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Julia Pastrana, la "mujer simio".

Julia Pastrana, la "mujer simio".

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El 24 de noviembre de 1859 salió a la venta El origen de las especies de Charles Darwin, obra en donde reflejó sus estudios sobre la teoría de la evolución y la selección natural. En aquellos años, México atravesaba por múltiples conflictos bélicos entre liberales y conservadores; sin embargo eso no fue impedimento para que la comunidad científica siguiera desarrollándose.

Entre 1854 y 1858, el mismo Darwin analizó a una mujer mexicana, la sinaloense Julia Pastrana la cual tuvo una difícil, aunque interesante vida. Falleció en Rusia y pudo regresar a México hasta 153 años después de su muerte.

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Julia nació en Sinaloa en 1834. Su madre, una indígena, la ocultó de los curiosos ojos, pues nació con un aspecto muy singular: tenía todo el cuerpo, incluidos cara, manos y pies cubierto de un grueso y oscuro vello; sus facciones eran simiescas, tenía doble hilera de dientes y medía 1.37 metros. Sufría Hipertricosis o el síndrome del hombre lobo. Para la gente, Julia era sinónimo de pecado, era un híbrido, un producto de una relación entre una humana y un orangután. Decían. Su padecimiento provocaba burlas y miedo.

Hasta sus 20 años de edad, Julia trabajó como sirvienta en la casa del entonces gobernador de Sinaloa, Pedro Sánchez. Ahí aprendió a leer, escribir y poco a poco descubrió otros talentos que se encontraban escondidos debajo de esa capa de pelo. El gobernador “vendió” a Julia al administrador de la aduana marítima de Sinaloa, Francisco Sepúlveda, quien vio en ella una mina de oro; quiso convertirla en una atracción de circo. Cuando quiso llevarla a Estados Unidos contrató a un traductor ya que él no sabía inglés; el empleado se llamaba Theodore Lent y resultó más vivo y buen negociante que su jefe.

Theodore comenzó a cortejar a Julia y a los pocos días se casaron. Ahora Lent era el “dueño” de esa mujer, a quien trataban como un objeto. Julia era obligada a ser una atracción cirquera, su apariencia física en conjunto con sus demás talentos, eran una impresionante fuente de ingresos tanto que se fueron de gira por Europa. A veces, Julia era presentada como una salvaje, pero sorprendía con su prodigiosa voz, tenía timbre mezzosoprano y cantaba ópera; bailaba de una manera admirable y hasta sabía hacer acrobacias montando a caballo.

“La indescriptible mujer simio” o “La mujer oso” atiborraba de gente que asistía para ver sus presentaciones en ciudades de Polonia, Moscú y Londres. En una de estas presentaciones se le hicieron los estudios que Darwin incluyó en su obra The variation of animals and plants under domestication.

Julia Pastrana, la "mujer simio".

El morbo era tanto que cuando Julia se embarazó, a sus 26 años, su esposo vendió carísimos los boletos para asistir al parto. Y para suerte de Lent y de sus ingresos, el hijo de Julia nació con las mismas condiciones que ella, pero el pequeño sólo vivió 36 horas. Días después, Julia también murió.

Los actos de Theodore no terminaron allí, ni cerca. Pues aun cuando su esposa estaba agonizando, él cobraba para que la gente fuera a verla. Al morir ambos, Julia e hijo, ¿cuál sería la fuente de sus ganancias? Optó por vender los cuerpos al doctor Sokolov de la Universidad de Moscú, quien los embalsamó y los mostró al público. Lent se arrepintió del trato y con su acta de matrimonio reclamó los cuerpos. Otra vez con ellos en su poder, siguió dando presentaciones o los rentaba a otros circos, museos o cualquier evento que le pudiera dar dinero; mientras se casaba con una mujer de un circo en Suecia, otra mujer con las mismas características por lo que la nombró: Zeodora Pastrana “la hermana perdida”. Pero en esta ocasión, su nueva esposa sobrevivió a Lent, quien murió después de haber pasado un tiempo en un hospital psiquiátrico.

Zeodora heredó los derechos para poseer los cuerpos embalsamados, los vendió y madre e hijo anduvieron por años de dueño en dueño, de circo en circo, hasta que fueron olvidados y deteriorados. En 1990 se supo que el cuerpo de Julia Pastrana se encontraba en el Instituto de Medicina Forense de Oslo, en Noruega.

La artista visual Laura Anderson conoció el caso de Julia mientras trabajaba en Nueva York y, gracias a ella, se comenzó el difícil proceso de repatriación, con trabas, ya que no se tenían actas de nacimiento y defunción, era un caso nuevo para las embajadas. Anderson siguió luchando hasta que en febrero de 2013, después de 153 años, Julia Pastrana regresó a Sinaloa, donde se le dio sepultura en la Iglesia de los Santos Apóstoles Felipe y Santiago.



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2 comentarios - Julia Pastrana, la "mujer simio".

giru_x
Las mexicanas tienen bigote dijo Tiziano Ferro