Ya falta poco para nuestro día D. El 7 de octubre representa para los venezolanos una hazaña similar a la vivida por el mundo por aquellos días de una guerra sin sentido, significa para muchos la Normandía de la esperanza, una esperanza que en estos momentos se sostiene de una fe colectiva.

El 7 de octubre quedará plasmado en la historia de Venezuela, como el día en que cae se enfrentan un lobo vestido de oveja y un venezolano cuyas promesas son nuestra única alternativa contra el comunismo. Esta será una guerra sin armas, será una guerra de conciencias contra una ideología absurda que pretende inmacularse y perpetuarse hasta formar un apellido común en toda la población, pobreza.

Creo que votar no se había hecho tan necesario como ahora, ni siquiera por aquellos días en que las dictaduras ya estaban instauradas en suelo patrio. Hoy es una necesidad extrema, significa que salir a votar dejará sin efecto vulgares pretensiones de cerrar el candado de las libertades ciudadanas y permitirá al país reflexionar sobre el gravísimo error de permitir que un militar dirija el poder del Estado.

Lo que hoy divide al país es un color que trajo falsas esperanzas, que promovió la intolerancia y aumentó los niveles de fanatismo, por cierto, un fanatismo nunca antes visto en este país. Ni siquiera por allá en los tiempos de Betancourt, cuando la lucha era contra un comunismo hecho realidad, los venezolanos estaban tan urgidos de un cambio en el orden democrático como sucede en la actualidad.

Estas elecciones son decisivas para la clase media y alta de este país. Estos dos estratos sociales han sido marginados por las políticas socialistas, representamos un sector del país azotado por las expropiaciones y la amenaza constante de niveles de inseguridad que nos han arrebatado familiares y amigos.

Para la clase media han sido dos periodos presidenciales estériles, de los cuales hemos recogido vulgares y amenazantes discursos, exclusión de las políticas públicas, discriminación política, trato despectivo, calificativos obscenos y comparaciones como ciudadanos de inferior categoría, lo cual nos ha hecho blanco de sectores radicales, y esto ha producido un odio colectivo que hoy arropa a toda la sociedad venezolana en general.

La clase alta fue desterrada de una forma anticonstitucional. A los ricos en Venezuela se les sataniza, se les compara como enemigos públicos, se les atribuye el atraso del país, algo tan absurdo que todo aquel de mediano conocimiento reconoce esta infamia desde lejos.

Este domingo tiene dos caras, una alegre y otra triste, es un día en el que tendremos que escoger si nuestros hijos vivirán en una dictadura consentida o en un país en donde se pueda tener la certeza que una bala no te matará y tu muerte quedará impune. Decidiremos si queremos vivir en la utopía de revivir a nuestros próceres o si le permitimos a nuestros hijos ser nuevos próceres.

Decisión electoral. Dictadura Vs FuturoNo tengo la menor duda de que no será fácil vencer el miedo y la indiferencia que muchos de nosotros tenemos. Cada persona tendrá su motivo personal para salir o no a votar, pero la magnitud de lo que está en juego bien vale la pena someterlo a consulta familiar. O nos vestimos de rojo y aceptamos que en lo sucesivo no podremos abrir la boca para reclamar nuestros derechos ciudadanos, o nos vestimos como venezolanos conscientes y le permitimos al país una nueva oportunidad. Creo que todos lo merecemos. ¡Hay un camino!

Ronnald Rojas