Expedicion punitiva de EE.UU contra Paraguay en 1859

Desde los años de la emancipación política en 1811, la existencia del Paraguay como país soberano fue
bastante incidentado. El Gobierno argentino no reconoció su independencia hasta 1852. Los otros países, vecinos o no,
ya lo habían hecho, pero el dueño de la llave del portón siguió hasta el mencionado año, regateando la apertura del portón
rioplatense. Así fue hasta el derrocamiento de Juan Manuel de Rosas que porfió en adherir al Paraguay como provincia argentina.


Expedicion punitiva de EE.UU contra Paraguay en 1859


Un impetuoso comisionado
paraguay

James Buchanan, presidente norteamericano que ordenó la misión militar contra el Paraguay.


El 8 de noviembre de 1845 llegó al Paraguay un joven norteamericano de apenas
23 años de edad. Venía como agente especial del gobierno de los Estados Unidos de América. Su nombre: Edward Augustus
Hopkins. Era el enviado del presidente Buchanan y entre sus instrucciones, precisamente, figuraba allanar la salida del Para-
guay hacia el mundo exterior, además de sondear las condiciones para un reconocimiento de la Independencia paraguaya por
los Estados Unidos de Norteamérica.


La situación geopolítica en la región rioplatense no era la más auspiciosa. En la Argentina,
el gobernador Manuel de Rosas y sus pretensiones hegemónicas sobre el Paraguay; en la región
cisplatina,el problema del Uruguay y sus implicancias con sus relaciones con el Imperio brasileño,
las pretensiones comerciales inglesas y las coloniales francesas. Todo un mosaico de situaciones con
las que tuvo que enfrentarse el joven diplomático, entre cuyos designios estaba el de mediar entre
los Gobiernos paraguayo y de la Argentina (también en conflicto: Buenos Aires
–con Rosas a la cabeza– y la Confederación argentina, liderada por Justo José de
Urquiza), para evitar un enfrentamiento armado.

Por otra parte, además de sus ocupaciones como diplomático, se involucró en actividades privadas,
como la obtención de una concesión por quince años para iniciar la navegación a vapor por los ríos paraguayos.

Como todo joven, impulsivo y con actitudes desmesuradas, Hopkins actuó inconsulta e intempestivamente, en muchos
casos, pero aun así, no hesitó ni ahorró esfuerzos para hacer propaganda a favor del país en el exterior, mientras duró su
misión en el Paraguay, y aun después.



Regreso al Paraguay

Paraná

El 11 de febrero de 1859, hace 150 años, el Gobierno paraguayo emitió un bando anunciando la finalización del conflicto
suscitado como consecuencia del ataque paraguayo al vapor Water Witch y de la cuestión Hopkins, además de la firma del
Tratado de Paz, Navegación y Comercio con los Estados Unidos de Norteamérica.



Fruto de estas tareas propagandísticas –y un intenso lobby– fue su nombramiento
como cónsul de su Gobierno ante el paraguayo y el envío de una misión científica
–a bordo del cañonero de la Marina norteamericana Water Witch– y de otra misión comercial,
en un vapor al que Hopkins bautizó El Paraguay, del que formó parte su hermano
Clement E. Hopkins, un periodista de Nueva York, que “por desgracia –al decir de Pablo Max Ynsfrán,
autor del libro La expedición norteamericana contra el Paraguay. 1858-1859– el destino
le asignó un papel desventurado en las complicaciones que arruinaron prematuramente la empresa”.

El 11 de octubre de 1853, Hopkins llegó a Asunción, donde fue recibido deferen-
temente por el Gobierno paraguayo y, según Ynsfrán, “López (Carlos Antonio)
dispensó muchos favores a Hopkins en el deseo de ayudarle en sus negocios. Le per-
mitió la libre introducción de las máquinas y accesorios de sus instalaciones indus-
triales. Le autorizó a comprar propiedades raíces y esclavos. Mandó desalojar un
espacioso cuartel en San Antonio para que los empleados de la compañía lo ocuparan
gratuitamente, mientras levantaban sus viviendas propias y construían los coberti-
zos destinados al aserradero. En Asunción, Hopkins estableció una cigarrería.

Los avatares sufridos en su viaje al Paraguay mellaron sus posibilidades económi-
cas, por lo que recibió fuertes sumas en préstamo del Gobierno paraguayo, para la
puesta en funcionamiento de sus emprendimientos comerciales e industriales
.


Incidentada estadía


imperialismo

Edward A. Hopkins, polémico comisionado nortemericano.



La caída del dictador de Buenos Aires,Rosas, y las noticias de una mayor pre-
sencia inglesa y francesa en el Río de la Plata llevó al Gobierno norteamericano
a emprender una ofensiva diplomática en la región, en un escenario totalmente
diferente al conocido hasta entonces, con la aparición de nuevos elementos y situa-
ciones.

En ese ambiente de tejes y manejes diplomáticos, los Hopkins llegaron de regreso
al Paraguay. A poco de permanecer en el país, empezaron algunas murmuraciones
acerca de su solvencia económica, agravadas por ciertas relaciones inapropiadas
que minaron la reputación de los hermanos norteamericanos. Eso se exacerbó
en el ambiente aldeano de la pequeña ciudad capital. A todo esto, se sumaba
la impertinencia de los Hopkins en sus actividades particulares, despertando el
recelo del Gobierno ante cualquier atisbo de pretensiones monopolistas que desafia-
ban su autoridad. Esta situación, inclusive, llevó a frustrar importantes inversiones
y emprendimientos favorables al Paraguay; tal el caso de una moderna escuela agrícola.

La llegada al Paraguay, pocos días antes de los Hopkins, del vapor norteamericano
Water Witch vino a agravar la situación. No existieron buenas relaciones entre los
Hopkins y el capitán Thomas Jefferson Page, lo que complicó severamente la situación.
Además de todo esto, surgió la trasgresión de Page a las condiciones del
presidente López de que la embarcación no subiera más allá de Bahía Negra, en
un viaje de exploración (en realidad subió hasta Coimbra, luego, con autorización
brasileña, hasta Albuqerque).
“Paradójicamente, dice Ynsfrán, los tres primeros actos de aproximación entre los
Estados Unidos y el Paraguay –el tratado del 4 de marzo (de 1853), el nombramiento
de Hopkins como cónsul y la expedición del Water Witch–, que buscaban promover y cimentar
en los hechos la amistad y la confianza recíproca de los dos países, sirvieron más
bien para crear desinteligencias y agravios y llevar ambos al borde de una conflagración.
Así como la iniciativa de aquellos actos nació de Hopkins, así también el imprudente chispazo
que creó el peligro de incendio partió de él, para propagarse en una ‘reacción en cadena’
que felizmente se detuvo antes de producir efectos irreparables”.


Las implicancias de un paseo a caballo

Un día de mediados de 1854, Edgard Hopkins y su más que pariente madame Gui-
llemot, esposa del diplomático francés en el Paraguay, emprendieron un paseo
a caballo hasta el establecimiento industrial de San Antonio, donde los esperaba Cle-
ment Hopkins. “Los tres jóvenes visitaron las diversas instalaciones de la compañía,
pasearon por la ribera del río, y a mediodía volvieron para almorzar…
“A las 4 de la tarde hicieron los preparativos para el regreso a Asunción, pero quien
escoltaría a madame Guillemot sería Clement, no Edward, quien resolvió pernoctar
en San Antonio. Ambos jóvenes montaron sus caballos y emprendieron el regreso.

A poco de andar dieron con un hato de bueyes conducido por un soldado de caba-
llería y algunos ayudantes, que venía en dirección opuesta. En condiciones ordina-
rias, este encuentro, inocente y fortuito, se habría sepultado en el anónimo de hechos
triviales que forman el cañamazo del trajín cotidiano; pero en ese recodo
de la historia tomó un giro imprevistamente melodramático, y acarreó una de las complicacio-
nes internacionales más novelescas del continente”.
Con temeraria impertinencia Clement

Hopkins apostrofó de mala manera al soldado paraguayo, de nombre Agustín
Silvero, para que le allanara el camino a un ciudadano americano y su compañera francesa,
atropellando la tropa de ganados y dispersándola, lo cual enfureció a aquel y reaccionó
asestando un sablazo a la espalda del extranjero. La pareja volvió a San Anto-
nio, contaron a Edward lo ocurrido. Aquí ardió Troya: un oscuro soldado de “un país semiprimitivo”
se atrevió a apalear a nada menos que al hermano del cónsul de los
Estados Unidos. Esta situación solo podría resolverse por medio de un desagravio público
para lavar semejante ultraje.

Esta ingrata situación, llevada a la exageración por el cónsul Hopkins, llevó al desen-
lace de un verdadero escándalo diplomático de proporciones inopinadas.
El lunes siguiente –el hecho ocurrió el sábado anterior–, Edward Hopkins se presentó
a la Casa de Gobierno con ropa de trabajo y empuñando un rebenque; a empellones,
entró hasta la misma oficina del presidente López y, en medio de improperios y amenazas,
exigió al Gobierno paraguayo una reparación desproporcionada de la ofensa recibida. López, con tranquilidad
pasmosa, le despachó sugiriéndole que presentara sus reclamaciones al ministro
de Relaciones Exteriores (José Falcón).

Pero así como lo recibió con calma, no le perdonó su osadía e impertinencia. Salie-
ron a relucir numerosos reclamos por las inconductas del cónsul, los préstamos a su compañía, etc.
El resultado final fue el retiro de patente de cónsul, anuló una
compra de tierras que había hecho Hopkins, ordenó el retiro de su aserradero de la
propiedad de San Antonio, la clausura de su fábrica de cigarros, además de una serie
de medidas punitivas. Como corolario, ordenó la expulsión del cónsul.
Hopkins apeló al capitán Page, del Water Witch, y, luego de una serie de inciden-
tes, consiguió salvoconductos para salir del país, que lo hizo el 30 de septiembre de 1854.



La cuestión Water Witch

Luego del enojoso incidente, cuando el Water Witch estaba en Corrientes, llegó el
senador norteamericano C. R. Buckalew, con el texto del tratado de paz, comercio y
navegación, firmado entre los Gobiernos paraguayo y norteamericano el 4 de marzo
de 1853, para su canje de ratificaciones.

Page señaló lo ocurrido y la imposibilidad de subir nuevamente hasta Asunción,
por lo que dichas ratificaciones no pudieron hacerse en aquella ocasión.
Los ánimos del Gobierno paraguayo quedaron muy sensibilizados luego de aquellos incidentes.
Fue así como sucedió el ataque de la guarnición paraguaya de Itapirú, del 1 febrero de 1855
al Water Witch, durante un viaje exploratorio por el Paraná, rumbo a la isla Apipé.
El comandante Page dio parte a las autoridades norteamericanas. Por su parte, Hop-
kins, con sus socios comerciales, reclamó a su Gobierno “una justa exigencia”,
al Paraguay, pues, decían, no tenían “más recursos que el brazo fuerte de nuestro Gobierno
(cuya protección se extiende) sobre los intereses, bienestar y felicidad de
sus ciudadanos, donde quiera se encuentren, para escudarlos de la tiranía y el
abuso”. Para ello solicitaron que el Gobierno estadounidense adoptara las medidas
“que se juzguen oportunas y apropiadas”, y reclamaron como indemnización el pago,
por el Paraguay, de cerca del millón de dólares.


Preparativos para una invasión

ee.uu

Comodoro William B. Subrick, comandante de la flota norteamericana contra el Paraguay.


En realidad, la cuestión que involucraba a Edward Hopkins no impresionó mucho al Gobierno
norteamericano. No tanto como el ataque paraguayo al vapor Water Witch,
en Itapirú. La primera fue un elemento considerable, pero no determinante. La
segunda cuestión sí. Preocupaba, además, a los norteamericanos, los estrechos lazos
comerciales entre el Paraguay e Inglaterra.

Por otra parte, una comisión parlamentaria recomendó demostrar la determinación de usar la fuerza,
si necesario fuere, para exigir al Gobierno paraguayo, medidas satisfactorias para los Estados Unidos.
En consecuencia, el Gobierno norteamericano resolvió enviar una expedición naval
para exigir lavar la “afrenta” a la que fue sometido. Para tal efecto, se equipó una
flota compuesta por veleros y vapores. En julio de 1858, se ordenó al capitán Page a formar
una escuadra, de la que fue nombrado jefe de Estado Mayor. Comandante
de esta poderosa flota, compuesta por la fragata Sabine, como buque insignia, y los
vapores a rueda Caledonia, Westernport Atlanta, Memphis, Metacomet, Fulton,
Water Witch, Harriet Lane, Argentine; los vapores a hélice M.W Chapin, Southern
Star y los navíos a vela, la fragata St. Lawrence, las corbetas Falmouth y Preble;
el bergantín-goleta Bainbridge, los bergantines Dolphin y Perry; la fragata-almacén
Supply y la barca hospital Release.

En total, 20 embarcaciones. Una dotación de 2.500 hombres y 200 cañones. Fue
la más poderosa fuerza naval que hasta entonces zarpó de las costas de los Estados
Unidos. Al mando de la misma, se nombró al comodoro William Banford Subrick.
Como comisionado civil, fue designado el juez James Buttler Bowlin.


Argentina

Itinerario de la expedición contra Paraguay de los 20 barcos solo los USS Water Witch y USS Fulton llegaron a Asunción los demás se vararon en Rosario por su calado ,lo que también pudo precipitar la negociación pacifica del conflicto.


Gestos amigos

brasil

Carlos Antonio López, el mandatario paraguayo que frenó la intención norteamericana de invadir el Paraguay.




En aquella ocasión, el diplomático brasileño José María da Silva Paranhos pre-
sentó a la legación americana en Río un detallado alegato a favor del Paraguay.
Para repeler cualquier ataque, el Gobierno paraguayo dotó a la guarnición de Humai-
tá con 12.600 hombres, más una reserva de más de 16.000 hombres. Este preparativo,
observado por el propio comisionado juez Bowlin, le obligó a abrigar reservas sobre los
resultados de un eventual ataque de la flota norteamericana. Por otra parte,
el ánimo de dicho funcionario estaba en contraposición con los motivos iniciales de
la expedición.

La flota zarpó de Buenos Aires el 2 de enero de 1859. El presidente de la Confe-
deración Argentina, Justo José de Urquiza llevó a cabo exhaustivas negociaciones
para atenuar los resultados de la expedición, inclusive consiguió de los americanos
el asentimiento de una mediación con Carlos Antonio López. Viajó hasta Asun-
ción, llegando a las 10:30 de la noche del 16 de enero de 1859.

Urquiza le informó a López de las condiciones norteamericanas (reparación del
agravio al Water Wictch, la libre navegación del río Pilcomayo y la indemnización
a la compañía de Hopkins y sus socios). El 18 de enero llegó el comisionado Bowlin.
Poco después, inició sus entrevistas con las autoridades nacionales,
sumándose a las gestiones del general Urquiza.




Final feliz

Arduas fueron las negociaciones entre López y Bowlin (Urquiza ya había vuelto a su país).
Los entretelones son tortuosos y largos como para detallarlos, por lo que remitimos al lector
a la obra de Pablo Max Ynsfrán. Pero esas tratativas no fueron en vano, pues el presidente
López y el comisionado Bowlin convinieron en firmar un tratado de amistad, comercio y navega-
ción, además de una convención especial sobre las reclamaciones de la compañía de
Hopkins, la que sería sometida a arbitraje, según lo anunció en los primeros días de
febrero de 1859.

De esa manera se frustró la invasión naval norteamericana al Paraguay. Probable-
mente, este haya sido el único intento en ese sentido, que se vio frustrado para el
poderío norteamericano. El Gobierno paraguayo le paró el carro al Tío Sam, hace 150 años.

Fuentes de Información - Expedicion punitiva de EE.UU contra Paraguay en 1859

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11 comentarios - Expedicion punitiva de EE.UU contra Paraguay en 1859

@talshiar Hace más de 1 año +2
realmente desconocia esto, buena info!
@Pokkle Hace más de 1 año +1
si, es muuy poco contado este suceso y gracias por los puntos
@mrlucas1x Hace más de 1 año +2
que interesante! se me terminaron mis puntos de hoy pero manhana te los doy
@Pokkle Hace más de 1 año +1
si, muy interesante y gracias
@Arturock88 Hace más de 1 año
Entraron por Buenos Aires?
@Pokkle Hace más de 1 año
salieron de sus bases en Brasil y otros de las costas de EE.UU pasaron por Montevideo y se apostaron Buenos Aires para luego ir a Asunción pero ,la mayoría se varó en Rosario solo dos barcos llegaron a destino
@alexcuervo1978 Hace más de 1 año +1
muy interesante
@Belisarivs Hace más de 1 año +3
El Paraguay movilizando tropas para enfrentarse a Estados Unidos, ¡qué tiempos aquellos!
@Pokkle Hace más de 1 año +2
si eran mejores aquellos tiempos y de seguro Paraguay iba a ganar si se concretaba la guerra
@kvichiz Hace más de 1 año +3
Muy buena info, la verdad si nuestros ex gobernantes de aquellas épocas se unieran en vez de pelearse entre si con guerras que solo causaron devastación y endeudamiento hoy nuestro continente estaria mucho mejor capaz mejor que la vieja Europa. Saludos a la gente linda de América del Sur.
@Pokkle Hace más de 1 año +4
Exacto por eso Brasil ,Inglaterra y EE.UU hacían todo lo posible para evitarlo ,porque sabían que si estábamos unidos seriamos tan y o mas fuertes que ellos
@CARLITOSGIM Hace más de 1 año
muy bueno chee !!! que zarpado ...muchas gracias !! por la info , ya la estoy guardando +10 y reco
@Pokkle Hace más de 1 año +1
si impresionante suceso contra el intervencionismo estadounidense, de nada y gracias por los puntos
@billychanty Hace más de 1 año +3
AÑA MEMBY !
@transfers Hace más de 1 año +3
Los yankees siempre quisieron conquistar el mundo. Desde sus principios.
@Pokkle Hace más de 1 año
siii son como los ingleses y de como que Argentina le dejó pasar si hacer nada a esa tremenda flota yankee
@thespecial Hace más de 1 año +1
y para ese momento la argentina importaba harina de los eeuu...
seguro algo tiene que ver con la creciente importancia de la producción paraguaya...
@jagua2405 Hace más de 10 meses
Buena info... +10..