Enfermedades de la mente: cuáles son y cómo combatirlas

A lo largo de la historia, la locura no ha sido considerada una enfermedad mental sino una cuestión moral o espiritual. La identificación de la locura como enfermedad es relativamente reciente. Fue a partir de 1790, con los estudios realizados por el médico francés Philippe Pinel, cuando la especialidad de la psiquiatría comenzó a tomarse en serio. En ese momento se empezó a hacer una clasificación científica de los trastornos mentales según sus características.

CARLOS GUILLÉN / UNO CONTENIDOS


No existe un acuerdo unánime en cuanto a una clasificación universal de los trastornos mentales.
Clasificación
No existe un acuerdo unánime en cuanto a una clasificación universal de los trastornos mentales. Generalmente, los sistemas de clasificación suelen ser inexactos, y varían según los criterios que se utilicen. Así, en la mayor parte de las clasificaciones se reconocen los trastornos infantiles- como por ejemplo, el retraso mental- como categorías separadas de los trastornos adultos. También se distinguen entre trastornos orgánicos, que son los más graves y están provocados por una causa somática; fisiológicos, relacionados con una lesión estructural en el cerebro, y trastornos no orgánicos, a veces denominados funcionales, considerados más leves.
En función de la gravedad y de la base orgánica se pueden distinguir los trastornos psicóticos y los neuróticos. La psicosis se caracteriza por una pérdida del contacto con la realidad, y los casos de esta enfermedad son muy escasos. Los casos de neurosis son bastante abundantes en relación con los de psicosis. Sus características son estados de malestar y ansiedad, pero sin llegar a perder el contacto con la realidad. Entre los casos más frecuentes de psicosis encontramos la esquizofrenia, la paranoia y las formas extremas de depresión (como la psicosis maniaco-depresiva). Entre las neurosis, podemos incluir las fobias, la histeria, los trastornos obsesivo-compulsivos, la hipocondría y, en general, todos aquellos que provocan una alta dosis de ansiedad sin que exista una desconexión con la realidad.
Depresión
La depresión es un estado de enfermedad psíquica en el que la actividad vital se ve paralizada por desilusiones, sensaciones de inferioridad, desconsuelo, culpa, tristeza, inutilidad, desesperanza, indefensiones y hastío de la vida, ya sean éstas auténticas o presuntas. En la depresión, a diferencia de la tristeza normal, no hay una causa aparente que la justifique. Además, es grave y persistente. Pueden ir unidas a la depresión perturbaciones del sueño y de la comida, la pérdida de iniciativa, el autocastigo, el abandono, la inactividad, y la incapacidad para el placer.
La depresión es el más frecuente de todos los trastornos mentales, y aparece en ambos sexos y a todas las edades. Dentro de la depresión pueden distinguirse dos categorías. En la primera, el trastorno depresivo, sólo aparecen episodios de depresión. En la segunda, depresión bipolar o síndromes maníaco-depresivos, se alternan períodos depresivos con otros de ánimo exaltado y eufórico. En este último caso extremo puede hablarse de psicosis, aunque, generalmente, suele ser una neurosis. La depresión es una de las enfermedades mentales que presentan más tratamientos en psiquiatría, al haber encontrado su causa en la disfunción de dos de los principales sistemas de neurotransmisores cerebrales, la serotonina y la noradrenalina, por lo que se emplean dos tipos de fármacos: los antidepresivos tricíclicos y tetracíclicos, y los inhibidores de la MAO (monoaminooxídasa). Estos últimos requieren una dieta especial porque interactúan con la triamina, que aparece en los quesos, la cerveza, el vino, el hígado de pollo y otros alimentos, causando, además, un aumento de la tensión arterial. Los antidepresivos tricíclicos no requieren una dieta especial, pero tienen un efecto tóxico sobre el tejido cardíaco. Ambos tipos de fármacos actúan bloqueando la reabsorción de la serotonina y la noradrenalina en las neuronas, prolongando así los efectos de estos transmisores.
Uno de los fármacos más eficaces y recientes para combatir la depresión es el Prozac (fluoxetina), que inhibe la reabsorción de serotonina en el cerebro. Introducido en 1986, este fármaco ha sido prescrito a más de 10 millones de personas en todo el mundo hasta 1994. Otro antidepresivo reciente, el Efexor (vanlafaxina), actúa bloqueando la reabsorción tanto de serotonina como de noradrenalina en el cerebro, y se supone que tiene menos efectos secundarios. Se ha mostrado eficaz en el tratamiento de diversos tipos de depresión. También se emplea el carbonato de litio, un mineral común, para controlar las fases maníacas de las enfermedades maníaco-depresivas. En pequeñas dosis, también se emplea para controlar las fluctuaciones anímicas de este trastorno bipolar.
Para las depresiones que no responden a ninguno de los fármacos que se acaban de describir, se emplea la terapia electroconvulsiva o electroshock, terapia de choque. Otro tratamiento es el de la psicoterapia, válida como seguimiento, tratamiento complementario, y como prevención de las depresiones graves, así como para combatir las depresiones más leves (depresiones neuróticas). La psicoterapia es un tratamiento optativo, ya que muchos trastornos depresivos tienen sus orígenes no tanto en disfunciones orgánicas sino en factores psicosociales (emocionales, conductuales y cognitivos) e incluso culturales.

La neurosis
La neurosis o psiconeurosis, se utilizó en un principio para designar aquellas enfermedades que tenían su origen en algún problema neurológico, pero hoy día se le atribuye un origen psíquico, emocional o psicosocial. Sus características más comunes son la ansiedad y la angustia, y que es origen de un comportamiento inadaptado. Al contrario que la psicosis, aquí no se pierde el contacto con la realidad. El término neurosis se aplica para intentar diagnosticar aquellas afecciones cuyos síntomas son la expresión simbólica de un conflicto psíquico.
Dentro de la neurosis pueden distinguirse los siguientes trastornos:
Trastornos de ansiedad generalizada o ansiedad libre flotante. Es una condición constante de displacer y de sentimientos aprensivos, que supone una sobrerreacción al estrés normal, que no afectaría a una persona equilibrada. Sus síntomas son una sudoración repentina, insomnio, mareos, temblores, palpitaciones. En todos ellos se suele esconder un miedo real de origen inconsciente.
Crisis de angustia. Según Freud la angustia aparece en el acto de nacimiento, cuando el niño es separado, por primera vez, de la madre. Se caracteriza por ataques de pánico, acompañados de síntomas físicos como palpitaciones cardíacas, transpiración copiosa, respiración entrecortada, temblores musculares, náuseas y desmayos. La sensación que tiene una persona que padece angustia es la de cómo si se fuera a morir.
Fobias. Consiste en un miedo desmedido ante estímulos o situaciones de la vida cotidiana que la mayoría de las personas no considera peligrosa. Se considera fobia, cuando el miedo es tan intenso que interfiere y perjudica considerablemente la vida del individuo. Las reacciones pueden variar desde el simple disgusto al pánico. Aunque, normalmente, la persona que sufre fobia es consciente, no es capaz de dominar su miedo.
Trastorno obsesivo-compulsivo. A caballo entre la psicosis y la neurosis suele presentarse en la adolescencia. En esta enfermedad la conciencia de la persona se ve invadida por pensamientos o impulsos desagradables, y en la necesidad de realizar acciones o rituales (compulsiones) con el objetivo de calmar la ansiedad. Su origen puede ser genético, físico o psíquico, pero también interviene el entorno social, si se imponen la religión, la culpa y el orden. Limpiar desenfrenadamente, dar mil vueltas a pensamientos si importancia, temer a los microbios y a las infecciones son algunos de los síntomas del obsesivo.
Dentro de la neurosis pueden distinguirse los siguientes trastornos:
Trastorno por angustia de separación. Se da durante la infancia y consiste en un miedo irracional a estar separado de los padres. Normalmente, las personas adultas que sufren agorafobia han tenido este trastorno de pequeños.
Trastorno por estrés postraumático. Suele aparecer después de cualquier tipo de desastre, como un accidente aéreo o una catástrofe natural. Los síntomas consisten en revivir los sucesos traumáticos, sufrir desarreglos del sueño, como pesadillas e insomnio, padecer ansiedad, distanciarse de los entornos normales, y perder el interés por las actividades que se realizaban antes de que ocurriese el desastre.
Personalidad múltiple. Es una enfermedad muy poco frecuente en el que más de una personalidad coexisten en el mismo individuo.
Para tratar la neurosis se suele emplear el psicoanálisis, la psicoterapia y la modificación de conducta. El psicoanálisis es un procedimiento para la investigación de procesos mentales inconscientes. La psicoterapia es un tratamiento de las enfermedades y trastornos nerviosos, por medio de la sugestión o persuasión y, en general, por el trato con el psicoterapeuta. La modificación de conducta se suele emplear para las fobias y los trastornos obsesivo-compulsivos.
En este tipo de trastornos, la medicación suele ser sólo un medio complementario para reducir los niveles de ansiedad, como la relajación o la hipnosis. Estos tratamientos dan gran resultado y la mayoría de las neurosis se suelen curar o atenuar en gran medida.
La esquizofrenia
Se trata de una de las enfermedades mentales psicóticas más graves de origen y puede presentar muy distintos tipos y grados. Hay quien le atribuye un origen genético. El esquizofrénico tiene bloqueado el sistema cognitivo de manera que en los síntomas aparecen trastornos del pensamiento, con un discurso incoherente y absurdo para los demás. Vive atrapado en un mundo de fantasías y a veces escucha voces interiores de amenaza y adopta posturas extrañas.
Los síntomas no aparecen de forma simultánea y afectan a las áreas del pensamiento, los sentimientos, los movimientos y las relaciones interpersonales. Las alteraciones del pensamiento se traducen en la incapacidad para establecer conexiones lógicas, o en la aparición de delirios. Tienen alucinaciones, sobre todo auditivas, en las que el enfermo oye su propio pensamiento en voz alta y escucha voces que le ordenan realizar ciertos actos. Las reacciones emocionales son frías e inapropiadas. Las alteraciones del movimiento se manifiestan de dos maneras: la catatonia es poco frecuente y el paciente permanece en una postura rígida durante mucho tiempo; sin embargo, son más frecuentes los movimientos incongruentes y reiterativos realizados de forma impulsiva. Las relaciones interpersonales se deterioran progresivamente, ya que el paciente esquizofrénico tiende a ser introvertido.
La esquizofrenia suele empezar a aparecer de forma tímida en la adolescencia, consolidándose en la edad adulta. Se van deteriorando la capacidad laboral y las relaciones sociales, y el paciente depende cada vez más de los demás. En cuanto a su tratamiento, el más efectivo es la medicación antipsicótica. Empezó a utilizarse en 1950 y obtuvo un gran éxito al mejorar el pánico a la desintegración de la personalidad. Estos medicamentos tienen algunos efectos secundarios como sequedad de boca, mareos, y otros a largo plazo. A algunos pacientes que se les ha tratado con esta medicación han sufrido un trastorno conocido como disquinesia tardía, caracterizado por movimientos anormales de la boca y de la lengua. Pero no en todos los esquizofrénicos dan resultado los fármacos, es más, en algunos no produce ningún beneficio. También se utiliza la psicoterapia en sus diferentes modalidades, como tratamiento único o como complemento a la medicación para conseguir la adaptación del paciente al entorno social, o su integración laboral o vocacional.
Demencia senil
Se produce cuando hay un deterioro intelectual del anciano. Aproximadamente, un 10% de todas las personas mayores de 65 años sufren un deterioro intelectual significativo. Algunos casos pueden ser tratados, pero otros, como por ejemplo el Alzheimer no tienen tratamiento alguno. La demencia senil se inicia por fallos en la atención y en la memoria, pérdida de habilidades matemáticas, irritabilidad, pérdida del sentido del humor y desorientación, tanto temporal como espacial. El Alzheimer es una enfermedad que avanza lentamente y acaba con la vida del paciente en un plazo de 5 a 15 años.

fuente
http://www.mujeractual.com/salud/psicologia/


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