardadas por seres mitológicos, sobre todo mujeres. En Asturias son famosas las leyendas que hablan de Xanas, que son espíritus de la Naturaleza con forma de mujer, una especie de ninfas que viven en las fuentes, en las cuevas y en las riberas de los cursos de agua. Son descendientes de las Dianae (las ninfas compañeras de Diana). Son muy bellas, delgadas, de pequeña estatura, con ojos verdes y de mirar fascinador. Tienen el cabello rubio, muy largo, se lo sujetan con una cinta de perlas o de flores, se peinan con peines de oro, su rubio y largo cabello y se visten con una túnica plateada. Además de tejer madejas de oro, poseen gallinas con polluelos de oro, hilos de oro sobre el agua, tijeras de oro y otros muchos tesoros, hacen ricas a las personas que las desencanten.

En la Noche Mágica de San Juan, el 24 de junio, las Xanas se hacen visibles para quien las quiera contemplar con solo acudir a los sitios que habitan, como fuentes, lagos y ríos. Suele aparecer sentada en una roca, cantando y portando una madeja de hilo de oro, que se lo entregará a aquel que se lo pida prometiendo desposorio y magníficos tesoros para aquel que consiga deshilar la madeja sin cortar el hilo, pero si el hilo se rompe, se castigará al humano con su muerte, atrayéndolo hasta el fondo de las aguas.

En el oriente de Asturias se las denomina INXANAS, allí son hermosas, delgadas y bajas de estatura, a los hijos se les denominan inxanín y suelen cambiarlos por los hijos de las campesinas, para que sean bautizados. El tema de los niños cambiados es también muy común en las leyendas de las tierras escocesas. Las Xanas suelen cantar en las noches de las primaveras y veranos y sus canciones llenas de embrujo tan deseable y poderoso, que quienes tenían la suerte de escucharlas y fuesen puras de sentimientos, si estaban enfermas sanaban, si enamorados se casaban consiguiendo ser felices. Si escuchaba el embrujador cante de la Xana una persona que no tuviese el alma limpia, esta se endemoniaba, volviéndose loco y ahogándose. Los bienes que custodian las xanas se pueden conseguir porque ellas los den voluntariamente o mediante engaños, pero en éste caso pueden recuperarlos o bien castigar a quien las engañó.

Mención aparte merecen los druidas; aunque de esta figura no es demasiado lo que se conoce. Ellos mismos lo impidieron, al evitar que se dejase constancia por escrito de sus conocimientos. En muchas ocasiones se les juzgo mal, y los críticos se paran en detalles morbosos, como dejar la cabeza de sus enemigos enfrente de la puerta de la casa. Cuando el cráneo era de un enemigo especialmente importante, se vaciaba y se embalsamaba con aceite de cedro; para ser en algunas ocasiones engarzado en oro como recipiente ritual. Tito Livio narra que así se trató la calavera del cónsul Postumio, derrotado por los galos. Aunque pueda parecer una crueldad, y lo es, entre los celtas la cabeza cortada es un homenaje al vencido, porque se considera precisamente la cabeza el órgano más importante del cuerpo, y digno se de ser conservado, sobre todo si se trata de un gran jefe, aunque sea enemigo. Los druidas eran muchas cosas para los celtas, y entre ellas sacerdotes; pero también solían ser jueces que intervenían en los litigios e imponían los castigos. Les estaba encomendado sacrificar a los dioses en señal de honra y respeto. En la víspera de Samaín, el 31 de octubre, se consideraba que había un especial peligro, porque los espíritus de los muertos vagaban por el mundo de los vivos. El druida no formaba parte de una casta hereditaria, sino que cualquiera que tuviera las cualidades necesarias, podía ser druida. Se exigía obediencia a las leyes divinas, interés por el bienestar del clan del cual formase parte, y asumir una filosofía de vida que podríamos caracterizar de estoica. Dentro del género de los druidas también podemos establecer categorías:

• El bardo, que suele llevar túnica azul y entre otras cosas se dedica a la astronomía. También sabe transformar la vida a través de canciones, bailes y poesía.

• El ovate, cuyo nombre está relacionado con la serpiente, símbolo de sabiduría. Generalmente usaban túnicas verdes, el color de la Naturaleza; y aunque todavía no eran propiamente druidas, se les permitía enseñar a la juventud. Actúan como una especie de catalizadores entre el inframundo y el mundo del pensamiento.

• El druida es el último escalafón. Ya se le permite usar una túnica blanca, y es el encargado de canalizar las energías del cielo.



El druidismo es algo que todavía, a día de hoy, continua en uso, y de hecho se dice que hay en el Reino Unido unos diez mil druidas que siguen practicando rituales mágicos; algo que se viene haciendo desde Stonehenge. En 1989 se formó el Consejo de Druidas del Reino Unido y hay constatadas doce órdenes mayores. Los druidas eran maestros que enseñaban a los jóvenes el pleno contacto y respeto a la Naturaleza; pero también eran hechiceros que adivinaban el futuro a través del vuelo de las aves o del fuego. Eran sanadores que conocían de plantas curativas, y a la vez de potentes venenos, y se decía que podían resucitar a los guerreros muertos en la batalla. Se pueden transformar, en ocasiones, en animales, como gatos, leones marinos o en osos. El druida se identifica con el roble, que es el árbol sagrado de los celtas.

El druida llegaba a serlo después de unos veinte años de estudio, y por eso tenía que demostrar su valía ante el pueblo. En el mundo celta el poder es bicéfalo: el rey manda al pueblo, pero no toma ninguna decisión importante sin contar con el druida. Podemos poner el ejemplo del rey Arturo y Merlín. El druida era quien trazaba a través de su rey, los planes para todo el clan. Eran los druidas profundamente religiosos, y de hecho, cuando el cristianismo llegó a sus tierras, ellos fueron los primeros en convertirse, aunque no por ello dejaron de lado sus tradiciones. Hay bastantes posibilidades de que también existiesen mujeres druidas, e incluso podemos mencionar el relato del encuentro de una de ellas con el emperador Diocleciano. De hecho, la sociedad celta respetaba profundamente a la mujer y le reservaba un lugar especial, incluso en la guerra.



¿Cuáles son las tierras celtas? Se habla de Irlanda, la isla de Mann, Escocia, Gales, Inglaterra, Bretaña y Galicia. Pero recordemos que la cultura celta proviene del centro de Europa, a partir de dos oleadas: la primera es la cultura de Hallstat, en el sur de Austria, hacia el año 800 a. C, y la segunda se conoce con el nombre de La Téne, junto al lago Neuchatel, en Suiza, un poco más tardía. Por eso no se puede decir que lo celta quede reducido tan solo a las zonas antes enunciadas. Pero han primado, desde el siglo XIX, intereses políticos, y de hecho en Irlanda se prohibió mencionar el hallazgo en las cercanías de Dublín de una cantidad importante de ruinas romanas. No era conveniente la “romanización” de la tierra celta por excelencia. Pero ni Irlanda ni Escocia quedaron fuera del camino de los romanos.



Uno de los pocos textos que nos han llegado, en parte gracias a la iglesia primitiva irlandesa, es el Libro de las Conquistas o “Leabhar Gabala”. Hay un personaje llamado Tuan Mac Cairill que cuenta la historia de Irlanda a través del tiempo, porque se va reencarnando en distintos personajes. El relato comienza con el mito tan repetido en culturas como la sumeria, por ejemplo, de un Diluvio Universal. Se cuenta la llegada a Irlanda de un grupo de hombres, entre los que está el propio Tuan en su primera reencarnación. Y se menciona una costumbre muy curiosa, que en lugares como Escocia se ha conservado hasta bien entrado el siglo XVIII, que se conoce con el nombre de “fosterage” y que consiste en enviar a los hijos varones, al llegar a cierta edad, para que se críen junto a un pariente, que casi siempre es un hermano de la madre. En el caso de los príncipes siempre se hacía, para afianzar los lazos entre reinos vecinos.
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Otro héroe muy famoso en el mundo celta es Cuchulainn, que sirve al rey Conchobar. El verdadero de nombre de Cú Chulainn era Setanta, que significa “el pequeño”. Su madre era Dechtire, hija del famoso druida Cathbad, que estaba a las órdenes del rey Conchobar y que profetizó que su nieto moriría joven, pero que su fama sería imperecedera. No se sabe a ciencia cierta quién era el padre del niño, pero los mitos indican en su mayoría que podía ser el dios Lugh, la divinidad sin función porque tenía todas las funciones, el “múltiple artesano”. Cuando fue lo suficiente mayor para ir a la corte, Dechtire lo llevó con Conchabar para que se educara con otros niños nobles. Tras ver la destreza que Setanta demostraba tener, le invitó a un banquete en casa del herrero Culann, al que llegó tarde. Conchobar había olvidado decir a Culann que esperaban a Setanta y Culann dejó suelto a su enorme perro para que les protegiera. Cuando vio venir al niño, el perro le atacó. Y contra todo pronóstico, Setanta acabó con la vida del animal, dejando al herrero destrozado. Setanta, comprobando el daño hecho, prometió defender él mismo al artesano y su casa, hasta que pudieran encontrarle otro can. Así consiguió su apodo, Cú Chulainn que significa “el sabueso de Culann”.

Y especialmente destacado es Conn el de las Cien Batallas, que cruza el mítico río Shannon y establece en Tara la capital de su reino. Su principal enemigo es el rey de Munster, Eoghan Moor, con el cual entabla una larga guerra, al final de la cual deciden dividir Irlanda en dos reinos. La estirpe de Conn mantendrá la legendaria Tara bajo su mando hasta 1022. A Conn le sucede su hijo Art, al que destierra cuando se queda viudo de su madre, por influencia de su malvada segunda esposa, Bécuna. Sus guerreros se enfurecen contra esta decisión, pero el hijo acepta los designios de su padre. Cuando Art se marcha, el ganado deja de dar leche y los campos se quedan yermos. Los druidas anuncian que la causa es la maldad de Bécuna. Pero Conn se niega a repudiarla, de momento.

Entre los siglos I y IV d.c. Irlanda se hallaba dividida políticamente en cinco grandes reinos: Ulad, Mumu, Laiginn, Connachta y el reino de Mide, situado en el centro-oeste de la isla. Desde mediados del siglo V hasta el siglo IX, la isla quedó dividida en dos por una línea que, de costa a costa, uniría los condados actuales de Dublín y Galway. Al norte de esa frontera se encontraba el Leth Cuinn, los dominios de los Uí Néill, y al sur el Leth Moga, patrimonio de los Eogannachtde Mumu. Ambos estados mantendrán durante siglos una violenta lucha.



Durante los siglos IX y X se suceden los ataques de vikingos noruegos, que tras varios decenios de saqueos llegaron a asentarse en puntos como Umerick, Waterford o Dublín. Los vikingos emplearon estos asentamientos como bases estables de sus expediciones, pero ya desde principios del siglo X, estas colonias vikingas se ven seriamente debilitadas a causa de la continua presión ejercida por los clanes de la isla.

En el sur, la dinastía reinante en Leth Moga había perdido fuerza y varias familias locales acaparaban cada vez mayor cuota de poder, hasta que finalmente Brian Boru, miembro de una de ellas, terminó desplazando a la casa reinante para a continuación conquistar también el reino del norte, proclamándose rey de los irlandeses. Un reino efímero que solo duró 12 años, al morir el rey en batalla contra una alianza forjada por sus enemigos.



Tras la reunificación de Brian Boru, la fragmentación política volvió a imponerse. En el 1172, el rey inglés Enrique II, padre de Ricardo corazón de León, inició la invasión de Irlanda; una tarea tan complicada debido al espíritu guerrero de los clanes, que La dominación completa de la isla tardaría cinco siglos en llegar.
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Un rey real que vivió hacia el año 250 a. C. fue Cormac, al que las leyendas celtas colocan como nieto de Conn. Hizo mucho en pro de la cultura celta y se enfrentó a los Fianna, también conocidos como “Fenianos”, especie de milicianos guerreros, que son un precedente de los caballeros de la Tabla Redonda del Rey Arturo. Se llamaban así porque su jefe era Finn Mac Cumail.

Los celtas siempre han sido profundamente independientes y hasta la Edad Media Irlanda se dividía en cuatro partes: el Ulster en el norte, Connaught en el oeste, Leinster al este y Munster al sur. Se pasaban la vida guerreando entre ellos; y un quinto reino, más espiritual que geográfico, Meath, aspiraba a la hegemonía sobre todos los demás. A partir del siglo XI a estos problemas se unen las invasiones de piratas, sobre todo sajones y daneses, que fundan la ciudad de Dubh Linn, la actual Dublín, cuyo nombre significa “Charca Negra”. Los normandos, por otra parte, fundaron ciudades como Limerick o Cork; pero fueron expulsados durante el reinado de Brian Boru, aunque volvieron más tarde, después de que se adentraran en Inglaterra. Los ingleses intentan apoderarse de la isla, aunque el rey Rory O`Connor les hace frente y está a punto de vencer al ejército liderado por Pembroke. Pero poco a poco se van extendiendo por todo Eyre, y seis de los más ricos condados quedan bajo el control inglés, entre ellos el del Ulster. Todavía en algunos barrios católicos de la actual Belfast se pueden ver pintadas en las paredes, que comparan a los activistas del IRA con Cuchulainn y otros míticos héroes.


¿Cuál era el Panteón celta? Es complicado saberlo exactamente, porque no hay documentos que lo atestigüen, tan solo una tradición oral que a menudo ha sido desvirtuada, y a veces de manera totalmente intencionada. Muchos de los que nos han llegado en forma de dioses, puede que en su origen no pasasen de ser héroes o valientes guerreros. De todos modos, para los druidas los dioses eran tan solo una manifestación más de una única forma cósmica. Quizá la divinidad más antigua del Panteón sea Cernunnos, que incluso puede ser un dios anterior a las invasiones célticas, y que ellos asumieron como propio. Era el señor de los animales, tanto domésticos como salvajes; y dios de la Fertilidad y la Abundancia. Una de sus primeras representaciones es un grabado sobre roca, que data del siglo IV a. C y que se ha encontrado en el norte de Italia. Se trata de una figura antropomorfa con cuernos y torques en los brazos; lo cual es un atributo de poder y de realeza, puesto que solo los llevaban los reyes o los más importantes guerreros. Le acompaña una serpiente, símbolo de sabiduría y fecundidad, y una pequeña figura con el pene erecto. En otras representaciones que se han encontrado, está acompañado de animales, como ciervos o toros. Suele estar sentado en la postura de Buda. Pero quizá su imagen más típica sea la del Caldero de Gundestrup, un recipiente de plata que se encontró en Jutlandia, que ha debido de ser reconstruido, porque estaba muy deteriorado. Los dioses cornudos solían ser símbolos de poder y sabiduría, sin las acepciones que en la actualidad se atribuyen a los cuernos. Hay leyendas escocesas que dotan de cuernos a los guerreros más valientes del clan. Y desde luego, no es del todo cierto que los cascos de los vikingos llevasen cuernos, al menos en la lucha, porque eran más cómodos los cascos lisos. Tan lejos llegaron los cuernos como símbolo de sabiduría, que el Moisés de Miguel Ángel los ostenta.

Pero una de las divinidades más importantes del Panteón es una figura femenina, similar a la Gran Madre Isis o Astarté. Los celtas también sentían fascinación por los misterios del embarazo, el parto y la lactancia, aunque no le atribuían en todo el proceso ningún papel al hombre; no pensaban que tuviese mucho que ver en el asunto. La diosa madre recibe distintos nombres: Dana, Ana, Danu, aunque la forma más comúnmente aceptada es la primera. Probablemente no es una casualidad que en el cristianismo sea santa Ana la madre de la Virgen. En la mitología celta a la diosa madre se la representa en una tríada, con la figura de niña, mujer adulta y anciana, para expresar las tres edades del hombre. Una de las hijas de Dana era Brighid, que en el cristianismo se transformó en Santa Brígida y es una de las santas más veneradas en las zonas de reminiscencias célticas. Pero también hay una Dama Guerrera, en la forma de Morrigan o de Macha.

Las cuatro grandes fiestas celtas son Samaín, Imbolc, Beltane y Lugnasad. Para los celtas, al revés que actualmente, la jornada empezaba por la noche y terminaba con el día. Su calendario comienza el día uno de noviembre, fiesta de Samaín, noche en la que los muertos cruzaban la orilla hasta el mundo de los vivos; de ahí que ahora nosotros celebremos en esa fecha el día de Difuntos. Imbolc es la fiesta de Bridhid, una fecha de purificación. Beltane se celebra el día 1 de mayo, para festejar la llegada de la primavera, bajo la advocación del dios Belenos. Se solían encender hogueras para festejar el buen tiempo. Es también el momento adecuado para que las mujeres se queden embarazadas, a pesar de que la Iglesia, más tarde, pusiese coto a estos desmanes eróticos, y lo emparentase con la noche de Walpurgis, en la que supuestamente, las esposas del demonio asesinaban a inocentes bebés y los cocinaban, para ofrecerlos luego en una orgía al Gran Macho Cabrío. Lugnasad es el día 1 de agosto, bajo la protección del dios Lug, que los romanos intentaron emparentar con Mercurio. Lug es hijo de Tailtui, y el mejor guerrero de Irlanda, además de poeta, herrero, druida y arpista. De su nombre proceden muchos topónimos, como Leyden, Lyon o Lugo. Dagda es el Buen Dios, en la cúspide del Olimpo, y cuyo verdadero nombre es Eochaid U Oathair. Se le representaba con una maza y un garrote o con una lanza de dos puntas; una para matar y la otra con capacidad para resucitar. También tenía un caldero mágico en el cual se bañaban por la noche los guerreros caídos en el campo de batalla, con lo cual recuperaban la vida para volver a la lucha por la mañana. Dagda se une con Boann y nace Mae Og, una especie de dios del amor. Nuada es el precedente del rey Arturo; un gran caudillo que pierde en una batalla la mano derecha y el druida le otorga una prótesis de plata, por lo cual se le conoce por Nuada Mano de Plata.

El símbolo de los galeses era un dragón rojo sobre fondo blanco, y en la Isla de Mann, su escudo es todavía hoy, un triskel. Tailesin es el bardo que mejor relata la historia de Gales, no en vano fue jefe de los bardos, o Pennanbard, y cuenta la leyenda que estuvo en la corte del rey Arturo, donde fue convertido al cristianismo por San David, apóstol de los galeses. Hay algunos que le hacen aparecer como discípulo de Merlín. Su obra más conocida es “Combate de los cirsos” en donde cuenta las batallas entre los bretones y el dios de la magia galés, Gwyddin, contra un ejército comandado por una mujer. Como van ganando sus enemigos, Gwyddin transforma en árboles a los guerreros y gana la batalla. Ocurre, sin embargo, que los ingleses se apoderaron luego del mito de Arturo, aunque el rey sería en realidad galés o bretón. Y otro importante personaje del mundo celta es la reina Boadicea. Presugatus, rey de los icenos, se alía con Roma y traiciona la causa de sus hermanos celtas, pero solo le vale para que Roma le despoje de todo lo que posee, y envíe a sus ejércitos para adueñarse de su casa. Dan una paliza a su esposa, la reina Boadicea, y violan a sus hijas. Al mismo tiempo, asolan la isla de Mona, actual Annglesey, donde había un importante centro de culto, y degüellan a muchos celtas, entre los que se encuentran varios druidas famosos. Esta afrenta al honor, tanto militar como religioso, se ve como la más impía de las profanaciones y se gesta una rebelión al frente de la cual, ante la ineptitud de su esposo, se coloca la reina Boadicea. Encabeza el mando del ejército y es ella quien guía a sus generales en la lucha. Era algo que los romanos no podían entender, porque ellos no tenían a la mujer en tan alta consideración como los celtas. Parece ser, según cuentan las crónicas y leyendas, que la reina era una mujer alta y fuerte, de hermosa cabellera roja y ojos verdes, y que a la hora de entrar en batalla, se pinta la cara con las pinturas de guerra de sus soldados, para asustar al enemigo. Al mismo tiempo, su verbo fácil hacía que sus arengas inflamasen los ánimos de sus hombres. Todos los pueblos bretones se levantaron en armas para seguirla. El ejército de la reina destrozó la ciudad de Camulodonum, que había sido reconvertida en ciudad romana, y el procurador Decianus tiene que huir apresuradamente. Conquistan también Verulam y Londinium, la actual Londres, y toman cumplida venganza con cada enemigo capturado. Pero Suetonio Paulus logra reunir un ejército de diez mil hombres y ni que decir tiene que los romanos ganaron la batalla final. Boadicea se envenenó antes de ser capturada, y su sacrificio sirvió para estabilizar la situación. Se impone una frágil pax romana, interrumpida en el momento en que Vespasiano es coronado emperador. Más tarde, Adriano se ve obligado a construir el famoso muro que lleva su nombre para contener las incursiones de los pictos y sus aliados, en su mayor parte exilados bretones que habían buscado refugio en Caledonia, la actual Escocia.

Parece probable que el mítico rey Arturo haya existido en la realidad, aunque desde luego nunca fue el caballero medieval de reluciente armadura que nos han presentado en libros y películas. Más bien y el sus compañeros de la Tabla Redonda serían una banda armada a la manera romana, cubiertos de pieles para protegerse de las inclemencias del tiempo, y de aspecto rudo y feroz. Tampoco Merlín tuvo el aspecto de viejecito de pelo blanco envuelto en la túnica cuajada de estrellas, sino que sería un druida de aspecto fiero y un tanto siniestro. Y no hay por ningún lado castillos con pendones y elegantes damas oteando el horizonte desde las almenas. Unos y otros fueron añadiendo detalles al relato original y lo convirtieron en la novela medieval y romántica que ahora conocemos. Se supone que Arturo y sus caballeros vivieron hacia el año 500. Arturo quiere decir “con aspecto de oso”, y ello nos puede dar una idea de cómo era y cómo vivía. Antes de él el rey era Vortigern, que depone al rey Constante y a sus hijos, uno de los cuales era Uther Pendragon; el cual regresa y vence a quien ha tomado el trono por la fuerza. Es entonces cuando aparece en escena el druida Myrddin Emrys, más conocido como Merlín, que viene en apoyo del linaje de Uther Pendragon, y se queda con el hijo de éste, el cual da a criar a su amigo Sir Héctor. Uther no tarda en morir, pero antes declara que ha tenido un hijo, de nombre Arturo, que es su legítimo heredero. En el solsticio de invierno Merlín declara que se resolverá la sucesión del reino. Hay un yunque de acero sobre una piedra que contiene la espada Excalibur, en cuya empuñadura reza una leyenda que promete el trono a quien sea capaz de desenfundarla. Nadie lo logra hasta que lo intenta el hijo de Sir Héctor, y la saca sin apenas esfuerzo. Merlín revela su identidad, y aunque tiene que luchar contra quienes no le reconocen como rey, se apodera del trono. Promete usar la espada a favor del Bien y la Justicia.
costumbres

Además de la espada Excalibur, Arturo también cuenta con la ayuda de su escudo Prytwen, el cuchillo Karnuenhan y una lanza llamada Romgomyant, todos ellos dotados de poderes mágicos, que le ayudarán en la conquista de diversas tierras. Los miembros de la Tabla Redonda se reúnen en torno a una mesa sin cabecera, para dar a entender que todos son iguales allí, incluso el rey. Cuenta la leyenda que esta mesa fue el regalo de bodas de Leodegrance, el padre de su esposa Ginebra. Después de expulsar a los sajones, Arturo se dedica a construir un reino fuerte y poderoso, y tiene la ayuda de sus caballeros. Uno de ellos, quizá de los más conocidos es Lanzarote del Lago, que más tarde traicionará al rey con su esposa, la reina Ginebra. Sir Gawain es sobrino de Arturo; y también están Sir Tristán o Sir Bedivere, quizá el que mayor lealtad le guarda. Sir Kay es hijo de Héctor, el que crió a Arturo, por lo cual se le considera como hermano del rey. El último en llegar, pero el más noble de corazón, es Sir Galahad, que ocupa el llamado “asiento peligroso”, vacante por orden de Merlín, porque estaba reservado a aquel caballero que había de vivir una vida intensa pero breve en la búsqueda del Grial. En las crónicas medievales se presenta a Arturo como cristiano de pro y defensor de la fe, en contra de su hermanastra Morgana, a la que retratan como una pérfida bruja, cuando lo más probable es que fuese simplemente una druidesa. También el Medievo se ensaña con la figura de Merlín, al que representan cegado por la lujuria, y encerrado, como castigo, en una cueva de cristal. Cuando Arturo se entera del engaño de Ginebra y Lanzarote, enferma de pesar, y al recuperarse se propone enfrentarse a su rival, pero Lanzarote se niega y renuncia a Ginebra. En su ausencia, su sobrino Mordred se ha apoderado del trono, y se baten en Camlann, donde los dos pierden la vida, aunque ya agonizante, Arturo tiene tiempo de pedir a Sir Bedivere que devuelva al lago la espada Excalibur. El cuerpo del rey es retirado por tres doncellas de la Isla de Avalón, que le llevan a la Otra Orilla, al Otro Mundo, donde vivirá eternamente y desde podrá volver en caso de que su pueblo le necesite.

No es verdad que los celtas sólo se hagan presentes en el norte de la Península Ibérica, aunque si podemos dar por cierto que en este lugar es donde más asentamientos hay, y más duraderos en el tiempo. Pero incluso en regiones tan orgullosas de tener unos orígenes distintos e inciertos, como es el País Vasco, han morado los celtas en algún momento. Por ejemplo, el nombre del río Deva tiene la misma raíz que el río Dee, en Aberdeen. Del celta provienen dos idiomas: el gaélico, que mantendrá el sonido “k”, y el britónico, que lo transforma en “p”. Por ejemplo, mac significa hijo en el gaélico que se habla en Escocia, y en galés se dice map. El idioma que se hablaba en la península pertenece al grupo de la “k”, aunque luego todas derivan del latín, a excepción del vasco.

Cuanta la leyenda que los muchos irlandeses provienen de una invasión de los celtas que poblaban Galicia, concretamente de los viajes de Mil, y así se refleja en el Leabhar Gabela. Brath fue un monarca celta que se asentó en la actual Galicia y creó un reino fuerte y próspero, que transmitió a su hijo Breogán, a quien se le atribuye la creación de la ciudad de Brigantia, la actual Coruña. Desde la torre que hoy se llama de Hércules, según esta tradición mandada construir por Breogán, su hijo Ith, el menor de diez hermanos, se pasaba las horas muertas oteando el horizonte, y en los días claros divisaba una hermosa isla verde, que no era otra que Irlanda. Pide permiso a su padre para embarcarse hacia esta isla, ya que al ser el menor de los hermanos, no le queda más remedio que buscarse la vida fuera. Cuando llega a Irlanda hace saber a sus moradores que viene en son de paz; pero ellos, desconfiando de sus intenciones, le asesinan. Un nieto de Breogán y sobrino por tanto del finado, decide tomar cumplida venganza. Su nombre es Golamh Milidh, pero se le conoce como Mil. Con cinco barcos cargados de hombres y la ayuda del mago Amergin, que con sus sortilegios le libra de las tormentas y el mal tiempo, llega a Irlanda y vence a los habitantes de la isla; los mismos que habían dado muerte a su tío.

Leyendas aparte, siempre ha existido una buena sintonía entre gallegos, y por extensión españoles, e irlandeses. De hecho, muchos supervivientes de la Armada Invencible de Felipe II buscaron refugio en las costas irlandesas. En el puerto de Galway hay un recuerdo al desaparecido barrio español. Y en la España del siglo XVIII y XIX hay importantes personajes que provienen de ancestros irlandeses, como Leopoldo O`Donell, por ejemplo. El mismo Eamon de Valera, primer presidente de Irlanda y creador del Sinn Fein, tenía raíces españolas. Si vamos más lejos, incluso hay lazos de unión con Escocia, como el uso de la gaita o ciertas melodías populares comunes. España prestó ayuda, por ejemplo, a la causa jacobita en el Levantamiento de 1745, liderado por Jacobo Estuardo, más conocido como Bonnie Prince Charlie.

Los celtas tienen una geografía sagrada, que les permite situar el País de los Muertos y también el centro del mundo, que no tiene nada que ver con un centro geográfico, sino más bien el lugar en cada región donde se reunían más veces los druidas por considerarlo sagrado. En la Galia este lugar era donde actualmente se levanta la catedral de Chartres. En Irlanda era Unesch, en Gales la isla de Mona, actual Anglesey.

Al Mundo de los Muertos se le llama de distintas maneras; en Irlanda se conoce como Sidh, que quiere decir paz; donde también habitan los dioses y los thuata, pueblo que vivía en Irlanda antes de la llegada de los celtas, y que al ser vencidos, fueron convertidos en dioses. Los dioses y los muertos viven en túmulos, construcciones megalíticas que se abren en la noche de Samaín, y salen sus moradores para llevarse con ellos a los vivos que encuentren a su paso. Para llegar al mundo de los muertos, los vivos tienen que entrar en contacto con una bandsidh, un hada. En el Sidh hay manjares para todos, hidromiel y cerveza, a la manera del Walhalla nórdico.

Otro lugar donde se sitúa a veces el Otro Mundo es la isla de Avalón, adonde Morgana llevó el cadáver de su hermano Arturo después de la batalla de Camlan. Avalón significa manzana, que es la fruta del conocimiento y de la inmortalidad. La Armórica es la Bretaña francesa, cuyo nombre quiere decir “país del Mar”, y también allí ubican algunos el Otro Mundo.

Los celtas, ya desde épocas muy antiguas comercian con ámbar, al que atribuían propiedades protectoras frente a la enfermedad, por lo cual se usa frecuentemente en collares y otras joyas. Gracias al comercio mantienen contactos con el mundo Mediterráneo, y los jefes de clanes y tribus acaban sustituyendo la cerveza o el hidromiel por el consumo de vino, como signo de prosperidad y riqueza. Los más poderosos dentro de la tribu solían ser los jefes militares, que poco a poco se encumbran hasta convertirse en príncipes. Al aumentar el comercio también algunos comerciantes prósperos se alzan socialmente.

Al principio las tumbas celtas eran simples losas con el interior formado de lajas de piedra, y en ocasiones cubiertas por un túmulo. Los muertos se enterraban con un sencillo ajuar que les sirviese en el Otro Mundo, y con este tiempo este ajuar se fue haciendo más rico y abundante, al igual que las tumbas eran más sofisticadas.
historia
La base de la sociedad celta era la tribu, porque nunca llegaron a una forma más sofisticada de organización. Todos los miembros de la tribu descienden de un antepasado común, que suele ser un héroe mítico. Y la tribu, más o menos numerosa, se divide en clanes, unas familias unidas por lazos de sangre. El origen de la familia es su nexo es siempre la madre. El matrimonio es monógamo, se celebra mediante contrato, aportando la mujer una dote y el marido el doble de esa cantidad. Las mujeres casadas podían tener bienes propios. El divorcio se admitía cuando había consentimiento por las dos partes. En general, había bastante igualdad entre hombres y mujeres, aunque luego por influencia de la cultura romana, el hombre empezó a detentar muchos de los aspectos de “auctoritas” del paterfamilias.

Los jefes de clan formaban parte de la nobleza militar y eran dueños, la mayor parte de las veces, de casi todas las tierras y el ganado. A cambio, daban protección a los miembros de su clan. El jefe de la tribu era elegido por el consejo, formado por los hombres y mujeres libres de la tribu. Con el tiempo, la jefatura se hizo hereditaria.

Los poblados celtas solían estar protegidos por muros, y las casas eran de planta circular, con techo de paja y de una sola habitación. La economía era fundamentalmente ganadera, aunque se cultivaba la tierra y se comerciaba. La caza era importante; se practicaba a caballo, con el auxilio de perros y con redes y trampas. Tienen una metalurgia avanzada, sobre todo la orfebrería, con torques de oro, brazaletes y pendientes. Pero la joya que más abundaban eran los torques, porque significaban que quien lo llevaba era libre. Cuando un guerrero era despojado del torques, significaba que había sido vencido y había perdido su libertad. Los brazaletes los usaban hombres y mujeres, y los pendientes solo las mujeres.

Los poblados celtas estaban rodeados de tierras de labor, de propiedad comunal, que trabajaba toda la tribu, bien personalmente o a través de esclavos. Un rasgo de la cultura celta es su enorme sentido de la hospitalidad.

¿Qué herencia nos han dejado los celtas? Concretamente el arte medieval debe bastante a la cultura celta, como los motivos geométricos usados en la decoración de las vidrieras góticas, o las decoraciones vegetales que adornan capiteles y columnas. Los símbolos solares, ruedas y esvásticas, o las miniaturas de los códices medievales también son de influjo celta. Fiestas como la de San Juan o el día de los Difuntos provienen del mágico mundo celta, o los torneos y desafíos medievales. Parte de la literatura medieval proviene de la poesía sagrada de los druidas, que ellos transmitían de manera oral, y que luego se conservó por escrito en los monasterios.

Con la llegada del romanticismo y de los nacionalismos del siglo XIX, resurge el mundo celta; y su lengua pervive en el gaélico y el bretón. De todos modos, no siempre esta herencia rica y hermosa se ha administrado con racionalidad y justicia. No es de recibo que movimientos violentos que buscan la independencia con las armas se equiparen a los míticos héroes como Cuchulainn o Bran. El cine, en ocasiones, ha desvirtuado la leyenda, como es el caso de películas de bajo nivel como “Conan el Barbaro” o incluso las muchas versiones de Arturo y Merlín, cuando se les sitúa como caballeros medievales. Quizá más de acuerdo a la verdadera tradición ha estado la Música. Tenemos el grandioso ejemplo de artistas de la talla de Enya, o de Lorena MacKennit, que han revivido el mundo celta con sabiduría y buen hacer. Y quizá hayamos de agradecer a Tolkien o a los comics de Asterix que muchos niños y jóvenes se sientan atraídos por este mundo de fantasía e intenten investigar por su cuenta, que es la mejor manera de aprender. Quienes gusten de los bosques brumosos, de las hadas, los duendes y los trasgos; de las historias sin fin y los árboles encantados, corren el serio peligro de adentrarse en este mundo y no encontrar luego el camino para volver.

11 comentarios - Los celtas

@h_r_v_o +1
mucho copiar y pegar
@Directoalpolo
Puede que sí, y puede que no. Cualquier cosa en Historia debe estar lo suficientemente probada, y no deben ser puras especulaciones. Sobre estas tribus de la Europa primitiva es poquísimo lo que se sabe, por lo que estas nuevas tendencias que enaltecen hasta niveles inverosímiles a celtas y otras tribus en realidad no valen nada.
@ravenhell -3
"Cuando hablamos de los celtas siempre estamos prestos a imaginarnos guerreros rubios o pelirrojos, de poblada barba, belicosos, y siempre buscando pelea en las noches de borrachera; destrozándolo todo a su paso, y por supuesto, enormemente brutos. Eso demuestra que los arquetipos, a veces, fallan. Los celtas eran profundamente religiosos, y lo que hoy llamaríamos unos místicos. Quizá ellos fueron los primeros ecologistas, pues amaban profundamente la Naturaleza: los bosques, los ríos, las montañas y los campos; y cada animal que en ellos poblaba."

Imagen de los pueblos celtas heredada de los historiadores romanos malintencionados y que juzgaban todo según su perspectiva, cuando en realidad el calificativo de "brutos" les quedaba mucho mejor a los romanos que a los celtas o a los nórdicos a quienes llamaban igual.

Y yo cambiaría el decir que los celtas eran "religiosos" por espirituales, ni siquiera tenían templos o lugares de adoración y al menos en el gaélico celta la palabra religión no figura.
@demianorosco -2
¿Qué herencia nos han dejado los celtas? El metal vikingo!!
@MetalGaming
el viking metal nos lo dejaron los nórdicos! los celtas serian el celtic metal y en parte el medieval metal, infórmese wey
@Mona-Ro
Gracias por toda esta información, aquellos que buscamos el orígen y razón del porqué hacemos ciertas cosas o elecciones , porque nos gusta esto y no aquello, encontramos en la historia de nuestros ancestros muchas explicaciones. Gracias nuevamente.