Uniformes Nazis, diseñados por Hugo Boss

Hugo Boss se unió al Partido Nacional Socialista en 1931, gracias a esto tuvo la oportunidad de confeccionar los uniformes de los miembros del partido Nazi. De esta forma, logró con éxito salvar a su fábrica de la bancarrota.

Durante el conflicto bélico, Hugo Boss utilizó a 140 trabajadores esclavos, la mayoría de ellos mujeres. Otros 40 prisioneros de guerra franceses trabajaron para la firma desde octubre de 1940 a abril de 1941.

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Claro, esta información conocida ampliamente, no significa que debemos rasgarnos las vestiduras, no son los únicos: BMW fabricó para los nazis principalmente motores de aviones, los conocidos BMW 801 para los Junkers, desarrolló las famosas motos con sidecar desde dónde se podía disparar mientras el piloto conducía. Fabricó más de cinco mil motores para los Junkers Ju 87 Stuka, conocidos por las películas dedicadas a la época. También hicieron quince mil motores para el modelo Ju 88 que fue el tipo de motor más pesado para el avión preferido dedicado al bombardeo y utilizado en la Batalla de Inglaterra , aparatos capaces de alcanzar 550 kmh.

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La motocicleta BMW R71 fue el modelo más utilizado. Una moto que utilizada en las invasiones de Finlandia por el ejército soviético, fruto del pacto germano-alemán, donde pudieron percatarse de la poca fiabilidad de sus motocicletas, copiando inmediatamente el modelo alemán. Más tarde y tras la guerra la Harley Davidson imitó la R71.

También podemos mencionar otras empresas como Ford, Chanel, Volkswagen, General Motors, IBM o la petrolera Standard Oil Corporation, que participaron y se beneficiaron del totalitarismo nazi, así lo demuestra cuentas bancarias suizas y documentos donde los relacionan.

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Espectacularidad, riqueza y diversidad. Son tres conceptos que definen los uniformes de la Alemania nazi, los cuales se transformaron en un escaparate de primer orden para mostrar el potencial del Tercer Reich. Los grandes desfiles del ejército o de las SA y las SS eran realmente faraónicas, una estrategia (que hoy calificaríamos de marketing) perfectamente estudiada. Los Juegos Olímpicos que se celebraron en 1936 en Berlín fueron, por ejemplo, el marco ideal para escenificar una estética que hoy provoca rechazo, pero que era muy aplaudida en aquellos momentos. Los nazis cuidaron hasta el mínimo detalle de su imagen. Los modelos de los uniformes, sus complementos, sus insignias, los tejidos, la variedad cromática… se coordinaban desde los despachos de los jerarcas nazis.

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