A ver… Sí está bueno decir la verdad, por supuesto, nadie va a estar de acuerdo en mentir, pero, debemos tener en cuenta siempre el daño menor. ¿Y qué es el daño menor? Si por limpiar nuestra conciencia vamos a decir algo que -aunque es cierto- va a generar más daño en el otro que lo que puede solucionar entonces nos aguantamos, aguantamos nuestra conciencia y vivimos con ello.

Muchas veces cometemos errores, pequeños o grandes, y necesitamos resolverlos para no cargar con ello, y para sacarnos de encima el peso debemos explicar lo que pasó y pedir disculpas.
Hasta ahí está todo muy bien pero…, siempre un pero… ¿que ocurre si al explicar lo que hicimos mal le vamos a generar al otro un daño mayor?
He aquí un conflicto. Por un lado tenemos el deber de corregir el error y hacer lo correcto y por el otro el deber –también- de no dañar (al otro). Así que lo correcto va a ser aguantarnos.
En tren de hacer lo correcto lo correcto es dejarnos a nosotros de lado es pos del otro.
Eso es generosidad. Lo otro sería egoísmo. Ya que para salvar nuestra conciencia no nos importaría como el otro se fuese a sentir, y eso sería peor que lo que queremos solucionar.

La acción correcta no es tan sencilla, nada es dos más dos.
Siempre debemos dejar de lado el egoísmo al evaluar lo correcto.

La acción correcta es la meta, el dharma, y el karma la consecuencia de los actos -buenos y malos-.
Pero…-siempre un pero-, no es lineal.
No es ojo por ojo ni diente por diente.
Algo bueno aquí repercute allá. Algo malo hoy repercute allá pasado mañana. La acción correcta se ve en el corazón del que lo hace y para ello no hay nadie mejor -como juez de ello- que uno mismo, ya que sólo uno mismo sabe con exactitud qué buscaba al realizarla.
Así que no nos engañemos a nosotros mismos con excusas, porque de madrugada, cuando intentamos dormir, nuestra querida conciencia nos recuerda las verdaderas intenciones que tuvimos, y a esa hora -por lo general- todo parece más grave y más difícil de solucionar.
Lo mejor -al final del camino- es obrar correctamente. Pero obrar correctamente de verdad, no sólo siguiendo la ley, sino correctamente en contexto y habiendo analizado las repercusiones. No debemos escudarnos ni siquiera en la ley. La ley suele ser un cómodo recurso dónde esconderse, pero nunca alcanza. Y si no estamos seguros mejor preguntemos, busquemos ayuda, sobre todo preguntemos a nuestro corazón, escuchemos lo que nuestro interior nos dice. En el fondo de nuestro corazón siempre sabemos lo que debemos hacer. Es importante escuchar esa voz.

Leía que alguien decía: que una vez analizadas las situaciones y tomado una decisión se debía proceder según lo decidido, pero, que era de necios no detenerse si se apreciaba el haberse equivocado.
Volvemos al principio…
¿Se debe decir la verdad?, si, seguro, pero sin hacer daño, y obrando correctamente.