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La Castañeda

La Castañeda

Una imagen aérea de 1958 donde se aprecia La Castañeda, arriba a la izquierda, con algunas marcas para facilitar su ubicación. Aún no existía el Periférico. (ICA/Aerofoto)

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La Castañeda con sus bellos jardínes

Al nororiente, más o menos hacia el cruce actual del Periférico y la calle de Castañeda. El conjunto estaba desplantado en diagonal.

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amecameca

En septiembre de 1910 fue inaugurado el edificio del Manicomio General construído en los terrenos de la vieja hacienda pulquera de "La Castañeda". Actualmente el sitio es ocupado por la unidad conocida como Lomas de Plateros/Torres de Mixcoác entre otras edificaciones. La fachada se reconstruyó piedra por piedra para una residencia particular por el rumbo de Amecameca.

La fachada reubicada cerca de Amecameca alberga actualmente a "Los Legionarios de Cristo" fundados por el Padre Maciel.


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Inauguración del manicomio de la Castañeda fiestas de centenario 1910

La Castañeda

El progreso porfiriano

El gobierno de Porfirio Díaz buscaba simbolizar la entrada a la modernidad del país con la construcción de un complejo hospitalario que igualara los estándares de instituciones psiquiátricas europeas, en especial los del manicomio Charenton de París, donde vivió sus últimos años el famoso Marqués de Sade.

La construcción del manicomio mexicano, diseñado por el ingeniero militar Salvador Echegaray, fue encargada al ingeniero Porfirio Díaz hijo, quien contó con el apoyo de Luis León de la Barra para inspeccionar la obra.

El complejo fue planeado para funcionar como un hospital que propiciara un ejercicio profesional de la psiquiatría.

En esa concepción del hospital influyó de manera determinante el doctor Eduardo Liceaga, precursor de la psiquiatría moderna en México.

El manicomio La Castañeda, inspirado en los principios de Jean-Étiene Dominique Esquirol (1772-1840), quien reformó a la llamada arquitectura psiquiátrica en Francia, fue inaugurado por el presidente Porfirio Díaz, el 1 de septiembre de 1910.

La construcción de este hospital psiquiátrico tuvo un costo de un millón 783 mil 337 pesos y se edificó en los terrenos de una Hacienda Pulquera, posteriormente Centro Recreativo Campestre, en Mixcoac, que actualmente es la colonia Lomas de Plateros.

Mixcoac, hace 100 años, era todavía campo y el río que corría por ahí era natural y no estaba entubado.

En ese hermoso paisaje resaltaba, como una amenaza a la que todos temían, el manicomio de La Castañeda, que de acuerdo con el historiador Andrés Ríos Molina, investigador del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), fue el establecimiento psiquiátrico más importante del siglo pasado en nuestro país.



La fachada de la modernidad

Las historias de los locos de La Castañeda han trascendido el testimonio documentado. En el imaginario colectivo existe la idea de que cruzar la fachada del hospital significaba entrar al infierno.

Varios han sido los académicos que se han adentrado en el estudio de los documentos que del manicomio se preservan en el Archivo Histórico de la Secretaría de Salud, para ofrecer lecturas serias sobre lo que ocurrió en el antiguo hospital psiquiátrico entre 1910 y 1968.

Entre esos investigadores destaca Cristina Rivera Garza (Matamoros, Tamaulipas, 1964), quien escribió la novela Nadie me verá llorar, cuyo personaje central, Matilda Burgos, es una paciente del manicomio, y La Castañeda. Narrativas dolientes desde el Manicomio General. México 1910-1930, que es un ensayo histórico editado por Tusquets.

En el ensayo, la autora evitó los lugares comunes y, sobre todo, recurrir al cliché del paciente “como víctima, inerte y pasivo, sin ninguna participación en sus procesos médicos dentro del hospital”.

“Al comenzar el siglo XX, el médico se estaba convirtiendo en psiquiatra y el interno en paciente. Ambos se necesitaban para completar la construcción de esas identidades”, comentó la escritora consultada por KIOSKO.

La experiencia del manicomio no es, comenta, una microhistoria irrelevante en los debates nacionales, por el contrario, la argumentación de su libro es que trata de uno de los diálogos centrales para la constitución del régimen no sólo porfiriano sino también de la temprana etapa revolucionaria.

“Cuando se trata de definir qué es lo racional y qué es lo irracional, que es lo normal y que es lo anormal, no sólo se trata de una discusión médica, es una discusión política. Y es tal vez la discusión más importante que tenemos como ciudadanos”, subrayó la escritora.

La gran paradoja del proyecto modernizador que subyace a la creación de La Castañeda es que tras su fachada de progreso “estaban las voces del infortunio, quebradas, rotas, fuera de la modernidad y por encima de la modernidad. Se trata de una institución ambivalente, de ahí su complejidad y su permanencia en el imaginario social. Una nación que no pone atención a sus voces más dolientes es una nación que va a tener o ya tiene muchos problemas. La Castañeda nos viene a recordar eso”.

La Castañeda cumpliría 100 años este 1 de septiembre. Si bien es cierto que fue derrumbado hace cuatro décadas y en su lugar fueron construidas las Torres de Mixcoac y una tienda departamental, la leyenda del manicomio sigue viva en historias fantásticas, algunas reales otras inventadas. También podemos admirar la fachada original del complejo arquitectónico que volvió a estar, como en su origen, en un ambiente campirano, cerca de una cascada y a lo lejos el Iztaccíhuat

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Para el presidente Porfirio Díaz, el complejo hospitalario igualaba los estándares de las instituciones psiquiátricas de Europa (Foto: ARCHIVO EL UNIVERSAL E INAH )

Antes del Fray Bernardino y del archipiélago mexicano de siquiátricos existía el Manicomio General de La Castañeda, en el que el Estado mexicano jugó un papel predominante a nivel administrativo convirtiéndose en el guardián de la “salud mental” de la nación. En el Manicomio General la mayoría de los internamientos fueron resultado de órdenes gubernamentales. Construido en 142,000 metros cuadrados de los terrenos de la Hacienda de La Castañeda, este gran siquiátrico, calcado de los grandes siquiátricos de Francia y Alemania, fue inaugurado en 1910 para ochocientos prisioneros; pero llegó a encerrar a tres mil quinientos y quizá a más (la cocina que se reconstruyó en 1940 estaba destinada a la alimentación de cinco mil personas). La Castañeda tenía veinticinco edificios y dos pabellones; al fondo tenía incluso un departamento mortuorio y un anfiteatro de disección. Había cuatro distintas clases de prisioneros dependiendo de la clase social a la que pertenecían. La cuarta clase, los llamados pensionistas, la constituía la mayoría de los internados, cuyas familias no pagaban costo alguno. Cuando no se habían inventado los neurolépticos, en La Castañeda se usaba el cloral, el opio y los bromuros: sustancias que deprimen la corteza cerebral. A partir de los 1930 se inició la práctica del shock insulínico y el shock de Metrazol, agregándose después el electroshock clásico y la lobotomía. En los 1960 se inició la drogadicción de los prisioneros con neurolépticos: un programa auspiciado, entre otros, por el doctor Dionisio Nieto, un refugiado español considerado “un organicista empedernido” (ahora lo llamaríamos un biorreduccionista empedernido) que influyó considerablemente en la siquiatría mexicana. La mayoría de los internados en La Castañeda eran hombres y mujeres de veinte a cuarenta años, aunque a partir de la reconstrucción de 1940 el manicomio contó con un pabellón para niños. A juzgar por el registro fotográfico estos niños parecen normales: no tienen la mirada de pánico que caracteriza al sujeto perturbado.

Es sabido que, en México, los padres invocaban al gran manicomio de la nación para amenazar con encerrar a sus hijos rebeldes. Naturalmente también se encerraba a la gente trastornada, aunque sin reconocer al maltrato parental como el factor causativo de la caída psíquica de una persona. La siguiente es parte de una entrevista de 1935 en La Castañeda a una joven diagnosticada de “demencia precoz”:

—¿Qué es verdad que oyes voces?
—Sí la de mi mamá, de mi papá también.
—¿Qué te dicen?
—No me ha pegado.

Oír este tipo de voces es uno de los síntomas típicos para que los médicos diagnostiquen demencia precoz (“esquizofrenia” en nuestra época). Desde los 1870 hubo reportajes periodísticos en El Monitor Republicano y El siglo XIX sobre los abusos que ocurrían en los viejos predecesores de la Castañeda, La Canoa y el Hospital San Hipólito; y en los 1920 El Universal, El Imparcial y La Prensa publicaron notas alarmantes sobre las violaciones a los derechos humanos en el Manicomio General. El siguiente es un caso horrendo de suplicio siquiátrico en La Castañeda confesado por la enfermera Margarita Torres, una de las perpetradoras:

Eran unos baños de agua casi hirviendo, muy caliente, porque recuerdo que a nosotras [las enfermeras] nos quemaba, porque se necesitaron dos o tres de nosotras para sumergir a la enferma. Llevaba bolsas de hielo en la cabeza. Pero hubieron casos en que murieron las enfermas cuando se les aplicó el tratamiento. A mí me tocó realizar uno de esos tratamientos. Habíamos tres sumergiéndola y una más poniéndole el hielo en la cabeza. La enferma comenzó a ponerse negra y a echar espuma con sangre por la boca, entonces llamamos al médico de guardia, pero ya no había remedio.

“Tratamiento” es nuevahabla por tormento. Eso de hielos en la cabeza a la par de meter a una persona “a agua casi hirviendo” da una idea de lo que era la siquietría previa al electroshock en los manicomios. En 1968 el Manicomio General de La Castañeda, que a lo largo de los decenios llegó a albergar a decenas de miles de mexicanos, se fragmentó en un archipiélago de islas llamadas granjas-hospitales: cárceles de menor tamaño si evitamos hacer uso de la nuevahabla. A continuación citaré algunos testimonios de quienes han estudiado los registros de La Castañeda.

¿Se recuerda la cláusula de admisión en el estado de Illinois mencionada en la primera parte en la que el marido podía internar a su esposa aun si ésta estaba perfectamente cuerda? En Análisis de expedientes clínicos del Manicomio General “La Castañeda” de 1910 a 1920 Patricia Chávez descubrió una serie de cartas que el director del Manicomio General intercambió en 1918 con un sujeto que deseaba internar a su esposa. ¿Se recuerda la lettre de cachet con la que el rey podía internar a un joven en la odiada Bastilla? Al revisar algunos expedientes Chávez también encontró que era muy común que algunos individuos fueran internados por la simple petición de una autoridad del gobierno, la cual siempre iba acompañada de un diagnóstico o certificado médico fraudulento. Como dije, la gran mayoría de los internamientos en La Castañeda fueron resultado de órdenes del gobierno.

Consideremos los diagnósticos de internamiento durante el período de la Revolución Mexicana. En el diagnóstico de la locura en el Manicomio General de La Castañeda Guillermo Gaytan menciona, entre otros, los siguientes diagnósticos para este período: “intoxicación alcohólica”, “demencia”, demencia senil”, “demencia precoz”, “confusión mental”, “enajenación mental” e incluso había internamientos sin diagnóstico.“Confusión mental” y enajenación mental” son tan vagos que podrían aplicarse a cualquier persona, y el que hubiera casos sin diagnóstico era una forma mucho más honesta de encarcelar a alguien que usar cualquiera de los diagnósticos mencionados. Salta a la vista que estas no eran enfermedades médicas. En los diagnósticos de “demencia” y demencia senil” de La Castañeda es obvio que los familiares no quisieron hacerse responsables ni siquiera de llevar al anciano a un asilo, y prefirieron internarlo en el gran siquiátrico público de la ciudad. “Demencia precoz” es la otra cara de la moneda de “demencia senil”, pero en este caso los familiares fueron intolerantes hacia un miembro muy joven de la familia. Como dije en la primeta parte, fue precisamente debido al parecido de este diagnóstico con el de “demencia moral” que le aplicaban a las mujeres liberadas, por lo que actualmente los siquiatras usan “esquizofrenia” para referirse a la conducta que, al fundar La Castañeda, aún llamaban “demencia precoz” en México. La ventaja de estudiar a la siquiatría de un país en sus orígenes es que es más fácil detectar la política que en la actualidad.

El encarcelamiento de la gente que cumplía la ley se originó en el siglo XVII como una forma de burlar las restricciones legales para encarcelar a los parias. Esta política continuó en los siguientes siglos. En el siglo XX las cárceles gigantescas como La Castañeda que disimulaban la marginación por medio de políticas asilares se volvieron imprácticas. Entonces los siquiatras inventaron la lobotomía y el electroshock para someter a estas personas sin necesidad de internarlas. En los 1950 la ciencia dio un paso adelante y el proceso de opresión se transformó una vez más: se inventaron drogas para inducir pasajeras lobotomías químicas, los neurolépticos. La Castañeda fue una institución de regulaciones decimonónicas anterior a estos deslumbrantes avances científicos. Patricia Chávez afirma sobre la época conocida en México como el porfiriato:

Es lógico que la mayoría de los ingresos [a La Castañeda] hayan sido por orden del gobierno, respaldando la idea de un México afrancesado, abierto a sus acreedores extranjeros y dispuesto a limpiar sus calles de la mugre, pobreza y de todo aquello que no resultara grato. Las demarcaciones de policía o comisarías se convirtieron en los filtros o embudos en donde se hacía una selección de los indeseables, por lo que personas sin hogar, indigentes y mendigos eran detenidos y muchos de ellos enviados al Manicomio General como enajenados mentales.

Tan cierto es lo que dice Chávez que incluso los apologistas de la siquiatría mexicana parecen conceder este punto. Hablando sobre La Castañeda, Guillermo Calderón Narváez afirma que esa institución existía: “cuando privaba el criterio de que el establecimiento psiquiátrico tenía como objetivo único [mis cursivas] el aislar al paciente con miras a proteger a la sociedad en que vive”. Así entendida, La Castañeda fue la versión mexicana en el siglo XX del Hospital General de París del XVII, y para los historiadores contemporáneos su estudio podría arrojar luz sobre cómo surge la siquiatría en una nación. Por los tratos y la casi nula alimentación que recibían, algunos de los internados en La Castañeda morían.

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Imagen aérea de la zona de Mixcoac en 1958, con algunas marcas para facilitar su ubicación. El enorme terreno que se ve abajo a la derecha era parte del manicomio de La Castañeda (ICA/Aerofoto)

3 comentarios - La Castañeda

@The_Inmortal_Machine
Muy bueno y completo... yo pedí que hablaras de la castañeda en otro de tus post... y me pediste que resubiera le peli de Mariana Mariana... lo hare solo necesito ver si no me la banean XD

Gracias por el post, yo viví muchos años en Mixcoac