Cuento: Camilita, cuando los niños sufren la separacion


Niña sufre la separación de sus padres.
Las lagartijas tomaban el sol hacia la parte calurosa del día.
El viento, cansado ya de barrer los caminos, se contentaba con mecer los altos pastizales y malezas de los sitios eriazos y levantar remolinos de polvo sobre todo cuando parecía visitar a Camilita.
La casa donde viva Camilita no era ciertamente un sitio eriazo pero debido a que su padre no pasaba muco tiempo ahí se hacia difícil el que se despejara el lugar de tanto pasto. Para ella eso no era un obstáculo pues prefería echar a volar su imaginación.
Además harían falta muchos amigos para llenar aquel lugar tan vasto de estar despejado.
Y ella en realidad no tenía muchos. Más bien ninguno. Ya que sus compañeras del colegio le rehuían un poco quien sabe por que cosa, pero intuía que era por lo de su manera de jugar.
A ella le encantaba oír el rumorear del viento por las tardes, en las altas y coloridas flores silvestres para tratar de imaginar que clase de animalitos invisibles eran los que movían las hojas y ramitas.
Sin embrago un sitio en particular de su casa era el lugar favorito de Camilita. Era una parte del terreno donde, alguna vez, recordaba haber visto un enorme vehículo azul cuyo intenso color azul la cautivaba.
Eso había sido mucho tiempo atrás, por lo que solo lo recordaba como un sueño
En ese lugar del generoso patio casi no crecía el pasto-bosque, como ella le llamaba, y así podía jugar a sus anchas como era su deleite.
-Como esta usted doña Chinita…
Hablaba la niña como si de una conversación insectil se tratara. Y sus bichos correteaban caóticamente rebelándose a sus órdenes.

familia

-Gusto de verla pues doña Caracola, ¿como esta su hija la caracolita?
-Lo mas bien pues doña Chinita…¡oiga no se vuele usted!, ¡que mal educada esta señora!.
Y, luego de un rato, encontraba nuevos personajes para su aventura insectil.
-Oiga don Grillo, ¿es cierto que se casa su hija; la Grillina?...
-Verdad es pues don Caracol, ¿Quién se lo dijo?
-Y, ¡quien más que doña Babosa pues don Grillo!
De todos los nombres de sus bichitos el más significativo era sin duda el de la señora Babosa, ya que su mama siempre le había dicho así a la verdulera de la esquina, por que siempre andaba con sus pelambres.
-Esa babosa de la Guillermina-le había dicho su mama-siempre pela a sus vecinos… ¡capaz que me pele a mi también!
Sin embargo su madre se preguntaba por que su hija tenía tan chocante diversión, a saber: la de jugar con bichos.
-Ay si no son los bichos son las flores hediondas del patio. Le había dicho alguna vez.
Camilita confesaba que alguna vez también pensó que aquello era repulsivo pero le traían a la mente esa vez que salio de excursión con su papa, bueno solo duro un día, mejor dicho una tarde pero el le mostró muchas cosas sobre la naturaleza. No había animales ahí pero si bajo las piedras o en las ramas había mucha mas vida que la que ella pensaba.
Bueno los bichos de aquí no eran tan coloridos pero igual la entretenían.
divorcio


Ese era todo su mundo, todo lo demás, las personas de la escuela, el fastidio de bañarse temprano en la mañana o las peleas de los grandes, no importaban. Aquí, ella era la grande, y podía manejar su mundo insectil a su manera, incapaz de gobernar el otro, el real. Pero lo hacia con amor y paciencia, como las princesas misericordiosas de los cuentos que le leía Nina, su mama, cuando era mas chica.
-¡Camilita ven a almorzar!...
-¡Ya mamaaaa!...
La niña puso los bichos cuidadosamente en una caja, pero por más que les dio instrucciones, se disgregaron al instante, demostrando pésimos modales. A lo mejor su mama no les había enseñado.
Luego de darles una corta mirada llena de ternura, se levanto de un salto y corrió a lavarse las manos y la cara.
Al entrar al comedor vio que su mama la esperaba.
En actitud poco común, al parecer meditativa, tenía la cara entre las manos y los codos sobre la mesa.
-Mamá ¿estas rezando?
-No… estee... Almuerza Camilita
Rato después
-Mamaaaa…
-¿Qué Camilita?... Dime…
-¿No va a venir a almorzar de nuevo mi papa?
Esta pregunta turbo a la señora Nina, que después de mirar rápido a todos lados, no encontró repuesta y solo atino a sonreír torpemente y agregar:
-Almuerza niña que vas a llegar tarde a la escuela…
-Pero si estoy de vacaciones
-Ah de veras ¡pero almuerza igual!
-Bueno… ñam ñam.

jardin
Empero le seguía extrañando que su papa no hubiera llegado todavía. Recordaba la niña que en otras ocasiones ya había estado ausente su padre. En estas ocasiones luego de varios días de ausencia, sus padres casi ni se hablaban Y solo después de alguna de sus gracias los veía reír y así se ganaba la normalidad en el hogar nuevamente.
Y así fue como se deslizo la tarde al hogar de Camilita. El viento con su prisa de siempre, gustaba jugar a pillarse a si mismo por entre las ramas.
El pasto-bosque, parecía saludar a Camilita moviendo los esbeltos cuerpos vegetales y las cabezotas de pétalos amarillos y blancos desde la distancia que había entre el patio y su casa. Ella observaba el espectáculo luego de dormir su siesta diaria.
Aquel pasto eran también las flores-fuchi como le decía la mamá.
-Camilita no te metas al pasto por que te va a dejar hedionda la ropa y manchada de verde.
Camilita entendía a su mama que le costaba un triunfo prender la lavadora automática y después esperar a que centrifugara.
Es que el pasto-bosque ejercía sobre ella una atracción irresistible. Entrar en aquella mini selva era fascinante, ya que podía imaginar animales salvajes que la esperaban en la espesura. Sobre todo, aquella vez que entro Rambo, el perro del vecino, y que resulto en agradable y juguetona compañía.
Que lastima que los gatos u otros animales no se entusiasmaran con la idea de jugar con ella en su “bosque”.
Los gatos son animales flojos, como aquel hombre: Ignacio, a quien su madre señalaba constantemente como un holgazán, que se excusaba de forma conveniente de trabajar con el pretexto de su pierna hinchada.
Los loros, por su parte, no se interesan en el juego, como aquel lorito verde, Periquin, que su papa había traído a la casa hacia mucho tiempo. Y luego ella saco para que poblara su selva en miniatura, aunque, por todo interés, el loro se echo a volar sin mas ni mas,
-¡Camilita, baja a tomar once!...
-Ya mamaaaa…
Luego de las onces y cuando se disponía la niña a salir a jugar.
-Camilita no te ensucies.
Lo primero que hizo fue buscar sus mascotas insectiles, Pero solo logro encontrar al caracol, quien se esmeraba en terminar su carrera inconclusa, y al insigne macaco quien se había escondido bajo una piedra.
Ni siquiera debía ocurrírsele tener arañas, ya que su mama se lo había prohibido.
--Si ves una le tiras una piedra o me llamas ¿ya?
--¿Y si esta parada en la piedra?
--¡Hay Cami no seas tan detallista!

padre ausente


El ruido del pastizal se confundía por las noches con el gorjear de los sapitos del estanque cercano… a Camilita le parecía que en el pasto-bosque se podían ocultar por animales impensados. Tal vez grillos gigantes. Ella pensaba que si.
A lo mejor estos salían por la noche a engullir a las niñas si ellas estaban desprevenidas pero a ella no ya que era amiga de sus hijitos los grillitos que veía por el día.
Por eso se iba temprano a acostar incluso sin que su mama se lo dijera. Pero de día, de día todo era distinto. El sol era su amigo y amigo también de los bichos.
Todavía recordaba cuando con su papa saludaban al sol por las mañanas diciendo: “buenos días carita de gallo”, y n día que no lo hizo llovió por el campeonato ¿cuantos días? bueno ella ya no se acuerda.
Y el viento la volvía a encontrar acariciando su cabello trenzado en el que el dorado de los pastizales se hubiera entretenido. Y sus vestidos coloridos encuclillada sobre el suelo del jardín.
-- Doña hormiga se ha enfermado...
-- ¿Cómo se llama doña hormiga?
-- Josefina pues, como la señora del kiosco.
-- Y que le paso
-- Le dio tos y tuvieron que llevársela al hospital igual que la señora del kiosco, señor grillo.
-- Juan grillo por favor.
--¡Oh! Usted se llama igual que el panificador de la esquina.
-- Así es pues señora Caracola.
-- Mi nombre es Luisa Caracola.
-- Y usted se llama igual que la amiga de mi mama… digo de la mama de Camilita
-- Oiga don Juan grillo mi nombre es Princesa Camilita.
-- Oh bien así será entonces Princesa Camilita.
Desde algunos días estaba tomando la costumbre de ponerle nombres a los animalillos.
Y estos nombres se asemejaban mucho a personas de la realidad.
Y el Papa cuando viene Mamaaa …
-- Camilita quiero que sea la ultima vez que me preguntas por tu padre… niña el tuvo que…-- le costaba tener que inventarle excusas a su hijita sobre todo cuando la niña la miraba así con ojos escrutadores. Su angelito como le decía de mas pequeña.--… tuvo que ir a trabajar.
-- ¡¡Bien así iremos a la playa!!
-- Eh… si anda a lavarte las manos para tomar onces.
Ya menguaba el día tras lo cual subió corriendo las escaleras se asomo a la ventana y grito a sus bichitos:
-- ¡¡Adiós y buenas noches!!

camilita

Despertóla un rayito áureo que entraba por la ventana y el trinar fresco de la mañana la trajo a la realidad.
Media hora más tarde:
-- Hija por favor por de ahora en adelante esta arpillera debajo para no te vallas a ensuciar –avanzaba hacia el lavadero—desde ahora vamos a ahorrar en detergente y nada de dejar la tele encendida e irte e jugar—ella misma se sorprendió de esta frase ya que la recepción de los canales era muy mala por esos lugares por lo que se encendía muy poco—además hay que cuidar el agua… no se como me las voy a arreglar de ahora en adelante.
-- Pero mama y la señora Eduviges ¿ya no va a venir a ayudarte?
-- Ya no vendrá deberá buscarse otro lugar donde flojear y que le paguen.
Y entrando a cocina se fue murmurando la señora.
En cuanto a Camilita, se encogió de hombros y salio a jugar.
--Miren señores bichos desde ahora su paga se vera reducida drásticamente – repetía la frase que tantas veces había escuchado a su padre cuando este reprendía a sus subordinados.
--Por que Princesa Camilita si hemos actuado como usted ordenaba—en eso estaba la niña cuando un ruido como de motor la saco de su embeleso. Era

el auto de su padre, luego u ruido de voces. Por un momento quiso correr donde el y abrazarlo pero algo le decía que debía quedarse allí.
Luego un sonido de voces, una puerta que se abre, discusiones subidas y bajadas de escalera más discusiones y un portazo.
— ¿Habrá llegado mi papa? — Se preguntaba la niña.
Y encontró a su mama en el berguere donde se sentaba tantas veces su padre a leer el diario el cual su mama nunca tocaba ni dejaba tocar.
Pero lo que mas llamo su atención fue no ver la gran maleta de viajes henchida de ropas que había visto el día anterior.
-- Que te pasa mama por que lloras
La señora desarmada ya por la candidez de su hija decidió decirle la verdad.
-- Tu papa se fue Camilita…
-- ¿Hasta cuando mama?...
Sorprendida por la inocencia de su hija --después de todo aun tenía seis años—fijo la mirada llorosa en el rostro de la niña como encontrando una joya perdida y la abrazo vencida ya por la emoción.
-- Se fue para siempre Camila.
Era la primera vez que la llamaba Camila, esa palabra parecía extraña para ella y se perdía en su mente infantil. Acepto el abrazo de su madre con aire de perplejidad aun no resuelta. Pero su pequeño corazón femenino vislumbraba la desgracia: su padre no volvería.

cuando los ninos sufren la separ

El viento arremolinaba el polvo recorriendo distancias y en un momento pareció dar vuelta sobre si mismo para observar la tristeza de Camilita e incluso alargo sus etéreos brazos para acariciar su pelo pero este ya no parecía tan dorado como antes y su vestido de flores no tenia la viveza de antaño, por que sin tener ya razón para entretenerse en el patio de Camilita se marcho a buscar lugares mas interesantes.
-- Y don Andrés Grillo dejo a su señora Nina y a su hijita Camila y se fue muy lejos sin importarle nada—y arrojo al indefenso insecto por los aires.
Luego se quedo un momento la niña inmóvil arrellanada sobre el trozo de arpillera.
Mientras abajo al lado de ella el señor escarabajo trataba de escabullirse al sentir lo que --creyó el-- seria la primera gota de una lluvia torrencial.

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en los ninos