Resistencia Peronista 1955-1958

INTRODUCCIÓN:



Perón supo forjar una relación amorosa, de la relación profesor-alumno, marido-mujer, de los hijos a los padres. Esta modalidad es definida como “acción sobre una acción” y se despliega por la voluntad de “conducir los comportamientos de los otros”.
Tuvo la capacidad de apreciar el tono de la sensibilidad de la clase trabajadora, aplicando una retórica que supo dar crédito y creencia a todas las desigualdades sociales y económicas de los trabajadores, dar un reconocimiento de lo que Pierre Bourdieu denominó “un sentido de los límites”. Además elaboró una ideología que supo actuar, percibir, valorar, sentir y pensar disposiciones que han sido interiorizadas por el obrero en el curso de su historia. Dar sentido común a las experiencias privadas, es decir lo que Bourdieu denomino “habitus”; “la historia echa cuerpo”.
Luego de su caída, jugó un papel preponderante en las “estructuras de sentimiento”, generando una tensión de soledad y desarraigo. Al punto tal, que su imagen era conservada y venerada al igual que la estampita de una virgen.
El caño. Elementos tan singulares e indiferentes para la historia. Pueden constituir recuerdos y mitos que guardan en las “experiencias privadas” de cada trabajador una gran implicancia. Su fabricación y utilización llevan en su interior una compleja red de relaciones, creación, estrategia y sacrificio. Un ejemplo de resistencia.
Detalles tales como el caño, simbolizaron una síntesis de la organización, planificación y ejecución de la resistencia peronista. En donde la informalidad, el no profesionalismo, solidaridad y espíritu de lucha, se guardaron un lugar dentro del folklore peronista.
En una entrevista realizada a Mitchel Foucault en 1984, un año antes de su muerte, se le plantea una cuestión acerca de la definición de la relación entre resistencia y creación:
“Es sólo en términos de negación que hemos conceptualizado la resistencia. No obstante, tal y como usted la comprende, la resistencia no es únicamente una negación: es proceso de creación. Crear y recrear, transformar la situación, participar activamente en el proceso, eso es resistir”
El itinerario de Foucault permite pensar que el “arte de gobernar” de Perón, se torno una utopía luego de 1955. La resistencia significó una forma de vida, que no debía permitir olvidar aquellos sueños de la justicia social. Se transformo en una “operación”, que conjugaba ingenio con táctica. Para no solo negar la proscripción del peronismo, sino también crear los espacios para la vuelta del líder.








“OPERACIÓN CAÑO”
LA FABRICACIÓN DE UNA RESISTENCIA PERONISTA, CLANDESTINA Y SOLITARIA
1955-58


“Los dirigentes nos han defraudado, los políticos nos han engañado, los intelectuales nos han olvidado”

La política del gobierno de Aramburu se baso se baso en el supuesto de que el peronismo constituía una aberración que debía ser borrada de la sociedad argentina, para ello intento proscribir legalmente una parte de dirigentes sindicales peronistas, para apartarlos de toda futura actividad política. Esto se llevo a cabo con la nueva intervención de la CGT y la designación de supervisores militares en todos sus sindicatos.
En el plano social se intensifico la política de represión e intimidación del sindicalismo y sus activistas, con ideas totalmente autoritarias. Económicamente hubo un esfuerzo arreglado entre el gobierno y los empleadores en torno del tema de la productividad y la racionalización del trabajo, que fue en si un intento de frenar los salarios y reestructurar el funcionamiento del “sistema de negociaciones colectivas”.
Un problema mucho más decisivo y complejo fue el entrometimiento del gobierno en la organización sindical de las fábricas. Punto clave en su política desperonizadora, por “la actitud de controlar y debilitar las comisiones internas que estaba íntimamente ligado al resguardo y protección de los trabajadores en el nivel del taller” .
Como resistencia contra esas políticas y contra lo que significaban concretamente en términos de peores condiciones de trabajo y debilitamiento de la organización gremial en la fabrica y en el nivel nacional, la clase trabajadora se lanzó en la larga lucha defensiva que tiempo después seria conocida en la cultura de la clase obrera peronista como La Resistencia. Por una parte represento una respuesta inmediata a la represión, hostigamiento y revanchismo de los sectores opositores (resistencia en efecto puro) y por otro lado significo tiempo de creación y acción, para poder generar el espacio físico para la vuelta Perón (sabotaje en efecto puro).
Para protegerse de ese revanchismo apoyado por el gobierno, los trabajadores emprendieron en las fábricas un proceso de reorganización, que buscaba mantener las conquistas logradas bajo Perón. Fue un proceso fundamentalmente espontáneo y localizado. A partir de 1956 la lucha era completamente inorgánica e individual, “atomizada”: “los activistas de un sindicato apenas sabían lo que sucedía afuera de su gremio y con frecuencia fuera del lugar de su trabajo” .
Abandono y soledad, dos sentimientos imborrables en las infinitas memorias de los trabajadores que participaron activamente en el proceso de resistencia. Esta fue una de las tantas pruebas de vida que el peronismo tuvo que afrontar a lo largo de su historia. Pero su particularidad se caracteriza por el surgimiento de las bases peronistas, como activistas políticos independientes, que recurrieron a canales de expresión que estaban al margen de la esfera sindical.
Significo un proceso de creación, por que no solo hubo una negación al gobierno militar de Aramburu y sus políticas, también involucro una heterogénea mezcla de actividades de distintos tipos, que iban desde la protesta individual en el plano público, el sabotaje individualmente efectuado y la actividad clandestina, sin olvidar las tentativas de sublevación militar.
Todas estas formas de expresión a las medidas del nuevo gobierno provisional adoptaron la forma de lo que podría denominarse un “terrorismo espontáneo” .
La primera “serie de acciones” que implementaron los grupos de resistencia fue la “pintada de consignas”. Esta actividad, ilegal por cierto, contemplaba la iniciativa de vivenciar el buen pasado con Perón a través de frases pronunciadas por él mismo, a las cuales se las consideraba sagradas y eruditas. Se buscaba que el trabajador tomara conciencia verdadera de su actual situación en desventaja, con relacion a los años de nacionalización y justicia social del peronismo. Significó el despertar de los aires protestantes y revolucionarios de los trabajadores del 45.
Además el uso de palabras y una ideología en general, simbolizaba que los trabajadores ya no eran mas una masa solitaria sin un líder que los guiara; ahora en sus conciencia yacía una doctrina a la cual debían respetar y defender. Pintar consignas fue más que un hecho de maldad, fue recordarle a Aramburu que los trabajadores de las fábricas habían sido aceptados como ciudadanos, con derechos e ideología, y no iban a rescindir a tales logros.
Dentro de las fábricas comenzaban a surgir las primeras células de una actividad en crecimiento: el sabotaje. Un claro ejemplo fue el que sucedió en Tacuari, provincia de Buenos Aires, en donde “un convoy de 27 vagones saltaron de los rieles la locomotora y los primeros siete vagones” . Situaciones como esta dieron el comienzo a una actividad completamente riesgosa, con el fino objetivo de desarticular la normalidad y homogeneidad de la actividad política-económica del gobierno y los empleadores, como lo demostró una fabrica de vidrio de Berazategui, “cuyo propietario denuncio los daños constantemente causados a la maquinaria y los bajos niveles de producción” .
Los talleres y lugares de trabajo simbolizaban la solidaridad concreta y el sentimiento de hermandad de los trabajadores, fue aquí donde comenzaron a germinarse las primeras ideas de organización y planificación de la resistencia peronista. Baga la redundancia, fue el taller y la fábrica, el objetivo fundamental a atacar y desarticular porque era allí donde se fundaba la represión y explotación.
Los actos de sabotaje llegaron a ser tan graves, que no tardaron en tomar estado público para que la Dirección Nacional de Seguridad hiciera una llamada de advertencia a la población, en la cual especificaba que “la ley califica como sabotaje y reprime hasta con prisión perpetua al que destruyere, desorganizare, deteriorare o inutilizare objetos materiales, instalaciones, servicios o industrias de cualquier naturaleza (…) hace saber a la población que las fuerzas policiales y de seguridad han recibido instrucciones precisas para hacer uso de las armas cada vez que sea necesario impedir la comisión de actos de sabotaje” .
Este aviso sobre las represalias que podían tomar las fuerzas armadas frente a los actos de rebeldía, dejo en claro dos punto; en primer lugar que los trabajadores reconocían el peligro de este tipo de actividades y ello no significó una excusa para renunciar a sus objetivos, y segundo, que terminó beneficiando a los grupos de resistencia, en el sentido que la ley les sirvió de amparo para alentar una mayor ola de atentados y actitudes subversivas; ya que consideraban la advertencia de la D.N.S como una medida autoritaria y completamente ofensiva para sus intereses.
Resulta sorprendente la simplicidad de la mayoría de los actos de sabotaje, ya que generalmente eran de iniciativa individual, manifestada poco menos que literalmente en actos tales como arrojar una llave inglesa en el mecanismo de una maquina en funcionamiento, o un cigarrillo encendido en taller de pintura de la planta, pero en efecto podían causar la parálisis total de un turno o en el mayor de los casos el cierre de la planta por varios días, tal es el ejemplo de un grupo de obreros metalúrgicos que lograron destruir maquinaria vital para todo el proceso de producción. También existían actitudes de sabotaje indirecto, como lo sucedido en una fábrica de zapatos de la Matanza, donde el propietario se quejo ante la policía que la calidad de sus productos había declinado espectacularmente . Hecho como estos representaban una afirmación de la capacidad del obrero para hacer frente, asi fuera en forma mínima, a una situación social, económica y política que rechazaba, y además afirmó su presencia como factor social.
Desde principios de 1956 se dio inicio a una organización muy anárquica y basada en grupos locales. Muchos de estos grupos estaban conformados por trabajadores de hasta la misma fabrica, los cuales comenzaron a reunirse periódicamente y planificar acciones; ejemplo claro fue el de un grupo de diez ferroviarios que en marzo de ese año fueron acusados de planear y ejecutar actos de sabotaje en el Ferrocarril Belgrano, en el Gran Buenos Aires . La incomunicación de los trabajadores con los sindicatos intervenidos, trajo como consecuencia la desorganización de los actos de sabotaje dentro de las fábricas y la heterogeneidad de los mismos, que en la mayoría de los casos eran totalmente desconocidos. Esto lo demostró Juan Vigo, importante figura del movimiento de resistencia, quien estimo que en abril de 1956 existían en el Gran Buenos Aires más de doscientos comandos, de los que formaban parte alrededor de 10.000 hombres, si bien el control que había sobre esos 10.000 hombres era muy relativo . Lo que Vigo trata de resaltar, era el surgimiento de incontables células clandestinas, conformadas por trabajadores del mismo barrio, cuya autoridad y ejercicio era completamente cerrado, a punto tal que su comunicación con los demas grupos fue totalmente débil y dispar. Estos grupos clandestinos basaron su labor en la pintura de consignas y la distribución de volantes; ya que esta era una actividad ilegal, si se mencionaba el nombre de Perón o cualquier consigna política opositora al régimen, llego a representar una forma “legitima” de protesta. Lo que dejaba bien en claro este tipo de actitudes, es que toda situación legal o normal para el gobierno, constituía un blanco para desarticular y enfrentar.
Un rasgo importante, era la conformación interna de muchas de esas células, las cuales llegaban a estar formadas por personas que no tenían ningún tipo de relacion con los gremios y sindicatos de los trabajadores, tal fue el caso de una célula descubierta en pergamino, provincia de Buenos Aires, la cual incluía a un medico, un subinspector de la policía, un contratista de construcción y un ex dirigente de la CGT local. En Junín actuó una célula formada por el ex intendente local, un aviador y la capataza del taller ferroviario de la ciudad . Estos ejemplos dejan bien claro, que la resistencia no era solo un sector de la sociedad que defendía sus logros sociales y económicos obtenidos bajo la dirigencia de Perón, sino también la oposición de diversos estratos sociales ante políticas gubernamentales dictadoras. Estas células clandestinas lograron demostrar “una suerte de muestra representativa de clases sociales” .

“No podíamos tener ni siquiera una foto de Perón en nuestras casas. Así que recurrimos a los caños”

A finales de 1956 los grupos de resistencia comenzaron a utilizar artefactos explosivos, con el objetivo de atacar edificios públicos y militares, con la simple premisa de perturbar la seguridad de los lugares adonde se gestaba la actividad política del gobierno. Fue un intento de demostrar los avances en la organización y los peligros que podían representar de ahora en adelante los comandos peronistas. Es cierto que esta forma de acción exigía una ejecución planificada y cierta experiencia en la fabricación de explosivos. Durante ese tiempo la utilización de dinamita era totalmente escasa, debido a que la regulación de su comercio provocaba que esta fuera sumamente difícil de obtener en Buenos Aires; por esos años las bombas consistían en rudimentarios artefactos hechos con sustancias químicas básicas alojadas en cascos improvisados, lo cual demostraba la imperfección e improvisación que significaba el desempeño de la resistencia . Dentro del folklore peronista, a estos explosivos caseros se los conocía bajo el lunfardo de “caños”, y llegaron a formar parte de la mitología peronista de esos años y simple ejemplo de la organización, planificación y ejecución de la resistencia; donde la ilegalidad y la informalidad eran situaciones comunes.
Lo más llamativo de la implementación de este tipo de artefactos fue su modo de producción que en general era obra de aficionados que compartían las mismas ideas, debido a la falta de especialista con conocimientos en el armado de bombas. Para lo cual debían implementar el método de prueba y error, con altas probabilidades de muerte entre los que intervenían. Situaciones extremas como estas reflejaban el heroísmo y el espíritu de sacrificio de morir luchando por Perón o morir aceptando la injusta realidad que los atareaba.
La obtención de materiales era la primera parte del proceso de fabricación, esta exigía una mínima organización para obtenerlos, en la mayoría de los casos estos eran robados de farmacias, droguerías o fábricas. Hechos como estos demostraban la transgresión e ilegalidad en la que se basaba la resistencia, como asi también lo fueron los actos de sabotaje.
El segundo paso consistía en la operación de armado, la cual exigía por lo menos la participación de seis personas para cumplirse eficazmente. Lo llamativo de esta etapa era la participación de gente común y el no profesionalismo de los mismos, reflejando una vez más la pluralidad de esta lucha y la carencia de una elite burocrática que centrara la organización .
La ejecución o la colocación de la bomba propiamente dicha era la causalidad y producto de diversos motivos, los cuales en líneas generales eran entendidos como una contraposición al nuevo régimen político por sus objetivos sociales de desperonizar la sociedad y económicamente de permitir la implementación de ideales liberales; un rechazo al statu quo. Además represento una forma de expresar su ira y sentimiento de extravió, alentados por un abrumador sentimiento de desesperación, lo cual demuestra la capacidad de los grupos de resistencia para mantener dentro de lo posible la organización de los comandos y sus actos de sabotaje . Sin embargo Juan Carlos Brid participante de los comandos de la resistencia describe que ese sentimiento de frustración y desesperación habían llevado las acciones a un punto tal que parecía a la de un cataclismo; ya que los militantes esperaban que el nuevo régimen se desplomara de una semana a la otra. Lo cual era muy improbable que sucediera y demostraba una vez mas la desconfianza y soledad en la que se guiaban estos grupos clandestinos .
La desmoralización llegó a punto tal, que comenzó a circular rumores sobre la inminente llegada de Perón en el famoso “avión negro”, para dirigir a su pueblo en la lucha contra la tiranía. La circularizacion de volantes con frases tales como “la hora se acerca” o “Perón vuelve”, fueron también producto de esa superstición emocional. Como consecuencia inmediata, produjo que “muchos grupos de resistencia centraran su actividad y sus aspiraciones en encontrar a figuras militares que simpatizaran con esa actitud” . Tal fue el caso que publico en marzo de 1956, la Razón, adonde un grupo de resistencia de Córdoba había sido desbaratado: “todos los que habían caído presos eran obreros que se dejaron sugestionar por consejos de otros y por rumores que señalaban a los generales Bengoa y Uranga en actitud subversiva”. También en junio de ese año había sido derrotado el levantamiento que encabezo el general Valle. Para lo cual quedó bien en claro que “solo sobrevivían los grupos mejor organizados, que habían aprendido bien las lecciones sobre táctica y seguridad” .
La “operación caño” solo fue un eslabón dentro de la resistencia peronista, pero conjugo en si misma una serie de acciones y sentimientos, que dejaban bien en claro la preocupación e interés de los trabajadores por su situación en desventaja y una clara sensación de aislamiento y de abandono por parte de otros sectores sociales, antes aliados a ellos. Logro ser un sinónimo de la dinámica de la resistencia.

“Divergencias en la resistencia”

En medio del “cataclismo” que sufrían los comandos de resistencia, los activistas peronistas de la clase trabajadora dedicaron su tiempo a la recuperación de las comisiones internas y de los sindicatos, marcando una visible diferencia de objetivos en cuanto las acciones a tomar en adelante. Pero fue el propio Perón quien hablo de una estrategia general que incluyera distintos niveles de actividad, conjunto al que dio nombre de resistencia civil. Elaboro sus ideas al respecto en “instrucciones generales para los dirigentes”. Perón partió de la idea que el movimiento debía seguir una guerra de guerrillas, donde la resistencia civil debía desempeñar un papel importante. Según su manual se debía evitar hacer frente al régimen militar allí donde era mas fuerte, es decir, en el nivel puramente militar. Mucho más eficaces, sostuvo Perón, serian millares de pequeñas acciones que desgastarían gradualmente al régimen. Esto se lograría si los trabajadores en un plano más general, se mantuvieran en constante estado de conmoción, mediante huelgas, trabajo a desgano y baja productividad. En nivel más individual debían emprender millares de acciones tanto pasivas como activas; estas incluían el sabotaje y la difusión de rumores, distribución de volantes y pintada de consignas .
La llegada de las palabras del propio Perón tuvo para el movimiento el positivo efecto de poner el sabotaje y la acción clandestina en una perspectiva menos cataclismática, fue una forma de aceptar a los “comandos” de resistencia como una actividad paralela a la sindical y de objetivo similar: el paulatino desgaste de la hegemonía militar. Más allá de eso fue un empujón a la confianza y la nostalgia de los trabajadores, que hasta ese momento se sentían totalmente abandonados.
Sin embargo, hubo una creciente diferenciación entre comandos empeñados en el sabotaje y otras actividades clandestinas y el movimiento resistencia en los sindicatos. Estos eran fundamentalmente instituciones sociales arraigadas en la existencia misma de una sociedad industrial, y como tales tenían que cumplir un papel funcional intrínseco en esa sociedad. Su existencia como medios de actividad y organización de la clase trabajadora les confería cierto grado de inmunidad a los cambios de la situación política. Los comandos, en cambio eran organizaciones eminentemente políticas, cuya existencia y perspectiva dependían mucho de un conjunto específico de circunstancias, entre ellas: Necesitaban una posibilidad de acción concreta con éxito práctico .
Esta diferencia también se acentuó aun más con la aparición de John William Cooke, el principal delegado de Perón, a quien lo inquietaba lo que juzgaba como una “disonancia entre el proyecto estratégico fundamental peronista y los ajustes tácticos que los cambios de la coyuntura política imponían al movimiento” . Esta disonancia reflejaba en parte la distancia entre los propios deseos y la realidad. Cooke representaba un ala izquierdista dentro del peronismo, la cual sugería que la intransigencia lisa y llanamente ya no era una posición viable, esta debía recibir “una traducción táctica que les permitiera responder al deseo de actuar concreta y positivamente” . El mayor temor de Cooke era el avance de ciertos grupos neoperonistas a los cuales los denomino “blandos”, ya que proponían un peronismo sin Perón, este sector era liderado por Vandor; un sindicalita que cada vez ganaba mas terreno dentro de la burocracia sindical.
Para Cooke la solución de los comandos era una retirada hacia el purismo, lo que implicaba una negativa absoluta e intransigente contra el sistema institucional y todo aquel sector que se opusiera a las decisiones del líder .
La resistencia peronista llego a significar un movimiento de izquierda, fue el surgimiento de un concepto en cierto modo revolucionario, donde las “bases” simbolizaron la lucha a diario en el lugar de trabajo para defender todo lo que habían ganado bajo las presidencias de Perón. La actitud misma de proteger lo suyo, pregonó para que elementos como el caño reafirmaran esos valores de orgullo, solidaridad y confianza en actos tales como la conformación de comandos clandestinos y la actividad de sabotaje.
Esos años simbolizaron la hermandad de un grupo de peronista que siempre habían accionado bajo el dominio de un sector de su propio movimiento, los sindicalistas; que empezaban a ser vistos con resentimiento y negación. Lo cual produjo una visible división del social del peronismo, que constituyo la base de una prolongada oposición obrera a Frondizi y los burócratas sindicalistas. Como asi también al surgimiento de una nueva generación de peronistas, que bajo las banderas de “resistencia popular nacional” o “guerrilla popular” la historia les dio un lugar con el nombre de montoneros.








BIBLIOGRAFÍA:

DANIEL JAMES,resistencia e integracion de la clase trabajadora Argentina, ED. SIGLO XXI.

9 comentarios - Resistencia Peronista 1955-1958

@doblebah
Q grosso el \"Willy\" Cook, realmente el ideologo de las banderas peronistas, es una lastima q la historia esquive a estos intelectuales q estan realmente cerca del pueblo y no desde un diario o programa de tv.
@acracia
Excelente aporte ilcapo!! yo tengo el libro y es buenísimo. Lo dejo en fav para darte puntos ni bien pueda. Saludos
@grenday22
se va a acabar la burocracia sindical!!!
y moyano que es entonces??
@glass_onion
huuu loco m salavaste las papas mañ tengo parcial de este tema y justo taba leyendo parte e este texto pero no lo podia comprender bien... que weno que groso viejo te daria muchos varios puntos pero de pedo que soy novato je gracias
@glass_onion
gracias viejo me salvaste las papas no t iaginas cuanto?? d casualidad no estudiras historia en la nac. de cordoba? gracia viejo de verdad t daria puntos pero de pedo q soy novato je gracias viejo
@cf2cl2
En lo alto la mirada
luchemos por la patria redimida
el arma sobre el brazo
la voz de la esperanza amanecida

Que el sol sobre tu frente
alumbre tu coraje camarada
ya el brazo de tu madre
te señaló la ruta iluminada
y si la muerte quiebra
tu vida al filo de una madrugada
perdurará tu nombre
entre los héroes de la patria amada

cuando el paso firme
de la Argentina altiva del mañana
traiga el eco sereno
de la paz con tu sangre conquistada
Cantaras con nostrtos caramarada
de guardia allla en la gloria peregrina
por esa tierra que Dios tuviera
mil veces una muerte argentina