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La experiencia y la máquina (texto y fotos propias)





En 1992 me compré mi primera cámara de fotos. Aquellas viejas cámaras de rollo, 35 mm y de una marca que ni siquiera recuerdo. Después pasé a tener una Zenit, una enorme cámara rusa, pesada y de metal, era como un pequeño tanque de guerra hecho cámara. En esos tiempos lo digital no era muy accesible en mi pueblo, ya se había inventado lo digital pero todavía en esos tiempos no estaba al alcance de todos. Decenas de negativos guardados en cajas de zapato, fotos que no sabías como habían quedado hasta una semana después de tomarlas. Recibir el sobre con las fotos impresas y satinadas era toda una experiencia. Pararse en la puerta del negocio donde revelaban las fotos y abrir el sobre con una ansiedad de niño que abría los regalos en Navidad era una escena habitual en mi pueblo. Aquella experiencia nada tiene que ver con la inmediatez de hoy día, hoy tomar una fotografía es casi un acto reflejo, meter la mano en el bolsillo, sacar el celular y tomar una foto. En menos de dos segundos la situación y la imagen quedan registradas y archivadas en el móvil y en la nube digital por el resto de la eternidad (o hasta que alguien apague el último servidor del mundo). En aquellos años noventa, en mi pueblo solo tenías 10 diferentes tipos de cámaras las cuales podías comprar. Hoy día debe haber trece mil modelos en el mercado, desde cámaras alemanas de US$ 35.000 hasta disposable cameras de 6 dólares. La excesiva oferta y variedad, tanto como la inmediatez ha matado la experiencia. Lo que antes merecía imprimirse y encuadrarse para que luciera en una sala de tu casa, pasó a ser tan solo un snap que termina olvidado en la cataratas de Instagram, Facebook o Twitter. (o que pierdes si te roban el celular)






Negativos utilizados en esta cámara




Fotografía del negativo anterior







La contemplación es una brumosa palabra ,que rara vez, se puede solo aplicar a un museo (si logras concentrarte entre la horda de turistas chinos y las excursiones de verano de estudiantes excitados ). Tomarse el tiempo para analizar una fotografía es una extraña práctica nada popular en éstos tiempos. La vida pasa rápido por nuestras narices, en la red, un segundo de hoy vale mucho y el tiempo atropella entre la felicidad fingida de Facebook y las nalgas con Photoshop de Instagram. Los fotógrafos de hoy se quejan de que nadie quiere pagarles bien por su trabajo, desde una revista hasta una boda, hoy todo lo puede resolver un “sobrino” que sabe manejar bien la cámara, que tienes habilidades tecnológicas y toma mejores fotos que el mejor fotógrafo de la ciudad. Como ejemplo solo basta un botón de muestra, este susodicho “sobrino” tiene un millón de likes en Facebook por una foto que tomó con su Iphone 7. Su genialidad lo califica para poder tomas cualquier fotografía, el joven “sobrino” que apenas tiene 17 años compite con el viejo fotógrafo que tiene 35 años de experiencia. La inmediatez aniquila la experiencia, también la experiencia laboral.
Esto no es un manifiesto nostálgico, ni es un reclamo para que volvamos al pasado. Nada de eso. Esto es un anhelo para que volvamos a tener el tiempo de contemplación, de pararse a pensar (aunque sea 5 minutos). De analizar la realidad para fotografiarla y saber que estamos parado no solamente frente a un edificio amarillo (que luce muy cool en Instagram), sino frente a un pedazo de historia, frente a un plan arquitectónico de los antiguos residentes de esta ciudad. Tomarse unos minutos para hablar con los residentes del lugar que visitamos, explorar no solo con cámara en mano, sino también con la cabeza despierta y alerta de lo que sucede alrededor.
Qué importa si esa foto llega a tener cien mil likes en la red ? Si jamás volverás a ese lugar tal como lo estas viendo hoy (aunque regreses en el futuro ya no será el mismo). La experiencia es algo que sucede ahora y que jamás se repetirá. Un paréntesis del Universo que te regala ese lugar y momento y que perdemos por no saberlo disfrutar.
Sí importa la foto, como un recuerdo, pero nada supera la experiencia. Todavía nadie ha inventado la máquina del tiempo, no existe nada ni nadie que te puede hacer volver a un momento que perdiste. Que quizás perdiste mirando una pantalla.














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