Advertencia:
TODO lo expuesto en este tema está fundamentado y citadas las fuentes en las que se basan los testimonios.
De ninguna forma puede ser considerado negativa una memoria completa por cuanto hasta la propia justicia se ha expedido en cuanto a los delitos cometidos por la guerrilla en Argentina.
Lo que se está discutiendo en la actualidad, no es si son delitos o no, sino, si dichos delitos cometidos por la guerrilla son o no son de lesa humanidad y si son o no son parte de un terrorísmo de estado.
Se ha suprimido la opción de comentar a fin de evitar la confrontación...
NO SE QUIERE FORO-BARDO.
De todas formas, negar los delitos y crímenes de la guerrilla o CENSURAR su difusión es lisa y llanamente SER COMPLICE de los delincuentes que oportunamente y según sus propios testimonios citados en este texto, ATACARON A LA POBLACION CIVIL Y A LA DEMOCRACIA ANTES Y DESPUES de los gobiernos militares.
Censurar esta parte de la verdad es tan criminal como censurar la publicación del holocausto o los delitos cometidos por los militares durante el proceso de reorganización nacional.
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Por Agustín Laje Arrigoni
Ideal para que los jovenes que no vivieron esos años lo lean y no caigan en la trampa del revisionismo tergiversado. Escrito por uno de 19 años.
Difundir!
Comprender lo sucedido en nuestro país durante la guerra contra la subversión, no es tarea fácil, y muchas veces genera problemas hasta para quienes vivieron el conflicto. Contar la historia a partir del 24 de marzo de 1976 es, en el mejor de los casos, pecar de ignorantes, y en el peor de los casos, pecar de mentirosos.
Todos los argentinos deben saber lo que ocurrió, pero a través de un revisionismo completo y documentado, que explique las causas, los contextos y sus consecuencias, pues a partir de la verdad, encontraremos el camino de unión que necesitamos para forjar un futuro como hermanos.
Tomar por valedera la maniquea tesis de militares malos contra jóvenes que sólo pensaban distinto, es no comprender la verdadera historia, es quedarse con un revisionismo ideologizado, y, por sobre todas las cosas, seguir expandiendo el odio irracional que nos hace traer la década del 70 a nuestro presente.
Este escrito pretende sintetizar y dar un marco general de lo ocurrido, especialmente para los jóvenes que no vivieron la época, que hoy día sólo tienen acceso a la campana del revisionismo maniqueo, incompleto y mentiroso. Pero también vendrá bien a aquellos mayores que presenciaron el conflicto que aquí describimos, pero que por diversas razones, no lograron entender y/o conocer lo que verdaderamente sucedió en nuestro país.
Es pertinente aclarar que vivir, no significa conocer, ni mucho menos, entender.
LA GUERRA COMIENZA
La Argentina fue teatro de una guerra revolucionaria que venía de la mano de lo que se denominó “Guerra Fria”, el conflicto que protagonizaron los EE.UU. y la URSS.
Diversos grupos guerrilleros, apoyados económica y militarmente desde el bloque comunista, comenzaron a operar en nuestro continente desde principios de los `50. En nuestro país comienzan a gestarse a partir de 1956, iniciando sus ataques en 1960 contra gobiernos de jure radicales, cuando es asesinada la primer víctima del terrorismo marxista, una niña de tres años llamada María Guillermina Cabrera Rojo, calcinada por una bomba colocada en su casa.
¿CUALES ERAN LOS VERDADEROS OBJETIVOS DEL TERRORISMO?
Hay quienes arguyen que el combate propiciado por la guerrilla nace en función de devolver la democracia al pueblo, lo que resulta abiertamente falso, por que justamente su accionar comienza en gobiernos constitucionales del radicalismo. Otros sostienen que el objeto era la vuelta de Perón (quien se exilió luego de la “Revolución Libertadora”), lo que también resulta falso, pues luego de la vuelta del General, los grupos terroristas incrementaron su accionar militar contra el mismo peronismo, como veremos más adelante.
Los objetivos reales del terrorismo guerrillero eran tomar el poder de nuestro país, para imponer por la fuerza sus ideas marxistas-leninistas, como luego fuera expresado en sus propios “partes de guerra”.
De esta manera la nación empieza a sacudirse ante el accionar irracional de estos grupos armados, y militarmente entrenados en el extranjero. La situación incrementa considerablemente a partir de 1970, con el nacimiento público de “Montoneros”, una agrupación terrorista conformada principalmente por jóvenes “en su mayoría de clase media y aun con apellidos tradicionales” (1), que se atribuyó el asesinato del ex presidente Aramburu en el mismo año. A partir de aquí, el auge del terrorismo marxista evoluciona de manera descontrolada, explicitando como objetivo de su accionar, falsamente, el retorno del peronismo.
Llegado este momento, deberíamos preguntarnos nuevamente: ¿El objetivo de la guerrilla realmente era la democracia y/o el peronismo? Según los profetas de la mentira, esta respuesta sería afirmativa, pero según los documentos mismos de estas bandas armadas, el objetivo no sólo no era la democracia, sino que todo lo contrario:
? “Considerar las elecciones como camino estratégico para la toma del poder es inoperante y, por lo tanto, incorrecto.”(2) Carta de Montoneros a Juan D. Perón.
? El colaborador de Montoneros, Pablo Giussani, confesaría más tarde que “se habían fijado como meta el socialismo, convencidos además de que no había otro camino para alcanzarlo que el de la lucha armada” (3).
? Precisamente cuando retornaba la democracia, el 25 de mayo de 1973, los Montoneros cantaban “Con Cámpora y con Lima, la lucha no termina“, “Cinco por uno, no va a quedar ninguno” y “Ya van a ver cuando venguemos a los muertos de Trelew” (4).
? Estas pronunciaciones anti democráticas no nos deberían sorprender, considerando que el exponente máximo de las bandas terroristas, Ernesto “Che” Guevara, afirmaba que “ante todo hay que expresar que esta modalidad de la lucha es un método; un método para llegar a un fin. Ese fin indispensable, ineludible para todo revolucionario, es la conquista del poder político.“(5) Por otro lado, desde Cuba (modelo de país del terrorismo subversivo), decían en 1967: “El primer objetivo de la revolución popular en el continente es la toma del poder mediante la destrucción del aparato, (…) dicho objetivo es sólo alcanzable a través de la lucha armada“. (6)
RETORNA LA DEMOCRACIA: EL TERRORISMO SE INCREMENTA
Entre el período 1966-1973 efectivamente un gobierno de facto dirigía el destino de nuestra nación. A medida que pasaban los años, los mandatarios se iban debilitando, por lo que en 1972 debieron realizar una apertura a los partidos políticos anunciando elecciones democráticas, en las cuales el peronismo podría presentarse, pero sin la figura de Perón.
Efectivamente los peronistas resultan victoriosos de la contienda electoral con el 49% de los votos, consagrándose presidente Héctor Cámpora, un curioso personaje muy cercano a las filas terroristas montoneras. Tanto es así, que en su primer día de mandato, dicta una irresponsable ley de amnistía para los más de 2000 terroristas procesados por la Cámara Federal en lo Penal (institución destinada a combatir con la ley al terrorismo), deroga las leyes anti-subversivas y elimina la mismísima Cámara Federal. La justicia se ve tan desmoronada a partir de estas irracionales medidas, que “prácticamente dejó de existir en la generalidad de los casos y especialmente en el juzgamiento de la subversión, no habiéndose registrado una sola condena por actos terroristas a partir de 1973. Téngase en cuenta que durante 1974 la Justicia Federal y Nacional de Buenos Aires, en la capital de la Argentina, trabajó normalmente sólo 54 días“. (7)
Lo cierto es que Cámpora permanece en el poder tan sólo 49 días. Las elecciones vuelven a realizarse, pero ahora con el General Perón como candidato por el peronismo.
Perón gana las elecciones cómodamente, con más del 62% de los votos, pero vislumbra que la problemática del terrorismo se agiganta cada día más, a pesar de regir la democracia como sistema, y Perón como presidente.
Reflexionemos juntos un instante.
¿Qué pasaba? ¿No decían que sus ataques eran producto de la falta de democracia, y la proscripción de Perón? ¡Ahora estaba Perón! ¡Y como presidente! ¿Por qué atacaban con más fuerza? Muy fácil, por lo que mencionamos anteriormente; el objetivo de la guerrilla no era la democracia ni el peronismo. Era la toma del poder a través de un golpe, para la construcción del marxismo. ¡Y pensar que hoy nos quieren hacer creer que luchaban precisamente por la democracia! El titular del diario La Prensa el 21 de marzo de 1976, sintetizando la virulencia del ataque terrorista contra la democracia, decía: “Hubo 1358 muertos desde 1973 por acciones terroristas“.
TUCUMÁN: CUNA DE LA GUERRILLA
Mientras Montoneros dedicaba sus esfuerzos al combate en las ciudades, el ERP (la otra gran facción terrorista que operó en nuestro país), se asentaba principalmente en la provincia de Tucumán, siguiendo las instrucciones de Guevara, en cuanto a la teoría foquista refiere. El objetivo principal del ERP era hacer de esta provincia una “zona liberada”, es decir, separarla del Estado argentino y pedir reconocimiento internacional como Estado separado.
Los tucumanos día a día sufrían el terror que significaba ser robados, amordazados y asesinados por este grupo terrorista.
TARDIA REACCION CONTRA EL TERRORISMO
Las relaciones entre Perón y las bandas terroristas cada vez empeoraban más, hasta la expulsión de Montoneros de Plaza de Mayo el día del trabajador. El mismo General, que en otrora los había alentado, utilizándolos como grupo de choque que le permitiera volver al país, ahora los llamaba “estúpidos, imberbes”.
Las organizaciones ERP y Montoneros son calificadas como “terroristas” y situadas en la clandestinidad por los decretos 1545 y 2452, respectivamente. Al poco tiempo de la expulsión de los “montos” de la plaza, el presidente Perón muere, tomando la presidencia su esposa, María Estela Martínez de Perón, más conocida como “Isabelita”.
El país poco a poco se iba consumiendo en las llamas: el terrorismo operaba sin la más mínima traba legal, puesto que las leyes habían sido derogadas, la justicia vaciada y la Cámara Federal abolida; el gobierno se mostraba inoperante frente a los problemas que lo agobiaban; la economía se hundía cada vez más, viendo cómo sus ministros se sucedían día a día.
La noción de guerra se sentía con mucha más fuerza que el año anterior, sobre todo en la provincia de Tucumán, donde el ERP no operaba ahora sólo, sino que había conformado la “Junta Coordinadora Revolucionaria”, junto a grupos terroristas chilenos (MIR), uruguayos (Tupamaros) y bolivianos (ELN). Recién en febrero de 1975 el gobierno se anima a ponerle un “palo entre las ruedas”, a través del decreto secreto Nº 261 del Poder Ejecutivo que establecía: “…El comando del ejército procederá a ejecutar las operaciones militares que sean necesarias a efectos de neutralizas y/o aniquilar el accionar de los elementos subversivos que actúan en la provincia de Tucumán“. Esta reacción se denominó comúnmente “Operativo Independencia”.
Al poco tiempo, en el mes de octubre del mismo año, la misma orden fue ampliada a todos los rincones de la república a partir del decreto 2772, lo que deja en claro que el combate contra el terrorismo fue ordenado por un gobierno democrático, elegido por el pueblo.
LA SOCIEDAD TODA CONDENÓ AL TERRORISMO
En verdad, el pueblo, la prensa y hasta los políticos repudiaban públicamente a las bandas terroristas. No olvidemos que el 52% de los asesinados por la subversión fueron civiles, y que el accionar terrorista era tan punzante que “entre el 25 de mayo de 1973 y el 23 de marzo de 1976 se produjeron más de 6500 atentados superando los 2000 por año, 180 por mes, 6 por día, 1 atentado cada 4 horas“.(8)
Las condenas de la sociedad al terrorismo marxista eran tan desbordantes, que hasta muchas veces los mismos funcionarios dejaban en claro que no les importaba si la represión era con la ley, o sin ella. Lo que importaba era la aniquilación de terror subversivo (conforme al decreto 2772).
? Senador Caro (1974): “Después de esto, tal vez nos tocará empuñar el fusil en vez de los códigos y las leyes“. (9)
? Senador Díaz Bialet (1974): “Prefiero la injusticia al desorden…el desorden o la subversión no es fundamento de lo justo.“(10)
? Senador Jáuregui (1975): “Los argentinos están hartos y saturados de la violencia“. (11)
? Hasta la prensa de izquierda se demostraba en contra de la guerrilla, y a favor de las reacciones contra esta, tal el caso del Buenos Aires Herald, que el 12 de febrero publicó: “Este nuevo giro contra la guerrilla…tiene apariencia inicial de una guerra abierta, algo que si dura llega como un alivio…“.
DESAPARECIDOS EN DEMOCRACIA
A partir de la orden del gobierno peronista, comienza el rimbombante fenómeno de las “desapariciones” de personas, produciéndose en democracia 734 casos (conforme al informe de la CONADEP), contrario a la popular mentira de que las desapariciones se suceden a partir del 24 de marzo de 1976.
LA CAÍDA DEL GOBIERNO DE ISABEL
La demora de la reacción fue contraproducente, el terrorismo había adquirido magnitudes insospechadas en otrora, y se veía como una potencia difícil de combatir: los terroristas no tenían uniformes, no respetaban convenciones de guerra, limaban sus huellas digitales (como lo confesó el ex montonero Miguel Bonasso) para evitar su reconocimiento, tenían nombres de guerra, llevaban consigo documentos falsos y hasta colocaban infiltrados en las mismas Fuerzas Armadas. Las complicaciones del combate se veían más acentuadas todavía, teniendo en cuenta que no se contaba con un sistema judicial creado para estos casos, pues el que teníamos, había sido destruido por Cámpora, cumpliendo con presiones montoneras, por supuesto.
Por otro lado, la crisis económica dejaba sin respiro a los argentinos, que estalló con el famoso “Rodrigazo”.
En efecto, el país lejos de haber salido del infierno, parecía meterse cada vez más en él. El gobierno de “Isabelita” parecía no tener respuestas para ninguna problemática, y empezó a generarse la sensación de que otro “golpe” llegaría muy pronto.
? Senador Frúgoli (1975): “Realmente, frente a tanta violencia, tanta sangre, confieso que me estoy quedando sin palabras“. (12)
? Diputado Ferreira (1975): “El país no puede transcurrir un minuto más en este desgobierno, en el descrédito interno y externo“. (13)
? Senador Angeloz (1975): “Debo confesar que en el día de hoy he golpeado todas las puertas: la del señor ministro del Interior, la de la Policía Federal, la de algunos hombres del Ejército. Y el silencio es toda la respuesta que he encontrado…desde esta banca aparezco impotente para proteger la vida de los habitantes… Los senadores de la Nación tenemos las manos atadas y no encontramos solución para asegurarles la vida“. (14)
? La expresión más clara y sintética de lo que la clase política sentía, la dio el Diputado Molinari: “¿Qué podemos hacer? Yo no tengo ninguna clase de respuestas“. (15) El gobierno se había rendido.
24 DE MARZO DE 1976: ¿UN GOBIERNO MILITAR ANTICOMUNISTA?
El 24 de marzo de 1976, las FF.AA se hicieron cargo del poder, instalando no un gobierno militar como se lo llama erróneamente en nuestros días, sino un gobierno cívico-militar. “El 25 de marzo de 1979, el diario ‘La Nación’ detallaba que en el marco municipal la UCR comandaba 310 intendencias, seguidas por el PJ (el partido presuntamente “derrocado”), que capitaneaba 192. En el ránking de marras, siguen los demoprogresistas con 109 intendencias, el MID con 94, Fuerza Federalista Popular con 78, los demócratas cristianos con 16, el Partido Intransigente con, y el socialismo gobernaba Mar del Plata.“(16)
El nuevo gobierno recibió el automático reconocimiento del resto del mundo, y hasta fue elogiado por la izquierda argentina no terrorista, como el Partido Comunista, que en 1978 (luego de dos años de proceso), se pronunciaba de la siguiente manera: “Algunos dirigentes del país y en particular el propio presidente Videla se refirieron reiteradamente a la necesidad de alcanzar una convergencia cívico-militar. Los comunistas desde hace tiempo que reiteran de manera consecuente esta propuesta.“(17) Hasta los mismísimos exponentes de la izquierda no armada expresaban su apoyo al Proceso, tal la solicitada firmada días después del “golpe” por Ghioldi, Iscaro y Nadra, que decía: “El mensaje de Videla abre la perspectiva de una nueva etapa del proceso político en curso, la etapa de iniciación del fecundo cambio de opiniones entre militares y civiles sobre el futuro inmediato del país y sus posibilidades a largo plazo.“(18)
El apoyo a los nuevos mandatarios era tan amplio, que como vimos, hasta la misma izquierda los elogiaba. Analizando esto, podemos entrar en razón de que el problema no era ideológico (es decir, no era contra el socialismo), sino que era bélico, era contra el terrorismo.
METODOLOGIA INCORRECTA EN EL COMBATE
Desde estas líneas no pretendemos justificar ni defender la metodología empleada para combatir al terrorismo. Creemos que la guerra podría haberse combatido con más cuidado, evitando los excesos efectivamente cometidos en la represión. Sin embargo, entendemos que el contexto llevó a las FF.AA a utilizar esta aberrante metodología. No debemos soslayar que la justicia había quedado inoperante luego del camporismo, y que la reacción contra el terrorismo fue recién en 1975, luego de 15 años de terror. Del mismo modo, es necesario decir que los métodos no fueron creados por el gobierno que asumió el 24 de marzo de 1976 (como actualmente se miente), sino que fueron puestos en marcha en 1975, por el gobierno peronista, tal como explicamos anteriormente.
Entre 1975-1983, 8961 personas fueron desaparecidas en la guerra contra el terrorismo (conforme al informe de la CONADEP).
VUELTA DE LA DEMOCRACIA: INICIA EL REVISIONISMO MENTIROSO
A fines de 1983 el Dr. Raúl Alfonsín es elegido democráticamente presidente de los argentinos. Durante su gestión, da inicio al revisionismo de lo ocurrido en las décadas anteriores, conformando una comisión especial llamada CONADEP, que investigaría los casos de desaparición de personas. Contrario al sentido común, la CONADEP es conformada por personajes relacionados con el terrorismo marxista, en su mayoría familiares de caídos. La parcialidad de la comisión era tan evidente, que el único miembro sin vínculos ideológicos o sentimentales con la guerrilla, el Dr. René Favaloro, terminó renunciando acusándola de mentirosa.
El Presidente Alfonsín también tenía vinculaciones con el terrorismo, puesto que en los setenta tomó clara posición en la contienda bélica, siendo abogado de la facción terrorista Ejército Revolucionario del Pueblo, y “en la negociación por la liberación de Oberdan Sallustro como un verdadero hombre del ERP“.(18) Su vinculación a la guerrilla también venía dada por raíces familiares, dado que su hija engrosaba las filas del mencionado grupo terrorista.
De esta manera, la mentira, el revisionismo incompleto y parcial, y la deformación histórica comienzan a hacerse eco, incrementando año tras año, hasta llegar a nuestros días, donde los argentinos nos vemos divididos por un conflicto que aparentemente no puede solucionarse; divididos por cicatrices que aún no pueden cerrar.
¿COMO CERRAR LAS HERIDAS?
Creemos que los argentinos podremos dejar atrás este eterno pasado, cuando el revisionismo de lo ocurrido en la guerra contra el terrorismo sea completo, imparcial y desideologizado. Cuando la justicia deje de ser selectiva, y actúe realmente con sus balanzas. En otras palabras, cuando la verdadera historia llegue a todos los argentinos.
Autor: Agustín Laje Arrigoni
(El autor tiene 19 años, es estudiante universitario, autor de numerosos artículos de opinión e investigación sobre los años 70?).
REFERENCIAS:
(1) Díaz Bessone, Ramón Genaro. Guerra revolucionaria en la Argentina. P 12. Círculo Militar. 1996.
(2) Viotto Romano, Leandro. Silencio de mudos. P 45. Edición del autor. 2007.
(3) Giussani, Pablo, Montoneros: La sobervia armada. P 88. Sudamericana-Planeta. 1984.
(4) Márquez, Nicolás. La mentira oficial. P 65. Edición del autor. 2006.
(5) Ernesto Che Guevara. Obras completas. P 375. Macla.. 1997.
(6) Márquez, Nicolás. La mentira oficial. P 38. Edición del autor. 2006.
(7) FORES. Definitivamente nunca más. P 49. Edición del autor. 1985.
(8) Márquez, Nicolás. La otra parte de la verdad. P 61. Edición del autor. 2004.
(9) García Montaño, Diego. Responsabilidad compartida. P 88. Ediciones del copista. 2003.
(10) García Montaño, Diego. Responsabilidad compartida. P 88. Ediciones del copista. 2003.
(11) Márquez, Nicolás. La otra parte de la verdad. P 51. Edición del autor. 2004.
(12) Márquez, Nicolás. La otra parte de la verdad. P 56. Edición del autor. 2004.
(13) Márquez, Nicolás. La otra parte de la verdad. P 57. Edición del autor. 2004.
(14) Márquez, Nicolás. La otra parte de la verdad. P 57. Edición del autor. 2004.
(15) Márquez, Nicolás. La otra parte de la verdad. P 58. Edición del autor. 2004.
(16) La Nueva Provincia. 24/03/05. “Lo que silenciará el 24 de marzo”, por Nicolás Márquez.
(17) Márquez, Nicolás. La otra parte de la verdad. P 70. Edición del autor. 2004.
(18) Márquez, Nicolás. La otra parte de la verdad. P 70. Edición del autor. 2004.
(19) Márquez, Nicolás. La Mentira Oficial. P 317. Edición del autor. 2006.
Fuente: Fuente: Política y Desarrollo
Sacado de: http://www.periodismodeverdad.com.ar/2008/11/06/resumen-de-lo-ocurrido-en-la-decada-del-70-por-agustin-laje-arrigoni/#comment-1195
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VICTIMAS DEL TERRORISMO EN ARGENTINA
link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=xT6ACDh7XL0
link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=jHxJR9gZLEE
link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=1osfNbMpeIQ
link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=sXD_U3dfw1M
PERON EXPULSA A LOS MONTONEROS DE LA PLAZA
link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=qZjmIDc4EOA
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Al respecto es interesante transcribir algunos párrafos del libro “Memorias de Gorriarán Merlo”.
Que en su página 460 dice: … “Y ahí también se dictaron los primeros decretos de Alfonsín: la orden del procesamiento a las Juntas y la orden de procesamiento a siete ex guerrilleros, entre los cuales estaba yo. No fue otra cosa que el sustento concreto a la Teoría de los Dos Demonios, tan eficazmente engañosa que hasta hoy surte sus efectos”.
“Recuerdo que en el 84 Jaime Lusinchi había ganado las elecciones en Venezuela y a su asunción viajaron funcionarios nicaragüenses. El canciller de Nicaragua era entonces Miguel D´Escoto y el vicecanciller Víctor Tinoco y ahí en Caracas, en una reunión con gente de la cancillería argentina, se interesaron por el decreto en contra nuestro y, en particular, por mi caso. La respuesta obtenida de los funcionarios argentinos fue que el gobierno no pretendía perseguirnos, sino que con ese decreto lo que en realidad buscaban era justificar el juicio a las Juntas, dando la idea de que se perseguía a todos por igual. También dijeron que no hiciéramos acciones armadas.”….( lo resaltado es nuestro)
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TESTIMONIO DE UN MONTONERO...
No he omitido palabra alguna , ni expresiones propias de su autor , como una manera de entender cabalmente , el momento histórico del que fuimos víctima .
HERIBERTO J E ROMAN
DE Martín Caparrós
25.07.2008
Nunca hubiera pensado que alguna vez podía llegar a estar de acuerdo con el hijo de puta del ex general Luciano Benjamín Menéndez. Y sin embargo, ayer.Ayer, en su alegato final, el ex Menéndez, ex jefe de una de las unidades militares más asesinas, el Tercer Cuerpo de Ejército, hombre de cuchillos tomar y de presos matar, peroró en su defensa. Dijo, en síntesis, que las fuerzas armadas argentinas pelearon y ganaron para “evitar el asalto de la subversión marxista”.
La subversión marxista –o más o menos marxista, de la que yo también formaba parte– quería, sin duda, asaltar el poder en la Argentina para cambiar radicalmente el orden social. No queríamos un país capitalista y democrático: queríamos una sociedad socialista, sin economía de mercado, sin desigualdades, sin explotadores ni explotados, y sin muchas precisiones acerca de la forma política que eso adoptaría –pero que, sin duda, no sería la “democracia burguesa” que condenábamos cada vez que podíamos. Por eso estoy de acuerdo con el hijo de mil putas cuando dice que “los guerrilleros no pueden decir que actuaban en defensa de la democracia”. Tan de acuerdo que lo escribí por primera vez en 1993, cuando vi a Firmenich diciendo por televisión que los Montoneros peleábamos por la democracia: mentira cochina.
Entonces escribí que creíamos muy sinceramente que la lucha armada era la única forma de llegar al poder, que incluso lo cantábamos: “Con las urnas al gobierno / con las armas al poder”, y que falsear la historia era lo peor que se les podía hacer a sus protagonistas: una forma de volver a desaparecer a los desaparecidos. Me indigné y, de tan indignado, quise escribir La voluntad para contar quiénes habían sido y qué querían realmente los militantes revolucionarios de los años sesentas y setentas.(A propósito: es la misma falsificación que se comete cuando se dice, como lo ha hecho Kirchner, que este gobierno pelea por realizar los sueños de aquellos militantes: esos sueños, está claro, eran muy otros . En esa falsificación, Kirchner y el asesino ex se acercan; ayer Menéndez decía que “los guerrilleros del 70 están hoy en el poder”, sin ver que, si acaso, los que están alrededor del gobierno son personas que estuvieron alrededor de esa guerrilla en los setentas y que cambiaron, como todo cambió, tanto en los treinta últimos años que ya no tienen nada que ver con todo aquello, salvo para usarlo como figura retórica.)J.F.
Es curioso cómo se reescribió aquella historia. Hoy la mayoría de los argentinos tiende a olvidar que estaba en contra de la violencia revolucionaria, que prefería el capitalismo y que estuvo muy satisfecha cuando los militares salieron a poner orden. “Ostentamos el dudoso mérito en ser el primer país en el mundo que juzga a sus soldados victoriosos, que lucharon y vencieron por orden de y para sus compatriotas” , dijo el asesino –y tiene razón. Pero la sociedad argentina se armó un relato según el cual todos estaban en contra de los militares o, por lo menos, no tenían ni idea.
Es cierto que no podían haber imaginado que esa violencia era tan bruta, tan violenta, pero había que ser muy esforzado o muy boludo para no darse cuenta de que, más allá de detalles espantosos, las fuerzas armadas estaban reprimiendo con todo.El relato de la inocencia mayoritaria se ha impuesto, pese a sus contradicciones evidentes. Los mismos medios que ahora cuentan con horror torturas y asesinatos las callaron entonces; los mismos partidos políticos que se hacían los tontos ahora las condenan; los mismos ciudadanos que se alegraban privada y hasta públicamente del retorno del orden ahora se espantan. Y todos ellos conforman esta masa de ingratos a la que se dirige el muy hijo de exputa: “Luchamos por y para ustedes” –les dice y, de hecho, los militares preservaron para ellos el capitalismo y la democracia burguesa. Pero la sociedad argentina se ha inventado un pasado limpito en el que unos pocos megaperversosasesin os como éste hicieron a espaldas de todos lo que ellos jamás habrían permitido, y les resulta mucho más cómodo. Como les resulta mucho más cómodo, ahora, indignarse con el ex que repensar qué hicieron entonces, a quién apoyaron, en qué los benefició la violencia de los represores, y lo fácil que les resultó, muchos años después, asombrarse, impresionarse e indignarse.
El ex Menéndez es, sin duda, un asesino, y ojalá que se pudra en la cárcel. Es obvio que no es lo mismo la violencia de un grupo de ciudadanos que la violencia del Estado, pero es tonto negar que nosotros proponíamos la guerra popular y prolongada como forma de llegar al poder. Y también es obvio que la violencia de los militares no les sirvió sólo para vencer a la guerrilla: lo habrían podido conseguir con mucho menos.
Durante mucho tiempo me equivoqué pensando que los militares habían exagerado: que la amenaza revolucionaria era menor, que no justificaba semejante despliegue. Tardé en entender que los militares y los ricos argentinos habían usado esa amenaza como excusa para corregir la estructura socioeconómica del país: para convertir a la Argentina en una sociedad con menos fábricas y por lo tanto menos obreros reivindicativos, para disciplinar a los díscolos de cualquier orden, y para cumplir con las órdenes reservadas del secretario de Estado USA, su compañero Kissinger, que les dijo en abril de 1976 que debían volver a convertir a nuestro país en un exportador de materia prima agropecuaria.
Es lo que dijo el ex: “¡Y nosotros estamos siendo juzgados! ¿Para quién ganamos la batalla?”. Porque es cierto que la ganaron, y que su resultado principal no son estos juicios sino este país sojero. Ése es el punto en que casi todos se hacen los boludos. La indignación siempre fue más fácil que el pensamiento. Supongo que es mejor que muchos, para sentirse probos, prefieran condenar a los militares antes que seguir apoyándolos como entonces. Pero no deja de inquietarme que todo sea tan fácil y que sólo un asesino hijo de puta suelte, de vez en cuando, ciertas verdades tremebundas
Fuente: http://argentinahechoshistoricos.blogspot.com/2008/07/juicio-al-gral-luciano-b-menendez_26.html
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Creado el: 01.12.2008 a las 09:31:44 hs.
Categoría: Apuntes y Monografías
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