el genial capablanca

A diferencia de hoy, en aquella época no había torneos para seleccionar los candidatos, sino que el dueño del título establecía las condiciones. Inclusive podía escoger a su adversario.
En el caso de Capablanca, su campaña para enfrentar a Lasker empezó desde la primavera del año veinte, después del torneo de Hastings, en Inglaterra, que era algo así como un Linares de hoy. Capablanca ganó fácilmente el torneo, puesto que estaba recién pasada la primera guerra y no fueron invitados los jugadores del bloque Alemania-Austria, que reunía a los mejores del momento. Con el objeto de lograr su match con Lasker, después del torneo se quedó en Europa, haciendo campaña, con apoyo de la prensa especializada y lanzando un libro.
El libro no gustó, pero cumplió con su cometido de mover a la opinión. Capablanca analizaba partidas brillantemente conducidas por él contra jugadores de segunda. Y al comentar las partidas ganadas a expertos hacía profundos análisis de las variantes que lo favorecían a él y omitía las variantes que hubieran salvado a sus adversarios.
Pero Lasker no pudo seguir negándose.
Tras un año de difíciles negociaciones, Lasker renunció al título, a favor de Capablanca. La opinión se indispuso. ¿Por qué a favor de éste? ¿No estaban también un Alekine y un Rubinstein? Además, en la Europa de la post-guerra ningún país estaba en capacidad de ofrecer los 8 mil dólares que pedía Lasker.
Finalmente, se concretó el match en La Habana, en marzo de 1921, a 24 partidas. A la altura de la 14, Capablanca había ganado 4 y llevaban 10 tablas. Lasker, desilusionado, se retiró. Nunca lo habían batido así. Había sido campeón durante 27 años y tenía 51 años. De Lasker se había dicho que era un maestro en el arte de la defensa, ‘que ganaba las partidas ganadas y algunas de las perdidas’. Por primera vez un campeón no le había ganado una sola partida al aspirante. Inicialmente, Lasker le echó la culpa al clima. Pero después aceptó que Capablanca había jugado mejor.
Lasker empezó llegó a La Habana tan confiado en su juego, que se comprometió a escribir un artículo diario a un periódico europeo, donde comentaba las partidas y sus impresiones sobre el match.
Sobre la partida 11 escribió:
“Esta partida habla muy favorablemente del juego de Capablanca; la condujo con energía desde el principio hasta el final y, al mismo tiempo, con cautela, palpando posiciones sólidas que podrían ser puntos de partida para el ataque. Yo tampoco jugué mal en este encuentro, excluyendo la última parte. Aquí me fallaron las fuerzas, probablemente por la acción del clima. Al decir esto no quiero restarle méritos a Capablanca, que me colocó frente a problemas de magnitud suficiente para quebrar las fuerzas de cualquier ajedrecista fatigado”.
En ajedrez, aquel tema de Freud de ‘los que fracasan al triunfar’, ha dado mucha tela para cortar. Uno de ellos es el de nuestro Capablanca, un personaje que nos llena de orgullo y al que los ajedrecistas de estas latitudes queremos entrañablemente. No importa que sea cubano; habría podido ser argentino, peruano o colombiano: es latinoamericano. Y junto con el inolvidable Fisher, son los únicos campeones que ha producido este continente.
Recién coronado campeón, alcanzó la cima de su gloria. El gobierno cubano lo sostenía económicamente y, como si fuera poco, por sus presentaciones le pagaban altos honorarios, caso inédito en el ajedrez, al menos hasta aquel entonces. Se casó con una hermosa y rica mujer, dos cualidades nada despreciables en una buena esposa.
La primera competición importante en la que participó como campeón fue el torneo de Londres, en 1922, que reunió a la flor y la nata del momento. Estaban Alekine, que ya lo llamaban “el campeón de Europa”, Euwe, la joven promesa de Holanda. En representación de la llamada “escuela hipermoderna”, estaban el joven Ricardo Reti y el veterano y periodista Tartakower; Bogoljubow, que se llamaba a sí mismo “el tigre de Ucrania”; además de los grandes maestros Vidmar, Maroczy, Rubinstein y otros menos famosos. En total, 16. Por razones políticas, fueron excluidos Teichmann, Tarrasch, Spielmann y Lasker.
Emocionado con los resultados de Capablanca, Tartakower, el que alguna vez dijo: “un peón aislado dispersa tristeza por todo el tablero”, escribió:
“No es un estratega profundo como Lasker ni un espíritu embriagado por la ciencia del ajedrez como Tarrasch, sino un ajedrecista práctico repleto de ideas geniales…”
Capablanca terminó invicto en el primer puesto. De las quince partidas, ganó once. Pero al público y a la prensa deportiva les disgustaron las tablas con Alekine y Rubinstein. Pero a él le pareció “muy prudente” ofrecerlas, dada la cómoda posición que tenía en la tabla. En la opinión de Vassily Panov, “éstas breves partidas fueron al mismo tiempo síntomas de la pereza intelectual a que siempre fue propenso el cubano y de una exagerada moderación ajedrecística, moderación de la que empezó a abusar en los años posteriores”.
Acerca de este encuentro con Capablanca, escribió Alekine unos años después:
“Ya era campeón del mundo y con toda evidencia estaba dispuesto a quedarse en el trono por mucho tiempo… Sin embargo, su temperamento había empeorado algo. Se volvió más nervioso, y esto se notaba en su deseo de postergar todo lo posible cualquier match por el título mundial hasta hacerlo irrealizable. Por consiguiente redactó el reglamento de Londres, que aumentaba la cuota que tendrían que depositar los aspirantes al título a diez mil dólares.”
Como dato curioso de este torneo, se cuenta que en la ronda 13 Capablanca jugaba contra Vidmar. Después del aplazamiento, Capablanca le preguntó a Vidmar cómo veía su posición. Éste le contestó que muy grave, pero que iba a seguir jugando. Se comunicaron en francés, lengua que ninguno de los dos manejaba a la perfección. Por la tarde se reiniciaron las partidas aplazadas. El árbitro puso a andar los relojes. Pero Capablanca no apareció. Cuando faltaban dos minutos para que perdiera, Vidmar pensó que aquél le había entendido mal e inclinó su rey, salvándole un punto a Capablanca. De no haber sido así, las cosas hubieran sido más difíciles.
Enlace donde se pueden ver la tabla y las partidas del torneo:
http://www.tabladeflandes.com/frank_mayer/frank_mayer96.html
Después de Londres 1922, donde Capablanca sorprendió a sus colegas con su juego y con las onerosas condiciones financieras que les imponía a sus posibles retadores, se dedicó a la escritura de su libro Fundamentos del Ajedrez, obra dedicada a los principiantes. El libro en un principio tuvo una buena acogida, especialmente entre el público inglés, generalmente muy benévolo con el campeón. Pero con el tiempo ha perdido interés.
Lo volvemos a ver jugando en un torneo importante en marzo de 1924, en la ciudad de Nueva York; un torneo a dos vueltas, en el que participaron Lasker, Alekine, Bogoljubow, Yates, Tartakower, Maroczy, Janowski, y en representación de los Estados Unidos, Marshall y Edward Lasker. Según Vassily Panov, autor del libro Capablanca, Alekine estaba realizando una gira por los Estados Unidos con el objeto de recolectar fondos para jugar el match contra Capablanca. Pero no encontró eco. Más bien hubo gentes interesadas en financiar un gran torneo, y fue éste de 1924.
Pronto se vio que el campeón no estaba en la mejor forma. En las primeras tres rondas hizo tablas antes de la jugada 30. En la cuarta, con Alekine, le ganó un peón, pero no fue capaz de ganar la partida. En la quinta, perdió con Reti; era ésta su primera derrota en diez años, y la primera y última derrota de su vida ante este jugador. En la segunda parte del torneo mejoró su juego, pero no pudo alcanzar a Lasker, que estaba imbatible, a pesar de sus 56 años. De las 20 partidas jugadas, Lasker ganó 13, entabló 6 y perdió 1; casualmente, la perdió con Capablanca, precisamente con el que quería concretar un match de desquite. Capablanca ganó 10, entabló 9 y perdió 1, y ocupó el segundo lugar con 14 ½ puntos. De tercero quedó Alekine, con 12 puntos (6 ganadas, 12 tablas y 2 perdidas).
En sus comentarios sobre el match, para la revista norteamericana de ajedrez, Capablanca dijo que se había sentido enfermo. Y que Lasker había ganado porque los jugadores jóvenes habían estado por debajo de su nivel; que, además, Lasker había jugado mejor en La Habana, cuando él le quitó el título. Mejor dicho: que él le había ganado a un Lasker mejor que el que acababa de ganar este torneo.
Dice Panov: “Capablanca no entendió por desgracia que el secreto del éxito de Lasker, que estuvo a punto de perder varias partidas pero luego las ganó o por lo menos logró entablarlas, se debía al hecho de que no le asustaba el riesgo de las complicaciones, mientras que él, sobre todo al comienzo, jugó con una apatía incomprensible”.
En su afán por hacerle el quite a un match, Capablanca propuso que se jugara uno entre Lasker y Alekine. Había quedado por debajo de Lasker, pero le había ganado un encuentro individual, y había quedado por encima del Alekine en la tabla. A todas luces tenía temor de exponer su título y estaba buscando salidas falsas.
Por su parte Alekine, que estaba en plena campaña para conseguir la financiación y retar a Capablanca, escribió:
“En el torneo de Nueva York pude hacer una observación muy alentadora, que fue para mí una verdadera revelación, a saber: en nuestro primer encuentro Capablanca me superó en la apertura, tuvo una posición ganadora en el medio juego y conservó gran parte de su ventaja en el final de torres, pero dejó escapar la victoria y debió conformarse con la división del punto. Esto me hizo pensar, sobretodo porque Capablanca tenía muchos deseos de ganar la partida para alcanzar a Lasker, que iba primero y que precisamente acababa de ganarme el día anterior. Yo estaba seguro de que habría ganado si hubiera tenido la posición del Capablanca. En una palabra: descubrí en el juego de éste una pequeña debilidad, una creciente inseguridad ante una resistencia tenaz. Ya había observado antes que Capablanca cometía de vez en cuando minúsculas inexactitudes, pero no sospeché que no pudiera librarse de ese defecto ni siquiera a costa de un máximo esfuerzo de su voluntad. ¡Fue para mí una revelación de gran importancia para el futuro!
¡El que tiene enemigos no duerme! Y Capablanca estaba dormido en los laureles.
Capablanca terminó el primero en el torneo de Londres 1922 y segundo en el de Nueva York 1924, detrás de Lasker. En este post veremos cómo quedó tercero en Moscú, detrás de Bogoljubow y Lasker:

En el año 1925, entre el 10 de noviembre y el ocho de diciembre, se realizó en Moscú el primer gran torneo internacional soviético; el primer torneo importante que se celebraba después del triunfo de la revolución de octubre. Estaba recién instalado Stalin en el poder. Por el mundo occidental, fueron invitados Capablanca, Lasker, Marshall, Tartakower, Reti, Grünfeld, Rubinstein, Spielmann, Yates, Saemisch y el mejicano Carlos Torre. Éste último fue una figura meteórica, que tuvo que retirarse muy joven del ajedrez por motivos de salud. Pero en este torneo de Moscú dejó ver toda su fuerza, metiendo nada menos que a Lasker en un molino, entablando con Capablanca y ocupando el quinto lugar.

Fuera de los occidentales, fueron invitados los 10 mejores ajedrecistas soviéticos del momento. El único ausente importante fue Alekhine, que había tenido que salir casi a escondidas de Rusia en el año 23; y podemos asegurar que nunca más volvió su patria.

Para tener una idea del tiempo que implicaba un desplazamiento desde La Habana hasta Moscú, basta decir que Capablanca salió a comienzos de octubre para llegar en los primeros días de noviembre. A su paso por el puerto de El Havre se le unió el joven Carlos Torre. En Moscú, los ajedrecistas extranjeros fueron alojados en uno de los antiguos palacios de los zares, con más consideraciones que a jefes de Estado. En la ceremonia inaugural, en la sala azul de la Casa de los Sindicatos fueron recibidos por un alto dignatario del gobierno. Y en representación de los jugadores habló Capablanca. Era tanta la exaltación que reinaba por aquellos días, que hasta película se filmó. Hoy todavía podemos ver por Youtube fragmentos de aquel papelón algo tonto que representó Capablanca, el protagonista de la película “Fiebre de ajedrez”.

Pero en la sala de ajedrez las cosas no marchaban tan bien para él. Ya en las primeras tres rondas tuvo que conformarse con tres tablas. Le gana la partida siguiente al inglés Yates. Entabla la quinta con Rubinstein, una deslucida partida, donde ninguno de los dos arriesga nada. En la sexta ronda entabla también con Rabinovich. La filmación de la película le demanda mucho tiempo. Además, parece que el campeón, que es algo enamoradizo, da largos paseos con una de las actrices del reparto.

En otras rondas pierde contra Ilijn Genevsky y contra Verlinski, ambos nuevos maestros soviéticos, que seguramente subestimó.

Panov transcribe las primeras jugadas de la partida, donde en jugada 14 ya estaba perdido Capablanca. Veámosla: (Verlinski juega con negras)

1. P4D, P4D; 2. P3R, C3AR; 3. A3D, P4A; 4. P3AD, C3A; 5. P x P, P4TD; 6. C2D, P4R; 7. A5C, A x P; 8. CR3A, D2A; 9. D4T, O-O; 10. A x C? , P x A; 11. P3CD, A3T; 12. A2C, P5D! ; 13. P4A, TR1C; 14. P x P… etc.

Se cuenta que la víspera de esta partida Capablanca tenía descanso y viajó en tren toda la noche hasta San Petersburgo, en esa época Leningrado, a dar unas simultáneas contra los 30 mejores jugadores de la ciudad. Perdió una de sus partidas contra un niño de 14 años, un tal Mijail Botvinnik. Por la noche viajó en tren nuevamente a Moscú, amanecido y agotado, a enfrentar a Verlinski.

Gana la siguiente partida contra Reti. Cuando le toca el turno con Carlos Torre, éste está ocupando el primer puesto. Ambos juegan a ganar. Torre tiene una posición ventajosa, pero Capablanca le lleva dos peones de ventaja. Pero después de una lucha ardua y larga deciden partir el punto.

A partir de este momento, algo tarde, se olvida de la película y de su compañera de elenco y se dedica a jugar en serio, ganando puntos muy valiosos contra Bogoljubow, Tartakower, Saemisch, Zubarev y otros. Pero este esfuerzo no le alcanza sino para un tercer puesto.

Cuenta Jorge Daubar, un cubano que escribió una buena y detallada biografía de Capablanca, en la que me he apoyado para escribir estas líneas, que después de la ceremonia de clausura Capablanca fue conducido hasta el despacho del propio Stalin, que quería conocerlo en persona. Se tomaron un té y conversaron algún momento sobre la guerra civil rusa.

Quién sabe qué tendría que decir Capablanca sobre este tema, habiendo sido huésped de honor de los zares en los torneos de San Petersburgo 1913 y 1914.

En las crónicas que escribió después sobre el torneo de Moscú, resalta el gran apoyo que se le da al ajedrez en la Unión Soviética, que lo ha convertido en un deporte masivo, y le augura un gran porvenir.

Alekine, que no le perdía paso a Capablanca, escribió después sobre este torneo:

“El año 1925 trajo para Capablanca la mayor desilusión que había sentido hasta ese momento, puesto que en el torneo internacional de Moscú ocupó a duras penas el tercer lugar… Ya entonces se escucharon voces que comentaban los alarmantes síntomas aparecidos en el juego del campeón del mundo. Uno podría pensar que la maestría de Capablanca no había llegado a lo que prometía tomando como base el período inicial de su carrera. La explicación reside en la preferencia de Capablanca, que se acentuaba con los años, por las simplificaciones y métodos de lucha simplemente técnicos, que matan el espíritu vivo que con tanto resplandor se había manifestado en las partidas del cubano en los torneos de San Sebastián de 1911 y San Petersburgo de 1914”.

Y agrega Vassily Panov, en su libro sobre Capablanca.

“La irregularidad de Capablanca despertó perplejidad general en los entendidos. Sí podía jugar como antes en su estilo brillante, pero daba la impresión de que no podía desenvolverse en los comienzos de la lucha”.
En los Estados Unidos, Capablanca tenía tanta o más hinchada que en su propia Cuba. Sus resultados de los torneos de Nueva York 1924 y Moscú 1925 tenían muy preocupados a sus fanáticos. Pero, viéndolo bien, no eran tampoco unos pésimos resultados, al fin y al cabo había ocupado el segundo y el tercer puesto en unos torneos fuertes, de primera categoría. Pero se esperaba más de él. Y ya hemos visto que no se fajó con la disciplina y el entusiasmo necesarios para ganar. Por esa razón, sus seguidores organizaron el torneo de Nueva York 1927.
“Había que resucitar su otrora temible reputación y al mismo tiempo ‘frenar’ a Alekhine, cuyos éxitos venían en aumento”, dice Panov.
Para tal fin organizaron un torneo muy particular, entre el 19 de febrero y el 25 de marzo de 1927, con seis invitados, programado a cuatro vueltas. Los invitados, además de Capablanca, fueron Alekhine, Nimzowish, Vidmar, Spielmann y Marshall. Entre la prensa deportiva causó extrañeza que no fueran invitados Lasker, que solía quedar por encima del campeón en este tipo de encuentros; Reti, que le había ganado una buena partida en el torneo de 1924, y Rubinstein, que le había ganado en San Sebastián, y en los otros encuentros siempre habían hecho unas tablas descoloridas.
El torneo se hacía también con el objeto de definir el retador. A comienzos de ese mismo año, Capablanca había recibido sendos retos de Alekhine y de Nimzowish, que se consideraban con iguales derechos.
Por su parte, Alekhine, ya tenía muy adelantadas conversaciones con la Federación argentina de ajedrez para realizar el encuentro en Buenos Aires. Y Capablanca había estado de acuerdo. La carrera de aquél venía en un fulgurante ascenso, que él recoge en su libro Mis mejores partidas de Ajedrez, donde analiza partidas desde 1909, en su primera presentación en San Petersburgo hasta el año 23, con brillantes actuaciones en torneos importantes, como Carlsbad 1911, Schveningen 1913, Manheim 1914, Margate 1923 y otros. Actuaciones en las que demuestra con sobrada razón que debe ser el retador. Aunque Nimzowish por su lado también había hecho méritos parecidos. Pero esto lo iba a definir la tabla de posiciones del torneo.
En unas notas sobre los participantes en el torneo, para el New York Times, Capablanca escribe sobre Alekhine:
“El doctor Alejandro Alekhine nació en Rusia en 1902. La lista de sus éxitos es impresionante. Representante de la raza eslava, de más de 1.80 metros de estatura y de alrededor de 100 kgrs de peso, rubio y de ojos azules, Alekhine llama la atención por su aspecto cuando aparece en la sala del torneo. Habla con soltura seis idiomas, ostenta el título de doctor en derecho y por su cultura general sobrepasa con holgura el nivel de una persona mediana. Por lo visto, Alekhine está dotado de la memoria más excepcional que jamás haya existido. Nos encontramos por primera vez en 1913 en San Petersburgo. Apenas tenía 21 años y ya demostraba una extraordinaria noción de las aperturas. Actualmente es difícil encontrar otro experto igual en este campo. Nos parece que el contacto con nosotros favoreció el desarrollo y la formación de Alekhine. En aquellos tiempos era muy débil en los finales. Ahora es muy fuerte en esa fase del juego. Entonces rengueaba en la apreciación del medio juego, mientras que actualmente es uno de los más fuertes en este sentido. En una palabra, antes Alekhine era todavía un jovencito inmaduro, mientras que ahora no hay otro tan acabado como él en todas las etapas del juego”.
Capablanca jugó el torneo con toda la seriedad del caso, con su fuerza de antes, y les ganó a sus adversarios sus encuentros individuales. Con Alekhine, que ocupó el segundo puesto, le ganó una partida y entabló las otras tres.
Los resultados finales fueron:
1. Capablanca 14 puntos
2. Alekhine 11.5 ”
3. Nimzowish 10.5 ”
4. Vidmar 10 ”

5.Spielmann 8 ”
6. Marshal 6 ”

“Debido a mi juego débil –dijo después Alekhine – el valor de esta partida fue nulo, pero su significado sicológico para la numerosa legión de aficionados (y no para el vencido) fue enorme. Sin duda, gracias a esta partida, el 95% de los llamados críticos competentes trataron de convencer al mundo del ajedrez de que en Buenos Aires en realidad no habría lucha, sino simple exterminio”.
Con el resultado del torneo, ya no había que darle más vueltas al asunto. Quedaba definido que para septiembre del mismo año se realizaría el match de Buenos Aires entre Capablanca y Alekhine.
Después del torneo, Capablanca salió apresuradamente para La Habana, donde había muerto su madre, María Graupera. La noticia la recibió en Washington, cuando iba camino a Nueva York a jugar el torneo.
“Este período posterior a la muerte de su madre –cuenta Jorge Daubar- lo vive Capablanca en plena reclusión, apenas saliendo a la calle cuando sus obligaciones con la Secretaría de Estado así lo impone. Entretanto pasa sus ratos de ocio leyendo novelas históricas que muy recientemente se han convertido en sus favoritas. A ratos, y más por barajar sus ocupaciones que por otra cosa mayor, le dedica algunas horas al repaso de los pocos libros de ajedrez que tiene a mano en la que fuera la biblioteca de su padre”.
¿Entonces no se prepara para el match? Todo parece indicar que no. Haber triunfado en Nueva York de manera tan contundente sobre sus rivales, le dio la falsa seguridad de que el match de Buenos Aires sería algo sencillo; “un simple exterminio”, como decía Alekhine.
A finales de julio se embarca rumbo al Brasil, donde le tienen programadas cinco series de simultáneas, en Sao Paulo. El barco va lleno de parejas de turistas de Europa del norte. En los puertos, los maridos se bajan del barco, en compañía de los marineros, en busca de las mulatas y las criollas que venden su amor. Sus mujeres quedan en el barco, al cuidado de Capablanca y otros comerciantes cubanos, que tratan de consolarlas lo mejor que pueden.
Cumple sus compromisos en el Brasil. Y llega a Buenos Aires el 10 de septiembre. En el muelle lo están esperando los directivos del club de ajedrez y de la Federación Argentina de ajedrez. La prensa y los aficionados también han acudido en masa. Un delegado del presidente de la República lo conduce en una lujosa limosina hasta el hotel Plaza.
En la ciudad se vive una enorme expectativa. “Dos emisoras locales, la SOO y la LOR, que han contratado con los organizadores el derecho de transmisión exclusiva, por bloques de a diez partidas cada uno. La primera para el gran Buenos Aires, y la segunda para el resto del país” (Daubar)
A su vez, Alekhine, ha llegado a la ciudad desde el 5 del mismo mes, en compañía de su esposa. Después de sus entrenamientos, todos los días da una larga caminada por los alrededores del centro. El día de la primera partida, en su caminada habitual, se encuentra tirada en el suelo una herradura con sus clavos puestos. Y como era extraordinariamente supersticioso, sale para un puesto de venta de prensa, compra un diario cualquiera, la envuelve con todo el cuidado del caso y dice:
“¡Me estaba esperando!”.
Buenos Aires, 1927.
Está convenido que el que gane seis partidas gana el match; no cuentan las tablas. En caso de llegar a 5:5, el campeón conserva el título. El gran maestro Spielmann ha dicho que Alekhine no ganará una sola partida. Más optimista, Bogoljubow dice que puede ganar dos. Al partir para la Argentina, Alekhine le ha dicho a un amigo que no sabe cómo podrá ganarle 6 partidas a Capablanca, pero que tampoco sabe cómo éste podrá ganarle 6 a él. En ése momento ambos jugadores están en las mejores condiciones físicas. Capablanca tiene 39 años y Alekhine 35.
Para la ceremonia inaugural, el día 16 de septiembre, se presentan el presidente de la República, doctor Marcelo Torcuato de Alvear, y su consejo de ministros. Tras unas breves palabras del doctor Alvear, se hace el sorteo de las piezas; al campeón le corresponden las blancas. Después de salir con peón de rey, juega con cierto descuido, sin advertir la debilidad de su primera fila. A la altura de la jugada 16 cae en una combinación sencilla y pierde un peón. En desventaja de material y en posición inferior, trata de complicar las cosas y sacrifica otro peón. Pero Alekhine no se deja enredar. Y en la jugada 43 se impone por primera vez en su vida sobre su rival.
Después de la partida se riega el rumor de que Capablanca ha pasado la víspera enrumbado con Gloria Guzmán, una estrella del cine argentino, cuyos encantos lo tienen algo disipado. Para la segunda partida, la estrella está sentada en primera fila, acosándolo con sus miradas. Alekhine ha salido mal de la apertura. Y con un poco de presión Capablanca hubiera podido emparejar el score. Pero pueden más las miradas de la muchacha. Y propone tablas en la jugada 19.
Gana la tercera brillantemente. Sus fanáticos, que son muchos, respiran tranquilos. Las partidas 4, 5 y 6 terminan en tablas. En todas se juega el gámbito de dama. En la 7ª, nuevamente con blancas y jugando con gran energía, sin enrocarse, gana Capablanca. Aventaja a Alekhine en un punto. Las partidas 8, 9 y 10, también son tablas. Capablanca se pone muy nervioso y hace que retiren el público de la sala, alegando que hacen mucho ruido. En la 11 se impone con gran fuerza Alekhine, en un nuevo gámbito de dama, y empareja las acciones. Alekhine gana también la 12 y se pone por encima del marcador. De la 13 a la 20, nuevas tablas.
Capablanca todas las noches juega cartas, dominó y billar. Y hasta en el hipódromo es visto apostando. Y como si fuera poco, por ahí ha resultado otra estrella con la que se pasea del brazo por la Avenida Corrientes.
Pierde la partida 21. Tablas de la 22 a la 28. En la 27, en una posición ganadora, después de un jaque desesperado de Alekhine, Capablanca mueve el rey a una casilla equivocada y debe contentarse con las tablas. Gana la 29, no sin cierta ayuda de su adversario que deja perder dos ocasiones de tablas. Con el marcador va 4-3, en contra de Capablanca, éste se veía derrumbado, según dijo después Alekhine.
De la 30 a la 34 Alekhine gana otras dos y entablan tres. La partida 34 está aplazada en posición inferior para Capablanca. Al otro día no se presenta a jugar y manda una nota dándole por ganada la partida a su adversario, que se convirtió en el campeón número 4 de la historia del ajedrez. En resumen, Alekhine gana 6, entabla 25 y pierde tres. Han jugado 32 gámbitos de dama rehusados, una india de dama y una defensa francesa. Después de este fracaso Capablanca nunca volvió a jugar peón de rey.
Mucho se ha dicho y pensado sobre lo que pasó en Buenos Aires. Pero lo que es seguro es que la preparación de Alekhine fue mejor. Ésta incluyó un análisis detallado del juego de Capablanca, que apareció escrito después del match. Veamos algunos de sus apartes, tomados del libro “Capablanca” de Panov:
“Aperturas. El propio Capablanca había manifestado en uno de sus libros que en cada certamen jugaba únicamente una o dos aperturas o una o dos variantes de la misma apertura. Pero este reducido repertorio ha sido profundamente analizado por él, y con la mayor precisión. Si los conocimientos de Capablanca nunca fueron polifacéticos, en cambio son de una profundidad impresionante y antes que nada sumamente racionales. Este económico método analítico en lo que concierne a las aperturas de ninguna manera puede merecer la desaprobación… Parecería que una deducción inmediata y lógica de la citada observación sería que en el match hubiera sido ventajoso, dentro de lo posible, cambiar las aperturas mismas o sus variantes para obligarlo al rápido abandono de los caminos trillados. Tal deducción habría sido correcta si no fuera por una particularidad de Capablanca que se interpone de manera inconfundible en toda su actividad creadora y que en los últimos años alcanzó contornos gigantescos. ¡Esta particularidad es el instinto de conservación, en nombre del cual había sacrificado tantos proyectos hermosos y tentadores y había puesto en columnas abiertas tantos pares de torres para cambiarlos! Este instinto, a cuyo servicio está casi totalmente la finísima intuición de Capablanca, condena al fracaso cualquier intento de superarlo por medio de una continuación sorpresiva en la apertura. Realmente yo, por lo menos, no conozco ningún caso en que Capablanca fuera sacado de la huella que seguía… Jamás estuvo a punto de perder a causa de una combinación sorpresiva de su rival en la apertura.”
Continua diciendo Alekhine que con las piezas blancas decidió no entorpecerle de ninguna manera a Capablanca su deseo de buscar la solución de problemas de aperturas por medio de las simplificaciones, teniendo en cuenta que en algunos casos esto puede comprometer su posición. Pero que con las piezas negras no se prestó para tanto cambio, aunque sin rechazarlos, teniendo en cuenta que las debilidades se acentúan con las simplificaciones. Pero hay otra cosa: el que está jugando a entablar de alguna manera está en desventaja.
Más adelante dice que Capablanca, confiado en su gran capacidad intuitiva, en el medio juego se conformaba la mayoría de las veces con movimientos buenos, sin esforzarse en buscar los mejores. Y esto lo llevó a perder la costumbre de concentrarse.
Respecto a los finales, dijo: “sobre el arte de Capablanca en esta última y semi-técnica etapa de la partida había aún más leyendas que sobre el medio juego y las aperturas. Todas estas exageraciones tenían por origen el hecho de que Capablanca había vencido a Lasker, cuya pericia en los finales, sobre todo en los complicados y no puramente técnicos, se mantuvo durante dos décadas a una altura inalcanzable. Sin embargo, llama la atención la cantidad de posibilidades que desperdició Capablanca en los finales conducidos por él”.
Después de la muerte de Capablanca, Alekhine dijo que no sabía cómo había hecho para ganarle. “En 1927 yo no creía que fuera superior a él. Es posible que las principales causas haya que buscarlas en su exagerada apreciación de sus propias fuerzas y en la subestimación de mi juego”.
En apariencia, Capablanca tomó la pérdida del match con serenidad. Su idea en ese momento era mantener buenas relaciones con el nuevo campeón y tratar de reorganizar el desquite. Aunque, hay que decirlo, su conducta en este sentido había sido muy criticada, antes del encuentro; inclusive por el mismo Alekhine. Recordemos que Capablanca había subido de ocho a diez mil dólares el dinero que debía pagarle el retador al campeón, en el llamado reglamento de Londres.

Pero la pérdida del match sí lo afectó bastante.

Se queda dos semanas más en Buenos Aires, tratando de analizar sus errores y huyéndole a la prensa que lo acosa continuamente. Regresa en barco y hace escala en el Brasil, donde nuevamente da simultáneas. Cabizbajo y pensativo, arriba a La Habana el 18 de diciembre. Una comitiva silenciosa lo está esperando. Es de suponer que ninguno sabe cómo comportarse ni qué decirle. La única que sí sabe es su esposa, que a través de la prensa se ha informado de las aventuras de su inquieto marido con la bella y cariñosa Gloria Guzmán, estrella del cine argentino, a la que hay que anotarle por lo menos dos puntos: la primera y la segunda partida.

Se cuenta que pasó ocho meses encerrado en casa de La Habana, saliendo poco y pensando mucho, y tratando de reorganizar su maltrecho matrimonio.

En unas declaraciones para el New York Times dice que en el match desperdició tantas oportunidades que hubiera podido ganar no uno sino dos matches; que Alekhine había estado de suerte y él no; que Alekhine había jugado bien los finales pero mal los medio-juegos. Y terminó con unas palabras extrañas: “en los últimos tiempos perdí gran parte de mi amor por el ajedrez, puesto que estoy seguro de que éste llegará pronto a su fin”. Ese fin, por fortuna no ha llegado todavía. Por el contrario, como ya lo han dicho otros, el ajedrez no envejece.

Después propuso modificar el reglamento de Londres, redactado por él, para que las partidas ganadas no fueran seis sino menos y que el número de partidas máximo fuera de 16. Esto no hizo más que fastidiar a Alekhine, que con toda razón dijo que el match de desquite se jugaría en las mismas condiciones que el de Buenos Aires.

En agosto del año 28 sale para Alemania, donde le han invitado a jugar el torneo de Bad Kissigen. Entre los jugadores más renombrados están Euwe, Bogoljubow, Rubinstein, Nimzowish, Reti, Marshall, Tartakower, Spielmann, Yates, Mieses y Tarrasch; 12 en total. Capablanca ocupa el segundo lugar, después de Bogoljubow. Pierde una partida con Spielmann, gana 4, una de ellas a Bogoljubow, y entabla 6.

En vista de su triunfo, Bogoljubow se apresura a retar a Alekhine y éste con mayor rapidez aún acepta el reto, posponiendo los anhelos de Capablanca de un pronto desquite.

En esa misma gira juega y gana un pequeño torneo en Buda-Pest y luego gana también el torneo internacional de Berlín.

El año 1929 mejora sus resultados. En la primavera ocupa el primer puesto en un torneo pequeño de Ramsgate. Y en agosto se presenta al torneo de Carlsbad, torneo que reunió a la flor y la nata del ajedrez de la época, exceptuando a Alekhine y Lasker.

Con 22 participantes, éste es el primer torneo importante de la historia en el que participa una mujer, Vera Menchik. Aunque ocupó el último lugar, les ganó a Becker y a Saemisch. De origen ruso pero nacionalizada inglesa, la señora Menchik se propuso participar solamente en torneos para hombres, ocasionándoles a éstos no pocas preocupaciones. El jugador austríaco Becker propuso burlonamente crear el Club Masculino Menchik, con los que perdieran con ella. Pero con el tiempo este club tuvo muchos socios importantes, entre ellos el propio Becker, además de Euwe, Jacques Mieses, Lajos Steiner, Frederick Yates, Edgar Colle, Fritz Säemisch y George Thomas.

Capablanca comienza cediendo 5 tablas. Con Saemisch pierde pieza en la jugada 10 y un poco más adelante la partida. La segunda derrota se la da Spielmann. Le han perdido el respeto que le tenían antes. En sus partidas con Rubinstein, Euwe y Thomas está perdido, pero se salva de milagro gracias a los errores de los otros. Ocupa el segundo-tercer puesto con Spielmann, después de Nimzowish, con el que entabla su encuentro.

Cuenta Panov, que en el torneo de Carlsbad Alekhine no jugó, pero asistió como invitado especial; inclusive se le permitió franquear la barrera que alejaba al público y mirar de cerca el desarrollo de las partidas. Cuando se acercó a la mesa donde jugaba Capablanca, éste les envió dos notas escritas a los jueces, pidiendo que sacaran a Alekhine de la sala. ¡Nada menos que al campeón mundial! Una niñería a la que no le prestaron atención. Para esos días ya las relaciones entre ellos estaban terminadas. A su vez, en enero del año siguiente, en el torneo de San Remo, Alekhine aceptó participar cobrando previamente un fijo de 20.000 liras, suma que ascendería a 40.000, en caso que Capablanca fuera invitado. Y después puso trabas en otros torneos para excluir a Nimzowish y Spielmann.

En Carlsbad, como en torneos anteriores, Capablanca tuvo muchos altibajos. Pero quedó claro que era el más opcionado para retar a Alekhine. En este torneo Bogoljubow ocupó el octavo lugar. Y Alekhine que venía elogiándolo por la prensa no tuvo más remedio que callar. Pero, como lo hemos dicho, ya estaba pactado el encuentro entre ellos. El match se realizó en septiembre del año 29, y lo ganó sin muchas dificultades Alekhine. Pactado a 30, quedó definido en la partida 26, después de 8 ganadas por Alekhine, 3 perdidas y 15 tablas.

Debe haber incómodo para nuestro hombre haber vivido con esa espina por dentro. Pensar que había sido destronado a causa de su mala suerte y no tener la oportunidad de demostrarlo. Pero a todo se tiene que acostumbrar la criatura humana…

El año 29 lo terminó ganando un torneo de segundo orden en Barcelona y terminó invicto en el torneo de navidad de Hastings. Pero al año siguiente, también en Hastings quedó de segundo, después de Euwe, al perder frente al jugador indio Sultan Khan.

“Mientras tanto Alekhine –dice Panov-, que tomó parte en el torneo de San Remo de 1930, notable por la calidad de sus participantes, deslumbró por su brillante juego, y conquistó el primer puesto con 3 ½ puntos de ventaja sobre Nimzowish, que fue el segundo. En el siguiente torneo, el de Bled en 1931, Alekhine superó al segundo, que resultó Bogoljubow, ¡por cinco puntos y medio! Era obvio que Alekhine se encontraba en su apogeo, y que Capablanca, que con toda evidencia había aflojado como deportista, difícilmente podía contar con la recuperación del título de campeón del mundo, aunque en Holanda (año 1931) le había ganado a Euwe un match con el resultado de +2 -0 =8.”

Alekhine estaba en el esplendor de sus fuerzas, mientras que Capablanca iba en descenso. Es difícil saber qué hubiera pasado de haberse concretado el match… Lo que quedó claro es que Alekhine no estaba interesado en darle la revancha.


fuente: http://ajedrez32.com
http://ajedrezminuano.blogspot.com

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2 comentarios - el genial capablanca

@crismai
el genial capablanca
Esta bueno pero me gustaria verla terminada, rebien te pasaste che