Los cambios en el estado y la sociedad.
Argentina 1880-1930

El ciclo del liberalismo oligárquico 1880-1916
Hacia 1880, los sectores dominantes de distintas provincias, nucleados en el PAN, Partido Autonomista Nacional que monopolizó el poder hasta 1916, sentaron las bases de la estabilización política al llegar a una serie de acuerdos básicos acerca de las formas de organización y distribución del poder y sobre las reglas de sucesión para elegir a los gobernantes.
El general Julio Argentino Roca participó de todas las acciones que contribuyeron a la consolidación del poder central. Desempeñó en el PAN un fuerte liderazgo, definiendo la mayor parte de los conflictos e influyendo en la elección de los candidatos. Fue presidente de la república en dos ocasiones, 1880-1886 y 1898-1904.
Tal régimen puede ser definido como oligárquico porque el poder político fue monopolizado por un grupo minoritario, depositario a la vez del poder económico y social. En este régimen los funcionarios salientes designaban a los entrantes, “el ciudadano no elegía, elegían los gobiernos”.
Para monopolizar las vías de acceso al gobierno y al estado en general, el grupo que detentaba el poder construyó y puso en marcha distintos mecanismos como el fraude y la cooptación. El fraude y las intervenciones federales sirvieron para excluir a las oposiciones y a las mayorías populares.
Hacia 1880 era visible la compenetración entre élite política y clase dominante: los negocios públicos y privados se interrelacionaban, ricos empresarios incursionaban en la política, funcionarios y políticos lo hacían en los negocios.
Orden y Progreso
Una doctrina en auge en los países industriales, el positivismo, permitía conciliar el conservadurismo político con posiciones liberales y progresistas en las esferas económica y social; justamente el lema del positivismo “orden y progreso” expresaba el deseo de construir sociedades pujantes y dinámicas en el marco de un ordenamiento férreo desde el poder.
La utopía positivista de conformar sociedades ordenadas y previsibles se expresó en la Argentina de los 80 en la idea de suprimir la “política” y reemplazarla por la “administración”. La élite dirigente asociaba la política al caudillismo y a los enfrentamientos violentos, también a la eventual emergencia de grupos cuestionadores del poder detentado por las clases dominantes. En cambio la administración, era una actividad con rasgos científicos capaz de encauzar a las sociedades por la senda del progreo indefinido.
Además de la política, la herencia hispano-colonial y la religión católica eran para los positivistas argentinos símbolos de un pasado que retardaba la modernización, eligieron por cambio el laicismo, alentaron la inmigración europea y la integración al mercado mundial.
El estado y la modernización económica y social
La integración de Argentina al mercado mundial como país agroexportador requería alcanzar el pleno despliegue de las fuerzas productivas. El estado nacional profundizó las políticas a crear y ensamblar los factores de la producción, brindó también las bases jurídicas imprescindibles para el funcionamiento de una economía capitalista.
En lo relacionado al recurso natural, las tierras obtenidas luego de la campaña del desierto no fueron ofertadas a los colonos extranjeros que llegaban a nuestro país, en cambio fueron distribuidas entre antiguos latifundistas, grandes financistas o especuladores. La incorporación de tierras redundó así en la consolidación del poder económico, social y político de un grupo terrateniente ya arraigado.El país contaba en 1869 con menos de dos millones de habitantes, en la pampa había menos de un habitante por km², a través de una decidida política de atracción y promoción de la inmigración europea, el estado nacional contribuyó a crear una oferta de mano de obra abundante al tiempo que operaba un transplante cultural.

Entre mediados del siglo XIX y 1930 más de seis millones de extranjeros ingresaron a nuestro país, expulsados de sus lugares de origen por problemas económicos llegaron a Argentina atraídos por las posibilidades de trabajo y de rápido progreso.El aporte de la inmigración europea constituye una de las causas fundamentales para entender el fuerte aumento de la población Argentina en el período; procedían sobretodo de Italia y de España, pero también franceses, portugueses, rusos, sirios, judíos y eslavos.
La inserción de la economía local en el mercado mundial requería además una masiva inversión de capitales, la acción del estado fue garantizando al capital altos niveles de ganancias a través de una variedad de medidas como desgravaciones,


Transferencias de recursos, garantías de ciertos niveles de beneficios, créditos de la banca oficial, participación en las obras públicas, compra de bienes e insumos de variado tipo y transferencias de ingresos vía políticas monetarias e impositivas.
Estimulados por las ventajas, los capitales comenzaron a fluir hacia 1860 y se incrementaron durante las décadas de 1880 y 1900, procedentes sobre todo de Gran Bretaña y de Estados Unidos.
Entre 1860 y 1910, con el aporte del capital extranjero se construyó una extensa red ferroviaria de casi 28.000 km, las líneas más rentables, las que recorrían las pampas quedaron casi todas en manos de los británicos, las restantes fueron estatales. El ferrocarril extendido en forma radial aseguró el enlace entre las áreas
De producción agro-ganadera y los mercados urbanos del litoral pampeano y del extranjero, permitió además la llegada de mercaderías importadas a los más remotos lugares del país, eliminando a las artesanías locales.
Los capitales extranjeros facilitaron también la extensión de la red telegráfica, la construcción de puertos y la instalación de servicios públicos como agua corriente, cloacas, alumbrado, transportes urbanos, en las principales ciudades del país.
No faltaron las inversiones extranjeras en frigoríficos, alimentación y la red bancaria.
La expansión de la economía agroexportadora:
Desde mediados del siglo XIX, los grupos dirigentes de Argentina pusieron en marcha un modelo agroexportador, un régimen de acumulación basado en la producción de alimentos y materias primas para la exportación y en la importación de manufacturas, capitales y trabajadores. El modelo implica una fuerte complementación entre la economía argentina y las de los países industrializados en el marso de la división internacional del trabajo.
La instalación del frigorífico en los últimos años del siglo XIX permitía exportar carnes congeladas, pero para adaptar el ganado criollo a las exigencias del mercado internacional hubo que cruzarlo con ejemplares importados y asegurarle una buena alimentación todo el año, esto se lograba con el consumo de alfalfa.
La solución hallada fue el sistema de estancia mixta, una modalidad que satisfacía simultáneamente la demanda externa de bienes agrícolas y la producción de alfalfa requerida por la ganadería. La parte asignada a la agricultura era por lo general arrendada en pequeñas parcelas a chacareros extranjeros por un plazo no mayor
De tres años. Cuando finalizaba el contrato, el agricultor debía dejar el potrero sembrado con alfalfa y alquilar otro, las tierras agrícolas pasaban así a ser ocupadas por la ganadería y viceversa.
El sistema de estancia mixta, articulado con el arrendamiento o la aparcería presentaba varias aristas de interés para el ganadero terrateniente.
Limitaba los costos de producción de la alfalfa y el gasto en la compra de semillas, criaba así ganado de carnes finas y tornaba factible el ausentismo por lo cual una fracción de estos grandes propietarios pudieron diversificar sus actividades en lucrativos negocios de comercialización, finanzas e industrias (como pequeños molinos).
El proceso de crecimiento y diversificación de las actividades agrarias se complementó con un fuerte proceso de urbanización, paradójicamente la mayor parte de los extranjeros que se había convocado para poblar los campos “desiertos” estaban concentrados en las ciudades.
El fenómeno puede explicarse por la confluencia de distintos factores. Por una parte, las formas predominantes de organización de la producción agropecuaria, centradas en el latifundio o el arrendamiento no favorecieron el arraigo de gran cantidad de habitantes en las zonas rurales; por otra parte, las ciudades como Buenos Aires y Rosario, ofrecían mayores posibilidades de trabajo que el campo, en ellas el comercio, las obras públicas, la provisión de servicios, la industria y las actividades artesanales se intensificaron atrayendo consigo un gran caudal de población.
Argentina logró además en estos años un importante desarrollo industrial, el crecimiento se dio con mayor fuerza en ramas vinculadas con las actividades de exportación como los frigoríficos. También se desarrollaron las industrias procesadoras de productos ganaderos, alimentarias, de la construcción, confección, vestimenta y calzado.
Los factores de desarrollo del modelo agroexportador
A principios del siglo XX, Argentina era considerada “granero el mundo”, el país ocupaba uno de los primeros lugares en las exportaciones de lino lana y carne. Bajo el impulso de las exportaciones no sólo crecieron las áreas vinculadas a la producción agropecuaria sino que también se desarrolló un sector urbano, comercial e incipientemente industrial.
A diferencia del capitalismo británico que se basaba en la acumulación y la reproducción ampliada del capital en la producción industrial, e capitalismo argentino sentó sus bases en torno a la riqueza natural del suelo.
La gran fertilidad de la llanura pampeana permitió que la Argentina contara con ingresos extraordinarios. La posesión del recurso natural tierra le permitía producir cereales y carne a cambio de bienes industriales.
Los terratenientes pampeanos y los inversionistas ingleses eran los beneficiarios directos del modelo agroexportador y sobre ellos reposaría durante todo el período el poder político.
En cuanto a los que efectuaban el trabajo productivo en el campo, los pequeños productores familiares y los peones rurales no se veían tan beneficiados.
Los pequeños productores pagaban altísimas rentas por hacer uso de la tierra, o bien en caso de ser propietarios de una pequeña parcela, las cantidades producidas no le resultaban suficientes para sacar buenas ganancias de ellas. En el caso de los peones rurales, eran trabajadores que vendían su fuerza de trabajo a cambio de un salario que apenas alcanzaba para su reproducción.
En las ciudades se desarrollaban básicamente el comercio, los servicios y las manufacturas precarias. Las actividades que tenían mayor apropiación de la riqueza eran las relacionadas con la exportación y los financieros muchas veces en manos de empresas pertenecientes a la burguesía agraria pampeana.
Los cambios sociales
La clase dominante, propietarios de la tierra pampeana, presentaban una implantación económica multisectorial; se caracterizó por usar al estado como fuente de oportunidades de diversos y lucrativos negocios.
En las ciudades y también en las zonas agrarias más prósperas se configuraron importantes sectores medios, vinculados a las actividades terciarias, y con un alto componente inmigratorio. Estos sectores fueron incrementando su poder de consumo y educación y comenzaron a vincularse con organizaciones que reclamaban una ampliación del sistema político, por ejemplo:
 Partido socialista en la capital
 Partido demócrata progresista en rosario y sur de santa Fe
 Unión cívica radical, a nivel nacional.
También alcanzó una notable expansión la clase trabajadora, compuesta predominantemente por extranjeros, gracias al desarrollo de las industrias alimentarias, los transportes, los pequeños talleres industriales y las actividades artesanales y de servicios.
Los obreros rurales, si bien en menor escala, eran ocupados en establecimientos pequeños o en las grandes estancias.Como consecuencia de las malas condiciones de vida, de los bajos salarios, de las extensas jornadas laborales y ante la falta de protección del estado frente a la desocupación, las enfermedades, los accidentes de trabajo y las diferentes formas de arbitrariedad patronal, comenzaron las organizaciones y movilización obrera.


Predominaron los sindicatos de oficio dirigidos preponderantemente por anarquistas, que fueron los que a principio del siglo XX formaron la primera central importante del proletariado argentino, la federación obrera regional Argentina (FORA).
Rechazaban la integración al sistema político y la organización partidaria tradicional, por más radical que fuera, y en algunos casos apelaron a la acción directa.
El socialismo alcanzó influencia en sindicatos más especializados, como la fraternidad ferroviaria, y en general obreros con mayor nivel de vida y educación. Su política fue de abierto reformismo, incluso en las condiciones de “república restrictiva” del régimen oligárquico.
Una tercera corriente fue el sindicalismo revolucionario, también contrario a las prácticas parlamentarias, pero a su vez refractario a toda forma de organización extra sindical.




El estado oligárquico y los nuevos desafíos

La cuestión social

Entre 1890 y 1910, los movimientos huelguísticos adquirieron una gran intensidad. Particularmente, en la década del 1900, se produjeron siete huelgas generales e importantes movilizaciones callejeras.
El anarquismo hegemonizaba las luchas y la organización de los trabajadores, vivió en estos años su etapa de esplendor. Con sus cuestionamientos profundos al orden social capitalista, el discurso anarquista prendió en la masa de trabajadores extranjeros, analfabetos y escasamente integrados.
Desde el estado, la conflictividad obrera se relacionaba con la enorme incidencia que tenía la inmigración entre los trabajadores asalariados. Primeramente predominó la respuesta represiva, se promulgaron normas destinadas a “eliminar” a los elementos perturbadores, la ley de residencia de 1902, deportaba a los extranjeros que sean anarquistas o que participen en alguna movilización de ese grupo. Fue consolidada en 1910, con la ley de defensa social que reforzó el mecanismo de la deportación, estableció la pena de muerte para quienes cometieran atentados en donde murieran personas y prodigó penas de prisión para actividades no violentas como propagar “ideas contrarias al régimen”.
Poco a poco, junto a las respuestas represivas fueron surgiendo otras de carácter consensual, tales como la creación del ministerio del interior, durante la gestión de Joaquín V. González, para entender mejor la realidad de las clases trabajadoras, reconocer ciertos derechos de los obreros y como medio para solucionar los conflictos y controlar a las asociaciones sindicales;
También la ley Nacional del Trabajo, que no logró aprobación parlamentaria.
Otras iniciativas fueron la creación de una oficina estatal encargada del tema laboral, Departamento Nacional del Trabajo; se encargó de las primeras políticas sociales especialmente en el caso de la vivienda económica y las primeras leyes laborales que reglamentaron el trabajo de mujeres y menores y establecieron indemnizaciones por accidentes de trabajo.
La cuestión nacional
Desde la escuela, el servicio militar obligatorio, la higiene pública y otras instituciones, el estado puso en juego mecanismos de control social, a través de los cuales intentó sociabilizar una forma de concebir y entender la realidad que justificaba el orden y las jerarquías sociales vigentes y otorgaba legitimidad a la dominación.
La escuela pública, particularmente la primaria, fue pensada como un instrumento para la construcción de una identidad nacional, que fundada en una cultura y pasados compartidos y en un destino promisorio contribuyera a velar las diferencias sociales y amortiguar los conflictos.
El estado consideró a la educación tema de competencia absoluta, entrando en litigio con la Iglesia y con otras instituciones extranjeras.
La campaña de educación nacionalista lanzada en 1908, procuró reforzar la uniformación cultural del alumnado y apuntó principalmente a los alumnos de origen inmigratorio y a los más humildes. Estaba centrada en el establecimiento de un ritual patriótico, en una reverencia a la Nación y al estado.
Un objetivo similar era el del servicio militar obligatorio, la ley 4031 de organización del ejército de 1901, estableció un servicio militar de seis meses de duración a cumplir por los ciudadanos de 20 años, este período se extendió a un año al promulgarse la ley 1905.
Según el General Pablo Ricchieri, ministro de guerra, sobre el servicio militar obligatorio: -: Con él, se espera borrar en gran parte de la masa popular las huellas del analfabetismo, difundir hábitos de orden, de disciplina, de trabajo, de higiene, etc; procurar para muchos el bautismo de argentinidad y los beneficios de la fraternidad y la igualdad (…)”