jauretche-manual de zonceras argentinas-8
Zoncera N° 20
I) El canal de Rivadavia
Vamos a ver ahora en qué consistía el famoso canal que figura en la arenga.
En 1826, cuando el canal nacía en el pensamiento rivadaviano, no se tenían noticias de los territorios que aquél habría de cruzar. Más allá de Luján, al Oeste, y del río Salado de Buenos Aires al Sur, todo era "térra incógnita", ocupada por indios. Lo sabía hasta Sarmiento, que en Facundo explica que "en la Campaña del Desierto dirigida por Rosas, se descubrió todo el curso del río Salado de la Pampa, o Chadi Leuvú, hasta su desagüe en las lagunas de Yauquenes". Pero este descubrimiento ocurrió en 1833, es decir, 7 años después del proyecto.
Pero dejemos de lado los datos de Sarmiento, sobre los que ya sabemos a qué atenernos, y vamos a Enrique Stiebens, que en su excelente trabajo La Pampa (Ed. Peuser, 1946) hace la historia de todas las entradas al desierto producidas durante el dominio español, las cuales dieron noticias "muy confusas" sobre el territorio pampeano ocupado por los indios. El mismo Stiebens agrega que después de 1810 prácticamente volvió a caerse en el desconocimiento de la zona por la multiplicidad y la agresividad de los indios que el autor atribuye a "la incitación de los españoles de Chile". Dice que para la fecha de la expedición de Rosas, la pampa había sido olvidada y sus moradores estaban ensoberbecidos. La situación se agravó después de la caída de Rosas cuando los indios sobrepasaron aún la frontera de 1820.
Así es que sólo después de la expedición al desierto de Roca, cincuenta años después del proyecto del famoso canal, se tuvieron los conocimientos elementales para pensar proyectarlo y se ocupó el territorio donde los indios hacían imposible, primero el estudio, y después la construcción.
Recién entonces se pudo saber lo que Stiebens señala: "La naturaleza esteparia y estacional" y salitrosa del posible curso del Chadi Leuvú, lecho del presunto canal, impiden siquiera pensar en la practicabilidad del mismo. Lo más a que puede aspirar la pampa, restringiendo el aprovechamiento mendocino de las aguas en los riegos, es a reconstruir condiciones de humedad relativas en lo que Stiebens llama la "Babel de los ríos", en la zona fronteriza de La Pampa, San Luis y Mendoza.
Todo lo que el señor Rivadavia sabía es que al Sur de Buenos Aires desemboca un río llamado Colorado. Presumía, además —sin ningún dato cierto—, una posible confluencia del río Desaguadero, que corre —cuando tiene agua— entre San Luis y Mendoza en dirección Sur y los ríos Atuel y Diamante que caen en dirección Sudeste. Con estos datos imaginó un mapa de la tierra desconocida y ocupada por indios y luego, mediante una regla y un lápiz, trazó una raya que unía los supuestos desagües de aquellos ríos con el supuesto recorrido del Colorado del Sur de Buenos Aires. Seguramente, este enorme trabajo —que contribuyó tanto a que pasara a la historia lo hizo una noche en que estaba desvelado; a la mañana siguiente, a la hora del desayuno, redactó un proyecto y lo hizo votar después del almuerzo. Para la hora del té ya había distraído 50 mil pesos que hacían falta para la guerra con el Brasil, para financiar los estudios de la rayita.
¡Y sobre esa base nos han vendido la imagen del canal frustrado, con otra que supone un grupo de empingorotados rivadavianos que en medio de los indios y en la tierra desconocida, han tirado las levitas a un lado y se empeñan con palas y picos en construir una zanja! ¡Y también otra: la de los caudillos y gauchos enemigos de Rivadavia que van, por atrás, tapándoles la zanja!
La verdad es que ningún rivadaviano se metió nunca por esos andurriales y que los caudillos y los gauchos andaban por entonces muy atareados para impedir que los indios ocupantes de aquellos territorios que cruzaría el imaginario canal se metieran en la Plaza de la Victoria y aún en el Fuerte, donde el señor Rivadavia se ocupaba de hacer rayitas en un mapa hipotético.
* * *
Esta zoncera nos sirve también para comprobar lo que se dijo en la zoncera Civilización y barbarie sobre las dos patas en que andan todas.
Veamos a la pata coja.
Paralelamente a la historia oficial, o abundando en la misma, los pensadores mitro-marxistas del Partido Comunista, son también canalófilos.
En efecto, uno de los historiadores de turno aparentemente a la izquierda, es Galván Moreno ("Rivadavia el estadista genial". Ed. Claridad, págs. 452/53), quien dice:
"... Ese proyecto de una ruta permanente por agua que facilite desde los Andes hasta la Capital el transporte de todas las producciones de las provincias de tránsito presentado en la Sesión del 21 de abril de 1826... cuyo texto dice:
"Art. 1°: El Presidente de la República queda autorizado para hacer practicar cuantas diligencias considera conducentes a reconocer si es realizable la empresa de construir una ruta permanente por agua, que desde los Andes facilite hasta la Capital el transporte de todas las producciones de las provincias de tránsito.
"Art. 2°: Al efecto se le abre, por ahora, un crédito de 50 mil pesos.
"Art. 3°: Luego que se hayan reunido los conocimientos y datos necesarios, el Presidente presentará a la Legislatura Nacional el presupuesto de los gastos que demande la obra y su conservación".
Ahora leamos el comentario de Galván Moreno:
"¡Qué fantasía puede imaginar por otra parte los mil prodigios que significaría para nuestro país, para esas provincias centrales calcinadas por el sol y la sequía una ruta de agua por la cual, al mismo tiempo que circularan como por gigantescas arterias todas las riquezas de la región dejando a su margen afloraciones de tesoros insospechados... Llegaría también esa aventura que traen las grandes masas de agua como elementos reguladores del clima y las precipitaciones pluviales!".
No se sabe cuál es mayor fantasía: la de Rivadavia o la de Galván Moreno. Ni cuál es más macaneador.
Es que la macana no tiene nada que ver con el supuesto canal; tiene que ver con la zoncera, porque su objetivo es demostrar que si no hay agua, que si no hay ríos, que si no llueve, que si había indios, todo es por culpa de la barbarie que impidió la obra civilizadora de Rivadavia.
Y así queda como bárbara la gente con sentido común que no acompañó a Rivadavia en sus disparates, cuando quiso hacer algo sin sentido y que no se puede hacer aún ahora que no hay indios, que la pampa se conquistó y se pobló... y cuando tampoco hay agua para la navegación y mucho menos "las grandes masas de la misma que pueden transformar un clima".
Los ideólogos de toda laya comulgan con las zonceras en común; así ésta de Galván Moreno es ratificada por el mitro-marxismo del jefe del Partido, Rodolfo Ghioldi, que también infla a Rivadavia... y al canal.
En el único libro que Ghioldi ha publicado, Uzbekistán el espejo (Ed. Fundamento, 1956, pág. 65), nos dice:
"...Y si el problema del agua no se resuelve, no será por falta de proyectos e iniciativas, como que ya en 1826 don Bernardino Rivadavia había patrocinado la construcción de un gran canal...".
El nombre del librito de Ghioldi es acertado: "...El espejo". Es la misma técnica de Rivadavia. En lugar de mirar lo que debía mirar —y no podía mirar en este caso del canal-- mira a un espejo que refleja el mundo al que se siente unido. Por eso las zonceras son comunes a todos los ideólogos pues corresponden al método destinado a excluir el buen sentido y sustituirlo por la imitación, sin ataderos en la realidad.
El espejo en que Ghioldi mira son los ríos Sir Daria y Amur Daria cuyas aguas han permitido, desde los orígenes del hombre, el asentamiento de sucesivos pueblos y que el trabajo de los soviéticos ha encauzado ahora para regularlas, evitando las periódicas desviaciones de su curso que han provocado la discontinuidad de las civilizaciones allí asentadas. Pero a diferencia del canal del señor Rivadavia, este canal se construyó sobre territorios conocidos desde los orígenes de la historia... ¡y además hay agua!
Claro está que el señor Ghioldi, como los historiadores oficiales, no ignoran nada de esto; se trata simplemente de una contribución del mitro-marxismo al mantenimiento de las zonceras y, sobre todo, de las "autoridades" que las respaldan. 1
Zoncera N° 21
II) El hombre que se adelantó a su tiempo
Como el prócer no acertó en una sola de sus fantasías concebidas y ejecutadas a destiempo —es decir, cuando las condiciones se oponían a las mismas—, la enseñanza oficial invirtió los términos y en lugar de proponer a Rivadavia como el hombre que actuaba a destiempo, lo propuso como el hombre que se adelantó a su tiempo de manera tal que del desacuerdo de las cosas de Rivadavia con el tiempo, tiene la culpa el tiempo y no Rivadavia. Y también los que actuaron a tiempo.
Lo del hombre que se adelantó a su tiempo es también de Mitre y dicho en la misma oportunidad de la zoncera anterior.
Es como si dijéramos que el tiempo estuvo mal porque llovió cuando nos olvidamos el paraguas, y no nosotros, que no llevamos el paraguas cuando llovía.
José de San Martín dijo de Rivadavia en su carta a Palazuelos: "Este visionario... queriendo improvisar en Buenos Aires la civilización europea con sólo los decretos que diariamente llenaban lo que se llama Archivo Oficial". Y no sólo hace un juicio, pues trae los datos al caso: "Tenga usted presente lo que siguió en Buenos Aires por el célebre Rivadavia que se empleó sólo en madera para hacer andamios para componer la fachada de lo que llaman Catedral, 60.000 duros; que se gastaban ingentes sumas para contratar ingenieros en Francia y comprar útiles para la construcción de un canal de Mendoza a Buenos Aires; que estableció un Banco donde apenas había descuentos; que gastó 100.000 pesos para la construcción de un pozo artesiano al lado de un río, en medio de un cementerio público, y todo esto se hacía cuando no había un muelle para embarcar y desembarcar los efectos, y por el contrario deshizo y destruyó el que existía de piedra y que había costado 60.000 pesos fuertes en el tiempo de los españoles; que el Ejército estaba sin pagar y en tal miseria que pedían limosna los soldados públicamente, en fin, que estableció el papel moneda; que ha sido la ruina de aquella República y los particulares". El General San Martín se quedó corto. Pudo agregar que Rivadavia fundaba la Escuela de Declamación y Acción Dramática, y encargaba a la Academia de Medicina y Ciencias Exactas formar una colección de "geología y aves del país" y describía las funciones de la Escuela de Partos que debería estudiar "las partes huesosas que constituyen la pelvis; el útero, el feto y sus dependencias: la vejiga, la orina y el recto". A la vez fundaba la Casa de Partos Públicos y Ocultos y la Sociedad Lancasteriana". (José María Rosa, Historia Argentina, tomo III, pág. 365, ed. Granda, Bs. As., 1964).
Todo esto mientras estábamos en guerra con el Brasil y faltaban los recursos para la misma que se distraían también utilizando las fuerzas reclutadas para la guerra exterior en la lucha interna para imponer un sistema político que repugnaba el país. (Cuando Lamadrid destinó las fuerzas aportadas por las provincias para la guerra con el Brasil, a imponerse a las mismas provincias).
Imaginad ahora que Churchill en aquel momento en que dice que sólo puede ofrecer a los británicos "sangre, sudor y lágrimas" se hubiese adelantado a su tiempo y en lugar de preocuparse de alianzas, cañones, aviones, tanques y soldados, se hubiese dedicado a los átomos para la paz, a la redacción de un nuevo código rural, a la importación de nuevas variedades ganaderas, a hacer ochavas en las esquinas de Londres —que ya se las hacían los alemanes— o a la construcción del túnel subterráneo bajo el Canal de la Mancha. Seguramente los ingleses lo hubieran sacado a patadas, como ocurrió aquí con nuestro prócer, pero además harían lo posible por borrar su recuerdo como una vergüenza para las generaciones futuras. Con seguridad no hubieran construido la imagen del hombre que se adelantó a su tiempo. Pero eso sólo prueba que los ingleses son ingleses y que aquí hay muchos argentinos... que son ingleses u otra cosa, y que ellos manejan la pedagogía colonialista. Y que los que aplican el buen sentido cuando se trata del extranjero, en lo nacional se atienen a la zoncera.
Tan cierto es esto que el mismo Mitre corrobora que el hombre que se adelantó a su tiempo, era simplemente un macaneador a destiempo.
Por ahí se le escapa en la misma arenga. Es cuando dice: "Años después Rivadavia leía en el destierro La Democracia en América, de Tocqueville (años después de ser gobernante, es decir, de haberse adelantado a su tiempo). Continúa Mitre en su famosa arenga diciendo que entonces "Rivadavia tuvo la revelación plena del sistema de gobierno que convenía a los pueblos libres. Tan abierto estaba siempre su espíritu a las demostraciones de la verdad que al hablar de su obra con sus compañeros de desgracia, decíales con la humildad y sinceridad del hombre convencido: Es necesario confesar que éramos unos ignorantes cuando ensayamos construir la República en nuestro país".
De manera que si Rivadavia hubiera leído a Tocqueville antes de ser Presidente, se habría comportado de otra manera, y no como un ignorante.
¿Y éste es según su propia confesión el hombre que se adelantó a su tiempo, cuando resulta que estaba atrasado hasta en las lecturas? ¿Y de manera también que dependió de un librito y su lectura el destino que para el país proponía Rivadavia? ¿Veis ahora por qué lo reverencian los ideólogos de toda laya?
¿Si hubiera leído a Tocqueville se habría adelantado a su tiempo o hubiera actuado a tiempo? ¿Qué hubiera ocurrido con este genio si llega a leer Mein Kampf o La Revolución dentro de la Revolución de Debray? El General Mitre no lo dice, ni se lo palpita, pero basta esto de Tocqueville para explicarse cuál es el ideal de gobernante que se propone a los argentinos a través de la zoncera: el individuo que forma su pensamiento con las paparruchas de un librito importado y que desconoce el tiempo y el terreno donde opera. Tan se lo propone como modelo que al hombre que se adelantó a su tiempo se lo llama el primer hombre civil de la tierra de los argentinos. Pero ésta es otra zoncera también inventada por Mitre en la misma ocasión. 1
Zoncera N° 22
III) “El más grande hombre civil de la tierra de los argentinos”
No hay para que decirlo porque nos lo han repetido miles de veces desde el primer grado de la escuela y a macha martillo durante toda la vida, que se trata de Bernardino González Rivadavia, más conocido por Rivadavia a secas.
El que proclamó el más grande hombre civil de la tierra de los argentinos, es decir, el fundador de esta zoncera, fue también Bartolomé Mitre en la arenga de marras.
Sobre el más grande hombre civil de la tierra de los argentinos, el General San Martín opinaba de otra manera:
"Los autores del movimiento del 1° de Diciembre son Rivadavia y sus satélites, y a usted le consta los inmensos males que estos hombres han hecho, no sólo a este país sino a toda América, con su infernal conducta".
"Si mi alma fuera tan despreciable como la suya, yo aprovecharía esta ocasión para vengarme de las persecuciones que mi honor ha sufrido de estos hombres, pero es necesario enseñarles la diferencia que hay entre un hombre de bien y un malvado".
Este es el juicio de San Martín sobre la calidad moral de el más grande hombre civil de la tierra de los argentinos. También contribuye a su imagen moral lo que dice uno de los suyos, Salvador María del Carril, en la carta dirigida a Lavalle proponiéndole inventar a posteriori un acta para justificar el fusilamiento de Dorrego:
"Me tomo la libertad de prevenirle que es conveniente recoja usted un Acta del Consejo Verbal que debe haber precedido la fusilación".
"Un instrumento de esta clase, redactado con destreza será un documento muy importante para su vida póstuma. El señor Gelly se portará bien en esto: que le firmen todos los Jefes y que aparezca usted confirmándolo. El señor Julián Agüero y don Bernardino Rivadavia son de esta opinión y creen que lo que se ha hecho no se completa si no se hace triunfar en todas partes la causa de la civilización contra el salvajismo".
Pero si para San Martín esa era la contextura moral de el más grande hombre civil de la tierra de los argentinos, y así nos lo enseñan, para San Martín es sencillamente de "lo último". Si usted se atiene a autoridades, como quieren las zonceras, elija entre Mitre y San Martín.
Yo no intento hacerlo. Simplemente recordaré que a Mitre le comprenden las generales de la ley porque Mitre y Rivadavia eran frates \, así, con tres puntitos.
En octubre de 1868 —y previamente al traspaso de la presidencia de la República entre el Presidente saliente, Mitre \, y el entrante, Sarmiento— \ , se celebra la ceremonia masónica en que se hace el previo y simbólico traspaso. Allí, Mitre (op. cit., págs. 58 y sig.) enumera los cuatro Presidentes hermanos \ que ha tenido la República: Urquiza \, Derqui \, el que habla \ y Sarmiento \ que le sucede, y pregunta: "¿Qué sentimientos animaban a aquellos cuatro hombres \ \ \\ en ese momento solemne?", y contesta: "Debemos creer que el sentimiento de la fraternidad" \.
También \, ¡hay que ver cómo se empujan estos masonazos! \1
C) OTRAS ZONCERAS DE LA MISMA LAYA
Sólo agregaré dos, son también zonceras de autoridad, y el cazador de zonceras tiene aquí un ancho campo para llenar su morral. Como se verá en ella las zonceras de autoridad no se logra sólo con crearla; también con destruirla, es decir en convertir la autoridad en entidad negativa. Por ejemplo: fulano estuvo bien muerto porque lo mandó matar Mitre. Caso del General Costa. Zutano estuvo mal muerto porque lo mandó matar López Jordán. Caso del general Urquiza.
Es indiferente que sea Mitre o López Jordán el que mandó matar. Lo importante es que se repita constantemente y sea herejía negarlo. Y que se termine también como consecuencia con que Mitre y Urquiza no mandaron matar nunca sin tener razón, cosa imposible en aquellos tiempos y en aquellas condiciones, se trate de Mitre, de López Jordán, de Costa o de Urquiza.
Lo que importa es tapar el hecho con el cuerpo de la autoridad y esto es lo que lleva a agrandar unos y achicar otros. O silenciarlos.
Zoncera N° 23
I) "Como hombre te perdono mi cárcel y cadenas".
José Mármol escribió Amalia y Amalia es una zoncera de punta a punta, lo que explica su inclusión destacada en la historia de la literatura argentina. Sin embargo, es útil como documento, al igual que un hueso de plesiosaurio en un museo. En este sentido Amalia —una de las tantas contribuciones de las partes actuantes al conocimiento de un momento de nuestro pasado— permite conocer la verdadera índole y pensamiento de los expatriados de la "Primera Tiranía". Y explica por qué figura como literatura argentina, cosa tan marginal a la misma.
Esta manera de entrar en la literatura se intentó después de la revolución de 1955, es decir de la "Segunda Tiranía". Entonces aparecieron las consiguientes "Amalias".
Sólo una de ellas, a la que me he referido incidentalmente en El medio pelo en la sociedad argentina, tuvo éxito de circulación con la particularidad de que su autor o autora —no lo tenemos bien presente—, no fue nunca expatriado, y más bien convivió y participó en la misma al lado de su padre que fue interventor en la Universidad del Litoral. En este caso la tentativa de escribir la Amalia correspondiente puede atribuirse a la necesidad de quemar la "cola de paja" ofreciendo a los vencedores como "chivos emisarios", la reputación de sus ex-correligionarios, cosa comprensible para quien busca promociones donde la promoción está en manos de los que administran la historia presente y pasada, y pretenden administrar la futura. Es una actitud lógica y se corresponde en lo literario a la actitud en lo social del "medio pelo".
Otro "Amalista" es el escritor Manuel Peyrou, que además es reincidente, tal vez porque el éxito no batió las alas sobre su espalda agobiada por la "persecución". El señor Peyrou sufrió mucho con la Segunda Tiranía, pues fue una de las víctimas de la nacionalización de los ferrocarriles, donde cumplía funciones de gacetillero, trasladándose a Montevideo cada vez que venía un personaje del Directorio de Londres, para prepararle los discursos. No se trata del sueldo —porque los ingleses no eran muy amplios con los nativos—, pero se perdió esos viajecitos que le daban durante unos días un mediopelesco status británico compartiendo inhabituales desayunos insulares que lo libraban del monótono café con leche indígena.
Pero estos Mármoles de segunda mano, como los de cuarto de baño que se llevan a las chimeneas, no han podido incorporarse a la historia de la literatura, a pesar de que su calidad no es en definitiva inferior a la del modelo, pues los gustos y las ideas se han modificado, salvo entre las "señoras gordas". Sin embargo, no dejarán de ser útiles, también como piezas de museo.
Además les faltó a estos Mármoles el prestigio que dan "las cárceles y cadenas" con palidez de proscripto y todo. El poeta les lleva la ventaja de ser nuestro Silvio Pellico, aquel italiano de Miei prisioni.
Lo que sigue se refiere a la zoncera de Mármol que sirve de título ahora.
Hernán Maschwits, en Mármol y Rosas ("No ha de creerse en los poetas..."

refiere lo que sigue en la "Revista del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas" (n° 9, abril/mayo, 1942):
"Durante los viajes que realicé a La Plata más de una vez, me tocó hacerlo con el Dr. José Bianco... En cierto momento se habló de no sé qué opinión y se citó a alguien que era poeta. El Dr. Bianco dijo: “No ha de creerse en poetas, como dijo don Bernardo de Irigoyen”.
Picado por la curiosidad... le preguntó el por qué de esa frase... y me hizo el siguiente relato: “... Oí esta frase a don Bernardo y le pregunté lo mismo que hoy usted a mí. Me contó...
Era en los tiempos en que gobernaba el General Rosas... Mi padre me encargó que fuera a interesarme ante el Jefe de Policía, Victorica, por la suerte del poeta don José Mármol que había sido detenido...
Concurrí a entrevistarme con el Jefe... se me dijo que estaba muy ocupado... Me hicieron entrar a su despacho con la orden de esperar y no molestar... Cuál no sería mi sorpresa cuando vi que la ocupación era una partida de ajedrez que el Jefe sostenía con José Mármol.
Me limité a esperar... Terminado el juego, Victorica se dirigió a mí: —Buenas tardes, amigo, ¿qué lo trae por aquí?
—Interesarme por el señor Mármol en nombre de mi padre, pero ahora no lo creo necesario.
Victorica y Mármol rieron. El jefe me dijo amablemente: —Vaya, amigo, y dígale a don Fermín (mi padre) que Mármol está conmigo de calavera, pues se ha metido en amoríos con una dama y los parientes lo buscan con malas intenciones. En la primera oportunidad saldrá para el extranjero, a Río de Janeiro, donde está el General Guido...
—Esto me contó don Bernardo de Irigoyen, y como me lo narró, se lo cuento..., terminó por decir el doctor José Blanco". 1
Es muy posible que Mármol fuera antirrosista y enemigo de la "Primera Tiranía" como toda la juventud más o menos literata de la época, tan fubista como la de la "Segunda Tiranía". Pero lo cierto es que nunca se ha dado otra explicación de cuándo, cómo y por qué fueron esas "cárcel y cadenas" de José Mármol y cómo pudo salir de ellas para expatriarse.
Usted se preguntará por qué razón Mármol recibía del "Primer Tirano Sangriento" y sus más destacados amigos un tratamiento tan preferencial. No es frecuente que el Jefe de Policía juegue al ajedrez con el preso, que se preocupe de salvarlo de los frates de la seducida, ni prepararle el viaje nada menos que a Río de Janeiro.
Pero si usted me sigue, encontrará la explicación de esta aparente incongruencia.
Efectivamente, José Mármol partió de Buenos Aires para Río de Janeiro junto al general Guido, que era el Embajador de Rosas en aquella capital, tal como había prometido Victorica. En el Archivo del General Guido, además, está la carta que le dirige Belaústegui —cuñado y confidente de Arana, Ministro de Relaciones Exteriores de Rosas— en la que le advierte que hay allí personas de confianza del Embajador que hacen llegar documentos reservados, a poder de Itamaraty. Esto motivó que el General Guido alejara de su proximidad a José Mármol y lo enviara a Montevideo, donde pasó a dirigir el periódico "La Semana", de oposición a Rosas.
En 1851, un brasileño nos dará la clave de las extrañas características de la "cárcel y cadenas".
Honorio Hermeto Carneiro Leao, enviado del Emperador del Brasil en Montevideo, encarga unos artículos contra Rosas en "La Semana", de Mármol. Informado el Ministerio de Negocios Extranjeros brasileños, Paulino Soares de Souza le advierte que Mármol es hijo de Guido, Honorio Hermeto se asombra y contesta: "¿Mármol filho de Guido? ¡Quién lo hubiese dicho!". (Missao Carneiro Leao, Archivo de Itamaraty, Río de Janeiro, F. I., secc. 06, vol. I, según investigación cuyos datos me da José María Rosa).
Que Mármol era hijo natural del General Guido, era cosa que tenía estado público en Buenos Aires de esa época, y que evidentemente no se disimulaba por parte ni del hijo ni del padre. Así se explica que un amigo de Guido, el padre de don Bernardo, se interesara por el joven Mármol, y que otro amigo de Guido, Victorica, lo refugie en prisión —"cárcel y cadenas"— para ponerlo a recaudo de los efectos de su donjuanismo, pero en su despacho y jugando al ajedrez, y aún que se preocupe de su embarque al extranjero, a donde estaba su padre; y que luego su padre —Embajador de Rosas ante la corte imperial—, después de tenerlo consigo en la Embajada se deshaga de él por motivos que se deducen fácilmente y lo envíe a Montevideo. Y que de todo esto se entere por vía oficial el agente brasileño en Montevideo, después de haberlo contratado para atacar a Rosas.
Puede agregarse que mucho después la relación entre Mármol y los Guido —los hijos legítimos del General y en particular el poeta Carlos Guido Spano— fue habitual y nunca se disimuló la naturaleza del vínculo. Más aún. En los últimos años de su vida Mármol vuelve a aproximarse a la línea histórica, ya completamente derrotada, de sus familiares, tal vez ya curado o avergonzado de sus devaneos fubistas.
Ratificando que Mármol era hijo del General Guido, recibí después de la 1ª edición de este libro la carta que sigue:
Buenos Aires, 4 de diciembre de 1970.
Señor doctor ARTURO JAURETCHE.
Distinguido doctor:
Aún cuando no tengo el gusto de conocerlo, sino a través de sus publicaciones y de las referencias de amigos comunes, le dirijo estas líneas que supongo han de interesarle.
He sabido que a raíz de no se qué trabajo sobre José Mármol, usted ha afirmado su casi completa seguridad de que aquel era hijo natural del general Guido, circunstancia a la que debió su viaje a Brasil y la suavidad de sus invocadas "cárcel y cadenas".
Puedo decir algo sobre el particular. Hace ya cerca de cuarenta años escuché a mi abuelo materno, Máximo Gervasio del Mármol, la misma cosa. A una pregunta mía sobre el grado de parentesco que nos unía con José Mármol, me contestó que ninguno; que era hijo natural del general Guido y que éste así lo reconocía privadamente y que el apellido lo había adoptado por haberse criado en la casa de Miguel del Mármol e Ibarrola —abuelo de mi abuelo— quien era muy amigo de Guido.
Por supuesto que lo que antecede sólo tiene valor de tradición oral de mi familia. Repito lo que oí directamente de boca de quien, evidentemente, repetía a su vez lo que le deben haber contestado cuando hizo la misma pregunta.
Espero poder conocerlo personalmente y saborear su conversación. Hasta entonces, distinguido doctor, reciba las expresiones de mi más alta consideración.2
PEDRO MARIO GIRALDI.
Es historia vieja que podría ser actual. Pueden cambiarse los personajes por otros que anclan por estas calles de Dios, por hijos legítimos y naturales —del punto de vista patriótico contra naturaleza— que han jugado también al pálido proscripto y también arrastran cadenas —éstas más bien sobre el abdomen que en los tobillos.
Para que se incorporen sus zonceras respectivas a la historia oficial haría falta tiempo y pedagogía. Esta la hay, pero no hay tiempo ni audiencia para semejantes paparruchas.
Por ahora, basta conocer el origen de esta zoncera.
Zoncera N° 24
II) El tirano Rosas y la piedra movediza del Tandil
Esta es zoncera difunta1. Finó con la piedra movediza, que conviene recordar era una roca oscilante situada en las Sierras del Tandil, a poca distancia de la ciudad. Era mencionada frecuentemente en la enseñanza escolar —cosa excepcional, porque lo habitual era que estuviésemos informados de cualquier rincón del mundo y no de lo nuestro—; pero la piedra era curiosidad e interesaba más que por razones geográficas, por aquellas que hacen publicitarias las cosas de Ripley. Así, centenares de miles de argentinos hemos pasado por Tandil y puesto una botella debajo de la piedra para comprobar el movimiento. Y también para comprobar que en equilibrio sobre un pequeño punto era inconmovible, a pesar de su movilidad.
El único testarudo fue don Juan Manuel de Rosas. A todos los escolares de mi época, y a los que siguieron hasta que la piedra se cansó de romper botellas, se nos enseñó que el Tirano, de puro tirano que era nomás, resolvió voltearla, para lo cual ató 40 bueyes a la piedra. Pero no pudo voltearla. La piedra era más testaruda que don Juan Manuel.
La imagen de don Juan Manuel, que la historia oficial nos ha brindado, es más bien la de un hombre práctico y utilitario, y rechaza la idea del Tirano jugando a la cinchada con la naturaleza. Además, era demasiado conservador. Se me ocurre que el indicado para esa tarea debió ser el señor Rivadavia pero como se adelantaba a su tiempo no creo que hubiera incurrido en esa rutina de los bueyes: se habría propuesto voltearla con tractores, ya que no hubiera representado dificultad para Rivadavia el hecho de que no se hubiera inventado el motor a explosión. (El señor Rivadavia ignoraba la existencia de la piedra movediza que estaba en tierra de indios que desconocía, como lo vimos al hablar de su canal. El que la conocía era don Juan Manuel, que conocía su provincia. Pero éste era un ignorante y aquél un sabio, según ya sabemos).
Imagino que si Rosas quiso voltearla, Rivadavia, tan municipal él y tan progresista, hubiera preferido traerla al Parque Japonés de Buenos Aires, que tampoco estaba inventado. Pero esto Rivadavia lo habría resuelto adelantándose a su tiempo.
De todos modos la caída de la piedra movediza del Tandil es una desgracia nacional: primero, porque ha privado a Tandil de un atractivo turístico; segundo, porque ha privado a los niños de las sabias sugestiones que se hacían sobre la maldad del "Primer Tirano Sangriento"; y tercero, porque si no se hubiese caído el "Segundo Tirano Sangriento" habría reincidido —tal vez con éxito por eso de los tractores—, dando oportunidad para reiterar nuevas sugestiones escolares sobre las tiranías. (Ver programas de Educación Democrática).
DE LAS ZONCERAS INSTITUCIONALES
DE LAS ZONCERAS INSTITUCIONALES
Línea Mayo-Caseros.
"Habeas corpus".
La confiscación de bienes queda borrada pura siempre del Código Penal argentino (Art. 17 de la Constitución Nacional).
Queda abolida para siempre la pena de muerte por causas políticas (Art. 18 de la Constitución Nacional).
DE LAS ZONCERAS INSTITUCIONALES
No me propongo considerarlas in totum. Esto tiene que ser el producto de un trabajo específico sobre Derecho Público mostrando cómo éste es uno de los tantos productos de importación, no creado por el consuetudo, sino reproducido de otros países tomados como modelos y adoptado como un traje de confección al que el país no ha podido acomodarle el cuerpo. Sirvió en cambio para acomodar el país al tipo de economía colonial.
En Los profetas del odio y la yapa he señalado incidentalmente que a través de las constituciones provinciales habíase creado un Derecho Público consuetudinario, no surgido del pensamiento de los juristas pero sí de las exigencias de la realidad, adecuándose a las circunstancias históricas. Es lo que digo, hablando de las constituciones provinciales originarias, de la composición de la Sala Legislativa y del Ejecutivo fuerte, particularmente este último, que aunque teóricamente importado de Estados Unidos ya existía en nuestro derecho por la reducida pero reiterada práctica política. Por esa preexistencia al Derecho Público importado, es decir, de su connaturalización con la realidad, se explica que el Ejecutivo fuerte sea la única institución permanente e indiscutida de nuestro Derecho Público. (Además, legitimado siempre, hasta en sus demasías y cualquiera sea su origen, por la Suprema Corte, no sé si atendiendo a esa realidad histórica o a la realidad contingente que le exige al alto tribunal evitar conflictos para vivir. Para vivir sus miembros, se entiende).
Todo el resto del Derecho Público es un artificio como los telones de teatro. Una decoración mientras la obra dura en el cartel. La obra dura hasta que la presencia de la democracia efectiva —la del pueblo—, hace inconveniente su representación para la "empresa" que la ha montado. Un poco lo que pasó con el Teatro Colón cuya desnaturalización durante la "Tiranía sangrienta" no provino de lo que se representaba, sino de para quién, con lo que el escenario del Colón, como el de nuestras instituciones, dependía de la composición de la platea: democrática pero para pocos, no sea que la sala se llene de un público indiscreto, y para el que no se edificó el Teatro Colón.
En el desenvolvimiento de nuestro Derecho Público y en su interpretación por la doctrina y la jurisprudencia, después de creadas las instituciones, no ha jugado nunca el único factor que verdaderamente crea derecho: la ley nacida del común, es decir el derecho vivo; no tal como fue escrito en su origen, sino como ha resultado de su aplicación y de su interpretación por la sociedad que es el ente vivo y creador de derecho. Así nuestro jurisperito volverá siempre a la ley en su origen rechazando el derecho según la vida lo va adecuando por creación del común.
Nuestro jurista dirá, siempre que habla en abstracto, que la institución como papel escrito, carece de sentido y que su única validez es la que nace de la reiterada interpretación y aplicación que hace el común; pero no acepta que nuestra sociedad elabore su derecho, ni acepta que su tarea es investigar hasta descubrir cuál es ese derecho que ha elaborado y está elaborando la sociedad por su propia interpretación, para ir sustituyendo el de los papeles. Así para los juristas, no son las instituciones que no sirven en cuanto se quedan en un texto inamovible, como las tablas que bajaron del Sinaí, sino el pueblo y el país que no se adaptan a las instituciones. Es siempre la vieja cuestión: el traje para el hombre o el hombre para el traje.
Y sin embargo el jurisperito en su cátedra nos abruma con el ejemplo del derecho anglosajón como creación del consuetudo; como una permanencia de la costumbre; pero de la costumbre como cosa viva —que a medida que se va modificando va adecuando lo jurídico a esa modificación—. Resulta así que el ejemplo anglosajón es sólo válido para el derecho anglosajón. Allá el Derecho Público es una constante creación; aquí, nuestro pueblo no puede realizar su derecho según su visión de la ley y sus costumbres por una razón misteriosa que reserva la posibilidad sólo para el modelo.
Esto de por sí es una zoncera porque resulta que en cada inadecuación del derecho con la vida no es el inadecuado el derecho sino el país, cosa lógica en una jurisprudencia que profesa confesada o inconfesadamente todas las zonceras denigralorias. Nosotros no podemos crear derecho según el consuetudo por la sencilla razón, no dicha, de que no somos anglosajones.
Principiemos porque la igualdad ante la ley del derecho anglosajón no nace de una postura filosófica. Las Cartas que los barones le arrancaron al Rey no eran derechos abstractos; eran privilegios. Paulatinamente la costumbre fue ampliando el círculo de los dueños de esos privilegios y así a medida que el privilegio dejó de pertenecer a unos pocos para pertenecer al común en razón de los hechos, el derecho anglosajón fue el derecho de cada miembro de la comunidad. Así cada miembro de la comunidad lo sintió como un privilegio, como cosa propia incorporado a su activo y como tal lo defendió. Era además el derecho de los anglosajones. No una abstracción como los derechos humanos. El derecho es un bien y no una cosa conceptual.
En una forma descarnada lo dijo Benjamín Disraeli, un judío que fue el más grande constructor del Imperio Británico: "Para mí los derechos del hombre, son los derechos de los ingleses". En cambio aquí los derechos del hombre son una abstracción, cuando se trata del hombre de carne y hueso, concreto, ese que va a nuestro lado en la calle. Y eso ampliado "para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino"1 Y aún los que no lo habitan, según nuestra "intelligentzia" se aflige más por el derecho en las antípodas que en su propio país, siempre dispuesta a participar en todas las luchas por el derecho de las multitudes lejanas y tan constantemente ajena en la lucha por el derecho de los nuestros. Y opuesta.
Habría aquí que señalar otra particularidad de nuestra "intelligentzia" en materia jurídica, y es que adoptando instituciones de origen anglosajón lo hace con una mentalidad principista que el derecho anglosajón excluye, porque esa idea del derecho era y es una concepción extraña a la del derecho como privilegio, característica de aquél: el derecho del hombre como cualidad insita en la naturaleza del ser humano por decisión divina o por una filosofía que lo hace inmanente. Así el profesor explica el derecho como una creación del "common", pero él y el auditorio le dan otro fundamento tácito sin percibir la contradicción.
Todas estas consideraciones que muestran nuestro Derecho Público como una Zoncera, así con mayúscula, corresponden a otro trabajo particularizado en el tema, que se refiere al caudillo, cuya persistencia —a pesar de las instituciones, sus intérpretes y todo el adoctrinamiento sobre Derecho Público se revela en cuanto la democracia se hace efectiva con la presencia popular. Parece que ese es su modo de manifestarse entre nosotros: así el caudillo es una institución de nuestro Derecho Público pero no el de los papeles, sino el de la vida, como lo prueba su recidiva constante.
Por ahora, en unas pocas zonceras que se refieren a las garantías individuales mostraré cuál es su vigencia real cuando se sale de las abstracciones, es decir cuando el derecho se hace cosa concreta y no abstracción ideológica. Cuando el derecho deja de ser una abstracción de carácter universal para convertirse en el "derecho" de cada argentino, como diría un Disraelito nuestro.
Zoncera N° 25
(I) LINEA MAYO-CASEROS
"La Patria no es la tierra donde se ha nacido"
Lo dijo Echeverría. Y porque lo dijo le dieron un premio a su estatua: la trajeron al centro. Esta zoncera está en concordancia con la zoncera el mal que aqueja a la Argentina es la extensión, pero va aquí por su índole: refleja el pensamiento de la "línea Mayo-Caseros" en la que la idea de Nación no se identifica con la Patria como expresión de un territorio y un pueblo en su devenir histórico, integrando pasado, presente y futuro. La Patria es un sistema institucional, una forma política, una idea abstracta, que unas veces toma el nombre de civilización, otras el de libertad, otras el de democracia.
Es como si dijéramos que la Patria francesa sólo lo fue durante la Tercera República, que es lo que más se aproxima a la concepción de la Patria según "Mayo-Caseros". Por consecuencia, no es Francia la de De Gaulle, ni la de Petain, ni la de las restauraciones, ni la de los dos Imperios, ni la de la Revolución, ni la de la monarquía, como no es la Patria entre nosotros, la de las "dos tiranías".
La Patria de los argentinos no se vincula con la tierra de los argentinos, ni tampoco con los hombres que la habitaron, la habitan y la habitarán, en la simbiosis del hombre y la tierra con el ayer y el mañana. La Patria de los argentinos no nació para ser eso: Patria. La Patria es un simple medio porque lo importante es lo que una generación o un grupo de hombres entendió por libertad, por democracia, por instituciones.
Estas no son formas transitorias que la Patria adopta en el devenir histórico cambiándolas según las exigencias de cada momento para adecuarlas al cumplimiento de ese destino. Por el contrario son la Patria misma, o más que la Patria el objetivo que éste debe realizar según el ideólogo de turno. Cuando según este ideólogo no cumple esos objetivos deja de ser Patria.
En el fondo ese modo de pensar fue bastante consecuente en los vencedores de Caseros. Ellos no podían justificar su alianza con el extranjero en las guerras internacionales que la Patria tuvo, sino sosteniendo que la Patria no era la Patria; ésta era la "civilización", con las instituciones que ésta aportaba y ellos establecieron.
Fueron así lógicos en la redacción del texto constitucional; en él calificaron enfáticamente de traición a la Patria el acuerdo de facultades extraordinarias, reservando para el Código Penal la calificación de traición a la Patria tal como se entiende en el resto del mundo y lo dicta el buen sentido: la connivencia con el extranjero. Es así como hemos visto procesar por traición a la Patria a los que sancionaron leyes para impedir las entregas que eran traiciones; y a los agentes y gestores de esas entregas, y que habían pedido la intervención armada extranjera después de respaldarse políticamente en un embajador imperial, asumiendo actitudes de patriotas frente a los que produjeron hechos patrióticos.
La "línea Mayo-Caseros" es consecuente con el pensamiento de Caseros. El engaño, la falacia, está en incluir Mayo.
El pensamiento de Mayo no es, como el de los hombres del 53, un pensamiento institucional. Cada grupo tuvo el suyo pero todos —salvo aquellos que directamente negociaron la sustitución del dominio español por otro— partieron de la idea de libertad de la Patria. La "línea Mayo-Caseros" se refiere a la libertad de los individuos en particular, no a la libertad de la Patria, es decir a la independencia, que es un supuesto previo a cualquier otra libertad.
La "línea Mayo-Caseros" al incluir Mayo ha alterado maliciosamente los términos de la ecuación: Mayo lucha para hacer la libertad de la Patria y principia por sacrificar la de los individuos a esa exigencia previa. Se es patriota o no se es patriota, según se esté con la independencia o no se esté, y esto es ajeno al sistema institucional o de libertad privada que adoptará la Patria, eventualmente, para su estructura interna.
Lo estableció con toda claridad aún el mismo hombre que dio las bases del sistema institucional que es para la gente de Mayo-Caseros la finalidad de la Patria. Juan Bautista Alberdi en El Brasil ante la democracia americana dice: "Es la única libertad de que tienen idea los pueblos jóvenes. Ser libres para ellos es no depender del extranjero. Las antiguas repúblicas de Grecia no lo entendieron de otra manera; y Esparta, dice Renán, era menos libre en el sentido de esta palabra, que Persia misma, la más despotizada de las monarquías asiáticas".
Pero la "línea Mayo-Caseros" no hace otra cosa que refirmar todo el sistema educacional del pasado, completado ahora con la cátedra de Educación Democrática.
Desnaturalizada la noción elemental, que parte del suelo, confundiendo la libertad de la Patria con la libertad de los individuos, como la confunde con el régimen constitucional o con la vigencia del régimen democrático, cuya deformación por otra parte tolera cuando hay el peligro de que gobiernen los patriotas. Porque si la Patria es lo permanente y las instituciones lo transitorio, hay en esta concepción de la Patria de la "línea Mayo-Caseros" una falla elemental, que es la de confundir el sujeto con el atributo: la Patria es; siendo puede serlo como monarquía o como república, como democracia o como dictadura, con mayor o menor libertad de los que la habiten. No siéndolo, es decir, si su ser son los atributos y sólo los atributos, será república o monarquía, democracia o dictadura, etc., pero no Patria, porque Patria es el sujeto, el sólo sujeto, y sin él los atributos no tienen dónde fijarse. Esto es lo que ocurre cuando la Patria no es la tierra en que se ha nacido o cuando la Patria no es soberana porque le coartan su libertad la soberanía de otras patrias.
El devoto de Mayo-Caseros que no lo entiende podrá ser muchas cosas pero no patriota. Y eso lo entendía un gaucho de Güemes o el paisano analfabeto que peleaba en la Vuelta de Obligado. Pero no Esteban Echeverría. Por eso estuvo donde estuvo. Y su estatua donde está. Sería libertador pero no patriota, cosa demasiado frecuente donde los patriotas no son tenidos por libertadores y sí "los libertadores" por patriotas.
Por eso los congéneres de la línea "Mayo-Caseros" premiaron la estatua del prócer trayéndola a la plazoleta "juvenilia", en Charcas y Florida, desde un rincón del Parque 3 de Febrero, donde por lo menos se disimulaba. Y sobre todo se disimulaba la frase contenida en la losa de mármol que flanquea el pedestal y que ahora sirve para aleccionar a los jefes y oficiales que tienen ahí, cerquita nomás, sus Círculos respectivos, en Charcas y Maipú, Florida y Córdoba, Córdoba entre Maipú y Esmeralda, y pueden leerla todos los días para ilustrarse sobre lo que es la Patria según Mayo-Caseros. Y ese debe ser el objeto ya que el que la trajo allí fue el gobierno presidido por un General de la Patria que no es la tierra donde se ha nacido: el General Pedro Eugenio Aramburu.
Ubi veni, ibi patrio. Así decían los romanos cuando hablaban de sujetos como los de Mayo-Caseros. Donde se está bien, allí está la Patria1.
CONTINUARA...
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