Fracking en Neuquén: falacias y desinformación como método argumentativo


La opinión de Martin Monteverde, doctor en Ciencias Biológicas de la UBA, trabaja en la Dirección de Ecosistémas Terrestres del Centro de Ecología Aplicada del Neuquén y es actualmente presidente de la Asociación Civíl Conservación Patagónica.

Desde el año 1987 (en el Informe de Brundtland de la ONU) se define al Desarrollo Sustentable como el aquel capaz de satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las del futuro. En esto subyace un desarrollo económico y social compatible con el medio ambiente. Por lo tanto y teniendo en cuenta esta definición, el desarrollo sustentable se justifica basándose en dos premisas principales. La primera, es que muchos de los recursos naturales (en particular los no renovables como los hidrocarburos) no son ilimitados y son susceptibles de agotarse y la segunda, es que una actividad económica creciente con el solo objetivo del beneficio económico per se, produce invariablemente graves impactos medioambientales que pueden llegar a ser, en muchos casos, irreversibles.

Entonces, en el marco de las políticas de uso (y abuso) de recursos naturales como estamos experimentando a nivel nacional y provincial, se hace ineludiblemente necesario dedicar tiempo a reflexionar sobre esto que posee consecuencias a corto, mediano y largo plazo. ¿Cómo no reflexionar con lo que se pretende hacer (y se hace) con recursos que son de todos? Pero creo que para reflexionar sobre este tema, es necesario revisar algunas bases conceptuales sobre lo que entendemos por desarrollo sostenible, porque necesitamos partir de un marco sólido y claro que nos permita tener todas las herramientas de análisis.

Teniendo en cuenta el párrafo anterior, es esperable que un sistema económico cuyos objetivos sean solo el de maximizar la producción, el consumo excesivo, la explotación ilimitada e irracional de recursos naturales y el beneficio como único indicador de una buena economía, sea irreparablemente insostenible. Una provincia o un país, con recursos naturales finitos, no puede suministrar indefinidamente los recursos que éste tipo de sistema económico exige. Es decir, el aparente crecimiento económico supone costos ambientales futuros inevitables, por lo tanto, se deben generar formas de compensar, mitigar o minimizar el efecto negativo que se está produciendo, tanto a nivel ambiental como social.

En este sentido, algunos afirman que si una actividad es solo económica y socialmente beneficiosa, dicha actividad será equitativa pero claramente no se puede sostener en el tiempo ya que la sustentabilidad ambiental está excluida. Este desarrollo no-sustentable haciendo oídos sordos y ojos ciegos a los impactos ecosistémicos y en la biodiversidad, también genera costos económicos y sociales enormes.

Mucho dinero debe luego invertirse en remediar los pavorosos pasivos ambientales y sociales de nuestras actividades grandilocuentes que alzan las banderas del desarrollo. Tal vez el fin no siempre justifique los medios. ¿Es posible levantar las copas del éxito económico en un ambiente devastado? Nuestro accionar irracional, apresurado y escasamente pensado, no es gratis. En un futuro, tiene altsímos costos en pesos “argentinos” y en pesos “ecológicos”.

Dicho esto y si suscribimos a esta postura sobre lo que debería ser el desarrollo sustentable, surge que es imposible (e ilógico) separar lo ambiental de lo económico y de lo social, porque hacerlo nos conduciría, sin escalas, a la insustentabilidad. Probablemente en esto coincidamos todos, pero del dicho al hecho, ¿cuanto trecho hay?

Todo el debate generado a partir del acuerdo YPF-Chevron-fracking para explotar Vaca Muerta esta íntimamente ligado con la idea de desarrollo sustentable. Neuquén posee una ubicación fito-zoogeográfica privilegiada, siendo la intersección entre las regiones de Cuyo y el resto de Patagonia. Esto la hace poseedora de una biodiversidad muy rica en términos ecológicos.

Sin embargo pareciera que poca idea o noción tenemos de lo que dependen nuestras vidas de esta biodiversidad. En la superficie de la formación Vaca Muerta se encuentra representada casi el 80% de la diversidad biológica faunistica, floristica y paisajistica de la provincia del Neuquén.

Todo lo que suceda en esta formación, impacta indefectiblemente, por ejemplo, en las mas de 30 especies de vertebrados en peligro de extinción de Neuquén, en los mas de 20 endemismos vegetales y paisajisticos, etc. Desde el punto de vista de la conservación y funciones ecológicas, probablemente el futuro de muchas de estas especies y sistemas biológicos no sea el mejor, por lo tanto este debate es claramente prioritario.

Vinculados con Loma La Lata norte y Loma Campana están el pichi ciego (Chlamyphorus truncatus), gato andino (Leopardus jacobita), águila coronada (Harpyhaliaetus coronatus), guanacos (Lama guanicoe) y choiques (Rhea pennata), por nombrar algunos neuquinos en peligro de extinción. Es oportuno recordar que la extinción de especies por desidia o desmanejo antrópico, no involucra solamente la desaparición física de individuos a escala local o regional. Implica también, y esto es lo gravemente irreversible, la extinción de funciones e interacciones ecológicas que se seleccionaron a través de millones de años. Los efectos directos e indirectos, así como los efectivos y potenciales de la fractura hidráulica sobre la fauna silvestre son reales, medibles y cuantificables. Existe evidencia de esto aunque no es el eje central de esta nota de opinión. Prefiero ahora centrarme en cómo las falacias y la desinformación nos impiden pensar de manera racional y lógica.

Neuquén se relaciona de una manera peligrosamente ambigua con sus recursos naturales. En esta provincia, pareciera que los únicos recursos que valen o cuentan son los no renovables, dándole a los recursos renovables (como la fauna silvestre) un papel menos que secundario. Puede Neuquén estar tranquilo con el manejo y control de los impactos sobre el medio ambiente cuando todavía no ha reglamentado totalmente la ley de Fauna Silvestre y sus Hábitats (ley Nº 2539/06), la ley de Áreas Naturales Protegidas (ley Nº 2594/08) y la ley de Bosque Nativo (ley Nº 2780/11)? Ni siquiera la Ley de Medio Ambiente (ley Nº 1875/99) esta totalmente reglamentada.

Claramente, Neuquén no está a la altura de las circunstancias en cuanto a su legislación, a pesar de que la mayoría de los funcionarios dan esto por sentado. En un estado (municipal, provincial o nacional) en donde se subestime la importancia, los servicios ambientales y las funciones de la biodiversidad, los costos siempre van a superar a los beneficios ante esta sed de “desarrollo” a cualquier precio y en donde todo vale. Sin embargo, también creo que sería poco eficaz e inviable anteponer solamente la salvación de esas 30 especies en peligro de extinción per se para tratar de detener toda esta maquinaria del fracking que es impulsada denodadamente desde estamentos nacionales y provinciales, vendiendo a Vaca Muerta como “la joya salvadora de la abuela” ante un país deficitario energéticamente, que importa hidrocarburos y prometiendo el autoabastecimiento como el santo grial.

Insisto, esto no es tan simple como un dilema entre “fracking si” y “fracking no” de manera binaria. El debate es mucho mas profundo y complejo. Concretamente, el fracking se hace y se va a seguir haciendo y pareciera que, nos guste o no, esto es un hecho. Por lo que es pertinente pensar en un escenario realista. En un hipotético rango de posibilidades entre las posturas “no al fracking” y “si al fracking”, es necesario posicionarnos (racionalmente) en algún punto intermedio.

Ahora bien, ¿cuál es ese punto? Bueno, ese punto surge de analizar y compatibilizar las ventajas y desventajas de las implicancias económicas, sociales y ambientales de nuestro posicionamiento. Pero de las tres, no de dos o de una como creo se hace en estos momentos (claramente en Neuquén el debate pivotea solo sobre lo económico). Por lo tanto, esto se trata de debatir de que manera se va a llevar a cabo esta actividad en Neuquén (como cualquier otra actividad). Es decir, asumiendo que en lo económico las perspectivas son excelentes (como los funcionarios y representantes de empresas petroleras nos quieren convencer, aunque personalmente tengo mis dudas sobre esto), ¿que tanto daño ambiental estamos dispuestos a aceptar? ¿Que tanto daño social estamos dispuestos a aceptar? Una vez claro este punto intermedio, ¿cómo lo vamos a fiscalizar y controlar? ¿Cómo vamos a hacer que los daños no excedan los que estuvimos dispuestos a aceptar? ¿Tenemos las herramientas para hacer esto?

Pareciera que Neuquén no las tiene o no las quiere usar (recordemos los vacíos legislativos). ¿Qué ideas y proyectos concretos tenemos para mejorar esto? Pareciera que en Neuquén ninguno serio. Estas preguntas, creo, también son parte constituyente del desarrollo que queremos para Neuquén, sin embargo, se omiten deliberadamente en este debate. Concretamente, ¿qué monitoreos se están haciendo en la zona a impactar previo a la perforación? ¿Se monitorea la fauna, la flora, los cuerpos de agua, el aire, etc.? Evidentemente no! Si esto no se hace YA, no se podrá estimar causa/efecto por la actividad del fracking (¿o es que no se quiere que esto se estime?).

El fluido de retorno del fracking que emerge a la superficie junto al gas, puede oscilar entre el 15 y el 80% del líquido inyectado primeramente. Supongamos por un momento que ese porcentaje fuera del un 50% (como para ser conservativos), ¿qué va a hacer Neuquén con 270 mil millones de litros de liquido residual de fracking (suponiendo que los 1500 pozos proyectados utilicen 540 mil millones de litros de agua para ser fracturados en promedio 18 veces)? Esta es una de las preguntas a contestar y a tener bien clara. ¿Esto está contemplado? Si es así, ¿quién lo está contemplando? ¿Qué propuestas y acciones concretas hay? ¿Cómo está conformado el equipo técnico de Neuquén responsable de contemplar esto? Todo esto se llama linea de base ambiental y plan de protección ambiental, las cuales son fundamentales en los Estudios de Impacto Ambiental y Neuquén no las tiene o no las da a conocer. Sepamos también que para ser ambientalmente sustentables, no basta con solo presentar dichos estudios (como suele pasar en Neuquén). Luego hay que analizarlas crítica y profesionalmente para determinar, por ejemplo, la viabilidad del plan de protección ambiental en términos económicos, técnicos, eficacia/eficiencia, facilidad de implementación y mantenimiento y control.

Todas las acciones para compensar, mitigar o minimizar el efecto negativo de nuestro accionar no deben constituirse en una coartada para la aceptación de cualquier proyecto, bajo la premisa de que los impactos van a obviarse con la medida correctora, ya que siempre es preferible evitar el impacto de corregirlo luego, porque a veces puede ser muy tarde.

Asimismo, el avance en paralelo con otras actividades productivas a la misma escala (uso y aprovechamiento fauna silvestre y la actividad forestal, turismo, ganadería, energías renovables, etc.) es polarizadamente no equitativo en cuanto a interés, recursos destinados y decisión política. Si pretendemos acercarnos a un desarrollo sustentable, es clave que estas actividades también sean consideradas como políticas de estado al igual que los hidrocarburos. Porque sería muy oportuno tratar de no caer en la comodidad simplista de pensar que detrás de los hidrocarburos no hay nada más.

Pero en toda esta coyuntura, el soldado más valiente, osado y temerario que tiene el fracking es la desinformación o la información conscientemente parcial. Visiblemente en este debate, no están echadas todas las cartas sobre la mesa. Por consiguiente, de premisas falsas, no se puede obtener conclusiones verdaderas, aunque se usen razonamientos aparentemente lógicos.

Y si estas reglas del juego no están claras (por omisión o por intención), el juego pasa a ser no equitativo y por lo menos poco ético. Creo que el debate fue planteado desde un principio desestimando dos cartas (la ambiental y parte de la social) y sobredimensionando la otra (la económica, claro). Pero además de la falta de información, lamentablemente se está incurriendo en argumentos discursivos poco claros y muchas veces falaces.

Pareciera que a veces la lógica no es suficiente y es ahí cuando muchos (en este caso funcionarios) tratan de alcanzar su objetivo a través de la insistencia, la compasión o la amenaza. Y si el objetivo es defender y justificar a ultranza el fracking, la lógica queda de lado y se recurre al patético recurso de las falacias. Una falacia es un razonamiento no válido que conspira contra la construcción de un razonamiento deductivo porque posee fallas técnicas de lógica (conscientes o inconscientes) que convierten a estas falacias en argumentos que no agregan nada al contenido lógico de la cuestión, invalidando el razonamiento.

Como sociedad (y como co-propietarios del recurso) creo debemos ser muy analíticos de la información (muchas veces retaceada) vertida por nuestros funcionarios que gobiernan y deliberan por nosotros. Cuando funcionarios de rango nacional y provincial son interpelados respecto de la sustentabilidad ambiental de la metodología del fracking, sus impactos y las ideas/propuestas que tienen para fiscalizar esta actividad, no puedo dejar de sentir cierta incomodidad y me atrevería a decir hasta cierta vergüenza ajena cuando escucho respuestas como “y bueno, todos usamos y nos quejamos cuando no tenemos nafta para nuestros autos o gas para calentarnos. Si no, tendríamos que volver a la época de las cavernas”, “entonces no orinemos ni defequemos mas”, “bueno, toda actividad humana contamina” (o cosas similares) para luego seguir con descalificaciones a las personas que están preocupadas e interesadas por la conservación del medio ambiente tildándolas de “ambientalistas” (como si esto fuese un pecado divino), “esos no saben nada de fracking”, “opinólogos de Buenos Aires no van a venir a decirme que hacer y que no con los recursos de Neuquén”). Estos argumentos son tan infantiles y reduccionistas que cuesta creer que sigan siendo utilizados. Pero lo peor es que buena parte de la sociedad se conforma con ellos.

Estos argumentos se engloban en lo que llamamos falacias de atinencia. Los primeros son FALACIAS DEL FALSO DILEMA, en donde se plantean dos únicas posibilidades explicativas de lo que se debate (fracking o la nada misma), obligándonos a elegir entre ellas. Sabemos que existen más opciones que esta que pueden ser realizadas en simultáneo respetando lo que dijimos al principio respecto del desarrollo. Los segundos argumentos son falacias de tipo ARGUMENTUM AD HOMINEM (“contra el hombre”) en donde se ataca a la persona (en este caso a los ambientalistas o no saben nada, etc.) en lugar de refutar sus afirmaciones o cuestionamientos. Respecto de esto, el gobernador de Neuquén afirmó que las personas que cuestionan al fracking es porque “no saben nada de fracking” o cosas como “confundir la actividad extractiva del Shale y pretender decir que genera terremotos es por lo menos una aventura” o “este legislador peca de inexacto e irresponsable, pero no nos sorprende a los neuquinos, pues desde que existe el MPN vemos llegar a opinólogos de Buenos Aires que nos vienen a decir qué está bien y qué está mal”. El ataque es permanente, al igual que la intención de no debatir sobre este tema en particular.

Se escuchan funcionarios defendiendo enérgicamente la actividad hidrocarburífera en Neuquén porque, según ellos, “esto es parte de la historia de Neuquén y no hay que renegar de ella”. Esta discusión no creo que pase por renegar o no de la historia. Ese argumento es otra falacia de atinencia llamada ARGUMENTUM AD ANTIQUITATEM, que consiste en declarar que algo es correcto o bueno sólo porque es tradicional o porque siempre ha sido así. Se imaginará el lector que con esta línea de pensamiento se puede justificar lo que Uds. quieran. No es racional justificar algo por la simple razón de que siempre se hizo. ¿Se puede ser tan austero argumentalmente? También se escuchan cosas como “Chevron pone el capital inicial, YPF pone el trabajo y también va a operar el área, va a aprender a sacar recursos de la mano de una empresa que tiene experiencia en extracción de hidrocarburos no convencionales”. ¿Puede Chevron enseñarnos a extraer hidrocarburos no convencionales con el antecedente del desastre en la amazonia ecuatoriana? ¿Podemos ser tan ciegos a esto? Además de ser una afirmación no racional, es otra falacia del tipo ARGUMENTUM AD NOVITATEM, en donde se argumenta que algo es correcto o bueno sólo porque es moderno, novedoso o actualizado.

Otro argumento sobre-utilizado son los supuestos millones de dólares y el crecimiento económico que ofrece esta actividad a Neuquén. Si esto fue, es y será así…cómo se explica el estado de nuestra salud pública, el estado de nuestra educación pública, etc. Ni siquiera EE.UU ha obtenido el edén del autoabastecimiento. ¿Entonces, consideramos que Neuquén está siendo realmente “salvada” por las supuestas ganancias de esta actividad tan contaminante? ¿La panacea hidrocarburífera que nos pretenden vender se correlaciona satisfactoriamente con nuestro nivel de vida? Esto es una falacia de tipo ARGUMENTUM AD IGNORANTIAM que consiste en dar por cierto lo que no se demostró o no se puede demostrar que es falso (la salvación económica en este caso). Esto no es menor porque es el principal argumento vertido a favor del fracking.

Por otro lado, es falso que el fracking es nuestra salvación económica ya que buena parte del dinero a obtener a través de esa actividad será invertido en salud, educación, seguridad, como han dicho varios diputados provinciales. Esta actividad extractiva genera impactos que son muy costosos de abordar y que ningún funcionario neuquino (creo) se ha tomado el tiempo de analizar o meditar. Veamos solo algunos ejemplos (pero sepan que hay varios más): En Dimock (Pennsylvania, EE.UU.) ya se han gastado más de 110.000 dólares en sistemas para eliminar el metano de los pozos de agua de 14 familias locales, mientras que en Colorado (EE.UU.), la limpieza de una filtración de gas subterránea se sigue haciendo desde hace ocho años a un costo de cientos de miles de dólares. El abastecimiento de agua suplementaria también es caro (en bidones por ejemplo, pensemos en Añelo). En Dimock ya se han gastado al menos 193.000 dólares en esta provisión de agua para los hogares con agua contaminada.

El fracking y sus actividades asociadas también producen contaminación que contribuye a la formación de smog de ozono y partículas de hollín. En la región de Fayetteville (Arkansas, EE.UU.), la contaminación del aire a partir del fracking ha generado costos en salud pública de más de 10 millones de dólares en el 2008. La actividad de fracking en Wyoming ha fragmentado hábitat clave para el ciervo mulo (Odocoileus hemionus) y el antílope americano (Antilocapra americana), que generan ganancias de 340 millones de dólares por la actividad de caza en ese estado.

La población de ciervos mulo en un área con actividad de fracking, se redujo en 56 % entre 2001 y 2010. Recordemos que en Neuquén la actividad de caza también genera mucho dinero y está asociada fuertemente con el turismo. Imaginemos, pues, las pérdidas que esto genera y que alguien deberá hacerse cargo. Por otro loado, el tráfico de camiones necesarios para suministrar agua a un solo pozo de fracking hace tanto daño a las rutas y caminos locales como casi 3,5 millones de desplazamientos en auto. El estado de Texas (EE.UU.) ha aprobado 40 millones de dólares en fondos para la reparación de carreteras en la región de Barnett Shale, mientras que Pennsylvania estimó en 2010 que 265 millones de dólares serían necesarios para reparar las rutas dañadas en la región del Marcellus Shale. El fracking puede afectar el valor de las propiedades cercanas. Un estudio de 2010 en Texas concluyó que las casas valoradas en más de 250.000 dólares y a menos de 300 metros de un pozo de fracking, vieron disminuir sus valores entre un 3 y un 14%. En fin, la situación merece por lo menos un análisis a conciencia. ¿Puede hacerse económicamente cargo Neuquén de estos “efectos colaterales no deseados” del fracking? Me animaría a creer que no.

Desde las autoridades del gobierno neuquino se pretende sistemáticamente idealizar al fracking como no contaminante (“si se realiza adecuadamente”, dicen) y amigable con el medio ambiente basándose justamente en la escases de información científica que existe al respecto. Pero, ¿existe algún ejemplo donde se haya realizado esta actividad “adecuadamente”?. Por ejemplo, durante el seminario sobre Hidrocarburos No Convencionales y Medio Ambiente en el Espacio Duam, los expositores que apoyan la explotación de hidrocarburos no convencionales aseguraron que la mayor profundidad de los yacimientos en Vaca Muerta a comparación con el caso de Estados Unidos garantizaría supuestamente que no se contaminen napas y acuíferos. Esta afirmación es peligrosamente especulativa y sin sustento científico, por lo que se convierte en una opinión más que no se basa en hechos concretos. Estos argumentos falaces generan confusión y una falsa sensación de información y eso es grave. No es sano tener solo fe en esto, necesitamos evidencia concreta. Todos estos argumentos sin apoye en evidencia verificable, se convierten en solo opiniones o deseos.

Otro argumento muy utilizado respecto del fracking (y también de la megaminería) es asociar esta actividad solo al crecimiento económico desestimando impunemente sus otros efectos colaterales en materia ambiental y social, induciendo en nosotros una conclusión distorsionada (FALACIA DEL PEZ ROJO). Otro argumento esgrimido por el gobernador de la provincia del Neuquén es que “los neuquinos tenemos los hidrocarburos en el ADN”. Esta falacia (ARGUMENTUM PATHETICUM) apela a la emoción (“pathos”) y no la razón (“logos”) y utiliza un medio de persuasión no argumentativo que pretende sostener un punto de vista provocando conflictos emocionales en sociedad. Estos ejemplos de falacias (que son solo algunos), empleadas por quienes pretenden vendernos el fracking como la panacea, evidencian que el tema está siendo tratado con información incorrecta, parcial o modificada impidiendo a la sociedad toda poseer una idea acabada de lo que el fracking implica y significa en todas sus dimensiones.

Por otro lado me pregunto, ¿cuándo llegará el momento en que escucharemos a algún funcionario público exponer datos concretos y verificables respecto de políticas de cuidado ambiental, así como lo hacen (tan generosamente) con datos concretos y verificables de políticas de extracción hidrocarburífera? La mayoría de los funcionarios que evidentemente “tienen los hidrocarburos en el ADN”, tienen las mismas y sistemáticas respuestas ante la pregunta sobre medio ambiente: “si…todo esto lo vamos a hacer cuidando el medio ambiente”, “vamos a tomar todos los recaudos necesarios”, “a nosotros nos importa la naturaleza” o “si se hace correctamente, se pueden evitar los impactos”, etc. Pero siempre recurren al “vamos a”, “deberíamos hacer”, “si hiciera así”, “hay que” y “tenemos que”, pero nada concreto, todos deseos, todo potencial. Lo único concreto acá es el avance de la extracción hidrocarburífera de manera descontrolada sin ningún recaudo de nada y de manera insustentable. Neuquén ha demostrado que no tiene la capacidad de hacer ningún contralor serio respecto de esto. Como sociedad, ¿hasta cuándo vamos a seguir tolerando estas pseudo-explicaciones sin sustento?

Resumiendo, el debate fracking, YPF y Chevron esta siendo mutilado de información e injertado con falacias e inexactitudes. No es sano ser ni reduccionista ni holista en el análisis. Debemos necesariamente suscribir a una postura sistemista (ya que todo lo existente es un sistema o parte de algún sistema) y analizarlo desde sus tres aristas simultanea e integralmente. Neuquén, tristemente, a elegido una postura mas cercana al reduccionismo. Por lo cual es altamente probable que no se llegue a buen puerto o por lo menos a un puerto sustentado en evidencia. La idea o modelo de desarrollo del que estamos siendo testigos en Neuquén (y Argentina) no es sustentable ni sostenible porque se cercena la sutentabilidad ambiental y parte de la social.

La palabra y concepto de “medio ambiente” esta tan bastardeada y mal utilizada que la sustentabilidad ambiental no es tenida en cuenta, de hecho, es obviada obstinadamente y hasta a veces pareciera que molestara su simple mención. ¿Por qué los funcionarios reusan hablar de ello sistematicamente o esquivan las preguntas o las responden solo a través de deseos de cómo deberían ser las cosas pero que fácticamente no lo son? ¿Cómo es posible que no se traten estos temas en las comisiones de medio ambiente respectivas? Sabemos como comenzó esto pero es muy incierto su final. Sepamos también que estamos tratando con una actividad productiva que, así como se está llevando a cabo en Neuquén, es insustentable ambientalemente y por lo tanto, no aporta al desarrollo genuino que se pregona. No se puede hacer fracking sin cometer delitos ambientales, por lo tanto y así como esta la situación en Neuquén, es incompatible con un futuro sustentable.

Existen muchos países (o estados y municipios dentro de ellos) que han prohibido el fracking o han adherido a una veda o moratoria de esta actividad por diferentes motivos y justificaciones. Ejemplo de esto son Francia, Bulgaria, Alemania, República Sudafricana, República Checa, República de Irlanda, Suiza, Austria, Italia, Rumania, España, Holanda, Canadá, EE.UU., etc. (aunque esta lista varía rápidamente). ¿No sería inteligente y sensato estudiar seriamente por qué lo hicieron y no solo cuantos hay a favor y en contra?